Moniciones, Lecturas y Evangelio de hoy Domingo 19 de Julio de 2026 -


Índice del Artículo


TIEMPO DURANTE EL AÑO - "A"

DOMINGO DECIMOSEXTO


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Verde. Representa la esperanza, la vida y el crecimiento continuo de la Iglesia en su peregrinación terrenal.
  • Tiempo litúrgico: XVI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A.
  • Liturgia de las Horas: Corresponde a la Semana IV del Salterio.
  • Estructura de la Misa: Es un domingo del Tiempo Ordinario, por lo que se reza o canta el Gloria y se profesa la fe con el Credo.
  • Prefacio: Se recomienda utilizar uno de los Prefacios Dominicales del Tiempo Ordinario (del I al VIII), que resaltan el misterio de la salvación y la obra creadora de Dios.

Citas Bíblicas del Día

  • Primera Lectura: Lectura del libro de la Sabiduría     12, 13. 16-19
  • SALMO      Sal 85, 5-6.9-10.15-16a
  • Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 26-27
  • Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 24-43

Santo del Día

El santoral del 19 de julio

  • Santas Justa y Rufina (Vírgenes y Mártires) Fueron dos hermanas nacidas en Sevilla (España) en el siglo III, conocidas por ser patronas de la ciudad y del gremio de los alfareros. De familia cristiana y humilde, se ganaban la vida vendiendo cerámica tradicional. Su martirio comenzó cuando se negaron rotundamente a vender sus vasijas para que fueran utilizadas en los ritos paganos de las fiestas de la diosa Salambó, llegando a destruir un ídolo que les exigían adorar. Fueron arrestadas por orden del prefecto Diogeniano y sometidas a crueles torturas. Al mantenerse firmes en su fe en Jesucristo, Rufina fue decapitada y Justa falleció en la cárcel a causa de los tormentos sufridos alrededor del año 287.
  • San Arsenio el Grande (Eremita) Nacido en Roma hacia el año 354 en el seno de una ilustre familia senatorial, Arsenio poseía una vasta cultura que lo llevó a ser elegido por el emperador Teodosio I como preceptor de sus hijos (Arcadio y Honorio) en Constantinopla. Sin embargo, sintiendo un profundo llamado a la soledad y tras escuchar una voz interior que le decía "huye de los hombres y te salvarás", abandonó los lujos de la corte imperial. Se retiró al desierto de Escete, en Egipto, donde se convirtió en uno de los "Padres del Desierto" más venerados. Destacó por su extremo amor al silencio, su profunda humildad, la penitencia constante y sus continuas lágrimas de compunción. Falleció a una edad muy avanzada, hacia el año 450.
  • San Símaco (Papa) Originario de Cerdeña (Italia), fue elegido Sumo Pontífice en el año 498. Su pontificado estuvo marcado por las turbulencias, ya que tuvo que enfrentar el llamado "cisma laurentiano" (un antipapa apoyado por una facción de senadores y el rey Teodorico). A pesar de las calumnias y persecuciones que sufrió, Símaco defendió firmemente la ortodoxia y la independencia de la Iglesia frente a las intromisiones del poder civil. Se destacó pastoralmente por su inmensa caridad hacia los pobres, siendo uno de los primeros papas en organizar asilos para los más necesitados y en construir y restaurar múltiples basílicas en Roma, incluyendo los alrededores de la antigua Basílica de San Pedro. Murió en el año 514.
  • Santa Macrina la Joven (Virgen) Nacida alrededor del año 330 en Capadocia (actual Turquía), pertenece a una de las familias más santas e influyentes de la historia de la Iglesia; fue la hermana mayor de los grandes Padres Capadocios: San Basilio el Grande, San Gregorio de Nisa y San Pedro de Sebaste. Tras la muerte de su prometido, decidió consagrar su virginidad a Dios. Fue el pilar espiritual y la educadora de sus hermanos menores. Posteriormente, transformó la hacienda familiar en el Ponto en un floreciente monasterio femenino, donde esclavas y nobles vivían en perfecta igualdad, dedicadas a la oración, la castidad y la meditación de la Palabra. Falleció en el año 379, dejando un legado profundo en el monacato oriental.
  • San Epafras (Obispo y Mártir) Mencionado en el Nuevo Testamento, fue un discípulo directo del apóstol San Pablo. Epafras fue el principal responsable de llevar el Evangelio y fundar la primera comunidad cristiana en la ciudad de Colosas (Asia Menor). San Pablo lo describe en sus cartas como un "querido consiervo, fiel ministro de Cristo" que lucha constantemente en la oración por su comunidad. Según la tradición, acompañó a Pablo en su prisión en Roma y posteriormente sufrió el martirio por defender la fe.

Monición de Entrada

Queridos hermanos y hermanas en Cristo, sean todos muy bienvenidos a la mesa del Señor en este decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario. Hoy nos reunimos como comunidad de creyentes para celebrar el misterio de nuestra fe. La liturgia de la Palabra de este domingo nos invita a reflexionar profundamente sobre un atributo divino maravilloso y a la vez desafiante para nuestra mentalidad humana: la infinita paciencia y misericordia de Dios.

Vivimos en un mundo donde a menudo exigimos justicia inmediata, donde la intolerancia nos empuja a separar tajantemente a los "buenos" de los "malos". Sin embargo, hoy el Señor, a través de la parábola del trigo y la cizaña, nos muestra que Él es un Padre que sabe esperar, que no juzga precipitadamente y que nos concede siempre el tiempo necesario para la conversión. Con el corazón abierto y la disposición de dejarnos transformar por su gracia, pongámonos de pie y unamos nuestras voces para iniciar esta Eucaristía cantando con júbilo.


Monición a la Primera Lectura

El libro de la Sabiduría nos ofrece una reflexión majestuosa sobre la naturaleza del poder de Dios. A diferencia de los poderosos de este mundo que usan su fuerza para imponerse, Dios demuestra su soberanía absoluta a través de la indulgencia, el perdón y el amor. Escuchemos atentamente cómo este pasaje nos enseña que la verdadera justicia divina siempre va de la mano de la bondad, dándonos una "dulce esperanza" porque siempre nos otorga la oportunidad de arrepentirnos.


Primera Lectura Del Dia de Hoy

Lectura del libro de la Sabiduría     12, 13. 16-19

Fuera de ti, Señor, no hay otro Dios que cuide de todos,
a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos.
Porque tu fuerza es el principio de tu justicia,
y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree
en la plenitud de tu poder,
y confundes la temeridad de aquellos que la conocen.
Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza,
juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia,
porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, Tú enseñaste a tu pueblo
que el justo debe ser amigo de los hombres
y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza,
porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.

Palabra de Dios.


Salmo del día de Hoy

SALMO     Sal 85, 5-6.9-10.15-16aR. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.

Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse delante de ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque Tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas. R.

Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro
y ten piedad de mí. R.


Monición a la Segunda Lectura

Muchas veces, al acercarnos a Dios, sentimos que nuestras palabras no son suficientes o no sabemos exactamente cómo orar en medio de nuestras tribulaciones. El apóstol San Pablo, en este breve pero profundo pasaje de la carta a los Romanos, nos regala un mensaje de inmenso consuelo: no estamos solos en nuestra debilidad. El Espíritu Santo mora en nosotros y eleva nuestras súplicas al Padre. Escuchemos con fe esta revelación.


Segunda Lectura del Dia de Hoy

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 26-27

    Hermanos:
    El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

Palabra de Dios.


Monición del Evangelio

En el Evangelio de hoy, Jesús continúa revelándonos los misterios del Reino a través del lenguaje sencillo de las parábolas agrícolas. Hoy nos enfrentamos a la realidad del mal conviviendo con el bien en el mismo campo: el trigo y la cizaña. Cristo nos advierte contra la tentación del fanatismo y la purificación apresurada, invitándonos a adoptar la paciencia de Dios, quien aguarda hasta el tiempo de la cosecha. Nos ponemos de pie y aclamamos al Señor cantando el Aleluya para escuchar su Santo Evangelio.


ALELUIA     Cf. Mt 11, 25

Aleluia.
Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños.
Aleluia.


Evangelio del día de Hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 24-43

    Jesús propuso a la gente otra parábola:
    «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?"
    Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo".
    Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
    "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"».
    También les propuso otra parábola:
    «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas».
    Después les dijo esta otra parábola:
    «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»
    Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
        «Hablaré en parábolas
        anunciaré cosas que estaban ocultas
        desde la creación del mundo».
    Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
    Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
    Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
    ¡El que tenga oídos, que oiga!»

Palabra del Señor.


O bien más breve:

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     13, 24-30

    Jesús propuso a la gente otra parábola:
    «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?"
    Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo."
    Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
    "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero"».

Palabra del Señor.


Reflexión Pastoral y Homilética: La Pedagogía de la Paciencia Divina y el Misterio del Campo

El Evangelio de este decimosexto domingo nos sitúa frente a una de las realidades más desconcertantes y dolorosas de la experiencia humana: la coexistencia del bien y del mal. Al observar el mundo, nuestras comunidades, nuestras familias e incluso nuestro propio interior, nos asalta la misma pregunta angustiada de los peones de la parábola: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?".

La respuesta de Jesús a través de esta parábola no solo ilumina el misterio del mal, sino que nos revela el asombroso, y a veces escandaloso, misterio de la misericordia y la paciencia de Dios.

El Engaño de la Cizaña y el Peligro de la Impaciencia

Para comprender la profundidad de la parábola, es fundamental entender qué es la cizaña (el Lolium temulentum). Esta maleza no es una planta espinosa y repulsiva desde su nacimiento; por el contrario, durante sus primeras etapas de crecimiento es botánicamente casi idéntica al trigo. Solo cuando ambas plantas maduran y dan fruto, la diferencia se hace evidente: la espiga del trigo es pesada y nutritiva, mientras que la de la cizaña es ligera y, a menudo, tóxica. Sus raíces, además, se entrelazan profundamente bajo la tierra.

La reacción inmediata de los peones es la misma que la nuestra ante el mal: la erradicación violenta e inmediata. "¿Quieres que vayamos a arrancarla?". Es la tentación constante del ser humano: jugar a ser Dios, erigirnos como jueces supremos y dividir el mundo drásticamente entre "buenos" y "malos", puros e impuros. Queremos una Iglesia perfecta, una familia sin defectos, una sociedad aséptica.

Sin embargo, el dueño del campo responde con una sabiduría que frena nuestra impulsividad: "No, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo". El Señor sabe que la línea que separa el bien del mal no solo atraviesa las instituciones y las sociedades, sino que atraviesa el corazón mismo de cada ser humano. Si Dios aplicara una justicia fulminante cada vez que asoma la cizaña, ¿quién de nosotros quedaría en pie? Al intentar extirpar prematuramente el mal en nosotros mismos o en los demás, corremos el riesgo de destruir procesos de gracia que apenas están germinando.

El Poder que se Manifiesta en la Indulgencia

La Primera Lectura del libro de la Sabiduría nos da la clave para entender esta actitud de Dios: "Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos". Nuestra visión humana asocia el poder con la fuerza destructiva, con el castigo rápido y ejemplar. Pero Dios demuestra su omnipotencia a través de su capacidad para contenerse, para dar tiempo, para esperar.

Dios juzga con moderación porque confía en la redención. En la agricultura natural, la cizaña nunca puede convertirse en trigo. Pero en la agricultura del Reino de los Cielos ocurre el milagro de la gracia: el Señor espera hasta la cosecha porque en el campo del corazón humano, el pecador tiene siempre la posibilidad de convertirse. Esa es la "dulce esperanza" de la que habla el texto de la Sabiduría: Dios nos da tiempo para el arrepentimiento. Su paciencia no es tolerancia cómplice con el mal, sino una espera activa y amorosa.

La Intercesión del Espíritu en nuestra Debilidad

En esta tensa espera, mientras convivimos con el mal externo y luchamos con nuestras propias contradicciones internas, es fácil caer en el desánimo. Es aquí donde las palabras de San Pablo a los Romanos cobran una fuerza vital. Sentimos debilidad, no sabemos cómo orar frente a situaciones familiares difíciles, frente a las injusticias de la vida o frente a nuestras propias recaídas.

San Pablo nos asegura que "el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad... con gemidos inefables". No estamos solos cuidando el campo. El Espíritu Santo habita en nuestra fragilidad, sosteniendo nuestra esperanza cuando la cizaña parece asfixiarnos, enseñándonos a mirar la realidad no con la dureza de los jueces implacables, sino con los ojos del Padre misericordioso.

Conclusión: El Llamado a la Paciencia Activa

Esta liturgia nos interpela profundamente en nuestra vida diaria. Nos llama a una conversión en nuestra manera de relacionarnos con los defectos ajenos y propios.

  1. Renunciar al fanatismo y al puritanismo: Debemos abandonar la obsesión por etiquetar y condenar a quienes nos rodean. No somos los dueños de la cosecha, somos solo siervos en el campo. Nuestro deber no es arrancar la cizaña del prójimo, sino cuidar el trigo que Dios ha plantado en él.
  2. Abrazar la paciencia en nuestros procesos: A veces somos muy duros con nosotros mismos cuando vemos que, a pesar de nuestros esfuerzos, la cizaña del egoísmo, el mal genio o el pecado sigue brotando. Dios nos pide que no desesperemos. Hay que seguir cultivando el trigo de la oración, los sacramentos y la caridad. Al final, lo que pesará en la balanza de Dios será el amor que hayamos hecho crecer.
  3. Confiar en la victoria final de Dios: La parábola no niega el juicio. Habrá un momento de siega, y el mal será atado y quemado. Pero ese tiempo y ese juicio le pertenecen exclusivamente a Dios.

Salgamos hoy con la firme convicción de invertir nuestras energías no en quejarnos de la abundancia de maleza, sino en hacer crecer la buena semilla. Seamos instrumentos de esa paciencia divina que, en lugar de quebrar la caña cascada o apagar la mecha que apenas humea, ofrece siempre una nueva oportunidad para amar.


Oración de los fieles

Sacerdote: Hermanos, unidos en un solo corazón y confiados en que el Espíritu Santo acude en ayuda de nuestra debilidad, presentemos a Dios Padre nuestras súplicas por las necesidades de la Iglesia y del mundo entero. A cada petición, responderemos con fe: R. Padre rico en misericordia, escúchanos.

  1. Por la Santa Iglesia de Dios: Para que, a pesar de las debilidades y contradicciones de sus miembros, siga siendo el campo donde florece el trigo de la santidad, la caridad y la verdad, mostrando siempre el rostro compasivo de Cristo. Oremos al Señor.
  2. Por los líderes de las naciones y los que administran justicia: Para que el Espíritu Santo los ilumine, de modo que gobiernen con sabiduría y equidad, practicando la moderación, el respeto a la dignidad humana y buscando el bien común por encima de intereses egoístas. Oremos al Señor.
  3. Por los que sufren a causa del mal, la violencia y la injusticia (la "cizaña" del mundo): Para que no pierdan la esperanza, sientan el consuelo de la presencia de Dios y encuentren en la comunidad cristiana manos solidarias que los ayuden a levantarse. Oremos al Señor.
  4. Por aquellos que se han alejado de la fe o viven atrapados en el pecado: Para que el tiempo de indulgencia que Dios les concede rinda frutos de verdadero arrepentimiento, y sientan el abrazo de un Padre que espera con paciencia su retorno. Oremos al Señor.
  5. Por todos nosotros, reunidos hoy en esta celebración Eucarística: Para que, alejando de nuestro corazón la tentación de juzgar a los demás, nos esforcemos por ser buena semilla en nuestras familias, trabajos y estudios, confiando plenamente en la gracia transformadora de Dios. Oremos al Señor.

Sacerdote: Acoge, Padre bondadoso, estas plegarias que tu pueblo te presenta, y aquellas que quedan en lo profundo de nuestros corazones, que tu Espíritu Santo traduce en gemidos inefables. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Monición de las ofrendas

Junto al pan y el vino que traemos al altar, frutos de la tierra, de la buena semilla y del esfuerzo humano, entregamos al Señor nuestra vida entera. Le ofrecemos nuestro deseo de ser buen trigo, pero también le entregamos nuestra debilidad y nuestra "cizaña", para que el fuego de su amor y la acción de su Espíritu nos purifiquen y nos conviertan en ofrenda agradable a sus ojos.


Monición para la comunión

El Señor, el dueño de la siembra, se hace ahora alimento de vida eterna para nosotros. Él es el verdadero Pan que nutre nuestra alma y nos da la fuerza para perseverar en el bien hasta el tiempo de la cosecha. Acerquémonos a recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo con humildad, pidiéndole que su presencia en nosotros nos haga portadores de su infinita paciencia y misericordia.


Monición de despedida

Hermanos, hemos sido alimentados por la Palabra que ilumina y por el Pan que fortalece. Ahora somos enviados a nuestros hogares, lugares de trabajo y comunidades. Que no salgamos de aquí a ser jueces del mundo, sino testigos del amor paciente de Dios. Vayamos a ser esa buena semilla que, con acciones de bondad, comprensión y perdón, transforma el campo de nuestra sociedad. Llenos de la gracia del Espíritu Santo, podemos irnos en paz. ¡Que tengan todos un feliz y bendecido domingo!


Referencias Bibliográficas

  • Conferencia Episcopal Venezolana [CEV] y Consejo Episcopal Latinoamericano [CELAM]. (2014). Leccionario I: Domingos y Fiestas del Señor (Ciclo A). Ediciones Paulinas / Verbo Divino. (Textos bíblicos correspondientes al XVI Domingo del Tiempo Ordinario: Sab 12, 13.16-19; Sal 85, 5-6.9-10.15-16; Rom 8, 26-27; Mt 13, 24-43).
  • Conferencia Episcopal Venezolana. (2019). Misal Romano (Tercera edición típica aprobada y confirmada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos). Coeditores Litúrgicos. (Estructura del Ordinario de la Misa, Prefacios Dominicales del Tiempo Ordinario y rúbricas correspondientes).
  • Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. (2007). Martirologio Romano (Edición oficial en español). Coeditores Litúrgicos. (Datos históricos y biográficos para el santoral del 19 de julio: San Símaco, Santas Justa y Rufina, San Arsenio).
  • Juan Pablo II. (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Asociación de Editores del Catecismo. (Base teológica y doctrinal utilizada para la reflexión pastoral sobre la paciencia, el juicio y la misericordia de Dios; cf. numerales 1036-1041).
  • Pablo VI. (1969). Calendarium Romanum Generale. Typis Polyglottis Vaticanis. (Normas universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario para la determinación del tiempo y color litúrgico).

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