Domingo 25 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Monición de Entrada
- Moniciones a la Primera Lectura
- Primera Lectura (Is 55, 6-9)
- Salmo Responsorial (Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18)
- Moniciones a la Segunda Lectura
- Segunda Lectura (Flp 1, 20c-24. 27a)
- Moniciones al Evangelio
- Evangelio del Día (Mt 20, 1-16a)
- Oración de los Fieles
- Moniciones para la Presentación de las Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día: La Lógica del Amor Frente a la Lógica del Mérito
- Moniciones de Despedida
20 de Septiembre de 2026
«Buscar al Señor mientras se deja encontrar»
Tips Litúrgicos del Día
- Reviste ornamentos de color verde, signo de esperanza y crecimiento en la fe.
- Hoy es Domingo, día del Señor: participa en la Santa Misa con gozo y devoción.
- Medita sobre la misericordia infinita de Dios, que supera nuestra lógica humana.
- Que tu oración de hoy sea un acto de confianza total en la voluntad divina.
Citas Bíblicas del Día
«Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca» (Is 55, 6).
Este versículo del profeta Isaías nos invita a una búsqueda activa y confiada de Dios, que siempre está dispuesto a recibirnos con amor.
Santo del Día
Hoy la Iglesia recuerda a San Andrés Kim Taegon, primer sacerdote mártir de Corea, y a sus compañeros mártires. San Andrés nació en una familia de conversos y, tras estudiar en Macao, fue ordenado sacerdote. Al regresar a su tierra para evangelizar, fue arrestado y martirizado en 1846. Su valentía y fidelidad a Cristo, incluso frente a la muerte, son un testimonio poderoso de que la gracia de Dios sostiene a sus elegidos. Junto a él, recordamos a miles de católicos coreanos que dieron su vida por la fe en los siglos XVIII y XIX.
Monición de Entrada
Hermanos y hermanas, hoy es el Domingo 25 del Tiempo Ordinario. La liturgia nos presenta el tema de la misericordia de Dios, que supera nuestros criterios humanos de justicia. En la parábola de los trabajadores de la viña, Jesús nos revela que el amor de Dios es un don gratuito, que no se gana por méritos, sino que se recibe con humildad. Abramos nuestros corazones a esta verdad transformadora y dispongámonos a celebrar el misterio de la fe.
Moniciones a la Primera Lectura
La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos invita a abandonar nuestros caminos y pensamientos para abrazar los de Dios. Escuchemos con atención cómo el Señor nos llama a una conversión profunda.
Primera Lectura (Is 55, 6-9)
Lectura del libro del profeta Isaías
Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino, y el perverso sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en el perdón. Porque mis pensamientos no son los de ustedes, y sus caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Cuanto el cielo está sobre la tierra, así mis caminos superan a los de ustedes y mis pensamientos, a sus pensamientos.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial (Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18)
R. El Señor está cerca de aquellos que lo invocan.
Día tras día te bendeciré y alabaré tu Nombre para siempre. El Señor es grande, digno de toda alabanza, y su grandeza es insondable. R.
El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia. El Señor es bueno con todos, y su misericordia se extiende a todas sus obras. R.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras. El Señor está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan con sinceridad. R.
Moniciones a la Segunda Lectura
En la carta a los Filipenses, San Pablo nos muestra el sentido profundo de la vida cristiana: vivir para Cristo y con Cristo. Escuchemos cómo el Apóstol nos anima a mantener una conducta digna del Evangelio.
Segunda Lectura (Flp 1, 20c-24. 27a)
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses
Hermanos: Para mí, la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne me permite dar fruto, no sé qué elegir. Me siento apremiado por las dos cosas: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es mucho mejor; por otro, quedarme en la carne es más necesario para ustedes. Solamente que se comporten como corresponde al Evangelio de Cristo.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Moniciones al Evangelio
El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de los trabajadores de la viña. Una enseñanza de Jesús que desafía nuestra lógica de méritos y recompensas. Abramos nuestros oídos y corazones para recibir la Palabra que nos revela la generosidad infinita de Dios.
Evangelio del Día (Mt 20, 1-16a)
✠ Lectura del santo Evangelio según San Mateo
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viña. Se arregló con ellos por un denario al día y los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido". Ellos fueron. Salió de nuevo al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros que estaban parados y les dijo: "¿Por qué están aquí todo el día sin trabajar?". Le respondieron: "Porque nadie nos ha contratado". Él les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña".
Al llegar la noche, el dueño de la viña dijo a su administrador: "Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros". Se acercaron los de la última hora y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron una sola hora y los has igualado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor". Él respondió a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos arreglamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parezca? ¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno?". Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Presidente: A cada uno de nosotros, Dios nos llama a trabajar en su viña. Presentemos nuestras súplicas con confianza.
- Por la Iglesia, para que sea testigo fiel de la misericordia divina y anuncie con valentía el Evangelio a todos los pueblos. R. Señor, escúchanos.
- Por los gobernantes, para que promuevan la justicia y la paz, y protejan siempre la dignidad de toda persona humana. R. Señor, escúchanos.
- Por los migrantes y refugiados, que buscan un futuro mejor lejos de su tierra, para que encuentren acogida, comprensión y oportunidades dignas. R. Señor, escúchanos.
- Por las familias, para que sean escuelas de amor, perdón y solidaridad, y sepan valorar el don de cada uno de sus miembros. R. Señor, escúchanos.
- Por todos los que se sienten excluidos o desanimados, para que experimenten la cercanía de Dios y de la comunidad cristiana. R. Señor, escúchanos.
- Por los que visitan caminoyoracion.org, para que encuentren en este medio un espacio de encuentro con Dios y de crecimiento en la fe. R. Señor, escúchanos.
Presidente: Padre de bondad, que conoces nuestras necesidades antes de que te las presentemos, escucha nuestras súplicas y concédenos la gracia de vivir como verdaderos hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Moniciones para la Presentación de las Ofrendas
Llevemos al altar el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, junto con nuestras propias vidas, para que el Señor los transforme en alimento de vida eterna. Ofrezcamos también nuestro compromiso de ser trabajadores generosos en la viña del Señor.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y ya que te he recibido, abrázame con tu amor y no me dejes jamás separarme de ti. Amén.
Reflexión del Día: La Lógica del Amor Frente a la Lógica del Mérito
La parábola de los trabajadores de la viña que hoy nos presenta el Evangelio de Mateo es, sin duda, una de las más desafiantes para nuestra mentalidad moderna. Vivimos en un mundo que valora el mérito, el esfuerzo y la recompensa proporcional al trabajo realizado. Por eso, la actitud del dueño de la viña nos resulta, cuando menos, sorprendente. ¿Cómo es posible pagar lo mismo a quien trabajó una hora que a quien soportó el peso del día y el calor?
Jesús, con esta parábola, no está dando una lección de economía laboral, sino revelando el misterio insondable del amor de Dios. La salvación no es un salario que ganamos con nuestras obras, sino un don gratuito que recibimos de un Padre generoso. Dios no nos trata según nuestros méritos, sino según su infinita misericordia. Como dice el profeta Isaías en la primera lectura: «Mis pensamientos no son los de ustedes, y sus caminos no son mis caminos» (Is 55, 8).
Esta enseñanza es especialmente consoladora para aquellos que, por diversas circunstancias, sienten que han llegado "tarde" a la fe o que han vivido alejados de Dios. Para el migrante que ha dejado su tierra y su cultura, para el que ha sufrido la ruptura familiar, para el que carga con un pasado de errores, la parábola dice: Dios siempre tiene un lugar para ti en su viña. No importa la hora en que llegues; su amor no conoce de horarios ni de límites. Él sale a buscarte a la plaza de tu vida, en medio de tus incertidumbres y cansancios, y te invita a trabajar en su proyecto de amor.
Pero también nos desafía a examinar nuestra propia actitud. ¿Somos como los trabajadores de la primera hora que murmuran ante la generosidad del dueño? ¿Nos sentimos con derechos sobre Dios y sobre los demás? La envidia y el resentimiento son tentaciones sutiles que pueden corroer nuestro corazón, incluso en la vida de fe. El dueño de la viña nos pregunta: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?». Esta pregunta nos interpela hoy: ¿Nos alegramos del bien que Dios hace a otros, aunque nosotros hayamos "trabajado más"? ¿O nuestra alegría se empaña cuando vemos que la misericordia divina alcanza a quienes consideramos menos merecedores?
San Pablo, en la segunda lectura, nos da la clave para superar esta lógica mezquina: «Para mí, la vida es Cristo» (Flp 1, 21). Cuando Cristo es el centro de nuestra vida, dejamos de mirar a los demás con ojos de competencia y comenzamos a mirarlos con ojos de hermanos. La vocación cristiana no es una carrera por ver quién llega primero, sino una llamada a caminar juntos hacia el Padre. Todos somos invitados a la misma mesa, todos somos amados con el mismo amor infinito.
Hoy, al reflexionar sobre esta Palabra, preguntémonos: ¿Qué lógica gobierna mi vida, la del mérito o la del amor? ¿Me siento un "trabajador" que exige recompensa o un "hijo" que agradece el don? Que el Señor nos conceda la gracia de abandonar nuestros pensamientos y caminos para abrazar los suyos, y que nuestra vida sea un canto de gratitud por su misericordia sin límites.
Moniciones de Despedida
Hermanos, hemos celebrado la Eucaristía, sacramento del amor de Dios que supera toda medida. Llevemos a nuestros hogares, trabajos
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