Lecturas y Moniciones de hoy Martes 19 de Mayo de 2026

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Nos encontramos en el Martes de la VII Semana de Pascua, a las mismas puertas de la Solemnidad de Pentecostés. La liturgia nos ofrece hoy dos discursos de despedida de una hondura sobrecogedora: Pablo, de rodillas en la playa de Mileto, entrega su testamento pastoral; y Jesús, con los ojos levantados al cielo, nos introduce en el diálogo más íntimo de la historia, su oración sacerdotal. Hoy recordamos también la figura de San Ivo de Kermartín, abogado de los pobres, que entendió que la verdadera gloria no está en los honores del mundo, sino en servir a Dios en los más pequeños.

Tips Litúrgicos del Día

  • Hoy la liturgia respira un clima de recogimiento y espera. Dedica unos minutos de silencio a lo largo del día para invocar al Espíritu Santo, pidiéndole que te prepare interiormente para Pentecostés.
  • Al meditar la primera lectura, fíjate en la actitud de Pablo: no se aferra a nada ni a nadie; su libertad interior nace de haber cumplido el ministerio que el Señor le confió. Pregúntate al final del día: ¿vivo mi vocación con ese mismo desprendimiento?
  • El salmo de hoy es un canto de alabanza a Dios que “lleva nuestras cargas”. Si sientes el peso de alguna cruz, únete al salmista y repite: «Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas».
  • En la Santa Misa, cuando se proclame el Evangelio, imagina a Jesús orando por ti. Él ruega al Padre para que “te conozcan a ti, único Dios verdadero”. La fe no es una doctrina fría, sino un conocimiento amoroso que da la vida eterna.
  • San Ivo supo ver a Cristo en los pobres y en los litigantes. Hoy puedes tener un gesto de caridad con alguien que necesite tu tiempo, tu consejo o tu escucha, especialmente si estás en una posición de autoridad o de servicio al público.
  • En esta recta final hacia Pentecostés, reza el Veni Creator Spiritus. Que la invocación del Espíritu Santo renueve en ti el don de la sabiduría para saber discernir la voluntad de Dios en las decisiones cotidianas.

Citas Bíblicas del Día

  • “No he omitido nada a la hora de anunciaros el plan completo de Dios” (Hechos 20, 27). Palabras que expresan la integridad del ministerio apostólico y la fidelidad a la verdad.
  • “Ahora sé que ninguno de vosotros volverá a ver mi rostro” (Hechos 20, 25). La despedida de Pablo, llena de humanidad y de esperanza, nos recuerda que nuestra patria definitiva es el cielo.
  • “Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada” (Salmo 67, 10). Imagen de la gracia divina que fecunda y renueva.
  • “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Juan 17, 3). La definición más profunda de la salvación: entrar en la intimidad del Padre y del Hijo.
  • “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti” (Juan 17, 1). Jesús transforma su Pasión en el momento supremo de la glorificación divina.

Santo del Día: San Ivo de Kermartín

Hoy, 19 de mayo, la Iglesia celebra la memoria libre de San Ivo de Kermartín, presbítero y abogado, patrono de los juristas y de los abogados. Nacido en Bretaña (Francia) en 1253, estudió derecho civil y canónico, y ejerció su profesión defendiendo a los más pobres con total gratuidad. Tras ser ordenado sacerdote, continuó su labor de caridad y justicia, ganándose el título de “abogado de los pobres”. La tradición cuenta que, sin descuidar su intensa vida de oración y penitencia, jamás permitió que un inocente fuera condenado por falta de recursos. El Papa San Juan Pablo II, en una carta dirigida a los juristas católicos, lo presentó como modelo de «unidad entre la vida de fe y el recto ejercicio de la profesión» (Juan Pablo II, Discurso al Congreso de la Unión de Juristas Católicos Italianos, 9 de diciembre de 2000). Que su ejemplo nos impulse a buscar la verdadera justicia, la que brota del amor de Dios.

Primera Lectura

Palabra de Dios.

Salmo

SALMO    Sal 67, 10-11. 20-21

R. ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!

O bien:

Aleluia.

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y Tú la reconfortaste;
allí se estableció tu familia,
y Tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre. R.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
Él carga con nosotros día tras día;
Él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte. R.

Evangelio del día

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     17, 1-11a.



A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que Él diera Vida eterna a todos los que Tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.


Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que Yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que Tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que Yo salí de ti, y han creído que Tú me enviaste.


Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y Yo vuelvo a ti».

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

Con la confianza de los hijos que se saben escuchados, dirijamos al Padre nuestras súplicas, por mediación de Cristo que intercede por nosotros.

  • Por la Iglesia, para que, animada por el Espíritu Santo, sea fiel al Evangelio y no omita nada a la hora de anunciar el plan completo de Dios. Roguemos al Señor.
  • Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que, a imagen de San Pablo, sirvan al Señor con toda humildad, dispuestos a dar la vida por el testimonio del Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por el apostolado digital y, en particular, por los lectores y colaboradores de “Camino y Oración”, para que sus vidas sean transformadas por el conocimiento del único Dios verdadero y de su enviado Jesucristo. Roguemos al Señor.
  • Por los abogados, jueces y todos los que trabajan en la administración de la justicia, para que, siguiendo el ejemplo de San Ivo, defiendan siempre la verdad y la dignidad de los más pobres. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, que estamos en el mundo pero pertenecemos a Cristo, para que, en medio de las pruebas y tribulaciones, experimentemos que Dios lleva nuestras cargas y nos sostiene con su gracia. Roguemos al Señor.

Padre santo, que quisiste glorificar a tu Hijo en la hora de la cruz, escucha las plegarias de tu Iglesia y concédenos el don de conocerte cada día más, para que nuestra alegría sea completa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Monición de Presentación de Ofrendas

Presentemos ahora los dones del pan y del vino, signos del trabajo de nuestras manos. Junto a ellos, depositemos sobre el altar nuestro deseo de servir al Señor con humildad y de no omitir nada en el anuncio de su amor. Que el sacrificio eucarístico nos dé la fuerza para terminar la carrera y cumplir el ministerio que cada uno hemos recibido de Dios.

Oración de Comunión Espiritual

Para quienes no pueden comulgar sacramentalmente hoy, hagamos este acto de profunda unión con Cristo:

«Señor Jesús, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. No pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Me abrazo a Ti y quiero unirme a Ti para siempre. No permitas que jamás me separe de Ti. Amén».

Reflexión del Día: Conocerte a Ti, la única gloria que sacia

La liturgia de hoy nos arrastra al vértice de la Revelación. No estamos ante meros discursos de despedida; estamos ante el corazón abierto de Dios. La oración de Jesús en el Cenáculo, que Juan recoge en el capítulo 17 de su Evangelio, es el santuario más íntimo del Nuevo Testamento. Mientras Pablo, en la playa de Mileto, dice adiós a los suyos con palabras que son testamento y profecía, Jesús levanta los ojos al cielo y nos permite escuchar lo que el Hijo dice al Padre desde la eternidad.

«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Juan 17, 3). Con esta frase, Jesús transforma radicalmente nuestra idea de la salvación. No se trata de una inmortalidad genérica ni de un simple premio tras la muerte. La vida eterna es, ante todo, conocimiento personal, comunión de amor, intimidad con Dios. San Juan Pablo II subrayó que «la verdad no es una construcción del hombre, sino un don que viene de lo alto. En Cristo, Dios nos ha revelado el misterio de su vida íntima» (Juan Pablo II, Fides et ratio, n. 7). Conocer a Dios no es acumular nociones teológicas; es participar, por la gracia, en la misma relación que el Hijo tiene con el Padre.

Pablo entendió perfectamente esta dinámica. Al despedirse de los presbíteros de Éfeso, no presume de sus éxitos pastorales, sino que muestra su corazón desgarrado y agradecido. No se aferra a la vida, sino al ministerio recibido. Su secreto está en la expresión «encadenado por el Espíritu»: no camina hacia Jerusalén movido por un arrojo temerario, sino conducido por el Paráclito. El Papa Benedicto XVI enseñó que «Pablo se siente tan unido a Cristo que, incluso en las pruebas, está convencido de poder vivir y ofrecer su propia existencia como un acto de amor» (Benedicto XVI, Audiencia General, 22 de noviembre de 2006). Esa certeza le permite decir con total paz: «Estoy limpio de la sangre de todos, pues no he omitido nada». La fidelidad apostólica no se mide por el éxito, sino por la integridad con que se ha entregado el depósito de la fe.

En este contexto, la figura de San Ivo de Kermartín aparece como una brillante ilustración. Hombre de leyes, habría podido usar su cargo para medrar o enriquecerse; sin embargo, entendió que la verdadera gloria no está en los honores del mundo, sino en servir a la verdad con caridad. Defendió a los pobres sin cobrarles, visitó a los presos y se hizo voz de los que no tenían voz. Su vida proclama que el conocimiento de Dios no es una abstracción, sino que se traduce en justicia concreta. Como recuerda el Catecismo, «la caridad impulsa a los cristianos a trabajar por un mundo más justo» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1931).

San Ireneo, en el siglo II, resumió de manera insuperable el sentido de la encarnación: «La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios» (San Ireneo, Contra las herejías, IV, 20, 7). La gloria de Dios resplandece cuando el ser humano alcanza su plenitud: conocerle, amarle y vivir en su presencia. Jesús, en su oración, pide al Padre que esa gloria se manifieste en la unidad de los discípulos y en la perseverancia de aquellos que el Padre le ha dado.

Para los que hoy sienten el vértigo de una vida sin rumbo, para los que están cansados de luchar sin ver frutos o para los que se preguntan si su trabajo tiene algún valor eterno, la liturgia de este día es una respuesta consoladora. El verdadero éxito no es tener razón, sino haber amado hasta el extremo. El mundo actual nos empuja a la dispersión, a la fragmentación, a vivir «cada cual por su lado». Pero Jesús ora para que seamos uno y para que, incluso en medio de la tribulación, experimentemos que Dios lleva nuestras cargas.

Que el salmo de hoy se haga realidad en nuestra vida: «Bendito el Señor cada día, Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación». Pidamos la gracia de terminar nuestra carrera con la misma paz de Pablo, sabiendo que la única gloria que permanece es habernos dejado conocer por el Padre y haber hecho de nuestra vida un reflejo de su amor.

Monición de Despedida

Hemos sido renovados por la Palabra que da vida y por el Cuerpo glorioso del Señor. Ahora volvemos a nuestras ocupaciones con la certeza de que Dios nos ha dado a conocer su nombre y nos ha hecho partícipes de su gloria. No tengáis miedo de las pruebas; el Espíritu Santo os guía y el Padre lleva vuestras cargas. Sed testigos de la vida eterna en medio del mundo. Podéis ir en paz. Amén.

Referencias

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