Lecturas y Evangelio de hoy Domingo 31 de Mayo de 2026 - Solemnidad de la Santísima Trinidad

Lecturas y Evangelio de hoy Domingo 31 de Mayo de 2026 - Solemnidad de la Santísima Trinidad

Tips Litúrgicos del Día

  • Color Litúrgico: Blanco solemne en honor a la majestad y comunión perfecta de la Santísima Trinidad.
  • Foco de Meditación: El gran mandato misionero de Jesús: ir y hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
  • Actitud Espiritual: Postrarse en profunda adoración del Dios tres veces Santo y renovar con reverencia sincera nuestra señal de la Cruz.

Citas Bíblicas del Día

  • Primera Lectura: Lectura del libro del Deuteronomio     4, 32-34. 39-40 ()
  • Salmo Responsorial: Sal 32, 4-6. 9. 18-20. 22
  • Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo (a los cristianos de Roma    8, 14-17)
  • Evangelio del Día: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (28, 16-20)

Santo del Día: Solemnidad de la Santísima Trinidad

Índice del Artículo

La Solemnidad de la Santísima Trinidad, celebrada el domingo siguiente a Pentecostés, invita a contemplar el misterio central de la fe y de la vida cristiana: el misterio de Dios en sí mismo, comunión eterna de amor de tres Personas distintas: el Padre creador de bondad infinita, el Hijo redentor encarnado y el Espíritu Santo santificador vivificante. Esta solemnidad no es la celebración de una teoría abstracta, sino la conmemoración jubilosa del Dios cercano que nos ha revelado su rostro paternal, nos ha adoptado como verdaderos hijos en Cristo y habita en lo más íntimo de nuestras almas por la acción de su gracia, llamándonos a vivir la comunión y la caridad fraterna en nuestras relaciones humanas terrestres.

Monición de Entrada

¡Bienvenidos, hermanos y hermanas, a la solemne liturgia del Domingo de la Santísima Trinidad! Hoy la Iglesia nos invita a adentrarnos en el misterio más sublime y gozoso de nuestra fe: la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Un solo Dios en tres Personas divinas que no se encierra en su gloria trascendente, sino que sale al encuentro del hombre para adoptarlo como hijo y colmarlo de su paz eterna. Celebremos con inmenso gozo y devoción este encuentro sagrado.

Monición a la Primera Lectura

En la primera lectura, tomada del libro del Deuteronomio, contemplamos a Moisés exhortando vivamente al pueblo de Israel a recordar las maravillas históricas del Dios cercano que los liberó de la opresión. Un Dios que habla desde el fuego y combate con mano poderosa, demostrando que Él es el único Señor arriba en el cielo y abajo en la tierra. Escuchemos atentos.

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio     4, 32-34. 39-40 ()

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó
una cosa semejante.

¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir? ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y
prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?

Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios -allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra- y no hay otro.

Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Salmo Responsorial

Sal 32, 4-6. 9. 18-20. 22

R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

La palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

La palabra del Señor hizo el cielo,

y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;

porque él lo dijo, y el mundo existió,

él dio una orden, y todo subsiste. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor:

él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

Monición a la Segunda Lectura

La segunda lectura, tomada de la carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma, nos describe la maravillosa realidad de nuestra adopción filial. Por la acción santificadora del Espíritu Santo, ya no somos esclavos sometidos al temor, sino verdaderos hijos que pueden dirigirse al Creador llamándole con filial confianza ¡Abba! ¡Padre! Escuchemos con un corazón agradecido.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo (a los cristianos de Roma    8, 14-17)

Hermanos:

Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que
nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre!

El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos
con él para ser glorificados con él.

Monición del Evangelio

El Santo Evangelio según San Mateo nos presenta el momento solemne del envío misionero de los once discípulos por parte del Señor resucitado. Con el poder absoluto que le ha sido dado, Jesús les manda hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra, bautizándolos en el nombre sagrado de la Santísima Trinidad, prometiendo su presencia real hasta el fin del mundo. Nos ponemos de pie para acoger gozosos esta Palabra.

Evangelio del día

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (28, 16-20)

Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Oración de los Fieles

  • Por la Santa Iglesia de Dios, para que refleje ante el mundo entero la unidad perfecta y la caridad fraterna de las tres Personas divinas en su vida pastoral diaria.
  • Por todas las naciones de la tierra, para que los líderes políticos busquen decididamente la paz social, el entendimiento sincero entre los pueblos y el cese de toda guerra e injusticia.
  • Por todas las familias que experimentan falta de amor, divisiones dolorosas o abandono afectivo, para que el Dios Trino derrame en sus hogares la gracia de la comunión y la sanación recíproca.
  • Para que el portal digital evangelizador caminoyoracion.org continúe su valiosa misión de discipulado online, guiando a miles de almas diariamente hacia el misterio de la Santísima Trinidad.
  • Por cada uno de nosotros congregados en esta liturgia solemne, para que aprendamos a vivir en nuestra vida ordinaria familiar y laboral la comunión fraterna y el perdón generoso diario.

Monición de Presentación de Ofrendas

Presentamos ante ti, Padre Santo, estos dones de pan y vino al celebrar solemnemente el misterio de la Santísima Trinidad. Concede que, por el poder santificador de este sacrificio eucarístico, nuestras vidas enteras se conviertan en una continua alabanza de gloria grata a tu divina majestad.

Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a ti. Señor, no permitas que jamás me separe de ti. Amén.

Reflexión del día

La Solemnidad de la Santísima Trinidad nos introduce en el corazón mismo del misterio cristiano. Dios en su esencia no es un ser solitario, lejano o indiferente al dolor humano, sino una familia divina, una comunidad de amor recíproco infinito donde el Padre engendra al Hijo en una entrega total, y el Hijo responde con filial obediencia en el Espíritu Santo, lazo personal de amor subsistente. Este Dios trinitario, en su infinita bondad, decide abrir su intimidad misteriosa para hacernos partícipes de su propia vida de comunión. Por ello, la vida cristiana no consiste en cumplir una lista seca de normas éticas, sino en habitar dentro de este flujo de amor trinitario, transformando todas nuestras relaciones cotidianas en reflejo del misterio de la comunión celeste.

Moisés, en la primera lectura, conmueve al pueblo al recordarle la cercanía de Dios en su historia: '¿Pregúntale al tiempo pasado... si se oyó alguna vez una cosa semejante? ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego y pudo sobrevivir?'. Dios se revela en la historia no para atemorizarnos, sino para liberarnos del cautiverio del pecado y de las tinieblas de la desesperanza. San Pablo, en la segunda lectura, da un paso teológico monumental al revelar que el Espíritu Santo que habita en nosotros nos capacita para clamar ¡Abba! ¡Padre!. Este grito filial disipa todo temor de esclavitud y nos da la certeza de que somos verdaderos hijos y coherederos de Cristo. Dios es nuestro Padre compasivo, y ante su presencia sagrada desaparece la angustia existencial del desamparo afectivo en medio de las fatigas cotidianas.

Finalmente, el Evangelio de Mateo nos regala el solemne mandato misionero final del Resucitado: 'Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo'. El bautismo trinitario es la puerta de entrada a esta comunión mística. La misión que el Señor confía a la Iglesia y a cada bautizado no es una opción secundaria, sino una necesidad imperiosa que brota del amor: un amor trinitario que no puede contenerse y que necesita expandirse para la salvación de toda la humanidad. Jesús nos asegura su presencia inquebrantable en esta tarea: 'Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo'. Que al adorar hoy a la Santísima Trinidad, renovemos con inmensa gratitud nuestra señal de la Cruz y nos esforcemos por edificar hogares y comunidades basados en la caridad y la comunión verdadera.

Para profundizar en la meditación del día y fortalecer tu vida de fe, te invitamos a rezar el Santo Rosario, profundizar en el Evangelio de hoy y descubrir nuestra colección de oraciones para toda ocasión.

Monición de despedida

Habiendo sido alimentados con la mesa eucarística de la Trinidad santísima, regresemos a nuestros hogares bajo su bendición consoladora. Seamos mensajeros incansables de comunión, amor y perdón en nuestros hogares y puestos de trabajo, proclamando con gozo la paz divina que habita en nosotros.

Referencias

Ratzinger, J. (Papa Benedicto XVI). (2005). El Dios de Jesucristo: Meditaciones sobre el Dios Uno y Trino. Salamanca: Sígueme.

Conferencia Episcopal Argentina. (2010). Libro de la Sede y Liturgia de las solemnidades nacionales. Buenos Aires: CEA.

Evangelio del día en la Liturgia Oficial de la Iglesia. Recuperado de la fuente oficial y literal: https://www.curas.com.ar/Leccionarios/Dominical/4%20Pascua/LsmatrinidadB.htm

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