
Introducción: El apóstol que nadie nombra
- Introducción: El apóstol que nadie nombra
- 1. Contexto histórico y escritural: una Iglesia a la espera del Espíritu
- 2. Análisis exegético: palabras y símbolos de una elección única
- 3. El Magisterio de la Iglesia y la sucesión apostólica
- 4. Los Padres de la Iglesia y la Tradición
- 5. Santo Tomás de Aquino: el sentido de los Doce
- 6. La controversia protestante: ¿eligió bien la Iglesia primitiva?
- 7. El problema teológico vigente: la fidelidad silenciosa
- Fuentes y referencias (APA)
Es uno de los Doce, pero solo una vez se pronuncia su nombre en toda la Escritura. Sin conversión dramática ni discursos encendidos, su elección ocupa apenas once versículos (Hch 1,15-26). Después, el silencio. La memoria de San Matías, cuyo nombre en hebreo significa "don de Yahvé" (Mattithyah), ha sido calificada como la de un apóstol «gris», sin relieve aparente (cf. Benedicto XVI, 2006).
Sin embargo, su inclusión en el catálogo apostólico contiene una de las enseñanzas más necesarias para la Iglesia actual: Dios restaura lo que el pecado rompe, y a menudo lo hace mediante almas fieles que nadie aplaude. Su figura, como veremos, es inseparable del misterio de la Ascensión del Señor y del nacimiento de la sucesión apostólica.
1. Contexto histórico y escritural: una Iglesia a la espera del Espíritu
1.1 La herida que dejó Judas
La traición de Judas Iscariote no fue solo una tragedia moral para el grupo de los Doce; fue una herida eclesial y teológica. Jesús mismo había instituido a los Doce como «los que estuvieron con Él» (Mc 3,14) y les había prometido que en la regeneración del mundo «os sentaréis también vosotros sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt 19,28). La vacante deja incompleto el símbolo de plenitud escatológica: la Nueva Jerusalén tiene doce puertas y sobre ellas «los doce nombres de los doce Apóstoles del Cordero» (Ap 21,14).
«Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, que había predicho el Espíritu Santo por boca de David acerca de Judas» (Hch 1,16). Así introduce Pedro el proceso de restauración: el vacío no es solo administrativo, sino querido providencialmente.
1.2 La cronología: entre la Ascensión y Pentecostés
El capítulo 1 de los Hechos de los Apóstoles sitúa la elección en los días que median entre la Ascensión y la venida del Espíritu Santo. Los discípulos permanecían en oración «con un mismo espíritu en el cenáculo» (Hch 1,14), unas ciento veinte personas, María incluida. Pedro, ya ejerciendo el primado, se levanta en medio de los hermanos (v. 15) y propone completar el número de los Doce.
1.3 División del texto: Hch 1,15-26
| Sección | Contenido | Énfasis teológico |
|---|---|---|
| vv. 15-20 | Discurso de Pedro: la traición de Judas y el cumplimiento de las Escrituras (Sal 69,26; 109,8) | La Iglesia fundamenta su obrar en la Palabra |
| vv. 21-22 | Requisitos del elegido: testigo de todo el ministerio público de Jesús y de su Resurrección | La Apostolicidad depende del contacto histórico con Cristo |
| vv. 23-26 | Presentación de José Barsabás y Matías, oración, suertes y elección de Matías | Dios elige a través de la comunidad |
2. Análisis exegético: palabras y símbolos de una elección única
2.1 Diakonía (διακονία) y apostolé (ἀποστολή): los términos del oficio
Pedro declara: «que otro ocupe su cargo» (Hch 1,20). La palabra griega original es episkopēn (ἐπισκοπήν, "supervisión", "oficio pastoral"), término que la versión latina traduce por episcopatum. El ministerio apostólico es entendido ya como un oficio transmisible: «Debemos escoger a uno... para que se asocie a nosotros como testigo de su resurrección» (v. 22).
La oración comunitaria menciona «el puesto de este ministerio y apostolado» (tēs diakonias tautēs kai apostolēs, τῆς διακονίας ταύτης καὶ ἀποστολῆς). El ministerio apostólico engloba servicio y envío: no es un privilegio sino una diaconía.
2.2 Klērō (κλήρῳ): el sorteo como discernimiento
La elección no se resolvió mediante votación democrática ni argumentación humana, sino mediante la imposición de suertes: édōkan klērous autois (ἔδωκαν κλήρους αὐτοῖς, v. 26). Esta práctica, común en el Antiguo Testamento (cf. Jos 7,14; 1Sam 14,41-42), expresa la convicción de que es Dios quien elige: «Tú, Señor, que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido» (v. 24).
2.3 Katarithméō (καταριθμέω): ser contado entre los Doce
El verbo synkatepsēphisthē (συγκατεψηφίσθη) en el v. 26 significa literalmente «fue contado junto con». Matías no es un suplente, sino que es integrado plenamente al colegio apostólico.
2.4 El nombre: Mattithyah (מַתִּתְיָה), don de Yahvé
El nombre Matías proviene del hebreo Mattithyah (abreviado como Mattithyāh), que significa «don de Yahvé». Es idéntico en etimología a Matatías (1Mac 2,1) y Mateo, lo que generó confusión en la tradición posterior. Clemente de Alejandría y Eusebio de Cesarea lo identificaron como uno de los setenta y dos discípulos enviados por Jesús (Lc 10,1).
3. El Magisterio de la Iglesia y la sucesión apostólica
3.1 El Catecismo de la Iglesia Católica
Si bien San Matías no es citado nominalmente en el Catecismo, su elección fundamenta la doctrina de la sucesión apostólica (cf. CIC, n. 77, 861). La Iglesia es apostólica «por el oficio y la sucesión de los apóstoles, que se transmite mediante la imposición de las manos en el sacramento del Orden» (CIC, n. 861). Matías es el prototipo de esta transmisión: el primero que recibe el apostolado no directamente de Cristo resucitado (como los Once) sino de la Iglesia guiada por el Espíritu.
3.2 Benedicto XVI: fidelidad y restauración
En la audiencia general del 18 de octubre de 2006, el Papa Benedicto XVI dedicó una reflexión conjunta a Judas y Matías:
«No sabemos nada más de él, salvo que fue testigo de la vida pública de Jesús, siéndole fiel hasta el final. A la grandeza de su fidelidad se añadió después la llamada divina a tomar el lugar de Judas, como para compensar su traición» (Benedicto XVI, 2006).
El Pontífice extrajo una lección de alcance universal: «Aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo» (Benedicto XVI, 2006).
3.3 La liturgia: oración colecta
La solemnidad de San Matías, trasladada al 14 de mayo después del Concilio Vaticano II para situarla cerca de la Ascensión, contiene en su oración colecta la esencia teológica de su memoria:
«Oh Dios, que agregaste a San Matías al colegio de los apóstoles, concédenos, por su intercesión, que quienes nos alegramos en la suerte de tu predilección, seamos contados entre los elegidos» (Misal Romano, 14 de mayo).
La antífona de entrada, tomada de Jn 15,16, refuerza la iniciativa divina: «No sois vosotros los que me habéis elegido; soy yo quien os he elegido».
4. Los Padres de la Iglesia y la Tradición
4.1 Clemente de Alejandría
Clemente (Stromata, III, 4) transmite un dicho atribuido a Matías: «Debemos combatir la carne, no valorarla, y no concederle nada que pueda halagarla, sino acrecentar el alma mediante la fe y el conocimiento». Este fragmento, uno de los pocos ecos de la predicación del Apóstol, justifica su patronazgo sobre quienes luchan contra el alcoholismo y las adicciones.
4.2 San Juan Crisóstomo
El Crisóstomo, en sus homilías sobre los Hechos, ve en la elección de Matías el modelo de todo discernimiento eclesial: la comunidad ora, examina las condiciones objetivas del candidato y confía el resultado a la providencia divina. No se trata de una elección humana, sino de una teofanía eclesial.
4.3 Eusebio de Cesarea
Eusebio (Hist. Ecl., I, 12, 3) recoge la tradición de que Matías fue uno de los setenta y dos discípulos, lo que explica que pudiera dar testimonio de todo el ministerio público de Jesús «comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado al cielo» (Hch 1,22).
4.4 La tradición martirial
Aunque los Hechos no narran su ministerio posterior ni su muerte, la Tradición es unánime en afirmar su martirio. Las fuentes varían sobre el lugar (Judea, Etiopía, región del mar Caspio) y el modo (lapidación, crucifixión, decapitación), pero coinciden en que selló con su sangre el testimonio de la Resurrección. Sus reliquias, según algunas fuentes, fueron llevadas a Roma por Santa Elena y se veneran en Tréveris (Alemania).
5. Santo Tomás de Aquino: el sentido de los Doce
La Suma Teológica no dedica una cuestión específica a la elección de Matías, pero aborda la cuestión de la conveniencia del número de los apóstoles. Para santo Tomás, los Doce fueron elegidos ut essent duodecim, secundum numerum duodecim tribuum Israel («para que fueran doce, según el número de las doce tribus de Israel»), significando así que la Iglesia es el nuevo Israel (S. Th., III, q. 42, a. 2, ad 1).
Desde esta perspectiva, completar el número de los Doce no fue un acto opcional, sino una necesidad teológica: sin los Doce, el signo visible del nuevo Pueblo de Dios quedaría mutilado.
6. La controversia protestante: ¿eligió bien la Iglesia primitiva?
6.1 ¿Era Matías un apóstol legítimo?
Ciertos sectores protestantes sostienen que la elección de Matías fue precipitada o errónea. Argumentan que los apóstoles, antes de recibir el Espíritu Santo, no debieron tomar una decisión tan trascendental, y que el verdadero sustituto de Judas fue Pablo.
Esta objeción desconoce el testimonio de la Escritura y de la Tradición. Lucas, autor inspirado, presenta la elección como guiada por el Espíritu (Hch 1,16: «el Espíritu Santo había predicho...»). Además, en ningún pasaje del Nuevo Testamento se cuestiona la legitimidad de Matías. La distinción entre el apostolado de los Doce y el de Pablo es clara: los Doce son testigos cualificados de la vida terrena de Jesús; Pablo es apóstol por encuentro con el Resucitado (1Cor 15,8-9), sin haber acompañado a Jesús «desde el bautismo de Juan» (Hch 1,22).
6.2 La sucesión apostólica como línea divisoria
La elección de Matías es el primer eslabón de la cadena de la sucesión apostólica. Cuando ciertas confesiones protestantes niegan esta doctrina, relegan a Matías a una categoría de «apóstol accidental». La teología católica, por el contrario, sostiene que la comunidad apostólica, iluminada por el Espíritu, actuó rectamente y que Matías es un auténtico apóstol, venerado como tal en la liturgia desde los primeros siglos.
7. El problema teológico vigente: la fidelidad silenciosa
7.1 La tentación del protagonismo religioso
En una cultura mediática que solo valora lo visible y lo cuantificable, la figura de San Matías alza la voz sin pronunciar palabra. Su santidad no se mide por discursos o milagros registrados, sino por la perseverancia fiel. Los Hechos solo recogen su elección; después, desaparece en el anonimato del Colegio Apostólico.
Javier, líder de apostolado o sacerdote en fase de profundización, puede encontrar en Matías un espejo incómodo y liberador: ¿buscamos visibilidad o buscamos fidelidad?
7.2 Restaurar sin reemplazar
Matías no fue un «reemplazo» de Judas en sentido funcionalista: fue un testigo llamado a llenar un vacío con su presencia fiel. En una Iglesia herida por los escándalos, la lección de Matías es urgente: no se trata de negar las fracturas, sino de que los fieles llenen esas grietas con santidad.
7.3 Signo para una Iglesia sinodal
La elección de Matías ilumina el actual camino sinodal: la comunidad ora, discierne los criterios objetivos (testigo de Cristo) y se abandona a la voluntad de Dios. El Papa Francisco ha subrayado en repetidas ocasiones que «el protagonista de la Iglesia es el Espíritu Santo». Matías es la prueba de que la Iglesia, cuando obedece al Espíritu, no se equivoca.
Conclusión
San Matías, cuyo nombre significa «don de Dios», es el apóstol de la continuidad y la restauración. Su memoria enseña que el colegio apostólico es una institución viviente querida por Cristo, que la Iglesia tiene autoridad para discernir y transmitir el ministerio, y que la fidelidad humilde tiene, ante los ojos de Dios, un valor incalculable.
En la liturgia, su fiesta se sitúa a las puertas de Pentecostés, recordándonos que la Iglesia no nace de la iniciativa humana, sino de la efusión del Espíritu que transforma a hombres sencillos —como Matías— en testigos hasta los confines de la tierra.
Fuentes y referencias (APA)
- Benedicto XVI. (2006, 18 de octubre). Audiencia general: Judas Iscariote y Matías. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2006/documents/hf_ben-xvi_aud_20061018.html
- Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 77, 857-865). https://www.vatican.va/archive/catechism_lt/p123a9p3_lt.htm
- Clemente de Alejandría, Stromata, III, 4 (citado en EWTN). https://www.ewtn.com/es/catolicismo/fiestas-liturgicas/san-matias-23815
- Enciclopedia Católica Online. San Matías. https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Matías
- Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, I, 12, 3 (PG 20, 117).
- Misal Romano, 14 de mayo: Fiesta de San Matías, apóstol.
- Orígenes, Homilías sobre Lucas, 1 (referencia al Evangelio de Matías).
- Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 42, a. 2, ad 1.
- Catholicus.eu. (2025). Matías, el Apóstol Olvidado. https://catholicus.eu/matias-el-apostol-olvidado-el-elegido-por-dios-para-restaurar-el-cuerpo-de-cristo/
- Ascension Press. (2020). La elección de Matías. https://ascensionpress.com/es/la-eleccion-de-matias
- Miguéns, M. (s.f.). El Apóstol San Matías. Catholic.net. https://es.catholic.net/op/articulos/69504/cat/913/el-apostol-san-matias.html
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