Moniciones, Lecturas y Evangelio del Miércoles 16 de Septiembre de 2026 – San Cornelio y San Cipriano
Tips Litúrgicos del Día
- Memoria obligatoria de San Cornelio, papa, y San Cipriano, obispo, mártires. Vestiduras rojas, signo del martirio.
- El prefacio de hoy es el Común de los Mártires, destacando la fuerza de Dios en la debilidad humana.
- La Liturgia de las Horas corresponde al III Salterio (Semana III).
- Hoy no se permite la misa exequial ni las misas de difuntos, salvo las excepciones previstas por el Misal Romano.
Citas Bíblicas del Día
Índice del Artículo
- Contenido del día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Cornelio, papa, y San Cipriano, obispo, mártires
- Monição de Entrada
- Monição a la Primera Lectura
- Primera Lectura (1 Cor 12, 31 – 13, 13)
- Salmo Responsorial (Sal 32, 2-5. 12. 22)
- Monição del Evangelio
- Evangelio del Día (Lc 7, 31-35)
- Oración de los Fieles
- Monição de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día: La Sabiduría del Amor en un Mundo de Quejas
“La caridad no pasará jamás” (1 Cor 13, 8a)
“Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor” (Sal 32, 12b)
“Pero la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos” (Lc 7, 35)
Santo del Día: San Cornelio, papa, y San Cipriano, obispo, mártires
Hoy celebramos a dos grandes pilares de la Iglesia del siglo III, unidos por el mismo Espíritu y el mismo testimonio sangriento. San Cornelio fue elegido Papa en el año 251, en medio de la persecución de Decio. Gobernó la Iglesia con firmeza y misericordia, defendiendo la unidad frente al cisma de los novacianos, que negaban el perdón a los caídos. San Cipriano, obispo de Cartago, fue su gran amigo y defensor incansable. Su tratado sobre la unidad de la Iglesia sigue siendo una luz para nuestros tiempos. Ambos sellaron su fe con el martirio: Cornelio fue desterrado y murió en el 253; Cipriano fue decapitado en el 258. Su ejemplo nos recuerda que la verdadera fuerza reside en la fidelidad a Cristo, incluso cuando el mundo se opone.
Monição de Entrada
Queridos hermanos y hermanas, hoy la Iglesia universal honra a dos pastores que dieron su vida por el rebaño: San Cornelio y San Cipriano. En esta Eucaristía, pidamos al Señor la gracia de la unidad y la valentía para confesar nuestra fe, como ellos lo hicieron hasta el final. Comencemos nuestra celebración con alegría y gratitud.
Monição a la Primera Lectura
San Pablo nos regala hoy uno de los himnos más hermosos de toda la Escritura. En medio de una comunidad dividida, el Apóstol proclama que todos los dones son vanos si no están animados por el amor. Escuchemos con corazón abierto.
Primera Lectura (1 Cor 12, 31 – 13, 13)
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios.
Hermanos: Aspiren a los carismas más excelentes. Y yo les indicaré un camino mucho mejor.
Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde ni se envanece; no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se deja llevar por la ira, no guarda rencor; no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías, en cambio, cesarán; las lenguas, se acallarán; la ciencia, terminará. Porque conocemos imperfectamente y profetizamos imperfectamente; pero cuando llegue lo perfecto, desaparecerá lo imperfecto.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Pero cuando me hice hombre, dejé las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco parcialmente, pero entonces conoceré como soy conocido.
En una palabra, ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más grande de todas ellas es el amor.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial (Sal 32, 2-5. 12. 22)
R/. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Alaben al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; cántenle un canto nuevo, toquen con arte, entre aclamaciones.
R/. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Porque la palabra del Señor es recta, y todas sus obras son hechas con fidelidad; él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor.
R/. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que él se eligió como herencia. Que tu amor, Señor, descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.
R/. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Monição del Evangelio
En el Evangelio de hoy, Jesús denuncia la hipocresía de una generación que nunca está satisfecha. La Sabiduría de Dios, sin embargo, se manifiesta en obras concretas. Que el Señor nos dé un corazón sencillo para reconocer sus caminos.
Evangelio del Día (Lc 7, 31-35)
✠ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas.
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que, sentados en la plaza, se gritan unos a otros: “¡Les tocamos la flauta, y no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”.
Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y ustedes dicen: “¡Está endemoniado!”. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!”.
Pero la Sabiduría de Dios se ha acreditado por todos sus hijos».
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Hermanos, unidos como una sola familia, elevemos nuestras súplicas al Padre, confiando en su infinita misericordia.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que, como San Cornelio y San Cipriano, sea siempre signo de unidad y valentía en medio del mundo. Roguemos al Señor.
- Por nuestro Papa Francisco y todos los pastores: para que, guiados por el Espíritu Santo, conduzcan al pueblo de Dios por los caminos de la verdad y del amor. Roguemos al Señor.
- Por los que están lejos de su tierra: los migrantes, refugiados y todos los que buscan un hogar, para que encuentren acogida y consuelo en las comunidades cristianas. Roguemos al Señor.
- Por las familias: para que, fortalecidas en el amor de Cristo, sean escuelas de fe, perdón y esperanza, especialmente las que atraviesan dificultades. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los que sufren y los que han perdido la fe: para que la gracia del Señor los sostenga y los haga instrumentos de su amor. Roguemos al Señor.
- Por todos los que visitan caminoyoracion.org: para que encuentren en la oración y en la Palabra de Dios un bálsamo para sus heridas y un camino de encuentro con el Señor. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, aquí reunidos: para que, como San Pablo nos enseña, pongamos el amor como fundamento de todas nuestras acciones. Roguemos al Señor.
Padre santo, escucha nuestras súplicas y concédenos vivir en la caridad perfecta, para que, un día, podamos contemplarte cara a cara. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monição de Presentación de Ofrendas
Con el pan y el vino, presentemos al Señor nuestra vida, con sus esfuerzos, alegrías y fatigas. Que el Espíritu Santo transforme estas ofrendas y nos transforme a nosotros en testigos fieles del amor de Dios.
Oración de Comunión Espiritual
Para quienes no pueden recibir la Eucaristía sacramentalmente en este momento.
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti; no permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.
Reflexión del Día: La Sabiduría del Amor en un Mundo de Quejas
El Evangelio de hoy nos presenta a un Jesús casi exasperado. La gente de su tiempo, y la nuestra, se parece a esos niños caprichosos que nunca están contentos con nada. Si Juan el Bautista ayuna, lo tachan de endemoniado; si Jesús comparte mesa con pecadores, lo acusan de glotón. Siempre encontramos una excusa para no escuchar el mensaje de Dios. Es un reflejo humano: la dureza de corazón que se esconde detrás de la crítica constante.
Esta escena resuena profundamente en nuestros días, especialmente en la vida de muchos de nosotros que cargamos con el peso de la migración, la separación familiar o la lucha diaria por mantener un hogar. A menudo, el mundo nos dice que la fe es una ilusión, que la Iglesia es hipócrita, que esperar es inútil. Y a veces, nosotros mismos caemos en la trampa de la queja: “Nada es suficiente, nada cambia, Dios no me escucha”. Jesús nos invita hoy a salir de ese círculo vicioso del descontento.
La clave está en la última frase: “Pero la Sabiduría de Dios se ha acreditado por todos sus hijos”. Es decir, la verdad de Dios no se demuestra con discursos grandilocuentes, sino con frutos concretos de amor. La sabiduría divina se ve en la vida del que perdona, del que acoge al forastero, del que sostiene a su familia con fe, del que no se rinde ante la adversidad. No es una sabiduría de aplausos, sino de servicio humilde.
La primera lectura de San Pablo nos da la clave para vivir esa sabiduría: el amor. No un amor romántico o pasajero, sino un amor paciente, servicial, que no busca su propio interés. Para el migrante, es el amor que echa
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