Tips Litúrgicos del Día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Alberto Hurtado y Santa Elena
- Monición de Entrada
- Monión a la Primera Lectura
- Primera Lectura (Ez 28, 1-10)
- Salmo Responsorial (Dt 32, 26-28.30.35-36)
- Monión a la Segunda Lectura
- Segunda Lectura (Hb 12, 1-4)
- Monión del Evangelio
- Evangelio del Día (Mt 19, 23-30)
- Oración de los Fieles
- Monicion de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día
- Monicion de Despedida
- Referencias
Martes de la XX Semana del Tiempo Ordinario (Año Par).
• Vestiduras litúrgicas: Verde, color de esperanza y crecimiento.
• Ambiente: Silencio y recogimiento. Escucha la voz de Dios en la Palabra.
• Actitud: Como San Alberto Hurtado, pon tu fe en acción: “Me haré santo trabajando”.
• Oración personal: Pide la gracia de la pobreza espiritual y la generosidad.
• Señal de la Cruz: Inicia tu día ofreciendo tus obras y trabajos al Señor.
Citas Bíblicas del Día
Lectura del libro de Ezequiel (Ez 28, 1-10): “Por tu corazón soberbio, que has dicho: ‘Yo soy un dios’”.
Salmo Responsorial (Dt 32, 26-28.30.35-36): “Yo doy la muerte y doy la vida; hiero y soy yo quien sana”.
Evangelio de San Mateo (Mt 19, 23-30): “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”.
Verso de aclamación (2 Co 8, 9): “Siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza”.
Santo del Día: San Alberto Hurtado y Santa Elena
San Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), sacerdote jesuita chileno, fundador del Hogar de Cristo y de la revista Mensaje. Incansable trabajador por los pobres y los trabajadores, es un modelo de fe encarnada en la justicia social. Su lema “Me haré santo trabajando” resuena hoy con fuerza. Por su parte, Santa Elena (c. 250-330), madre del emperador Constantino, es venerada por su piedad y por el hallazgo de la Vera Cruz en Jerusalén. Ambas vidas nos recuerdan que la santidad se vive en el servicio humilde y en la búsqueda de Cristo en los más necesitados.
Monición de Entrada
Hermanos, en este martes celebramos la memoria de dos grandes testigos de la fe: San Alberto Hurtado, que encontró a Cristo en el rostro de los pobres, y Santa Elena, que encontró la Cruz de Cristo. Hoy la Palabra nos confronta con la pregunta de Jesús: “¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”. Abramos nuestro corazón a la Palabra y dispongámonos a escuchar al Maestro con humildad.
Monión a la Primera Lectura
El profeta Ezequiel nos transmite un oráculo contra el rey de Tiro, símbolo de todo poder humano que se endiosa. La soberbia es el pecado que separa al hombre de Dios. Escuchemos con atención.
Primera Lectura (Ez 28, 1-10)
El Señor me dirigió esta palabra: “Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así dice el Señor Dios: ‘Por tu corazón soberbio, que has dicho: “Yo soy un dios, estoy sentado en un trono de dioses, en medio de los mares”, siendo hombre y no dios, has igualado tu pensamiento al de Dios, por eso, así dice el Señor Dios: Porque has igualado tu pensamiento al de Dios, yo traeré contra ti extranjeros, los más bárbaros de los pueblos; desenvainarán sus espadas contra tu esplendor y tu sabiduría, y profanarán tu resplandor. Te harán bajar a la fosa, y morirás como los asesinados en el corazón del mar. ¿Dirás aún: “Yo soy un dios”, ante tu asesino, siendo hombre y no dios, en manos de los que te matan? Morirás de muerte de incircunciso, a manos de extranjeros. Yo he hablado —oráculo del Señor Dios—’”.
Salmo Responsorial (Dt 32, 26-28.30.35-36)
R/. “Yo doy la muerte y doy la vida”.
“Yo había dicho: ‘Los dispersaré, borraré su memoria de entre los hombres’. Pero temo la provocación del enemigo, no sea que sus adversarios se engañen y digan: ‘Nuestra mano ha vencido, no es el Señor quien ha hecho todo esto’.”
“Porque son una nación que ha perdido el juicio, y no hay en ellos inteligencia.”
“¿Cómo podría uno perseguir a mil, y dos poner en fuga a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido, si el Señor no los hubiera entregado?”
“Mía es la venganza y la retribución, para el tiempo en que su pie resbale. Porque el día de su ruina está cerca, y su destino se apresura.”
“El Señor hará justicia a su pueblo y se compadecerá de sus siervos, al ver que su fuerza se agota, y que no queda esclavo ni libre.”
Monión a la Segunda Lectura
La segunda lectura, tomada de la Carta a los Hebreos, nos invita a fijar nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Aunque hoy no se proclame en la liturgia, la Palabra nos llama a la perseverancia.
Segunda Lectura (Hb 12, 1-4)
“Por tanto, también nosotros, teniendo tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que se nos propone, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo que le fue propuesto, soportó la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que soportó tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni desfallezcáis en vuestro ánimo. Aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado.”
Monión del Evangelio
El Evangelio de San Mateo nos presenta a Jesús que, con amor y exigencia, enseña a sus discípulos el camino del Reino. La riqueza material puede ser un obstáculo, pero para Dios todo es posible. Escuchemos la voz del Maestro.
Evangelio del Día (Mt 19, 23-30)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos. Os repito que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”. Al oírlo, los discípulos quedaron muy asombrados y dijeron: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible”. Entonces Pedro le respondió: “Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos tocará?”. Jesús les dijo: “En verdad os digo: vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros”.
Oración de los Fieles
Presidente: Hermanos, confiados en la misericordia del Padre, presentemos nuestras súplicas.
1. Por la Iglesia universal, para que sea fiel al Evangelio y servidora de los pobres, como San Alberto Hurtado. Rogamos al Señor.
2. Por los gobernantes y los poderosos, para que no se dejen seducir por la soberbia y busquen la justicia. Rogamos al Señor.
3. Por los que sufren la pobreza y la exclusión, para que encuentren en la comunidad cristiana un hogar de esperanza. Rogamos al Señor.
4. Por todos los que navegan por internet buscando sentido a su vida, especialmente por los que visitan caminoyoracion.org, para que encuentren a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Rogamos al Señor.
5. Por nosotros, para que desprendidos de los bienes materiales, pongamos nuestro corazón en el tesoro del cielo. Rogamos al Señor.
Presidente: Padre santo, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos la gracia de la verdadera libertad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monicion de Presentación de Ofrendas
Con el pan y el vino, ofrezcamos al Señor nuestro trabajo, nuestras alegrías y dolores, unidos al sacrificio de Cristo. Que nuestra ofrenda sea un signo de nuestra entrega total a Dios y a los hermanos.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a ti; no permitas que jamás me separe de ti. Amén.
Reflexión del Día
En un mundo que nos empuja a acumular riquezas, seguridades y poder, las palabras de Jesús resuenan con una fuerza desconcertante: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,24). Esta imagen hiperbólica no es una condena a los bienes materiales, sino una llamada a la libertad interior. El peligro no está en tener, sino en ser poseídos por lo que tenemos.
San Alberto Hurtado entendió esta verdad. Nació en una familia acomodada, pero su encuentro con Cristo en los pobres lo transformó. Fundó el Hogar de Cristo para acoger a los sin techo, y dedicó su vida a defender la dignidad de los trabajadores. Su santidad no nació de la comodidad, sino de la respuesta generosa al amor de Dios que se hace presente en el hermano necesitado. Él solía decir: “Me haré santo trabajando”. La santidad no es un lujo para unos pocos, sino una vocación universal que se vive en el servicio cotidiano.
Hoy, muchos de nosotros, hispanos devotos, llevamos en el corazón el deseo de una vida plena y con sentido. Pero a menudo buscamos esa plenitud en bienes pasajeros: el éxito, la aprobación, el consumo. Jesús nos invita a desprendernos de todo aquello que nos ata y nos impide seguirle. La verdadera riqueza está en el amor, en la familia, en la fe compartida, en la esperanza que no defrauda. Como dice el Papa Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (n. 1).
Para Dios todo es posible. No se trata de lograr la salvación con nuestras fuerzas, sino de dejarnos transformar por su gracia. Como Santa Elena, que buscó la Cruz y la encontró, nosotros estamos llamados a buscar a Cristo en nuestra historia, en nuestras cruces diarias. Al dejar todo por Él, recibimos “cien veces más” (Mt 19,29): una comunidad que nos sostiene, un sentido que nos trasciende, una paz que el mundo no puede dar.
Que la intercesión de San Alberto Hurtado y Santa Elena nos anime a vivir con audacia el Evangelio, a no tener miedo de soltar lo que nos estorba, y a poner nuestra confianza en Aquel que todo lo puede.
Monicion de Despedida
Que el Señor, que nos ha reunido en torno a su Palabra, nos bendiga y nos fortalezca para ser testigos de su amor en el mundo. Llevemos la esperanza de Cristo a nuestros hogares y comunidades. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Referencias
Evangelii Gaudium, Papa Francisco, 2013, n. 1.
Biblia de Jerusalén, Editorial Desclée De Brouwer, 2009. (Para las citas bíblicas)
San Alberto Hurtado: Un santo para los pobres, P. Alejandro Londoño S.J., Ediciones Mensaje, 2005, p. 45.
Historia de la Iglesia, José Orlandis, Ediciones Palabra, 2001, p. 112 (para Santa Elena).
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