Oraciones a la Virgen de la Inmaculada

Jose Toro
Inmaculada Concepción

La Virgen de la Inmaculada es una advocación de la Iglesia Católica que fue nombrada por el papa Pio IX en 1854 en su carta apostólica “Ineffabilis Deus”. España fue el primer país que oficializó la celebración de la Inmaculada Concepción en 1644 para rememorar el milagro en la Batalla de Emple, el 7 y 8 de diciembre de 1585 durante la Guerra de los ochentas años, en donde la Virgen les concedió ganar la batalla.

La Inmaculada Concepción hace referencia a la manera especial en que fue concebida María, así como su vida de entrega total a la voluntad de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica, 490,  explica que “María fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como ‘llena de gracia’. En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios”.

Dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

“A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María ‘llena de gracia’ por Dios (Lc. 1, 28) había sido redimida desde su concepción… la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano”. “La misma santísima Virgen fue por gracia limpia de toda mancha de pecado y libre de toda mácula de cuerpo, alma y entendimiento, y que siempre estuvo con Dios, y unida con Él con eterna alianza, y que nunca estuvo en las tinieblas, sino en la luz, y, de consiguiente, que fue altísima morada para Cristo, no por disposición corporal, sino por la gracia original”.

Oraciones a la Inmaculada

Oración a la Virgen Inmaculada

Una vez más estamos aquí para rendirte homenaje a los pies de esta columna, desde la cual tú velas con amor sobre Roma y sobre el mundo entero, desde que, hace ya ciento cincuenta años, el beato Pío IX proclamó, como verdad de la fe católica, tu preservación de toda mancha de pecado, en previsión de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo. ¡Virgen Inmaculada! tu intacta belleza espiritual es para nosotros una fuente viva de confianza y de esperanza. Tenerte como Madre, Virgen Santa, Nos reafirma en el camino de la vida como prenda de eterna salvación. Por eso a ti, oh María, Confiadamente recurrimos. Ayúdanos a construir un mundo donde la vida del hombre sea siempre amada y defendida, toda forma de violencia rechazada, la paz buscada tenazmente por todos. ¡Virgen Inmaculada! En este Año de la Eucaristía concédenos celebrar y adorar con de renovada y ardiente amor el santo misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo. En tu escuela, o Mujer Eucarística, enséñanos a hacer memoria de las maravillosas obras que Dios no cesa de realizar en el corazón de los hombres. Con premura materna, Virgen María, guía siempre nuestros pasos por los senderos del bien. ¡Amén!

Oración del Papa Francisco a la Inmaculada Concepción de la Virgen María

Oh María, nuestra Madre Inmaculada, en el día de tu fiesta vengo a ti, y no vengo solo: Traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me haconfiado, en esta ciudad de Roma y en el mundo entero, para que tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños, especialmente aquellos solos, abandonados, que por ese motivo son engañados y explotados.

Te traigo, Madre, a las familias, que llevan adelante la vida y la sociedad con su compromiso cotidiano y escondido; en modo particular a las familias que tienen más dificultades por tantos problemas internos y externos.

Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres, y te encomiendo especialmente a quien, por necesidad, se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada, para recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas con respeto y reconocimiento sin intereses egoístas o hipocresías.

Necesitamos de tu corazón inmaculado, para amar en modo gratuito sin segundos fines, sino buscando el bien del otro, con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes.

Necesitamos tus manos inmaculadas, para acariciar con ternura, para tocar la carne de Jesús en los hermanos pobres, enfermos, despreciados, para levantar a los que se han caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos de tus pies inmaculados, para ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso, para caminar por los senderos de quien se ha perdido, para ir a encontrar a las personas solas.

Te agradecemos, oh Madre, porque al mostrarte a nosotros libre de toda mancha de pecado, nos recuerdas que ante todo está la gracia de Dios, está el amor de Jesucristo que dio su vida por nosotros, está la fortaleza del Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas. Haz que no cedamos al desánimo, sino que, confiando en tu ayuda constante, trabajemos duro para renovarnos a nosotros mismos, a esta ciudad y al mundo entero. ¡Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios!

Oración a la Inmaculada Concepción, Patrona de la Arquidiócesis de Mérida

Oh Madre Inmaculada, Reina de nuestro país, abre nuestros corazones, nuestros hogares y nuestra tierra a la venida de Jesús, tu Divino Hijo. Con Él, reina sobre nosotros, oh Señora celestial, tan pura y tan brillante con el resplandor de la luz de Dios brillando dentro y alrededor de ti. Lidéranos contra los poderes del mal puestos en arrebatar el mundo de las almas, redimidos a tan gran costo por los sufrimientos de tu Hijo y de ti misma, en unión con Él, de ese mismo Salvador, que nos ama con infinita caridad.

Nos reunimos en torno a ti, casta y santa Madre, Virgen Inmaculada, Patrona de nuestra amada Tierra, decidida a luchar bajo tu estandarte de santa pureza contra la  maldad que haría de todo el mundo un abismo de maldad, sin Dios y sin tu amado maternal cuidado. Consagramos nuestros corazones, nuestros hogares, nuestra Tierra a tu Purísimo

Corazón, oh gran Reina, para que el reino de tu Hijo, nuestro Redentor y nuestro Dios, se establezca firmemente en nosotros. No te pedimos ningún signo especial, dulce Madre, porque creemos en tu gran amor por nosotros y depositamos en ti toda nuestra confianza. Prometemos honrarlo por la fe, el amor y la pureza de nuestras vidas de acuerdo con tu deseo.

Reina, pues, sobre nosotros, Virgen Inmaculada, con tu Hijo Jesucristo. Que su Divino Corazón y tu casto Corazón sean siempre entronizados y glorificados entre nosotros. Úsa, tus hijos de América, como tus instrumentos de paz entre los hombres y naciones. Obra tus milagros de gracia en nosotros, para que seamos gloria de la Santísima Trinidad, que nos creó, redimió y santifica.

Que tu valiente esposo, San José, con los santos ángeles y santos, te ayuda, y a nosotros a “renovar la faz de la tierra”. Luego, cuando nuestro trabajo haya terminado, ven, Santa Madre Inmaculada, y como nuestra Reina Victoriosa, condúcenos al reino eterno, donde tu Hijo reina por siempre como Rey. Amén

Oración a la Virgen de San Vicente Pallotti

 Inmaculada Madre de Dios, Reina de los cielos, Madre de misericordia, abogada y refugio de los pecadores: he aquí que yo, iluminado y movido por las gracias que vuestra maternal benevolencia abundantemente me ha obtenido del Tesoro Divino, propongo poner mi corazón ahora y siempre en vuestras manos para que sea consagrado a Jesús.

A Vos, oh Virgen santísima, lo entrego, en presencia de los nueve coros de los ángeles y de todos los santos; Vos, en mi nombre, consagradlo a Jesús; y por la filial confianza que os tengo, estoy seguro de que haréis ahora y siempre que mi corazón sea enteramente de Jesús, imitando perfectamente a los santos, especialmente a San José, vuestro purísimo esposo. Amén.

Jaculatoria

Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Avemaría.

Ejercicio piadoso a la Inmaculada Virgen María

Oh Dios, que por la Inmaculada Virgen, preparasteis digna morada a vuestro Hijo; os suplicamos que, así como a ella la preservasteis de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, nos concedáis también que, por medio de su intercesión, lleguemos a vuestra presencia puros de todo pecado. Por el mismo Jesucristo, nuestro señor. Amén.

1. Bendita sea la santa e inmaculada Concepción de la gloriosa Virgen María, Madre de Dios. Avemaría.

2. Oh María, que entrasteis en el mundo sin mancha de culpa, obtenedme de Dios que pueda yo salir de él sin pecado. Avemaría.

3. Oh Virgen María, que nunca estuvisteis afeada con la mancha del pecado original, ni de ningún pecado actual, os encomiendo y confío la pureza de mi corazón. Avemaría.

4. Por vuestra Inmaculada Concepción, oh María, haced puro mi cuerpo y santa el alma mía. Avemaría.

5. Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos. Avemaría.

Oración a la Virgen

¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor y fuiste su Madre; inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor! Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio. La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición, sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva.

¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada, que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo! Acoge las súplicas de los que, unidos a ti en un solo corazón, te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan; para que todos lleguemos al puerto de salvación, y, entre tantos peligros, la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate, de la victoria y de la paz. Amén.

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