Novena a la Virgen de Fátima

Jose Toro

Virgen de Fátima

Cada 13 de mayo se conmemora la aparición de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, una
advocación mariana a la que se le atribuyen mensajes proféticos y de conversión de los pecados.
Sus apariciones a tres niños pastores se registraron entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de
1917,
sus mensajes exhortaban al arrepentimiento y penitencia como el camino para el perdón de
los pecados.


Su historia y su mensaje han conmovido al mundo, razón por la cual es venerada por los católicos
en todos los continentes. Del 4 al 12 de mayo los fieles católicos le realizan una novena para pedir
a la Virgen la intercesión ante el Padre para el perdón por los pecados cometidos, también para
pedir algún favor o milagro. “Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores porque muchas almas van al infierno
por no tener quien se sacrifique y rece por ellas”
, fue uno de los mensajes que manifestó la Virgen
de Fátima en una de sus apariciones.


Estructura de la Novena a la Virgen


Ofrecimiento para todos los días


¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran,
no esperan y no os aman.
¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el
preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los
tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos
infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la
conversión de los pecadores.

Oración preparatoria


Oh santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar
en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz.
Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo
Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor.
Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que
os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de
nuestras almas. Así sea.


Oración del día


Primer día:

¡Oh santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste
transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os
causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a
vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la
gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras
de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro
Corazón Inmaculado.


Segundo día:

¡Oh santísima Virgen María, Madre de la divina gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste
a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la
inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad
de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la
dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas
bautismales.


Tercer día:

¡Oh santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo
pendiente de vuestras manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad
mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el
espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar,
haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las
tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la
otra.


Cuarto día:

¡Oh santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar
por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario
de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de
veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus
enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la santa Iglesia, por
medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.


Quinto día:

¡Oh santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por
el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis
convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias
maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial
confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de
nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras
manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Sexto día:

¡Oh santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a
rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del
infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas
arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el
temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte
de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras
por su conversión


Séptimo día:

¡Oh santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a
rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas.
Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen
en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más
abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz,
para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.

Octavo día:

¡Oh santísima Virgen María!, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del
Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más
seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del
cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los
misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre
de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para
honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal
protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la
muerte.

Noveno día:

¡Oh santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima
para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la
devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino
para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la
más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia,
que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro
Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con
vuestro Hijo Jesús.


Oración final


¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la
salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del santísimo rosario
de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el
premio que prometen. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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