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La Asunción de la Bienaventurada Virgen María y Evangelio del día 15 de Agosto de 2026

Lecturas y Evangelio de hoy Miércoles 19 de Agosto de 2026 - San Juan Eudes

🕊️ Oraciones y Liturgia de Hoy (Sábado 19 de Septiembre)
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Tips Litúrgicos del Día

Índice del Artículo

🌟 Miércoles de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario.

  • Hoy celebramos la Memoria Obligatoria de San Juan Eudes, presbítero y fundador, gran apóstol de los Sagrados Corazones de Jesús y María.
  • El color litúrgico de hoy es el blanco, símbolo de la pureza y la gloria celestial del santo que conmemoramos.
  • En la oración colecta, pedimos a Dios que, por intercesión de San Juan Eudes, sepamos anunciar con nuestra vida los misterios inefables de su amor.
  • La Liturgia de la Palabra de hoy nos invita a reflexionar sobre la gratuidad del llamado de Dios y la responsabilidad de corresponder a su gracia.
  • Al finalizar la Misa, podemos rezar una oración en honor al Sagrado Corazón de Jesús, devoción que San Juan Eudes propagó con gran celo.

Citas Bíblicas del Día

📖 Lectura del santo Evangelio según San Mateo (20, 1-16):

«Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Esta frase del Evangelio de hoy nos recuerda que los criterios de Dios no son los del mundo; su justicia está impregnada de misericordia y gratuidad.

Santo del Día: San Juan Eudes

San Juan Eudes (1601-1680) fue un sacerdote francés, fundador de la Congregación de Jesús y María (Eudistas) y de la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Nació en Ri, Normandía, y desde joven sintió una profunda vocación por la predicación y la formación de sacerdotes. Fue un incansable misionero, especialmente en tiempos de peste, y dedicó su vida a promover la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, siendo uno de sus principales precursores. Su espiritualidad se centraba en el amor misericordioso de Dios, y su obra más conocida, el Reino de Jesús, es un clásico de la teología espiritual. Fue canonizado en 1925 por el Papa Pío XI, reconociendo su santidad y su aporte a la vida de la Iglesia. Su fiesta se celebra cada 19 de agosto, invitándonos a contemplar el amor del Corazón de Cristo.

Monición de Entrada

Queridos hermanos y hermanas, les damos la más cordial bienvenida a esta celebración Eucarística. Hoy, Miércoles de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario, la Iglesia universal conmemora con gozo a San Juan Eudes, un hombre que dedicó su vida a conocer y anunciar el amor inmenso de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Su ejemplo nos impulsa a abrir nuestros corazones a la gracia de Dios, que hoy se nos ofrece en su Palabra y en el Pan de Vida. Dispongámonos a participar con fe y devoción en esta Santa Misa.

Monición a la Primera Lectura

La primera lectura de hoy, tomada del libro del profeta Ezequiel, nos presenta una imagen de Dios como pastor que cuida personalmente de su rebaño. Escuchemos con atención cómo el Señor promete buscar a la oveja perdida, vendar a la herida y fortalecer a la débil. Es una palabra de consuelo y esperanza que nos recuerda el amor incondicional de nuestro Padre del cielo.

Primera Lectura (Ezequiel 34, 1-11)

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 1-11

El Señor me habló en estos términos: «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza y diles: Así dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Coméis la leche, os vestís con la lana, matáis las ovejas más gordas, pero no apacentáis el rebaño. No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis curado a la enferma, no habéis vendado a la herida, no habéis hecho volver a la descarriada, no habéis buscado a la perdida, sino que las habéis dominado con dureza y violencia. Al no tener pastor, se han dispersado, y al dispersarse se han convertido en presa de las fieras del campo. Mi rebaño anda errante por los montes y los collados; mi rebaño está disperso por toda la tierra, sin que nadie se preocupe de él ni salga a buscarlo. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: Por mi vida —oráculo del Señor—, porque mi rebaño ha sido víctima de la rapiña, y mis ovejas se han convertido en pasto de las fieras del campo, por falta de pastor, y porque mis pastores no han ido a buscar mi rebaño, sino que se apacentaban a sí mismos sin apacentar a mis ovejas, por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: Esto dice el Señor: Yo mismo voy a buscar a mis ovejas y a cuidarlas».

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial (Salmo 22)

Salmo responsorial: Sal 22, 1-2a. 2b-3. 4. 5. 6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y allí me repara.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Preparas ante mí una mesa frente a mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Monición a la Segunda Lectura

San Pablo, en su carta a los Romanos, nos ofrece un himno de alabanza a la sabiduría y providencia de Dios. Escuchemos cómo el Apóstol nos enseña que todo contribuye al bien de quienes aman a Dios, y que nada ni nadie podrá separarnos de su amor, manifestado en Cristo Jesús. Un mensaje que fortalece nuestra esperanza y nuestra confianza en el Señor.

Segunda Lectura (Romanos 8, 28-30)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos: Sabemos que todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que han sido llamados según su designio. Porque a los que había conocido de antemano, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; a los que justificó, también los glorificó.

Palabra de Dios.

Monicion del Evangelio

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de los trabajadores de la viña, una enseñanza profunda sobre la gratuidad del amor de Dios y su justicia, que no se mide con criterios humanos. Jesús nos sorprende con un Dios que llama a todos, a cualquier hora, y que da con generosidad. Abramos nuestros corazones a esta palabra que nos invita a la conversión y a la gratitud.

Evangelio del Día (Mateo 20, 1-16)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de quedar con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido". Ellos fueron. Salió de nuevo a mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Por qué estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña". Cuando llegó la noche, dijo el dueño de la viña a su capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros". Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos han trabajado solo una hora, y los has igualado a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno". Él respondió a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con mis cosas? ¿O estás celoso porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

Presidente: Elevemos, hermanos, nuestras súplicas al Padre, que conoce nuestras necesidades y nos llama a todos a participar de su Reino.

  1. Por la santa Iglesia: para que, guiada por el Espíritu Santo, sea siempre fiel al anuncio del Evangelio y testigo de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.
  2. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes: para que, a ejemplo de San Juan Eudes, sean pastores según el corazón de Dios, que buscan a la oveja perdida y cuidan del rebaño. Roguemos al Señor.
  3. Por todos los que trabajan por la difusión de la fe a través de los medios de comunicación: para que, como el equipo de caminoyoracion.org, puedan llevar la luz del Evangelio a todos los hogares, especialmente a los que buscan esperanza y consuelo. Roguemos al Señor.
  4. Por los que se sienten excluidos o marginados: para que encuentren en la comunidad cristiana un lugar de acogida y sepan que Dios siempre les ofrece una oportunidad. Roguemos al Señor.
  5. Por nosotros, aquí reunidos: para que sepamos valorar la gratuidad del amor de Dios y no vivamos con envidia o celos, sino con gratitud y generosidad hacia nuestros hermanos. Roguemos al Señor.

Presidente: Padre de bondad, escucha nuestras oraciones y concédenos la gracia de vivir como hijos tuyos, sabiendo que todo lo recibimos de tu mano. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Monición de Presentación de Ofrendas

Con el pan y el vino, presentemos al Señor nuestra vida, nuestro trabajo y nuestras fatigas. Ofrezcamos también nuestro deseo de ser generosos como el dueño de la viña, que invita a todos a su mesa sin distinción. Que el Señor acepte estos dones y transforme nuestros corazones.

Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y ya que te he recibido, abrázame con tu amor y no me dejes jamás separarme de ti. Amén.

Que esta oración nos ayude a unirnos íntimamente a Cristo, especialmente en aquellos momentos en que no podemos recibirle en la Eucaristía, pero anhelamos su presencia en nuestras vidas.

Reflexión del Día

La parábola de los trabajadores de la viña, que hoy nos presenta el Evangelio, es un espejo de nuestra propia vida espiritual. A menudo, nosotros también nos sentimos como los primeros trabajadores: hemos cargado con el peso del día y del bochorno, hemos sido fieles desde el principio, y nos cuesta entender que Dios acoja a los que llegan tarde con la misma generosidad. Es la tentación de la envidia, de medir la gracia de Dios con nuestra lógica humana.

Sin embargo, Jesús nos revela un rostro de Dios que rompe nuestros esquemas. Un Dios que es generoso, que sale a buscar al que está parado en la plaza a cualquier hora del día, que no se cansa de invitar. Dios no nos paga según nuestros méritos, sino según su infinita misericordia. Esta es una gran noticia para todos nosotros, especialmente para los que nos sentimos cansados, pecadores o alejados. A los ojos de Dios, nunca es tarde para responder a su llamada. El ladrón en la cruz, que llegó al final de su vida, recibió el mismo premio del cielo que los que han seguido a Cristo desde jóvenes.

Esta parábola nos invita a purificar nuestra fe. No se trata de una relación comercial con Dios, de un "yo te doy para que Tú me des". Se trata de una relación de amor, de gratuidad. Servir a Dios no es un peso, sino un privilegio. Cuando entendemos esto, desaparecen los celos y nace la gratitud. Nos alegramos del bien de los demás, porque sabemos que el amor de Dios es un océano infinito del que todos podemos beber sin agotarlo.

Para nosotros, los católicos hispanos, esta palabra resuena con fuerza. Nuestra cultura valora la familia, la fiesta y la comunidad. Sabemos lo que es trabajar duro, a veces en condiciones difíciles. Pero también sabemos lo que es la gracia de Dios en medio de las dificultades, la fe que nos sostiene y la esperanza que no defrauda. Dios nos llama a todos, sin importar nuestra historia, nuestro pasado o nuestra hora de llegada. Él nos invita a trabajar en su viña, que es su Iglesia, y nos promete un premio que supera todo lo que podamos imaginar.

Al contemplar el ejemplo de San Juan Eudes, vemos a un hombre que entendió perfectamente esta lógica del amor. No se cansó de anunciar el amor del Corazón de Cristo, porque sabía que ese amor es para todos. Que su testimonio nos anime a ser generosos, a no juzgar a nadie y a confiar plenamente en la bondad de Dios, que siempre nos

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