REFLEXIÓN EN EL DOMIGNO XVII -ciclo b- 25 de Julio de 2021

3.7
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liturgia catolica


Hemos venido proclamando y meditando el evangelio según san Marcos; según el relato, tal como ha llegado hasta nosotros, el evangelista afirma que después de la enseñanza cordial, el Maestro, multiplica los panes para también saciar la necesidad física de quienes lo seguían. En la liturgia de la Iglesia, en vez de continuar con la narración del evangelista Marcos, se pasa a la narración según el evangelista Juan. Se narra la multiplicación de los panes y luego, durante algunos domingos, la Iglesia nos brindará el sentido más profundo de este signo milagroso del Maestro.

La multiplicación de los panes, como todos los milagros realizados por el Señor Jesús, tiene muchas resonancias; se puede interpretar desde muy diversos ángulos, se puede entender y vivir de acuerdo a las circunstancias particulares de cada creyente. El Señor Jesús, presencia viva de Dios en nuestra historia, es consciente de nuestras múltiples necesidades físicas, emocionales y espirituales; Él quiere ayudar a satisfacerlas; no es indiferente ante nuestro dolor y nuestras carencias.

De esta realidad parten todos los evangelistas al narrarnos este singular signo de la multiplicación de los panes y de los peces .El evangelista Juan parte de la conciencia que tiene el Maestro de la necesidad que tiene, la multitud que lo sigue, del alimento material.  Luego entabla un pequeño diálogo con uno de sus discípulos, teniendo como premisa que “sabía lo que iba a hacer”.

La pregunta dirigida por el Señor Jesús a Felipe, es la misma que nosotros le dirigimos a Dios, a nuestra familia o a los demás: “¿De dónde sacaremos pan?”. El hambre física es una de las necesidades fundamentales del ser humano. Somos creaturas dependientes, no podemos alimentarnos de nosotros mismos, el alimento siempre viene de fuera. El hambre física es el móvil para lo bueno y para lo malo en el mundo; muchos grandes logros de la humanidad se han obtenido para tener una mejor calidad de vida, partiendo de la necesidad de alimentarnos.

Las guerras y las armas, en buena medida, son producto de querer satisfacer la propia hambre quitándoles la comida a los demás. Con todos los adelantos tecnológicos que hemos adquirido, la humanidad está en capacidad de saciar toda el hambre de la humanidad. Pienso que desde siempre, y el milagro de la multiplicación de los panes así lo demuestra, el problema no ha sido el hambre sino el egoísmo.

Pocos tienen mucho y derrochan el alimento; muchos tienen muy poco y no tienen lo suficiente para vivir.En la narración del evangelista Juan, hace intervenir a Andrés quien dice: “aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces”. La cebada es el pan de los pobres. A partir de allí el Maestro realiza un signo que llena de asombro y admiración a muchos de los que se beneficiaron de él.

Dice el texto que Jesús “tomó los panes y, luego de dar gracias, los repartió”; luego constata que todos se saciaron y quedó comida, la cual se debe recoger y no desperdiciar; con esta acción nos da la clave para tener una sociedad mejor: dar gracias a Dios, porque somos conscientes de ser necesitados y que el alimento siempre es un regalo; luego, compartir lo recibido de Dios a través de la madre tierra y del esfuerzo humano. Por último no desperdiciar el alimento y saber aprovechar lo que sobra de la comida. 

Si compartimos, si no abusamos de los demás, si no derrochamos los alimentos, tendremos una humanidad en paz. El maligno quiere que sigamos el camino del egoísmo, la violencia y la muerte, Dios quiere la vida y la felicidad para todos los seres humanos. Termino con un pensamiento que me hicieron llegar en días pasados: “Dios pone su casi todo y tú pones tu casi nada; pero, Dios no pondrá su casi todo, si tú no pones tu casi nada”. El Padre Dios, por la fuerza de su Santo Espíritu, nos ayudará siempre a hacer lo que su Hijo Jesucristo nos enseñó: compartir lo que somos y tenemos.


Pbro. Cándido Contreras (Julio, 2017)

ORACION EN EL DOMINGO XVII -ciclo b-


Padre Dios, en unión a tu Hijo Jesucristo,y guiados por la fuerza de tu Santo Espíritu,te queremos bendecir por los alimentos que nos das.Gracias por nuestra madre tierraque produce en abundancia alimentospara todos los seres vivos.Gracias por los que trabajan la tierra,por quienes saben industrializar los alimentos,por quienes los distribuyen y comercializan,por quienes atienden con bondad a los consumidores.
Al darte gracias porque nos alimentaste queremos suplicar la graciade aprender y poner en práctica la enseñanza que nos da tu Hijo Jesucristo:ayúdanos a compartir desde nuestra pobreza,aumenta la generosidad de nuestra mentey la bondad en nuestro corazón.Danos sabiduría para saber aprovecharlos diversos recursos que nos brindaspara hacernos el bien mutuamente.No permitas que derrochemos tus regalos.


Te pedimos humildemente, Padre Dios,la gracia de saber compartir el Pan del cielo y el pan de la tierra.No permitas que despreciemos el uno o el otro.Danos la gracia de tu Espíritu para alimentarnos siempre de tu amor. Amén.
Pbro. Cándido Contreras (Julio, 2017)

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