Espiritualidad del catequista

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La espiritualidad hace referencia a la relación íntima y personal con Dios, es la comunicación profunda y continua con el ser Todopoderoso. La espiritualidad es una habilidad que se construye y se fortalece cuando nos alimentamos y nutrimos de la Palabra, la Eucaristía, la Oración personal y comunitaria, meditaciones…

El hecho de ser catequista supone una gran responsabilidad que requiere una fuente de energía y amor por quien se hace, Cristo. Esta fuente es la espiritualidad que desarrolla el catequista, pues no sirve de mucho el conocimiento sin ella.

La instrucción que se imparte en la catequesis debe ser acompañada por el sentimiento de amistad y confianza en el encuentro con Cristo, que aunque sea intimo es perceptible por los catequizandos.

Espíritu y Espiritualidad

La espiritualidad abraca todo el ser y no se compone de momentos aislados, si no de la intensa vida de unión con Cristo. Es perenne y creciente. Ahora bien, el Espíritu es lo más hondo y profundo del ser, envuelve los deseos, aspiraciones, miedos y temores de la persona. Por lo que pueden haber personas con buen espíritu o mal espíritu.

Rasgos de la espiritualidad del catequista

Para fortalecer y acrecentar la espiritualidad, se pueden seguir las siguientes características:

  • Pasión y amor Jesucristo
  • Tener alma de discípulo misionero
  • Mantenerse en oración profunda
  • Amar grandemente a la catequesis
  • Ser testigo de Jesucristo
  • Llevar un vida coherente en cada rol que se desempeña
  • Encontrar y saborear a Dios en los detalles del día a día

Desvíos en la espiritualidad

En la guía Formación básica para los catequistas (2019) se especifica algunos desvíos en el camino de la espiritualidad, estos son:

  1. Espiritualidad desencarnada, se tiene miedo y una necesidad de huir del mundo terrestre y vivir en las actividades espirituales. Esto puede generar doble vida en el cristiano.
  2. Espiritualidad como cumplimiento de unas normas, basando en métodos y reglas, pero sin un encuentro frente a frente con Cristo. Este desvío puede ocasionar aires de superioridad sobre otros cristianos.
  3. Espiritualidad intimita y emotiva, se centra en la emoción y euforia del momento de la oración y puede llegar a medirse por el gusto del canto escuchado o del llanto surgido en ese momento.

Al practicar ejercicios de espiritualidad hay que mantener la firmeza en el centro de los mismos: la intimidad con Jesús. Acrecentar la vida espiritual personal y comunitaria en los catequistas mostrará, a los catequizandos, la adhesión a Cristo, tal como Él lo dijo: “El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5)

Autor:
María Nazareth Rojas Hernández

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