Lectura y Evangelio de hoy Sábado 12 de Noviembre del 2022 – ciclo C

Mikaela
Atardecer. Fuente: pixabay.

Tip Litúrgico del día

Antes de las 4:00 p.m.
Rojo // San Josafat, obispo y mártir; memoria obligatoria // Misa
de la memoria, prefacio común, de los santos mártires o de los
santos pastores. // 1ª Lectura: 3Jn 5-8; Salmo: Sal 111; Evangelio:
Lc 18,1-8.

LITURGIA DE LAS HORAS: de la memoria.

  • San Fernando de Apure: Aniversario de la defunción de Mons.
    Víctor Manuel Pérez Rojas († 2022).

PRIMERA LECTURA

Debemos sostener a los hermanos, cooperando así en la propagación de la verdad.

Lectura de la tercera carta del apóstol san Juan 5-8

Querido amigo Gayo, te portas con plena lealtad en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extraños. Ellos han hablado de tu caridad ante la comunidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje como Dios se merece; ellos se pusieron en camino para trabajar por él sin aceptar nada de los gentiles. Por eso debemos nosotros sostener a hombres como éstos, cooperando así en la propagación de la verdad.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 111, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 1a)

R. Dichoso quien teme al Señor.

O bien:

R. Aleluya.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R.

Aleluya Cf. 2Ts 2, 14

Dios nos llamó por medio del Evangelio,
para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

EVANGELIO

Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:

—«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:

«Hazme justicia frente a mi adversario».

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:

«Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara»».

Y el Señor añadió:

—«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Palabra del Señor.

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