- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: Santa Clara de Asís
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura (Ez 2, 8 -- 3, 4)
- Salmo Responsorial (Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131)
- Monición del Evangelio
- Evangelio del día (Mt 18, 1-5. 10. 12-14)
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día: Hacerse pequeño para saborear a Dios
- Monición de Despedida
- Referencias
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Queridos hermanos: En este Martes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario, la liturgia nos regala una de las celebraciones más luminosas del santoral franciscano: Santa Clara de Asís, virgen y fundadora de las Clarisas. La Palabra que hoy se proclama —el profeta que come el rollo de la Ley y la dulzura de los mandatos divinos, junto al Evangelio que nos invita a hacernos como niños— encuentra en Clara un reflejo diáfano y poderoso. Ella, que renunció a la nobleza y se abrazó a la pobreza, entendió que la verdadera grandeza está en la pequeñez del corazón. Dejémonos interpelar por su testimonio y abrámonos a la gracia que Dios nos ofrece en esta Eucaristía.
Tips Litúrgicos del Día
- El color blanco de este día nos recuerda la luz de la virginidad y la gloria de la santidad. Viste tu alma de pureza y sencillez. Antes de la Misa, pide la gracia de un corazón limpio, como el de Santa Clara.
- La imagen del profeta Ezequiel comiendo el rollo es una invitación a alimentarnos de la Palabra. Dedica unos minutos durante el día a leer pausadamente el Evangelio de hoy, saboreando cada frase como miel. Lleva contigo un versículo en el corazón.
- Santa Clara ahuyentó a los invasores con la Sagrada Custodia. Si en tu vida hay “enemigos” —miedos, tentaciones, divisiones—, recurre hoy a Jesús Eucaristía. Una breve visita al Santísimo Sacramento, real o espiritual, te fortalecerá.
- El Evangelio nos llama a hacernos como niños. Examina qué apegos, orgullos o sofisticaciones te impiden vivir la confianza filial. Practica un acto de humildad: pide perdón a alguien, cede en una discusión, haz un servicio escondido.
- Santa Clara fue pobre por amor. Hoy, despreocúpate de acumular y preocúpate por compartir. Puedes dar un donativo, pero sobre todo regala tiempo y atención a quien lo necesite.
- Al final de la jornada, reza en familia o en soledad la oración de Clara: «Dios mío, te doy gracias por haberme creado». Haz balance: ¿he vivido como un pequeño que se fía del Padre o como quien busca controlarlo todo?
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Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura: Ez 2, 8 -- 3, 4
- Salmo Responsorial: Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131
- Evangelio: Mt 18, 1-5. 10. 12-14
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Santo del Día: Santa Clara de Asís
Hoy celebramos la memoria de Santa Clara de Asís, la humilde doncella que, renunciando a la nobleza y riquezas de su familia, se consagró al seguimiento de Cristo en la más radical pobreza evangélica. Nacida en Asís en 1194, a los dieciocho años huyó de su casa para unirse a San Francisco y fundar la Orden de Clarisas. Su vida fue un canto de amor a la Eucaristía y a la pobreza. Famosa es la tradición que narra cómo, sosteniendo la Sagrada Custodia ante los invasores sarracenos, logró ahuyentarlos y salvar a su comunidad. Santa Clara, cuyo nombre significa “la brillante”, fue para la Iglesia del siglo XIII un espejo de luz. El Papa Benedicto XVI, en una catequesis, dijo de ella: «Clara testimonia que el encuentro con Cristo pobre y crucificado transforma la vida y colma de alegría» (Benedicto XVI, Audiencia General, 15 de septiembre de 2010). Murió en 1253 y dos años después fue canonizada.
Monición de Entrada
Queridos hermanos, nos reunimos en este día alrededor del altar para celebrar la fe que nos salva, acompañados por la luz resplandeciente de Santa Clara de Asís. Ella, que encontró el tesoro escondido en la pobreza evangélica, nos enseña que la verdadera riqueza no está en lo que poseemos, sino en la confianza filial con que nos abandonamos en los brazos del Padre. La Palabra que hoy escucharemos —el profeta que se alimenta del libro divino y Jesús que pone a un niño en el centro— nos invitará a un camino de humildad y docilidad. Invoquemos al Espíritu Santo para que esta Misa transforme nuestros corazones, nos haga pequeños ante Dios y nos llene del fuego de su amor, como llenó a Santa Clara. De pie, recibamos al Señor que nos acoge en su mesa.
Monición a la Primera Lectura
La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, nos presenta una escena cargada de simbolismo. El Señor entrega al profeta un libro enrollado, escrito por ambos lados, lleno de cantos fúnebres y lamentos, y le ordena comerlo. Ezequiel obedece, y aquella Palabra, que parecía amarga, se vuelve en su boca dulce como la miel. Este gesto nos revela que la Palabra de Dios no es una doctrina externa que se estudia, sino un alimento que se asimila, que se hace carne de nuestra carne. También nosotros estamos llamados a masticar la Escritura, incluso cuando nos confronta y nos cuesta, para descubrir en ella la dulzura del amor de Dios. Escuchemos atentos este relato que nos prepara para recibir el Evangelio.
Primera Lectura (Ez 2, 8 -- 3, 4)
Lectura de la profecía de Ezequiel
2, 8 -- 3, 4
Así habla el Señor:
Tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese
pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré.
Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. Lo
desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos
fúnebres, gemidos y lamentos.
El me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: como este rollo, y ve a
hablar a los israelitas. Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo.
Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con
este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
El me dijo: Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis
palabras.
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Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial (Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131)
SALMO Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131 (R.: 103a)
R. ¡Señor, qué dulce es tu palabra para mi boca!
Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas. R.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros. R.
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. R.
¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel! R.
Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón. R.
Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos. R.
Monición del Evangelio
El Evangelio según San Mateo nos coloca ante una de las enseñanzas más contraculturales de Jesús. Los discípulos, quizás discutiendo sobre puestos y jerarquías, preguntan: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?». Jesús, sin decir palabra, llama a un niño, lo pone en el centro y afirma que, si no nos convertimos y nos hacemos como niños, no entraremos en el Reino. La pequeñez no es aquí ignorancia ni debilidad, sino disponibilidad, confianza absoluta en el Padre, conciencia de que todo se recibe como un don. Después, con la parábola de la oveja perdida, nos revela el corazón apasionado de Dios, que no se resigna a perder a ninguno de sus pequeños. Dejémonos abrazar por esta Palabra, que es para nosotros miel y desafío. De pie, aclamemos al Señor que nos habla.
Evangelio del día (Mt 18, 1-5. 10. 12-14)
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
18, 1-5. 10. 12-14
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién
es el más grande en el Reino de los Cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si
ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los
Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande
en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre,
me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que
sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no
deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se
extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que
por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que
está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Con la confianza de los pequeños y la certeza de que el Padre no quiere que se pierda ninguno de nosotros, presentemos nuestras súplicas.
- Por la Santa Iglesia, para que, haciéndose pequeña ante los poderes del mundo, brille con la autoridad del servicio y sea refugio seguro para los débiles y los que buscan a Dios. Roguemos al Señor.
- Por el Papa, los obispos y todos los pastores, para que, a ejemplo de Santa Clara, no pongan su confianza en las riquezas ni en el prestigio, sino que conduzcan al rebaño con la única fuerza del Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por el portal de evangelización “Camino y Oración”, para que, a través de sus contenidos litúrgicos diarios, muchas almas encuentren la dulzura de la Palabra de Dios y se alimenten de ella en su camino de fe. Roguemos al Señor.
- Por los niños y por cuantos viven en situación de vulnerabilidad, para que sean acogidos, protegidos y valorados como los predilectos del Reino, y nunca sufran desprecio o abandono. Roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad reunida aquí, para que, nutrida con la Eucaristía, sepa hacerse pequeña para ser grande, confiar sin reservas y salir al encuentro de la oveja perdida con la alegría del Buen Pastor. Roguemos al Señor.
Dios, Padre de todos, que en Santa Clara nos diste un modelo de pobreza y alegría evangélica, escucha nuestras oraciones y acrecienta en nosotros el deseo de servirte con sencillez de corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Presentemos ahora sobre el altar el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo humano. Junto con estos dones, depositemos también nuestra vida entera, con sus cansancios y sus esperanzas, pidiendo al Señor que nos haga pequeños y pobres de espíritu. Que el ejemplo de Santa Clara nos impulse a ponerlo todo en las manos de Dios, sin retener nada para nosotros, seguros de que Él transforma la ofrenda sencilla en alimento de vida eterna.
Oración de Comunión Espiritual
Para quienes no pueden acercarse a la mesa sacramental, hagamos este acto de comunión espiritual con fe viva:
«Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma. Ya que no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no me permitas jamás separarme de ti. Amén.»
Reflexión del Día: Hacerse pequeño para saborear a Dios
La liturgia de este martes nos envuelve en una atmósfera de ternura y exigencia. El profeta Ezequiel recibe un libro escrito por ambos lados: cantos fúnebres, gemidos y lamentos. El encargo es desconcertante: «Come este rollo». El profeta obedece, y lo que parecía amargo resulta ser dulce como la miel. Esta experiencia nos revela que la Palabra de Dios, incluso cuando denuncia nuestro pecado y nos sacude, está preñada de amor. No es un texto para diseccionar, sino un manjar para saborear. San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia, decía: «Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo». Pero conocerlas no basta; hay que comerlas, dejar que se mezclen con nuestra vida, que configuren nuestros pensamientos.
Santa Clara de Asís, cuya memoria celebramos hoy, entendió esto con una profundidad que sobrecoge. Ella, que procedía de una familia noble, descubrió en el Evangelio la perla preciosa y lo vendió todo para poseerla. Abrazó la pobreza no como una renuncia amarga, sino como el espacio donde Dios puede llenarlo todo. En su testamento espiritual dejó escrito: «Entre las gracias que hemos recibido del gran Donante, la pobreza voluntaria es la que más nos asemeja a Cristo». Clara no se limitó a escuchar la Palabra; la “comió” hasta el punto de hacerla visible en su carne. La Eucaristía fue el centro de su vida, y la custodia fue su defensa. Cuando los sarracenos amenazaban su convento, ella, sosteniendo el Santísimo Sacramento, no usó la fuerza humana sino la presencia de Dios, y el peligro se disipó. Ese gesto sigue siendo hoy un signo: la verdadera fortaleza está en la adoración confiada.
El Evangelio nos coloca ante una paradoja semejante. Los discípulos discuten sobre puestos, y Jesús coloca a un niño en el centro. En aquella cultura, el niño era el último, el sin derechos, el insignificante. Jesús invierte los valores: si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino. Un niño no puede jactarse de sus logros, porque todo lo recibe de sus padres. Así es el discípulo: vive de la confianza, no de los méritos. Santa Clara se hizo como aquel niño que Jesús abrazó: se fió plenamente de Dios, renunció a construir su propia seguridad, y encontró una libertad que el mundo no puede dar.
La parábola de la oveja perdida añade la otra vertiente de esta lógica divina. El pastor deja las noventa y nueve para buscar a la extraviada, y su alegría al encontrarla es mayor. El corazón de Dios es así: no se resigna a perder a nadie. Para el Señor, cada persona es esa oveja por la que vale la pena dejarlo todo. San Gregorio Magno, cuyo ejemplo de pastor recordaremos en pocos días, comentaba: «El buen pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, porque tomó nuestra naturaleza y Él mismo cargó con nuestros pecados» (Homilía sobre los Evangelios, 15). Ese pastor incansable es Jesús, que se hace pequeño para cargar con nosotros.
Hoy, la liturgia nos invita a dos movimientos concretos. Primero: comer la Palabra. ¿Hay algún pasaje de la Escritura que te resulta amargo, que te confronta y rechazas? Atrévete a masticarlo en la oración. Descubrirás que es dulce, porque está empapado en el amor de Dios. Segundo: hacerse pequeño. ¿Dónde está tu seguridad? ¿En el dinero, en la imagen, en el control? Mírate en el espejo de Santa Clara: ella lo tuvo todo y lo dejó todo, y encontró el tesoro. No se trata de hacer gestos heroicos, sino de vivir cada día con las manos abiertas, como un niño que espera del Padre el pan y el perdón.
Que la Virgen María, la pequeña esclava del Señor, interceda por nosotros. Que Santa Clara nos alcance un corazón pobre y eucarístico. Y que, al salir de esta Misa, seamos capaces de recibir a cada persona como a uno de esos pequeños en los que Cristo mismo nos espera.
Monición de Despedida
Hemos sido alimentados con la Palabra dulce como la miel y con el Pan de la Eucaristía. Ahora, fortalecidos por el ejemplo de Santa Clara, somos enviados a vivir como pequeños del Reino. Llevad la alegría de saberse en las manos del Pastor, buscad a la oveja perdida con la ternura del Padre y no temáis ser pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Que la Virgen María, San Francisco y Santa Clara os acompañen. Podéis ir en paz. Amén.
Referencias
- Benedicto XVI. (15 de septiembre de 2010). Audiencia General: Santa Clara de Asís. Librería Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/audiences/2010/documents/hf_ben-xvi_aud_20100915.html
- Gregorio Magno. (c. 590-600). Homilía sobre los Evangelios, 15.
- San Jerónimo. (c. 400). Comentario a Isaías, Prólogo.
- Curas.com.ar. (2026). Libros Litúrgicos: Lecturas del 11 de agosto de 2026. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
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