Evangelio del dia 2026-06-21

Lecturas y Evangelio de hoy Domingo 21 de Junio de 2026 - Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Evangelio del dia 2026-06-21
Evangelio del dia 2026-06-21
Lecturas y Evangelio de hoy Domingo 21 de Junio de 2026 - Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Tips Litúrgicos del Día

  • Color Litúrgico: Verde. Representa el Tiempo Ordinario, un tiempo de crecimiento espiritual, maduración de la fe y esperanza activa en el seguimiento diario de Jesús.
  • Foco de Meditación: La superación del miedo existencial mediante la fe profunda en la providencia del Padre, quien nos sostiene en la prueba y nos invita a confesar a Cristo con audacia.
  • Actitud Espiritual: Vivir con coherencia evangélica en nuestros hogares y puestos de trabajo, rechazando la tentación de ocultar nuestra identidad cristiana por miedo al juicio o al rechazo social.

Citas Bíblicas del Día

  • Primera Lectura: Lectura del libro del profeta Jeremías (20, 10-13)
  • Salmo Responsorial: Sal 68, 8-10.14.17.33-35
  • Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma (5, 12-15)
  • Evangelio del Día: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (10, 26-33)

Santo del Día: Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Índice del Artículo

La teología del Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario en el Ciclo A nos sumerge en el misterio de la confianza radical y la valentía cristiana frente a las adversidades del mundo. En un contexto social donde la fidelidad al Evangelio a menudo suscita incomprensión, marginación o sutil hostilidad, la Palabra de Dios emerge como un faro de esperanza y fortaleza. La liturgia de este día no nos oculta la realidad de la prueba o de la persecución, sino que la asume desde la perspectiva de la victoria pascual de Jesucristo. El seguimiento de Cristo no es un camino exento de dificultades, sino una experiencia de intimidad profunda con el Padre celestial, cuya providencia amorosa y atenta supera toda medida humana. La afirmación de que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados revela el cuidado minucioso de Dios por cada uno de sus hijos. Así, la valentía apostólica no nace de un voluntarismo ciego o de una fortaleza estoica, sino de la certeza absoluta de sabernos amados, sostenidos y defendidos por Aquel que ha vencido al pecado y a la muerte por medio de la gracia desbordante de su Hijo Jesucristo.

Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos y hermanas, a la celebración de la Eucaristía en este Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario. Hoy, la liturgia nos invita a renovar nuestra confianza en el Señor y a desterrar el miedo de nuestras vidas. En un mundo lleno de incertidumbres, donde anunciar la verdad del Evangelio puede resultar difícil, Jesucristo nos repite con ternura y firmeza: "No tengan miedo". Nos reunimos para alimentar nuestra fe con su Palabra y su Cuerpo, recordando que la gracia sobreabunda donde abunda el pecado y que nuestro Padre celestial cuida de cada uno de nosotros con amor infinito. Iniciemos con gozo esta santa misa.

Monición a la Primera Lectura

Escucharemos el lamento y la profunda fe del profeta Jeremías, quien, a pesar de verse rodeado de enemigos y traicionado por sus allegados, experimenta la presencia liberadora de Dios como un guerrero invencible.

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Jeremías (20, 10-13)

Dijo el profeta Jeremías:

Oía los rumores de la gente:

«¡Terror por todas partes!

¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!»

Hasta mis amigos más íntimos

acechaban mi caída:

«Tal vez se lo pueda seducir;

prevaleceremos sobre él

y nos tomaremos nuestra venganza».

Pero el Señor está conmigo

como un guerrero temible:

por eso mis perseguidores tropezarán

y no podrán prevalecer;

se avergonzarán de su fracaso,

será una confusión eterna, inolvidable.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo,

que ves las entrañas y el corazón,

¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,

porque a ti he encomendado mi causa.

¡Canten al Señor, alaben al Señor,

porque Él libró la vida del indigente

del poder de los malhechores!

Salmo Responsorial

Sal 68, 8-10.14.17.33-35

R. Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor.

Por ti he soportado afrentas

y la vergüenza cubrió mi rostro;

me convertí en un extraño para mis hermanos,

fui un extranjero para los hijos de mi madre:

porque el celo de tu Casa me devora,

y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. R.

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,

en el momento favorable:

respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,

sálvame, por tu fidelidad.

Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,

por tu gran compasión vuélvete a mí. R.

Que lo vean los humildes y se alegren,

que vivan los que buscan al Señor:

porque el Señor escucha a los pobres

y no desprecia a sus cautivos.

Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,

y todos los seres que se mueven en ellos. R.

Monición a la Segunda Lectura

San Pablo nos explica cómo, a pesar de que el pecado y la muerte entraron en el mundo a través del primer hombre, la gracia redentora de Jesucristo es inmensamente superior y nos ha devuelto la vida.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma (5, 12-15)

Hermanos:

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte,
y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando
no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán
hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión
semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.

Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno
solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de
un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos.

Monición del Evangelio

Con el canto del Aleluya nos disponemos a escuchar el santo Evangelio. Jesús exhorta a sus discípulos a ser valientes mensajeros de la verdad, recordándonos el inmenso valor que tenemos ante los ojos del Padre. Nos ponemos de pie.

Evangelio del día

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (10, 26-33)

Jesús dijo a sus apóstoles:

No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada
secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo
en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el
alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo
de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre de ustedes que está en el cielo.
También ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más
que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi
Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo
de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Oración de los Fieles

  • Por el Papa Francisco, los obispos y los sacerdotes, para que el Espíritu Santo les conceda la fortaleza de anunciar el Evangelio sin miedo al rechazo, siendo testigos alegres de la verdad y de la misericordia en el mundo contemporáneo. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes y líderes políticos de todas las naciones, para que promuevan la justicia social, defiendan la dignidad de la vida humana y trabajen incansablemente por la paz, superando el temor al juicio político en favor del bien común. Roguemos al Señor.
  • Por los enfermos, los desempleados y quienes atraviesan graves crisis familiares, para que sientan la presencia reconfortante del Padre celestial, que cuida con esmero de todas sus necesidades y sostiene su esperanza en la prueba. Roguemos al Señor.
  • Por la comunidad de fe en internet y todos los lectores del portal caminoyoracion.org, para que perseveremos en oración conjunta, compartiendo con audacia la luz del Evangelio en los espacios digitales. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros aquí reunidos, para que desterremos los respetos humanos de nuestra vida, confesemos a Cristo con valentía en nuestros ambientes laborales y familiares, y vivamos con la seguridad de sabernos amados por Dios. Roguemos al Señor.

Monición de Presentación de Ofrendas

Señor, al presentarte este pan y este vino, frutos de la tierra y del trabajo de nuestras manos, te ofrecemos también nuestros temores, debilidades y el deseo sincero de servirte. Transfórmalos en el alimento de vida eterna que fortalezca nuestra fe y nos llene de la valentía necesaria para dar testimonio de tu amor en el mundo.

Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me separe de ti. Amén.

Reflexión del día

La liturgia de la Palabra de este Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario en su Ciclo A nos sitúa frente a una de las realidades humanas más universales y paralizantes: el miedo. Todos nosotros, en algún momento de nuestra existencia cotidiana, experimentamos el temor. Temor al fracaso, al rechazo social, a la enfermedad, a la pérdida de un ser querido, o incluso a la incomprensión que suscita vivir con coherencia los valores cristianos en un entorno secularizado. La Palabra de Dios de hoy no elude esta fragilidad humana; al contrario, la abraza y la ilumina con la luz de la verdad divina, ofreciéndonos una respuesta teológica y existencial de profunda esperanza.

En la Primera Lectura, contemplamos al profeta Jeremías en un momento de extrema vulnerabilidad. Sus palabras resuenan con un dramatismo estremecedor: oye los rumores de la gente, experimenta el terror por todas partes y sufre la traición de sus amigos más íntimos, quienes acechan su caída esperando vengarse de él. Esta situación del profeta no es ajena al laico de hoy. En el ámbito profesional, comercial o incluso familiar, podemos encontrarnos rodeados de presiones para ceder ante la deshonestidad, la hipocresía o el individualismo. Sin embargo, en medio del asedio, la fe de Jeremías da un vuelco extraordinario: Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible. El profeta no confía en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad inquebrantable de un Dios que hace justicia y defiende la causa del inocente. La experiencia de Jeremías nos enseña que el camino de la fidelidad a Dios no está libre de persecución, pero está garantizado por la presencia constante y victoriosa del Creador.

Este testimonio profético encuentra su pleno cumplimiento y su máxima hondura teológica en las palabras de Jesús en el Evangelio según san Mateo. El Señor repite hasta tres veces a sus discípulos una exhortación que es, a la vez, un mandato y una caricia divina: No teman. El miedo paraliza la misión, bloquea el amor y nos recluye en el egoísmo de la autoprotección. Jesús nos urge a la valentía apostólica, recordándonos que no hay nada oculto que no deba ser revelado. Lo que hemos escuchado en la intimidad de la oración, en la oscuridad del encuentro personal con Dios, debemos proclamarlo con valentía desde las terrazas de nuestra vida diaria. El Señor nos invita a no temer a quienes matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma, exhortándonos a valorar la vida eterna y la integridad espiritual por encima de los respetos humanos y la comodidad mundana.

Para sostener esta valentía, Jesús nos ofrece una revelación bellísima de la Providencia divina. Si Dios cuida de los pajarillos más insignificantes y tiene contados hasta el último de los cabellos de nuestra cabeza, ¿cómo no va a cuidar de nosotros, que valemos mucho más que ellos? Esta teología de la pequeñez y del cuidado divino es el antídoto definitivo contra la ansiedad contemporánea. En la vida familiar moderna, marcada por el estrés económico y la sobreestimulación mediática, recordar que somos infinitamente valiosos para Dios nos permite educar a nuestros hijos en la libertad interior y en la confianza, mostrándoles que nuestro valor no depende del éxito externo, sino del amor gratuito del Padre.

Por su parte, la Segunda Lectura de san Pablo a los Romanos nos ayuda a comprender el trasfondo teológico de nuestra salvación. El Apóstol nos presenta el gran contraste entre Adán y Jesucristo. Si por la desobediencia de un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, por la obediencia y la entrega del hombre Jesucristo se nos ha concedido de manera sobreabundante el don de la gracia. La gracia es infinitamente más poderosa que el pecado. Comprender esta verdad nos libera del miedo al fracaso espiritual y nos llena de un optimismo sobrenatural. Aunque a veces experimentemos nuestras propias caídas y debilidades, la victoria de Cristo ya ha sido ganada y se nos ofrece gratuitamente cada día en los sacramentos y en la vida eclesial.

Como discípulos que buscan vivir coherentemente en medio de las tareas seculares, necesitamos alimentar diariamente esta fe para no desfallecer. Encontrar espacios de silencio y contemplación en medio de la agitación de la jornada es vital. Por ello, te invitamos de corazón a dedicar unos minutos cada día a la oración personal, contemplando los misterios de nuestra salvación. Para rezar el rosario: Santo Rosario. Para profundizar en las lecturas: Evangelio de hoy. Para ver la colección de oraciones: oraciones que te ayudarán a consagrar tus miedos, anhelos y necesidades al corazón de Dios.

Que este Domingo Duodécimo del Tiempo Ordinario nos impulse a ser cristianos audaces y alegres en medio de nuestro mundo. Que nuestras familias sean escuelas de confianza y valentía, donde el temor sea desterrado por el amor perfecto y donde cada uno aprenda a confesar a Cristo con el testimonio de una vida limpia, justa y solidaria. No tengamos miedo, pues camina con nosotros Aquel que cuenta cada uno de nuestros cabellos y nos sostiene con la fuerza irresistible de su Espíritu.

Monición de despedida

Hermanos, hemos celebrado la Eucaristía y alimentado nuestra fe. Vayamos ahora a nuestros hogares, trabajos y comunidades sin miedo, siendo mensajeros de paz y esperanza. Proclamemos en pleno día las maravillas que el Señor ha hecho en nuestras vidas. Que tengan un bendecido domingo en el Señor.

Referencias

Conferencia Episcopal Española. (2018). Liturgia de las Horas: Solemnidad del día. Madrid: Coeditores Litúrgicos.

Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

Evangelio del día en la Liturgia Oficial de la Iglesia. Recuperado de la fuente oficial y literal: https://www.curas.com.ar/Leccionarios/Dominical/L12dgotoA.htm

Contenido Relacionado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu puntuación: Útil

Subir