
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Ponciano y San Hipólito
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura (Ez 12, 1-12)
- Salmo Responsorial (Sal 77, 56-59. 61-62)
- Monición del Evangelio
- Evangelio del día (Mt 18, 21 -- 19, 1)
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día
- Monición de despedida
- Referencias
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Tips Litúrgicos del Día
- Inicia la jornada con un acto de reconciliación interior. Antes de la Misa, piensa en esa persona a la que te cuesta perdonar. Pide al Señor la gracia de soltar el rencor, aunque el primer paso sea solo desear perdonar.
- Hoy la Palabra nos llama a hacernos signo. Ezequiel representó con su vida el mensaje de Dios. Pregúntate: ¿qué signo está pidiendo el Señor que dé yo en mi casa, en mi trabajo, en mi comunidad?
- Al escuchar el Evangelio, fíjate en la desproporción de las deudas. Diez mil talentos frente a cien denarios. Es la distancia entre lo que Dios nos perdona y lo que nosotros nos negamos a perdonar. Guarda silencio y deja que el Espíritu te ilumine.
- Reza hoy con especial atención la petición del Padrenuestro: «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». No la digas de prisa; saborea cada palabra y pide coherencia.
- San Hipólito y San Ponciano murieron reconciliados. Si hay una relación rota en tu vida, da hoy un paso concreto de acercamiento: un mensaje, una llamada, un gesto humilde. La gracia de Cristo hace posible lo humanamente difícil.
- Al final del día, examina tu capacidad de perdón. ¿Has sido compasivo o has exigido cuentas sin misericordia? Pide perdón a Dios y descansa en su infinita ternura.
Citas Bíblicas del Día
Primera Lectura: Ez 12, 1-12
Salmo Responsorial: Sal 77, 56-59. 61-62
Evangelio: Mt 18, 21 -- 19, 1
Santo del Día: San Ponciano y San Hipólito
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Ponciano, Papa, y San Hipólito, presbítero, mártires del siglo III. Sus historias, marcadas inicialmente por el conflicto, terminaron unidas por la fe y el martirio. Ponciano fue elegido Papa en el año 230, mientras Hipólito se oponía a él llegando a ser considerado el primer antipapa de la historia. Sin embargo, ambos fueron deportados a Cerdeña durante la persecución del emperador Maximino el Tracio. En el destierro, la gracia obró el milagro de la reconciliación: se reconocieron hermanos, se perdonaron y dieron juntos testimonio de Cristo con el martirio. Esta memoria es una catequesis viva: la unidad de la Iglesia se construye con humildad y perdón, no con orgullo ni rencor. Que su intercesión nos alcance un corazón reconciliado y pacificado.
Monición de Entrada
Queridos hermanos, nos reúne el Señor en este jueves de la decimonovena semana del Tiempo Ordinario, un día en el que la liturgia nos invita a contemplar el misterio de la misericordia divina. El profeta Ezequiel, con sus gestos simbólicos, nos recordará que Dios no nos deja en la rebeldía: nos llama una y otra vez a la conversión. El Evangelio, con la parábola del siervo despiadado, nos confrontará con una verdad incómoda y hermosa: hemos sido perdonados mucho, y por eso estamos llamados a perdonar mucho. Acompañados por San Ponciano y San Hipólito, que pasaron del enfrentamiento a la comunión fraterna, celebremos esta Eucaristía pidiendo al Espíritu Santo la gracia de perdonar de corazón, sin cálculos y sin límites. De pie, recibamos al Señor que nos acoge en su mesa.
Monición a la Primera Lectura
La primera lectura, del profeta Ezequiel, nos presenta una escena extraña y poderosa. Dios ordena al profeta que prepare su equipaje de deportado, salga a plena luz del día, abra un boquete en la muralla y cargue con sus cosas en la oscuridad. Todo ello a la vista del pueblo, porque Ezequiel se ha convertido en un signo viviente del destierro que se avecina por la rebeldía de Israel. El profeta no habla solo con palabras; su propia vida se convierte en mensaje. También nosotros, por el bautismo, estamos llamados a ser signos de Dios en medio del mundo, no solo con discursos, sino con la coherencia de nuestra vida. Escuchemos esta lectura que nos interpela sobre la seriedad de nuestra respuesta a la Palabra.
Primera Lectura (Ez 12, 1-12)
Lectura de la profecía de Ezequiel
12, 1-12
La palabra del Señor me llegó en estos términos: Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para
ver, pero no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde. En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a al vista de ellos, como salen los deportados. Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos. Cargarás el equipaje sobre tus
espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel.
Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.
A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos: Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo? Diles: Así habla el Señor : Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella. Diles también: Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que yo hice se hará con
ellos: serán deportados e irán al exilio. El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerlo salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial (Sal 77, 56-59. 61-62)
SALMO Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62 (R.: cf. 7c)
R. No se olviden de las proezas de Dios.
Ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido. R.
Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel. R.
Entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.
Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia. R.
Monición del Evangelio
El Evangelio según San Mateo nos lleva al corazón de la enseñanza de Jesús sobre el perdón. Pedro, con una generosidad que le parece magnánima, pregunta si debe perdonar hasta siete veces. La respuesta del Maestro descoloca: no siete, sino setenta veces siete, es decir, siempre. Y para que lo entendamos, Jesús cuenta la parábola del siervo que, tras ser perdonado por su rey de una deuda inmensa e impagable, es incapaz de perdonar a su compañero una deuda pequeña. El contraste es brutal y nos pone ante la verdad de nuestra propia vida: si no perdonamos de corazón, nos excluimos de la misericordia que pedimos. De pie, acojamos esta Palabra que nos llama a la reconciliación.
Evangelio del día (Mt 18, 21 -- 19, 1)
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
18, 21-19, 1
Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con
su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo." El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes." El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la
deuda." Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero,
como yo me compadecí de tí?" E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.» Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
- Por la Santa Iglesia y por nuestro Santo Padre, para que el Espíritu Santo les llene de audacia evangélica y salud para guiar al Pueblo de Dios. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
- Por los gobernantes de las naciones, para que promuevan la justicia real, la paz duradera y el respeto a la vida humana en toda circunstancia. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
- Por los enfermos, los ancianos y los que sufren soledad, para que experimenten el consuelo de Dios a través de la cercanía fraterna. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
- Por el portal de evangelización caminoyoracion.org, para que sus contenidos litúrgicos diarios sigan alimentando la fe de miles de almas en internet. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
- Por todos los reunidos en esta celebración, para que vivamos con coherencia el mensaje del Evangelio en nuestros hogares y lugares de trabajo. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
- Por la labor evangelizadora de la plataforma web caminoyoracion.org y por toda nuestra comunidad de oyentes y lectores, para que la Palabra de Dios llegue a más corazones necesitados de paz y esperanza. Roguemos al Señor. R. Te lo pedimos, Señor.
Monición de Presentación de Ofrendas
Junto con el pan y el vino, presentemos al Padre nuestra voluntad de perdonar de corazón y nuestro deseo de vivir reconciliados. Que estas ofrendas, transformadas por el Espíritu Santo, nos recuerden que hemos sido rescatados por el sacrificio de Cristo y nos impulsen a ser signos vivos de su amor, como Ezequiel y como los mártires que hoy celebramos. Depositemos también en el altar las deudas que nos cuesta perdonar, para que el Señor las convierta en fuente de paz.
Oración de Comunión Espiritual
Junto con el pan y el vino, presentemos al Padre nuestra voluntad de perdonar de corazón y nuestro deseo de vivir reconciliados. Que estas ofrendas, transformadas por el Espíritu Santo, nos recuerden que hemos sido rescatados por el sacrificio de Cristo y nos impulsen a ser signos vivos de su amor, como Ezequiel y como los mártires que hoy celebramos. Depositemos también en el altar las deudas que nos cuesta perdonar, para que el Señor las convierta en fuente de paz.
Reflexión del día
La liturgia de este jueves nos coloca ante una verdad que el mundo no quiere escuchar: la misericordia recibida obliga a la misericordia dada. La parábola evangélica es de una lógica demoledora. El siervo de la deuda enorme —diez mil talentos, una cifra imposible de pagar— se postra ante el rey y obtiene un perdón total. Apenas sale, se encuentra con un compañero que le debe cien denarios, una suma irrisoria, y lo trata con una crueldad desproporcionada. El rey, al enterarse, le retira el perdón y lo entrega a los verdugos. Jesús concluye: «Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
El Papa Francisco ha insistido en esta página como central para la vida cristiana: «El perdón es la esencia del amor que sabe comprender y aceptar los errores de los demás. Quien no perdona, se hace esclavo de su propio rencor» (Misericordiae Vultus, n. 9). No perdonamos porque el otro lo merezca, sino porque nosotros hemos sido perdonados primero. El Catecismo de la Iglesia Católica lo recuerda: «El perdón de Dios es el modelo de toda reconciliación entre los hombres» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2838). Cuando negamos el perdón, cerramos la puerta a la gracia que necesitamos para vivir en libertad.
Ezequiel, en la primera lectura, encarna la pedagogía divina. Dios no se limita a anunciar el destierro; pide al profeta que lo escenifique, que se convierta en signo. El pueblo rebelde «tiene ojos para ver y no ve, oídos para oír y no oyen». Necesita gestos visibles, no palabras abstractas. Hoy, la Iglesia nos recuerda que cada bautizado es un signo, y que nuestra falta de perdón contradice el Evangelio que anunciamos. San Juan Crisóstomo, comentando esta parábola, exclamaba: «Nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar. Si en algo queremos parecernos al Padre, perdonemos a quienes nos ofenden» (Homilía sobre el Evangelio de San Mateo, 61, 3).
Los santos que hoy celebramos, Ponciano y Hipólito, no son figuras decorativas. Ambos vivieron una enemistad profunda, con las heridas típicas de las luchas internas. El destierro les abrió los ojos. En Cerdeña, lejos del poder y de los partidos, se reconocieron hermanos en Cristo, se perdonaron y murieron mártires juntos. Su historia nos dice que ninguna división es definitiva si dejamos actuar a la gracia. El perdón no es un sentimiento, es una decisión, y a veces requiere tiempo, humildad y mucha oración. Pero es posible, porque la gracia de Dios lo hace posible.
Hoy, al salir de esta Misa, mira a ese hermano al que te cuesta perdonar. Quizás la herida es honda, y humanamente parece insuperable. No te quedes en el cálculo de Pedro: «¿Hasta siete veces?». Entra en la lógica de Jesús: setenta veces siete, es decir, infinitamente. Comienza pidiendo al Señor el deseo de perdonar. Él, que nos perdonó una deuda impagable, nos dará la fuerza para soltar las pequeñas deudas que nos atan. Y descubrirás que, al perdonar, eres tú el primer liberado.
Monición de despedida
Hermanos, el Señor nos ha hablado fuerte y claro: perdonad de corazón, sin medidas, porque así os ha perdonado el Padre. Ahora salimos a vivir esta Palabra en nuestros hogares y trabajos. No os llevéis el rencor; llevad la paz de Cristo, que reconcilió a Ponciano y a Hipólito y que hoy quiere reconciliarnos a todos. Sed signos vivos de misericordia, como Ezequiel, y testigos de la alegría que brota del perdón. Podéis ir en paz. Amén.
Referencias
- Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). La oración cristiana, n. 2838. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s2a2_sp.html
- Francisco. (2015). Bula Misericordiae Vultus, n. 9. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html
- San Juan Crisóstomo. (c. 390). Homilía sobre el Evangelio de San Mateo, 61, 3.
- Curas.com.ar. (2026). Libros Litúrgicos: Lecturas del 13 de agosto de 2026. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
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