Lecturas y Moniciones de hoy Sábado 7 de Marzo de 2026

Tips Litúrgicos del Día

  • Fecha: Sábado de la II Semana de Cuaresma.
  • Color Litúrgico: Morado.
  • Celebración: Feria de Cuaresma.
  • Misal: Se utiliza la Misa de la feria, con la oración colecta propia de la feria o de la conmemoración, y el Prefacio de Cuaresma.
  • Mensaje Central: La liturgia de hoy es el culmen de la revelación de la misericordia divina en la Cuaresma. Se nos presenta la sobrecogedora parábola del Hijo Pródigo (o el Padre Misericordioso), invitándonos a regresar a la casa del Padre, que nos espera con los brazos abiertos.

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo

Según el calendario litúrgico oficial para el año 2026:

  • Primera Lectura: Miqueas 7, 14-15. 18-20.
  • Salmo Responsorial: Salmo 102.
  • Evangelio: Lucas 15, 1-3. 11-32.

Santo del Día

Santas Perpetua y Felicidad, mártires (Conmemoración) La liturgia permite hoy hacer conmemoración de estas grandes mártires del siglo III en Cartago (norte de África). Perpetua era una joven madre noble y Felicidad era su esclava, que dio a luz en la cárcel pocos días antes de su martirio. Ambas, superando las distinciones sociales, se unieron en la misma fe y enfrentaron juntas a las fieras en el anfiteatro, dejando un testimonio imborrable de valentía cristiana.


Monición de Entrada

Hermanos y hermanas, bienvenidos a la Eucaristía en este sábado de la segunda semana de Cuaresma. Hoy la Palabra de Dios nos regala el corazón mismo del Evangelio. Escucharemos la que quizás sea la página más hermosa jamás escrita: la parábola del Padre Misericordioso, el padre que corre a abrazar a su hijo perdido. El profeta Miqueas preparará esta escena maravillándose ante un Dios que "arroja a lo hondo del mar todos nuestros delitos". Con la confianza de saber que no somos juzgados por nuestras miserias, sino esperados por un Amor infinito, comencemos esta celebración reconociéndonos pecadores y volviendo nuestra mirada al Padre.


Monición a la Primera Lectura

El profeta Miqueas concluye su libro con un canto de asombro ante la capacidad de perdón que tiene Dios. Es una oración llena de esperanza que nos asegura que Dios no guarda rencor, sino que pisotea nuestras culpas y las sepulta para siempre. Escuchemos esta consoladora promesa.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura del libro del profeta Miqueas (7, 14-15. 18-20)

Pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que vive solitario en el bosque, en medio de feraces praderas; que pasten en Basán y en Galaad, como en los días de antaño. Como en los días en que saliste de Egipto, muéstranos tus maravillas. ¿Qué Dios hay como tú, que perdona la culpa y pasa por alto la rebeldía del resto de tu heredad? No mantendrá su ira para siempre, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, pisoteará nuestras faltas y arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu misericordia, como juraste a nuestros padres desde los días de antaño.

Palabra de Dios.


Salmo del Día de Hoy

Salmo 102

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. R/.

No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente


Monición del Evangelio

Para responder a las críticas de los fariseos, que se escandalizaban de que Él comiera con pecadores, Jesús cuenta la historia de un padre y sus dos hijos. Es el retrato más nítido de cómo es Dios y de nuestras propias actitudes: el hijo que huye y se pierde, el hijo que se queda pero se amarga, y el Padre que los ama entrañablemente a ambos.


Evangelio del Día de Hoy

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (15, 1-3. 11-32)

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna". El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros". Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado". Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud". Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado". El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado"».

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

Sacerdote: Hermanos, acudamos con absoluta confianza a nuestro Padre, que siempre espera nuestro regreso, y presentémosle nuestras súplicas.

  1. Por la Iglesia: para que sea siempre un hogar de puertas y brazos abiertos, donde los pecadores encuentren la fiesta del perdón y la acogida de Cristo. R/. Escúchanos, Padre misericordioso.
  2. Por el mundo herido por las guerras y el odio: para que los corazones se ablanden y, como el padre de la parábola, las naciones den el primer paso hacia la reconciliación y la paz. R/. Escúchanos, Padre misericordioso.
  3. Por los jóvenes que se han alejado de sus hogares o viven atrapados en vicios o adicciones (el "país lejano"): para que puedan recapacitar, encuentren ayuda solidaria y puedan recuperar su dignidad. R/. Escúchanos, Padre misericordioso.
  4. Por las familias cristianas: para que a ejemplo de las Santas Perpetua y Felicidad, se mantengan firmes en la fe frente a las pruebas y sean testimonios del amor de Dios. R/. Escúchanos, Padre misericordioso.
  5. Por nosotros aquí reunidos: para que sanemos en nosotros el "síndrome del hermano mayor"; que aprendamos a alegrarnos del bien ajeno y no sirvamos a Dios por obligación, sino por amor. R/. Escúchanos, Padre misericordioso.

Sacerdote: Padre bueno, que haces fiesta cuando uno de tus hijos vuelve a ti; escucha nuestras oraciones y concédenos la gracia de un arrepentimiento sincero. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Monición de Presentación de Ofrendas

Traemos al altar el pan y el vino. Así como el Padre ordenó traer la mejor túnica y el ternero cebado para festejar el regreso de su hijo, que este banquete eucarístico sea para nosotros la gran fiesta de nuestra reconciliación con Dios.


Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.


Reflexión del Día de Hoy: "La Fiesta de los Abrazos Rotos y Restaurados"

Las lecturas de este sábado nos regalan la cumbre de la teología de la misericordia. El profeta Miqueas hace una pregunta fundamental: "¿Qué Dios hay como tú?". Una pregunta que resuena en la historia humana, porque la lógica de Dios destruye la lógica de nuestra justicia humana. Miqueas dice que Dios "arroja a lo hondo del mar todos nuestros delitos". Jesús, siglos después, ilustra exactamente cómo lo hace en la parábola de los dos hijos.

1. El hijo menor: La libertad que esclaviza El hijo menor le pide a su padre la herencia. En la cultura de aquel tiempo, pedir la herencia en vida era, literalmente, decirle al padre: "Para mí, estás muerto. Dame lo mío, no te necesito". Es la radiografía de nuestro propio pecado: buscar los dones de Dios pero rechazar a Dios mismo. Se va a un "país lejano". Al principio parece la libertad total, pero acaba cuidando cerdos (para un judío, el animal impuro por excelencia) y deseando comer su comida. La lección es clara: cuando el ser humano se aleja de la casa del Padre, no encuentra la emancipación, encuentra la degradación.

2. El Padre: Las entrañas conmovidas La reacción del Padre rompe todos los moldes patriarcales de la época. Un padre ofendido de Oriente Medio jamás habría salido corriendo; la dignidad exigía que el hijo rogara y sufriera el castigo. Sin embargo, Jesús dice que el Padre "cuando todavía estaba lejos, lo vio". Esto significa que el padre subía todos los días a la terraza o al camino esperando verlo aparecer. Y al verlo, "se le conmovieron las entrañas y echó a correr". No le deja ni siquiera terminar su discurso preparado ("trátame como a uno de tus jornaleros"). El perdón de Dios no nos reintegra como empleados o esclavos, nos restaura la dignidad completa de hijos: le da la túnica (el honor), el anillo (el poder de la firma, la herencia restaurada) y las sandalias (los esclavos iban descalzos, los hijos calzados). Para Dios, nuestro arrepentimiento basta para organizar una fiesta.

3. El hijo mayor: El esclavo en su propia casa La parábola no termina allí. Queda el drama del hijo mayor, quien representa a los fariseos a los que Jesús se dirigía (y tantas veces a nosotros mismos, los cristianos "cumplidores"). Este hijo se indigna. Escucha su lenguaje: "Tantos años como te sirvo, sin desobedecer una orden". Habla como un empleado resentido, no como un hijo. Está en la casa del padre, pero su corazón está tan lejos como el del hermano menor. Se niega a decir "mi hermano", le llama "ese hijo tuyo". El Padre tiene que volver a salir. Dios sale a buscar al perdido en el pecado, pero también sale a buscar al perdido en la soberbia y en la religión vacía. Le dice con ternura inmensa: "Hijo, tú estás siempre conmigo".

En este sábado de Cuaresma, identifiquémonos. ¿Somos el menor, necesitados urgentemente de volver y dejarnos abrazar? ¿O somos el mayor, que vivimos la religión como una carga, sin alegría y juzgando severamente a los demás? Dios nos está invitando a entrar a la fiesta de la Eucaristía, donde el "ternero cebado" es Cristo mismo, ofrecido para darnos vida porque todos nosotros, en el fondo, "estábamos muertos y hemos revivido".


Monición de Despedida

Hermanos, hemos celebrado la alegría del Padre que nos recupera. No nos quedemos fuera de la casa por el orgullo o el resentimiento. Salgamos de este templo dispuestos a perdonar a nuestros hermanos con la misma ternura con la que Dios nos ha perdonado hoy a nosotros. Podéis ir en paz.


Referencias

  • Calendario Litúrgico Marzo.pdf: Confirmación de la fecha (Sábado 7 de marzo de 2026), color morado, Sábado de la II Semana de Cuaresma, citas bíblicas correspondientes al ciclo ferial (Miqueas 7, 14-15. 18-20; Salmo 102; Lucas 15, 1-3. 11-32) y la conmemoración de las Santas Perpetua y Felicidad.

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