rito de admision a las sagradas ordenes del presbiterado y diaconado

Rito de Admisión a las Sagradas Ordenes del Presbiterado

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RITO DE ADMISIÓN A LAS SAGRADAS ÓRDENES

Presentación del aspirante

MONICIÓN

A continuación se dará inicio al rito de admisión a las Sagradas Órdenes. La Admisión es un rito que se realiza con la finalidad de manifestar el propósito y deseo, de aquellos que se preparan para el ejercicio del sacerdocio ministerial, de ser aceptados entre los candidatos a las Sagradas Órdenes.

Ha llegado el momento en que,  impulsado por el amor a Cristo y sintiéndose fortalecido por la acción íntima del Espíritu Santo, este hermano nuestro, debe manifestar públicamente, su deseo de consagrarse al servicio de Dios y de los hombres.

El Padre Rector N. llama a los que va a ser admitidos, los cuales se acercaran y manifestarán su propósito ante la Iglesia.

Padre Rector:

Acérquense el que va a ser admitido a las Sagradas Órdenes, N. y N. 

El que va a ser admitido responde:

Presente.

Padre Rector:

Reverendísimo Padre, estos hijos de la Santa Madre Iglesia, hoy se acercan libremente para pedir ser admitidos a las Sagradas Órdenes.

El obispo dice:

Con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador los aceptamos.

Luego tiene lugar la homilía.

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EXAMEN

El obispo se dirige a los aspirantes, con estas palabras:

Queridos hijos: los pastores y maestros a quienes se encomendó la tarea de vuestra formación y todos aquellos que te conocen han dado de ti buen testimonio; yo, por mi parte, confío plenamente en su parecer.

¿Estás dispuesto, pues, a responder a la llamada del Señor, llevando a término su preparación de tal forma que llegues a ser apto de recibir, cuando llegue el día, la ordenación sagrada y ejercer así el ministerio en la Iglesia?

El aspirante responde:

Sí, estoy dispuesto.

El obispo:

¿Estás dispuesto a ir formando tu espíritu de tal forma que puedas servir fielmente a Cristo, el Señor, y a su cuerpo, que es la Iglesia?

El aspirante responde:

Sí, estoy dispuesto.

El obispo añade:

La Iglesia recibe con gozo esta tu decisión; y Dios que comenzó en ti esta obra buena, él mismo la lleve a término.

El pueblo responde:

Amén.

Acto seguido el aspirante es ayudado a revestir con la sotana y el roquete.

MONICIÓN

A continuación el aspirante a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado, se revestirá con la vestimenta litúrgica propia del seminarista. En las celebraciones litúrgicas juega un papel significativo el ornamento, que sirve para distinguir la diversidad de ministerios.

Imposición de la Sotana

El padre del aspirante lleva en sus manos la sotana y ayuda a revestir a su hijo.

MONICIÓN

La sotana es una vestidura litúrgica talar, es decir; que llega hasta los talones, de color negro, significa purificación: “Ir muriendo al mundo”.

Imposición del Roquete

El aspirante sube al altar con sus padres. La madre lleva el roquete y se lo entrega al obispo, quien se lo impone. Le da el abrazo en señal de aceptación.

MONICIÓN

La palabra roquete proviene del latín medieval recchetum que significa “hábito”. El roquete es como un alba que llega hasta las rodillas, de color blanco, simboliza la pureza, alegría y servicio litúrgico.

Quienes reciben la sotana inician oficialmente la formación sacerdotal en el Seminario. Simboliza la muestra de la opción por la vocación al sacerdocio ministerial, y del despojo de todo aquello que pudiera impedir continuar satisfactoriamente el proceso formativo. 

La sotana no es sólo un signo externo; es un verdadero compromiso que exige la decisión voluntaria de comprometerse con el Señor, que es el que llama, y con la comunidad, que exige sinceridad y transparencia de vida.

Profesión de fe

Creo en Dios, Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos,

y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, 

la santa Iglesia católica, 

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

y la vida eterna. 

Amén  

Admisión y Plegaria universal

MONICIÓN

Hace tiempo, (Nombre del Aspirante), empezó su formación en vista a configurar su vida, cada vez más perfectamente con el espíritu evangélico, a fin de poder ser llamado un día por su Obispo al ministerio sagrado. Con este fin, se ha venido esforzando en vivir arraigado en la fe, esperanza y caridad; en adquirir, mediante el ejercicio de estas virtudes, el espíritu de oración y en crecer en su celo de ganar para Cristo a todos los hombres. Elevemos por él, nuestra oración.

Plegaria universal

El que va a ser admitido se arrodilla ante el obispo.

El obispo, sin mitra, invita a los fieles a orar diciendo:

Pidamos, queridos hermanos, a Dios nuestro Señor, que se digne bendecir a este hijo suyo que desea consagrarse al servicio de la Iglesia. 

A cada invocación aclamamos:

BENDICE, SEÑOR, A TU HIJO.

  1. Para que este hermano nuestro se una más íntimamente a Cristo y sea su testigo ante los hombres. Oremos.
  2. Para que sepa hacer suyas las preocupaciones de los hombres y esté siempre atento a escuchar la voz del Espíritu Santo. Oremos.
  3. Para que llegue a ser ministro de la Iglesia y, con su palabra y ejemplo, confirme a sus hermanos en la fe y los congregue para participar de la Eucaristía. Oremos.

Luego el obispo concluye con la siguiente oración sobre el admitido:

Escucha, Señor, nuestra plegaria, y dígnate bendecir + a este hijo tuyo que desea entregarse a ti para el servicio de tu pueblo; para que persevere en su vocación y unido con amor sincero a Cristo sacerdote, llegue a ser apto para recibir el ministerio pastoral. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

El pueblo responde:

Amén.

Se levantan el admitido y la celebración sigue como de costumbre.

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