Jueves 17 de Septiembre de 2026: Moniciones, Lecturas y Evangelio del Día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Roberto Belarmino
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura: 1 Cor 15, 1-11
- Salmo: Sal 117, 1-2. 16-17. 28
- Monición a la Segunda Lectura
- Monición del Evangelio
- Evangelio del Día: Lc 7, 36-50
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día
- Monição de Despedida
- Referencias
Fiesta de San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia
Tips Litúrgicos del Día
- Vístete con dignidad: Hoy celebramos a un gran doctor de la Iglesia; asiste a Misa con respeto, como quien se acerca a un gran banquete.
- Prepara tu corazón: Antes de comulgar, dedica unos minutos al silencio y la gratitud. Dios te espera.
- Reza por los que dudan: San Roberto defendió la fe con caridad; hoy, ofrece un Padrenuestro por quienes buscan la verdad.
- Lleva un evangelio contigo: Hoy la Palabra nos habla del perdón; tenla cerca para meditarla en el día.
Citas Bíblicas del Día
«El Señor es mi fuerza y mi protección; él es mi salvación.» (Sal 117, 14)
Santo del Día: San Roberto Belarmino
San Roberto Belarmino (1542-1621), jesuita, cardenal y doctor de la Iglesia, es uno de los grandes defensores de la fe católica frente a las controversias de su tiempo. Conocido por su sabiduría y su celo pastoral, dedicó su vida a la enseñanza, la predicación y el cuidado de las almas. Su obra más famosa, las Disputaciones sobre las controversias de la fe, sigue siendo un faro de claridad doctrinal. Fue un hombre de profunda humildad, que gastaba sus fuerzas en el confesionario y en el estudio. Que su ejemplo nos anime a defender nuestra fe con amor y a buscar siempre la verdad con mansedumbre.
Monición de Entrada
Queridos hermanos, nos reunimos hoy en la casa del Señor para celebrar la Eucaristía, memorial de su pasión, muerte y resurrección. En esta fiesta de San Roberto Belarmino, doctor de la Iglesia, somos invitados a profundizar en el misterio del amor de Dios, que perdona y restaura. Abramos nuestros corazones a la gracia que brota de esta celebración, y dispongámonos a escuchar su Palabra con docilidad.
Monición a la Primera Lectura
Escuchemos ahora, con atención, las palabras de San Pablo, que nos recuerda lo esencial de nuestra fe: la muerte y resurrección de Cristo, fundamento de nuestra esperanza. Que esta proclamación fortalezca nuestra adhesión al Evangelio.
Primera Lectura: 1 Cor 15, 1-11
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios:
Les recuerdo, hermanos, el Evangelio que les prediqué, que ustedes recibieron y en el cual perseveran. Por este Evangelio serán salvados, si lo conservan tal como se lo anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
Porque yo les transmití, en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y luego a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales la mayoría vive todavía, y algunos ya murieron. Después se apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles. Y por último, como a un abortivo, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el último de los apóstoles, indigno de llamarme apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí. Antes bien, trabajé más que todos ellos; aunque no fui yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En una palabra, ya sea yo, ya sean ellos, esto es lo que predicamos y esto es lo que ustedes han creído.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 117, 1-2. 16-17. 28
R/. La diestra del Señor ha hecho maravillas.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga la casa de Israel: es eterno su amor.
La diestra del Señor se ha elevado, la diestra del Señor ha hecho maravillas. No moriré, sino que viviré y contaré las obras del Señor.
Tú eres mi Dios y te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Monición a la Segunda Lectura
(Se omite la monición a la Segunda Lectura, ya que no hay segunda lectura en esta celebración del día ferial).
Monición del Evangelio
El Evangelio de hoy nos presenta una escena conmovedora: una mujer pecadora que encuentra el perdón y la paz en Jesús. Abramos nuestro corazón a la misericordia divina, dejando que el Señor transforme nuestra vida con su amor.
Evangelio del Día: Lc 7, 36-50
Lectura del santo Evangelio según san Lucas:
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en su casa y se sentó a la mesa. Había en el pueblo una mujer que era pecadora pública. Al saber que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de perfume, y se puso detrás de él, a sus pies, llorando. Con sus lágrimas comenzó a regar los pies de Jesús, los secaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora». Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Él respondió: «Dime, Maestro». Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella, en cambio, regó mis pies con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. No me diste el beso de saludo; ella, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con perfume; ella, en cambio, ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo: quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Pero al que poco se le perdona, poco ama». Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decirse: «¿Quién es este, que hasta perdona los pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Presidente: Confiando en la misericordia infinita de Dios, presentemos nuestras oraciones por la Iglesia y por el mundo entero.
- Por la santa Iglesia de Dios, para que, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía el Evangelio de la misericordia y del perdón. Roguemos al Señor.
- Por el Santo Padre, el Papa Francisco, y por todos los pastores de la Iglesia, para que, como San Roberto Belarmino, defiendan la verdad con caridad y sabiduría. Roguemos al Señor.
- Por los que se sienten alejados de Dios o abrumados por el pecado, para que encuentren en Jesús la paz y la esperanza que necesitan. Roguemos al Señor.
- Por todos los que buscan un hogar y un futuro mejor, especialmente por los migrantes y refugiados, para que sean acogidos con dignidad y encuentren consuelo en su camino. Roguemos al Señor.
- Por las familias, para que sean escuelas de amor, de perdón y de fe, y sepan transmitir a sus hijos el tesoro del Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por los que visitan y apoyan el sitio web caminoyoracion.org, y por todos los que buscan alimento espiritual en internet, para que encuentren en estos medios un camino de encuentro con el Señor. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, aquí reunidos, para que, reconociendo nuestros pecados, aprendamos a amar como Jesús nos ama, con un amor que perdona y restaura. Roguemos al Señor.
Presidente: Dios de infinita misericordia, escucha las súplicas de tu pueblo y concédenos experimentar la alegría de tu perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Llevemos al altar nuestros dones, signo de nuestra entrega y gratitud. Que el Señor, que todo lo recibe, transforme nuestras ofrendas en fuente de gracia para nosotros y para toda la Iglesia.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Yo te abrazo como si ya te hubiera recibido y me uno todo a Ti. No permitas que jamás me separe de Ti. Amén.
Reflexión del Día
El Evangelio de hoy nos sitúa en una escena profundamente humana y divina. Jesús está en la casa de un fariseo, un hombre religioso, observante de la ley. Pero quien irrumpe en la escena es una mujer conocida por su vida pecadora. Ella no dice una palabra; su lenguaje es el del llanto, el perfume, el beso y el cabello. Es un lenguaje de amor, de arrepentimiento y de fe.
Mientras el fariseo juzga, Jesús acoge. Mientras Simón ve solo el pecado, Jesús ve la fe. Jesús nos enseña que el amor verdadero es el que brota del reconocimiento humilde de nuestra necesidad de perdón. La mujer no discute, no se justifica; simplemente se arrodilla ante el Señor y le entrega lo que tiene: sus lágrimas y su amor.
Este pasaje nos habla directamente a nosotros. A veces, como el fariseo, podemos caer en la tentación de sentirnos superiores, de juzgar a los demás, de pensar que nuestra "religiosidad" nos hace mejores. Pero Jesús nos recuerda que el primer paso en el camino de la fe es reconocernos necesitados de su misericordia. Y en ese reconocimiento, encontramos la verdadera paz.
Para el migrante que deja su tierra, para el padre o la madre que lucha por su familia, para el devoto que busca consuelo, esta escena es un bálsamo. No importa cuán grande sea nuestro pasado, cuán pesada sea nuestra carga; la misericordia de Dios es siempre más grande. Jesús no vino a condenar, sino a salvar. Vino a buscar a la oveja perdida y a devolverle la dignidad.
La pregunta que nos deja este Evangelio es: ¿con qué actitud nos acercamos a Jesús? ¿Con la soberbia de quien cree que no necesita nada, o con la humildad de quien sabe que todo lo ha recibido? Hoy, como la mujer del Evangelio, podemos tocar los pies de Jesús con nuestra oración, con nuestras lágrimas, con nuestro amor. Y escucharemos de sus labios la misma palabra que le dijo a ella: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».
Monição de Despedida
Que el Señor, que nos ha reunido en esta mesa, nos acompañe en nuestro caminar diario. Llevemos en nuestros corazones la alegría del perdón recibido y la paz que solo Él puede dar. Que la intercesión de San Roberto Belarmino nos fortalezca en la fe. Vayan en paz, y que el amor de Dios sea su fortaleza.
Referencias
Conferencia Episcopal Española. (2020). Sagrada Biblia (Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española). Biblioteca de Autores Cristianos. (Texto de las lecturas litúrgicas según el Leccionario).
Misal Romano. (2020). Conferencia Episcopal Española.
Martirologio Romano. (2005). Conferencia Episcopal Española.
Oraciones de la Comunión Espiritual y de los Fieles (adaptadas).
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