14 de Mayo de 2026 - Lecturas, Evangelio, Moniciones y Reflexión

Tips Litúrgicos del Día

  • Inicia tu oración de la mañana con el canto del “Veni Creator Spiritus”, invocando al Espíritu Santo que guió a la Iglesia en la elección de Matías.
  • Hoy, al escuchar el Evangelio, presta especial atención a la palabra “amigo”. Jesús nos eleva de siervos a amigos, una realidad que debemos atesorar en lo profundo del corazón.
  • Ofrece un pequeño sacrificio o renuncia como signo de tu deseo de “permanecer en el amor” de Cristo, respondiendo a su llamado a dar fruto.
  • Al recitar el Salmo, únete al canto de alabanza por aquel “que levanta del polvo al desvalido”, reconociendo que cada vocación es un don inmerecido de Dios.
  • Revisa en tu vida si estás siendo un “testigo de la Resurrección” como Matías: ¿Mi vida irradia la alegría de saber a Cristo vivo?
  • Al final del día, dedica unos minutos a leer el capítulo 1 de los Hechos de los Apóstoles para profundizar en el contexto de la fiesta de hoy.

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo

La elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once apóstoles Hechos de los apóstoles    1, 15-17. 20-26

No son ustedes los que me eligieron a mí sino Yo el que los elegí a ustedes Juan    15, 9-17

Santo del Día: San Matías, Apóstol

Hoy, 14 de mayo, la Iglesia Católica celebra la Fiesta de San Matías, el apóstol que fue elegido para ocupar el puesto que dejó vacante Judas Iscariote entre los Doce. Tras la Ascensión del Señor, Pedro, en medio de la primera comunidad cristiana —unas ciento veinte personas—, propuso buscar un testigo de la Resurrección que hubiera acompañado a Jesús desde el bautismo de Juan. Fueron presentados dos candidatos: José, llamado Justo, y Matías. La comunidad oró intensamente, suplicando a Dios que mostrara su voluntad: “Tú, Señor, que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido” (Hechos 1, 24). Echaron suertes y la elección recayó sobre Matías, quien desde ese momento fue asociado al ministerio apostólico. Su nombre, que significa “don de Yahvé”, refleja la certeza de que fue un regalo del Espíritu Santo para la Iglesia naciente. Benedicto XVI, en su hermosa reflexión sobre este santo, nos dejó una lección crucial para nuestros días, afirmando que «aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador» (Benedicto XVI, Audiencia General, 18 de octubre de 2006). Esta afirmación resuena con fuerza en un mundo marcado por la incoherencia, recordándonos que nuestra vocación es ser, como Matías, testigos humildes y perseverantes del amor que da la vida.

Aprende sobre San Matías Apostol

Monición de Entrada

Queridos hermanos: Nos reúne hoy la Fiesta de San Matías, un apóstol que no fue elegido directamente por Jesús, sino por la Iglesia iluminada por el Espíritu. Esto nos recuerda que nuestra fe se sostiene sobre el testimonio de quienes, generación tras generación, han sabido “permanecer en el amor”. Celebremos esta Eucaristía con la alegría de sabernos “amigos” del Señor, un título que no merecemos pero que Él nos regala. Alabemos su gloria y dispongámonos a dar frutos de vida eterna.

Monición a la Primera Lectura

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos sitúa en el corazón palpitante de la Iglesia primitiva. Pedro, con autoridad apostólica, invita a la comunidad a elegir un testigo cualificado de la Resurrección para completar el número de los Doce. Escuchemos con atención cómo la oración confiada es el único camino para discernir la voluntad de Dios y cómo Matías es incorporado al colegio apostólico.

Primera Lectura

La elección cayó sobre Matías,
que fue agregado a los once apóstoles

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

Después de la Ascención del Señor, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo:
«Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. Él era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: "Que su casa quede desierta y nadie la habite". Y más adelante: "Que otro ocupe su cargo".
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la Ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección.»
Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. Y oraron así: «Señor, Tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía.»
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

Palabra de Dios.

Salmo

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

R.
 El Señor lo hizo sentar entre los nobles de su pueblo.

Alaben, servidores del Señor,
alaben el Nombre del Señor.
Bendito sea el Nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. R.

Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el Nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. R.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra? R.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles,
entre los nobles de su pueblo. R.

Monición del Evangelio

El Evangelio de Juan nos regala hoy la parte central del “discurso de despedida” de Jesús. En él, el Señor nos revela la esencia de nuestra relación con Él: no somos siervos, sino amigos, escogidos y destinados a dar un fruto que permanezca. Puestos de pie, abramos el corazón para acoger el mayor mandamiento, el del amor fraterno, que se convierte en nuestra verdadera identidad cristiana.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros, como Yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.
Lo que Yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Oración de los Fieles

Puestos en la presencia del Dios que conoce los corazones, presentemos nuestras peticiones con la confianza de los amigos del Señor.

  • Por la Iglesia, edificada sobre el cimiento de los Apóstoles; para que, guiada por el Espíritu Santo, elija siempre a pastores según su corazón y sea signo de unidad y verdad para el mundo. Roguemos al Señor.
  • Por el Papa y todos los obispos, sucesores de los apóstoles; para que, a ejemplo de San Matías, sean testigos incansables de la Resurrección, llevando esperanza donde hay desolación y duda. Roguemos al Señor.
  • Por los que buscan a Dios a través del apostolado digital y, en especial, por los contenidos de “Camino y Oración”; para que sean un instrumento que ayude a muchos a descubrirse no como siervos, sino como amigos amados y elegidos por el Señor. Roguemos al Señor.
  • Por aquellos que experimentan la exclusión y el olvido, a quienes el mundo considera “desvalidos” y “pobres”; para que, como nos dice el Salmo, Dios los levante del polvo y les conceda un lugar de honor en la mesa de la fraternidad cristiana. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial; para que sepa permanecer unida en el amor, superando divisiones y contrarrestando el mal con un testimonio fiel, como nos enseñó el Papa Benedicto hablando de San Matías. Roguemos al Señor.

Escucha, Padre de misericordia, la oración de tu pueblo reunido en la fiesta del apóstol San Matías. Haznos dóciles al Espíritu y disponibles para seguir a tu Hijo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Monición de Presentación de Ofrendas

Unamos ahora nuestras vidas al sacrificio eucarístico presentando el pan y el vino. Junto a ellos, depositemos sobre el altar nuestro deseo sincero de permanecer en el amor de Cristo y de dar fruto abundante. Que el Señor nos acepte, no como siervos, sino como amigos dispuestos a dar la vida por Él y por los hermanos.

Oración de Comunión Espiritual

Para quienes no pueden comulgar sacramentalmente hoy, hagamos este acto de profunda unión interior:

«Señor Jesús, creo que estás vivo y presente en el Santísimo Sacramento. Te amo y deseo recibirte en mi alma; pero, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, entra en mi corazón de forma espiritual. Me abrazo a Ti y deseo no separarme nunca de Ti. Amén».

Reflexión del Día: La lógica del amor que elige y envía

La liturgia de la Fiesta de San Matías nos confronta con una verdad fascinante: Dios elige. La primera lectura de los Hechos nos muestra a una Iglesia que no actúa por inercia, sino que discierne. Ante el vacío dejado por la traición, no se esconde ni se desespera; se pone en oración. Aquellos primeros hermanos, «unas ciento veinte personas», nos enseñan que toda decisión eclesial debe nacer de la súplica humilde: «Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos».

El Papa emérito Benedicto XVI, con su profundidad característica, ilumina esta escena al decir que «de aquí sacamos una última lección: aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador» (Benedicto XVI, Audiencia General, 18 de octubre de 2006). Esta frase es revolucionaria para quien siente el desencanto por los escándalos, para el buscador que no encuentra coherencia entre fe y vida. Matías no fue elegido para ser un juez implacable, sino para ser un "testigo de la Resurrección". Su mera presencia, su fidelidad silenciosa, fue la respuesta de Dios a la herida de la traición. San Clemente de Alejandría subraya esta virtud al describir a Matías como un apóstol que «enseñaba que debemos combatir la carne, haciéndonos testigos del Señor» (Clemente de Alejandría, Stromata, Libro IV, Cap. 6).

¿Y cuál es el fruto de esa elección? La respuesta está en el Evangelio: una amistad que transforma. «No os llamo siervos... a vosotros os llamo amigos» (Juan 15, 15). Estas palabras de Jesús derrumban nuestra concepción salarial o temerosa de la religión. Para quienes viven atrapados en una fe meramente ritualista o en un miedo paralizante al juicio, Cristo revela su verdadero rostro: el del Amigo que no impone, sino que confía; que no esconde secretos, sino que lo da a conocer todo.

Santa Teresa de Jesús, doctora de la oración, comprendió esto como pocos: «Ya veis, hermanas, lo que es la amistad con el Señor... quiere que le tratemos como amigo» (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, Cap. 26). La amistad divina es el motor de la santidad, no como un esfuerzo titánico, sino como un permanecer en el amor. Él nos eligió primero y nos ha destinado a «dar fruto, y un fruto que permanezca». Este fruto no es el éxito momentáneo ni la relevancia mundana. Es el amor concreto que se entrega hasta el extremo, como recuerda San Juan en su primera carta: «En esto hemos conocido el amor: en que Él dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Juan 3, 16).

Hoy, el suave acto de echar suertes nos recuerda que la lógica del Reino no es la del escalafón humano. Matías era el “don desconocido” que, sin buscarlo, fue puesto por el Espíritu junto a los príncipes del nuevo Israel. «Levanta del polvo al desvalido», hemos cantado en el Salmo. No importa cuán insignificante o rota pueda parecer nuestra historia; el Amigo que nos ha elegido puede hacer de nosotros apóstoles de su alegría. Aprendamos de Matías a no desertar del puesto que se nos ha confiado y a responder al mal, no con la murmuración, sino con un testimonio limpio, humilde y perseverante.

Monición de Despedida

Hemos sido fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo y renovados por la intercesión del apóstol San Matías. No olvidemos nuestra identidad: somos amigos del Señor, no siervos. Vayamos a anunciar esta alegría a todos, contrarrestando el mal con un testimonio fiel. Llevad la paz de Cristo a vuestros hogares y trabajos. Podéis ir en paz. Amén.

Referencias

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