Moniciones, Lecturas, Evangelio y Reflexión Del Domingo de Ramos 29 De Marzo Del 2026 - Semana Santa



Índice del Artículo

SEMANA SANTA

DOMINGO DE RAMOS

Año "A"


DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR


Conmemoración de la entrada del Señor en JerusalénPrimera forma: Procesión


Hosanna al Hijo de David.
Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel.
Hosanna en las alturas.


 En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.


Queridos hermanos:
Después de haber preparado nuestros corazones
desde el comienzo de la Cuaresma,
por medio de la penitencia, la oración y las obras de caridad,
hoy nos congregamos para iniciar con toda la Iglesia,
la celebración del misterio pascual de nuestro Señor.
Este sagrado misterio se realiza por su muerte y resurrección;
para ello, Jesús ingreso en Jerusalén, la ciudad santa.
Nosotros, llenos de fe y con gran fervor,
recordando esta entrada triunfal,
sigamos al Señor para que, por la gracia que brota de su cruz,
lleguemos a tener parte en su resurrección y en su vida.


Oremos

Dios todopoderoso y eterno,
santifica con tu bendición + estos ramos
para que, cuantos seguimos con aclamaciones a Cristo Rey,
podamos llegar por él a la Jerusalén celestial.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.


Oremos.
Dios nuestro, aumenta la fe de cuantos esperamos en ti
y escucha nuestras súplicas,
para que, quienes hoy llevamos estos ramos
en honor de Cristo victorioso,
te presentemos el fruto de las buenas obras, unidos a él.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y rocía los ramos con agua bendita, en silencio.


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Rojo. Representa la sangre derramada por Cristo y su realeza como mártir supremo.
  • Signo principal: Los ramos bendecidos. No son amuletos, sino un sacramental que nos recuerda nuestra aclamación a Cristo como Rey de nuestra vida.
  • Actitud interior: Pasar del júbilo de la entrada triunfal en Jerusalén al recogimiento profundo y silencioso por la Pasión del Señor.
  • Liturgia de la Palabra: Hoy se lee la Pasión. Escuchémosla de pie, en actitud de profundo respeto y contemplación.

Citas Bíblicas del Día

Según el Calendario Litúrgico 2026 (Ciclo A):

  • Primera Lectura:  Lectura del libro del profeta Isaías     50, 4-7
  • Salmo 129, 7: SALMO     Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
  • Segunda Lectura : de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     2, 6-11
  • Evangelio Del dia de Hoy: Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     26, 3-5. 14-27, 66

Santo del Día

Aunque el Domingo de Ramos tiene precedencia litúrgica absoluta sobre cualquier otra celebración, el calendario romano recuerda hoy, 29 de marzo, a San Ludolfo de Ratzeburg (obispo y mártir del siglo XIII). Sin embargo, nuestra mirada y toda la liturgia de la Iglesia se centran hoy exclusivamente en Cristo sufriente, el Rey humilde que entra a Jerusalén para consumar su misterio pascual.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     21, 1-11



    Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.
    Y si alguien les dice algo, respondan: "El Señor los necesita y los va a devolver en seguida"».
    Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
    «Digan a la hija de Sión:
    Mira que tu rey viene hacia ti,
    humilde y montado sobre un asna,
    sobre la cría de un animal de carga».
    Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó.
    Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.
    La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
    «¡Hosana al Hijo de David!
    ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
    ¡Hosana en las alturas!».
    Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?".
    Y la gente respondía:
    «Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea.»

Palabra del Señor.


Monición de Entrada

Hermanos y hermanas, nos reunimos hoy para iniciar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la Pasión y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Él entró en Jerusalén, su ciudad, para realizar esta obra de salvación. Con fe y devoción, acompañemos al Señor en su entrada triunfal, para que, participando ahora de su cruz por la gracia, merezcamos un día tener parte en su resurrección y en su vida. Vivamos esta Eucaristía con el corazón abierto al asombro de un Dios que se entrega por amor.


Monición a la Primera Lectura

El profeta Isaías nos presenta la figura del "Siervo sufriente". Este siervo es dócil a la voz de Dios y, a pesar de la humillación, los golpes y los insultos, mantiene una confianza inquebrantable en que el Señor acudirá en su ayuda. Esta lectura es un retrato anticipado de Jesús, quien asume nuestro dolor con absoluta mansedumbre. Escuchemos con atención.


MISA


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura del libro del profeta Isaías     50, 4-7

El mismo Señor me ha dado
una lengua de discípulo,
para que yo sepa reconfortar al fatigado
con una palabra de aliento.
Cada mañana, Él despierta mi oído
para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído
y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban
y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba;
no retiré mi rostro
cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda:
por eso, no quedé confundido;
por eso, endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.


Salmo del Día de Hoy

SALMO Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


Monición a la Segunda Lectura del dia de Hoy

El apóstol San Pablo nos regala hoy uno de los himnos cristológicos más hermosos del Nuevo Testamento. Nos relata el "abajamiento" de Cristo: siendo Dios, se hizo hombre, esclavo, y obediente hasta la muerte en una cruz. Es un llamado a tener los mismos sentimientos de Cristo, renunciando a nuestro orgullo. Escuchemos.


Segunda Lectura Del Dia de Hoy

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos     2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina,
no consideró esta igualdad con Dios
como algo que debía guardar celosamente:
al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor
y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano,
se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,
para que al nombre de Jesús,
se doble toda rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:
«Jesucristo es el Señor.»

Palabra de Dios.


Monición del Evangelio

Nos disponemos ahora a escuchar el relato de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo. No es una simple narración de un hecho pasado, es el memorial del amor más grande, un amor que se entrega sin reservas. Permanezcamos de pie, con el corazón contrito, para contemplar el sacrificio redentor de Cristo.


VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.


Evangelio del Día de Hoy

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     26, 3-5. 14-27, 66

¿Cuánto me darán si lo entrego?

C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían:
S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo».
C. Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S. «¿Cuánto me darán si se lo entrego?»
C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?

C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús:
S. «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»
C. El respondió:
+ «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: "El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos".»
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me entregará

C. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo:
+ «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
C. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:
S. «¿Seré yo, Señor?»
C. El respondió:
+ «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
S. «¿Seré yo, Maestro?»
+ «Tú lo has dicho.»
C. Le respondió Jesús.

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo.»
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
+ «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre.»
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea.»
C. Pedro, tomando la palabra, le dijo:
S. «Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás.»
C. Jesús le respondió:
+ «Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.»
C. Pedro le dijo:
+ «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.»
C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Comenzó a entristecerse y a angustiarse

C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo:
+ «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.»
C. Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
+ «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo.»
C. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
+ «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
C. Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro:
+ «¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo,
ni siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»
C. Se alejó por segunda vez y suplicó:
+ «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad.»
C. Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo:
+ «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»

Se abalanzaron sobre Él y lo detuvieron

C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:
S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo.»
C. Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:
S. «Salud, Maestro.»
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
+ «Amigo, ¡cumple tu cometido!»
C. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:
+ «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?»
C. Y en ese momento dijo Jesús a la multitud:
+ «¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron.»
C. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso

C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo.
Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:
S. «Este hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días".»
C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?»
C. Ellos respondieron:
S. «Merece la muerte.»
C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:
S. «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó.»

Antes que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:
S. «Tú también estabas con Jesús, el Galileo.»
C. Pero él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé lo que quieres decir.»
C. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
S. «Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno.»
C. Y nuevamente Pedro negó con juramento:
S. «Yo no conozco a ese hombre.»
C. Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:
S. «Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona.»
C. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y saliendo, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre

C. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S. «He pecado, entregando sangre inocente.»
C. Ellos respondieron:
S. «¿Qué nos importa? Es asunto tuyo.»
C. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:
S. «No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre.»
C. Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado «del alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy «Campo de sangre.» Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compró el «Campo del alfarero», como el Señor me lo había ordenado.

¿Tú eres el rey de los judíos?

C. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:
S. «¿Tú eres el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:
S. «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:
S. «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?»
C. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.»
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato continuó:
S. «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Todos respondieron:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. El insistió:
S. «¿Qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:
S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.»
C. Y todo el pueblo respondió:
S. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo:
S. «Salud, rey de los judíos.»
C. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de
nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos bandidos

C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:
S. «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".»
C. También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactani?

C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ «Elí, Elí, lemá sabactani.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:
S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.»
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
S. «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»
C. Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.

José depositó el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo

C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.

Ahí tienen la guardia,
vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente

C. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, diciéndole:
S. «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: "A los tres días resucitaré". Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: "¡Ha resucitado!" Este último engaño sería peor que el primero.»
C. Pilato les respondió:
S. «Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente.»
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

Palabra del Señor.


O bien más breve:

¿Tú eres el rey de los judíos?

C. Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y  ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:
S. «¿Tú eres el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:
S. «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:
S. «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?»
C. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.»
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato continuó:
S. «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Todos respondieron:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. El insistió:
S. «¿Qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:
S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.»
C. Y todo el pueblo respondió:
S. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él.
Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo.
Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza,
pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él,
se burlaban, diciendo:
S. «Salud, rey de los judíos.»
C. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de
nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos bandidos

C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:
S. «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios".»
C. También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactani?

C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ «Elí, Elí, lemá sabactani.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:
S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.»
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
S. «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

A cada petición responderemos: Por la pasión de tu Hijo, escúchanos, Señor.

  1. Por la Iglesia universal, para que, al celebrar los misterios de la Pasión de Cristo, se renueve en su compromiso de amar y servir a los más pobres y descartados de la sociedad. Oremos.
  2. Por los líderes de las naciones, para que descubran en Cristo, el Rey pacífico y humilde, el modelo perfecto de autoridad vivida como servicio al bien común. Oremos.
  3. Por todos aquellos que buscan a Dios en la web, de manera especial por el apostolado digital de caminoyoracion.org, para que sus contenidos sean un faro de luz y esperanza que acerque a los corazones la verdad del Evangelio. Oremos.
  4. Por los que sufren enfermedades, soledad o incomprensión, para que encuentren consuelo al unir sus cruces a la Cruz de Cristo y experimenten la fuerza redentora de su amor. Oremos.
  5. Por nosotros, aquí reunidos, para que al levantar hoy nuestros ramos, levantemos también nuestro espíritu para seguir a Jesús incondicionalmente todos los días de nuestra vida. Oremos.

Monición de Presentación de Ofrendas

Junto con el pan y el vino, traigamos al altar nuestras propias vidas. Presentemos hoy nuestras cruces cotidianas, nuestros esfuerzos familiares, nuestras dudas y esperanzas. Que, al ser consagrados, el Señor transforme nuestro barro humano en ofrenda agradable al Padre, unidos al sacrificio redentor de su Hijo en la cruz.


Oración de Comunión Espiritual

(Para aquellos que no pueden recibir sacramentalmente a Jesús en este día)

Jesús mío, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. (Pausa en silencio). Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.


Reflexión del día: El Rey que reina desde el dolor de la Cruz

Hoy iniciamos la Semana Santa. Atrás quedan los ecos del júbilo y las palmas de la procesión de entrada; la liturgia, de manera abrupta, nos adentra en la densidad dramática de la Pasión según San Mateo. El aparente éxito de Jesús entre las multitudes cede rápidamente el paso al rechazo, al juicio injusto, al dolor y a la muerte. Esta tensión entre el triunfo efímero y la entrega definitiva en la cruz es el corazón de nuestra fe cristiana. Para entender este misterio, debemos mirar la Pasión no como una tragedia, sino como la manifestación suprema de la libertad de Dios. Como afirma el Papa Benedicto XVI en su obra Jesús de Nazaret: "Jesús no cae simplemente víctima de circunstancias desfavorables; Él asume el destino que le había sido trazado por los profetas" (Ratzinger, 2011, p. 195). Él entra en Jerusalén sabiendo lo que le espera. Su realeza no es de dominación política, sino de un amor que se vacía por completo para salvar al amado.

¿A quién seguimos realmente?

Hoy, en nuestras comunidades, hay muchos rostros, muchas realidades. Quizás eres un padre o una madre de familia que vive inmerso en la vorágine del trabajo y las responsabilidades, buscando hacer tiempo para Dios en medio de las facturas y el cansancio. A ti, Cristo hoy te muestra que su trono fue la obediencia cotidiana y su corona, la preocupación constante por los suyos. Tu labor silenciosa y abnegada por tu familia es una participación real en el abajamiento de Cristo que leíamos en la carta a los Filipenses. No subestimes el valor de tu sacrificio diario; en él, estás cargando la cruz junto al Nazareno.

Tal vez eres un joven o alguien en búsqueda de sentido, navegando entre promesas vacías del mundo que ofrecen placer rápido pero dejan un vacío inmenso en el alma. Al mirar a Jesús, clavado y burlado, vemos a un Dios que no nos ofrece respuestas fáciles tipo "baja de la cruz si eres el Hijo de Dios", sino que nos invita a descubrir el valor inmenso de la autenticidad y el compromiso. Jesús te mira hoy desde la cruz y te dice que tú vales toda su sangre. ¿Qué ideal en este mundo es más grande que entregar la vida por amor?

El consuelo en el sufrimiento

También sé que entre los que leen estas líneas hay corazones desgarrados por la enfermedad, la soledad o el duelo. A los ancianos que sienten el peso de los años o a quienes luchan con una salud frágil, el grito de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" resuena con un eco profundamente íntimo. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que "Cristo nos invita a tomar nuestra cruz y seguirle. Al asociarnos a su sacrificio redentor, le da un sentido nuevo" (CIC, 1992, núm. 618). Tu sufrimiento no es absurdo. Cuando parece que Dios está lejos, recuerda que el mismo Hijo de Dios experimentó esa oscuridad para que tú nunca más tengas que estar solo en tus momentos de Getsemaní.

Hoy, ante el drama del Gólgota, debemos preguntarnos: ¿Dónde estoy yo en este Evangelio? ¿Soy como Pilato, que se lava las manos ante la injusticia? ¿Soy como la multitud, que un día aclama y al otro condena según la moda? ¿O quiero ser como Simón de Cirene, ayudando a aliviar el peso de la cruz del prójimo?

Adentrarnos en la Semana Santa requiere silencio exterior e interior. No permitamos que estos días santos sean solo un fin de semana largo más. Contemplemos la cruz. En esa madera áspera está clavada la respuesta a todas nuestras angustias y la prueba del amor invencible de Dios. Que este Domingo de Ramos sea el comienzo de una verdadera conversión en nuestros corazones.


Monición de Despedida

Hermanos, la celebración de hoy marca apenas el inicio del gran misterio de nuestra redención. Hemos aclamado a Cristo como Rey y hemos meditado su dolorosa Pasión. Llevemos los ramos a nuestras casas no como adornos, sino como el testimonio vivo de que estamos dispuestos a seguir a Jesús durante toda esta Semana Santa y toda nuestra vida. Que la bendición de Dios nos acompañe y nos dé la fuerza para ser verdaderos cirineos en medio de nuestros hermanos. Vayamos en paz.


Referencias

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