- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del día
- Santo del Día: San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars)
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del día de Hoy
- SALMO Sal 101, 16-21.29.22-23
- Monición del Evangelio
- ALELUIA Jn 1, 49b
- Evangelio del día de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36
- O a elección, especialmente en el año A, en que el Evangelio anterior ya se leyó ayer, lunes:
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 1-2. 10-14
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día: La mano que no suelta en la tormenta
- Monición de Despedida
- Referencias
Queridos hermanos, en este Martes de la Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario, la liturgia nos invita a celebrar la memoria obligatoria de un gigante de la santidad sacerdotal: San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars. Su vida fue un testimonio vivo de la misericordia de Dios, que reconstruye lo que el pecado ha destruido y que tiende la mano al que se hunde en la tempestad. La Palabra de hoy —la restauración prometida por Jeremías y Jesús caminando sobre las aguas— encuentra en este humilde párroco un eco de esperanza para todos nosotros. Dejémonos interpelar por su ejemplo y abramos el corazón a la gracia que nos salva.
Tips Litúrgicos del Día
- Comienza la jornada invocando la intercesión del Santo Cura de Ars. Reza por los sacerdotes de tu parroquia y por las vocaciones. San Juan María decía: «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús». Pide hoy especialmente por tu párroco.
- Si el Evangelio de hoy es Mateo 14, 22-36, imagínate en la barca de Pedro. El viento es fuerte, pero Jesús camina sobre las aguas. Haz tuyo el grito: «Señor, sálvame». Luego, repite muchas veces durante el día: «Realmente eres Hijo de Dios».
- En la primera lectura, Jeremías anuncia la reconstrucción de las ruinas. ¿Hay algún área de tu vida que sientes destruida? Ofrécela al Señor con la confianza de que Él cumple sus promesas y reconstruye lo que está caído.
- Hoy el Salmo 101 nos recuerda que el Señor escucha el gemido de los cautivos. Si estás atravesando una cárcel interior —miedo, culpa, adicción—, repite el salmo: «El Señor se ha fijado en la tierra para escuchar el gemido de los cautivos».
- San Juan María Vianney pasaba horas en el confesionario. Anímate a programar una confesión en estos días. Si no puedes ahora, haz un acto de contrición y recuerda que la misericordia de Dios no se cansa de esperarnos.
- Haz un pequeño sacrificio por los sacerdotes. Puede ser una oración, un ayuno o una visita al Santísimo. El Cura de Ars decía: «Si comprendiéramos lo que es un sacerdote en la tierra, nos moriríamos de amor».
Citas Bíblicas del día
- Lectura del libro de Jeremías 30, 1-2. 4. 12-15. 18-22
- SALMO Sal 101, 16-21.29.22-23
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36
- O a elección, especialmente en el año A, en que el Evangelio anterior ya se leyó ayer, lunes: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 1-2. 10-14
Santo del Día: San Juan María Vianney (Santo Cura de Ars)
Hoy celebramos con alegría la memoria obligatoria de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, patrono de todos los párrocos. Nacido en 1786 en Dardilly (Francia), superó enormes dificultades en sus estudios para llegar al sacerdocio. Enviado a la pequeña y olvidada aldea de Ars, se convirtió en un fuego que atrajo a miles de peregrinos de toda Europa. Su fama no residía en sus dotes intelectuales, sino en su santidad transparente y en su amor sin límites por la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. Pasaba hasta dieciséis horas diarias confesando, con palabras de fuego que tocaban los corazones más endurecidos. «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros», repetía. El Papa Benedicto XVI, al proclamar el Año Sacerdotal, lo presentó como «modelo de pastores que configuran su vida con el misterio de la cruz de Cristo» (Benedicto XVI, Carta para la proclamación del Año Sacerdotal, 2009). Murió en 1859 y su testimonio sigue siendo un faro para la Iglesia entera.
Monición de Entrada
Queridos hermanos: La memoria obligatoria de San Juan María Vianney ilumina este martes de la decimonovena semana del Tiempo Ordinario. Hoy contemplamos a un hombre que, siendo frágil y de pocas luces según el mundo, se convirtió en un torrente de misericordia para miles de almas. Él nos enseñó que el Señor nunca se cansa de esperarnos y que, en medio de la tormenta, siempre nos tiende su mano. Iniciemos esta Eucaristía pidiendo un corazón sencillo y confiado, como el del Cura de Ars. De pie, recibamos al que viene a nuestro encuentro.
Monición a la Primera Lectura
El profeta Jeremías dirige hoy a Israel una palabra que es bálsamo para cualquier herida abierta. Después de anunciar el castigo por los pecados del pueblo, Dios mismo promete reconstruir sus tiendas, curar sus llagas y establecer con ellos una alianza nueva. Es el Señor quien toma la iniciativa: donde parecía que todo estaba perdido, Él edifica algo nuevo. Escuchemos con esperanza, porque esta misma promesa quiere cumplirse en nuestra vida.
Primera Lectura del día de Hoy
Porque tus pecados eran graves, Yo te hice todo esto.
Yo cambiaré la suerte de las carpas de Jacob
Lectura del libro de Jeremías 30, 1-2. 4. 12-15. 18-22
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que Yo te he dirigido.
Estas son las palabras que el Señor dirigió a Israel y a Judá: ¡Tu herida es incurable, irremediable tu llaga! Nadie defiende tu causa, no hay remedio para tu herida, tú ya no tienes cura. Todos tus amantes te han olvidado, no se interesan por ti. Porque yo te he golpeado como golpea un enemigo, con un castigo cruel, a causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves. ¿Por qué gritas a causa de tu herida, de tu dolor incurable? A causa de tu gran iniquidad, porque tus pecados eran graves, Yo te hice todo esto.
Así habla el Señor : Sí, Yo cambiaré la suerte de las carpas del Jacob y tendré compasión de sus moradas; la ciudad será reconstruida sobre sus escombros y el palacio se levantará en su debido lugar. De allí saldrán cantos de alabanza y risas estridentes. Los multiplicaré y no disminuirán, los glorificaré y no serán menoscabados. Sus hijos serán como en los tiempos antiguos, su comunidad será estable ante mí y yo castigaré a todos sus opresores. Su jefe será uno de ellos y de en medio de ellos saldrá su soberano. Yo lo haré acercarse, y él avanzará hacia mí, porque si no, ¿quién se atrevería a avanzar hacia mí? -oráculo del Señor-.
Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO Sal 101, 16-21.29.22-23
R. ¡El Señor aparecerá glorioso en Sión!
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria. R.
Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque Él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.
Los hijos de tus servidores tendrán una morada
y su descendencia estará segura ante ti,
para proclamar en Sión el nombre del Señor
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan los pueblos y los reinos,
y sirvan todos juntos al Señor. R.
Monición del Evangelio
El Evangelio nos sitúa en medio de la noche oscura del lago de Galilea. Mientras los discípulos luchan contra el viento, Jesús se acerca a ellos caminando sobre las aguas, y su voz rompe el miedo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Pedro, entre la audacia y la duda, da unos pasos sobre el mar y, al hundirse, clama la oración más breve y perfecta. Dejemos que esta escena nos envuelva: Cristo sigue extendiendo su mano también hoy. De pie, aclamemos al Hijo de Dios.
ALELUIA Jn 1, 49b
Aleluia.
Maestro, Tú eres el Hijo de Dios,
Tú eres el Rey de Israel.
Aleluia.
Evangelio del día de Hoy
Mándame ir a tu encuentro sobre el agua
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36
Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy Yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante Él, diciendo: «Verdaderamente, Tú eres el Hijo de Dios».
Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron sanados.
Palabra del Señor.
O a elección, especialmente en el año A, en que el Evangelio anterior ya se leyó ayer, lunes:
Toda planta que no haya plantado mi Padre
será arrancada de raíz
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 15, 1-2. 10-14
Unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros antepasados y no se lavan las manos antes de comer?»
Jesús llamó a la multitud y le dijo: «Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella».
Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oírte hablar así?».
Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Déjenlos: son ciegos que guían a otros ciegos. Pero si un ciego guía a otro, los dos caerán en un pozo».
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Con la confianza de Pedro, que se atrevió a caminar sobre las aguas, presentemos nuestras peticiones al Padre, seguros de que Él nos escucha.
- Por la Santa Iglesia, para que, edificada sobre la fe de los apóstoles, siga siendo faro de verdad y misericordia, y nunca se canse de tender la mano a los que se hunden. Roguemos al Señor.
- Por el Papa y todos los pastores, para que, a ejemplo de San Juan María Vianney, sean pastores según el corazón de Cristo, dedicados incansablemente a la oración y al sacramento del perdón. Roguemos al Señor.
- Por los colaboradores y lectores de “Camino y Oración”, para que, como aquellos hombres de Genesaret, lleven a Jesús a todos los que sufren y sean instrumentos de su curación a través de la oración y la Palabra compartida. Roguemos al Señor.
- Por los que viven en el miedo, la duda o la desesperanza, por quienes se sienten cautivos del pecado o de heridas incurables: para que escuchen la voz del Señor que dice «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo» y experimenten la restauración prometida. Roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad, para que, fortalecida por la Eucaristía, aprenda a reconocer a Jesús en medio de las tormentas y confiese con fe viva que Él es el Hijo de Dios. Roguemos al Señor.
Padre de misericordia, que reconstruyes las ruinas y salvas a los que perecen, escucha nuestras súplicas y haz que caminemos siempre sobre las aguas con la mirada fija en tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Junto al pan y al vino que llevamos al altar, depositemos ahora nuestras fragilidades y nuestra necesidad de sanación. Dejemos que el Señor tome estos dones y nuestras vidas, como tomó los cinco panes y los dos peces, para bendecirlos y devolvérnoslos transformados. Que la sencillez de San Juan María Vianney nos alcance un corazón desprendido y generoso.
Oración de Comunión Espiritual
Para quienes no pueden acercarse a recibir a Jesús sacramentalmente, hagamos este acto de comunión espiritual:
«Señor Jesús, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma; pero, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.»
Reflexión del Día: La mano que no suelta en la tormenta
La liturgia de hoy es un abrazo para el alma abatida. Jeremías, en la primera lectura, anuncia la reconstrucción de lo que parecía irremediablemente perdido. Las «tiendas de Jacob» están en ruinas, el pecado ha provocado heridas profundas —«incurable» dice el texto—, y sin embargo Dios promete cambiarlo todo: «Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas». Esta es la dinámica constante del amor divino: donde el ser humano solo ve escombros, Dios ve el solar donde edificará algo nuevo. El Papa Francisco, en una homilía matutina, recordó que «el Señor es especialista en transformar las ruinas en ciudades, las llagas en cicatrices de gloria. No se cansa de reconstruir» (Francisco, Homilía en Santa Marta, 25 de marzo de 2020).
El Salmo 101 se hace eco de esta esperanza: desde su santuario excelso, Dios se fija en la tierra, no para contemplar fríamente, sino para «escuchar el gemido de los cautivos, para librar a los condenados a muerte». Es la actitud que Jesús encarna en el Evangelio. Camina sobre el mar encrespado, símbolo de las fuerzas del caos y del mal, y dice con autoridad divina: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Es la revelación del Nombre de Dios: «Yo soy el que soy». Jesús no niega la tormenta, no elimina el viento de un soplo; simplemente se hace presente en medio de ella y tiende la mano. San Agustín comentaba: «Cristo viene caminando sobre las aguas; todo lo que es agitado se calma bajo sus pies. Él es nuestra paz, y mientras lo miramos, incluso las olas se vuelven firmes» (Sermón 76, 9). El problema de Pedro no fue el viento, sino apartar la mirada del Señor.
Y aquí entra en escena el Santo Cura de Ars, cuya memoria obligatoria celebramos hoy. San Juan María Vianney fue, para miles de almas, la mano de Jesús que las agarraba cuando se hundían. Pasaba horas incontables en un confesionario húmedo y frío, escuchando las miserias humanas más profundas. Él, que había sido considerado un mal estudiante, se convirtió en el director espiritual más buscado de Francia. ¿Su secreto? No era un teólogo brillante, sino un enamorado de Cristo. Decía: «No soy yo quien os habla, es Jesús quien os habla por mi boca». Y cuando alguien le confesaba pecados graves y manifestaba miedo a no ser perdonado, él susurraba: «Hija mía, no seas tan tonta. ¿Crees que Dios te ha esperado hasta hoy para abandonarte ahora?».
El Evangelio prosigue con un detalle asombroso: apenas llegan a Genesaret, la gente le trae a todos los enfermos y «le pedían tocar siquiera el borde de su manto, y cuantos lo tocaron quedaron curados». San Juan María Vianney fue para su siglo el borde del manto de Cristo. Muchos acudían a Ars solo para verlo celebrar Misa, y al regresar sus corazones habían sido transformados. Él encarnó la promesa de Jeremías: sobre las ruinas del pecado, Dios reconstruye la comunión. Su canonización en 1925 y su proclamación como patrono de los párrocos no hicieron sino confirmar lo que el pueblo sencillo ya sabía: que un cura santo es el mayor regalo para una parroquia.
¿Qué tormenta te azota hoy? ¿Qué herida te parece incurable? ¿Qué viento te hace dudar y empezar a hundirte? La Palabra de hoy no te promete que el mar se calmará de inmediato, pero sí que Jesús está sobre las aguas y te dice: «Ven». No mires el viento; fija tu mirada en Él. Y si ya estás con el agua al cuello, grita la oración más breve y eficaz: «Señor, sálvame». Su mano no tarda en agarrarte.
Pidamos por intercesión del Santo Cura de Ars que sepamos ser también, unos para otros, esa mano tendida. Que nuestras palabras y gestos lleven a muchos a tocar el borde del manto de Jesús. Y que, como los discípulos, confesemos: «Realmente eres Hijo de Dios».
Monición de Despedida
Hermanos, el Señor nos ha hablado en medio de la tormenta y nos ha alimentado con su Cuerpo entregado. Ahora nos toca volver a la barca de la vida cotidiana, pero no lo hacemos solos: Él camina sobre las aguas junto a nosotros. Llevad la paz que habéis recibido, extended vuestra mano a quien se hunde y pedid por los sacerdotes, para que sigan el ejemplo del Cura de Ars. Podéis ir en paz. Amén.
Referencias
- Benedicto XVI. (2009). Carta para la proclamación del Año Sacerdotal. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2009/documents/hf_ben-xvi_let_20090616_anno-sacerdotale.html
- Francisco. (2020). Homilía en Santa Marta, 25 de marzo de 2020. Librería Editrice Vaticana.
- San Agustín. (c. 410-420). Sermón 76, 9. Obras Completas.
- Curas.com.ar. (2026). Libros Litúrgicos: Lecturas del 4 de agosto de 2026. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
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