REFLEXION EN LA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR (ciclo a)

Padre Jose Luis Toro
Pesebre Mérida Venezuela

En una coincidencia hermosa, que sucede algunas veces, la celebración de la Natividad del Señor se celebra este año en día domingo, el día del Señor; si bien el nombre de los días, los meses, los años, son producto de las culturas, son un indicativo que nos permiten navegar en la historia. Recordar y revivir algunos eventos nos fortalece para seguir construyendo la felicidad que, para nosotros los cristianos, es un don de Dios y una tarea a realizar.


Todo el misterio de la Navidad sobrepasa nuestra capacidad de análisis; para quienes no tienen fe les es fácil opinar, teorizar y sugerir explicaciones racionales, acerca de lo que celebramos los creyentes. Para nosotros es “la manifestación de la gracia salvadora” (Tit. 2,11) para toda la humanidad que se hace presente en un Niño “envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. Como esta pequeña reflexión está dirigida a quienes compartimos la fe, la esperanza y la caridad, hago públicos algunos ecos que suscita en mí, este hermoso acontecimiento.


Este año siento el regalo de unir el texto del evangelio de san Lucas que, en brevísimas palabras, constata el nacimiento de Dios, del Dios eterno, inmortal, todopoderoso, infinito, en medio nuestro, “María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” con el texto poético del prólogo del evangelio de san Juan nos dice: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”. El primer texto lo proclamamos en la llamada misa de la media noche y el segundo en lo que llamamos misa del día.


Dios, como Palabra, se hace carne y sangre humana; ¡la Palabra de Dios se deja envolver en pañales! El primer pañal es el pueblo de Israel con sus avatares; con sus cualidades y limitaciones; con sus éxitos y sus fracasos; con sus alegrías y tristezas. Un segundo pañal el texto escrito; Dios quiso que su Palabra fuese conservada en las estrecheces literarias que siempre limitan lo que se quiere expresar. Un tercer pañal las expresiones religiosas; a través de ellas queremos celebrar algo de la inmensa riqueza de la fe, la esperanza y la caridad. Y como estos, hay otros tantos “pañales” en los cuales nuestro Dios, el Dios lleno de amor y misericordia, ha querido estar con nosotros.


Ante este “adorable misterio” el corazón sabe responder mejor que nuestro intelecto; muchos místicos que recibieron el don de escribir poesías nos transmiten, en sus versos, esas vivencias íntimas de sentirse amados, cobijados, perdonados, salvados, por ese Dios envuelto en pañales. La adoración silenciosa y agradecida es una de las muchas respuestas que nos sentimos motivados a dar.


Otro eco es que debemos ir más allá de los pañales; muchas veces le damos más importancia a la envoltura que al regalo. Nos quedamos en el análisis de los textos bíblicos, en las tradiciones, en los ritos y nos olvidamos de la persona que está allí. Muchas de nuestras celebraciones navideñas corren el riesgo de quedarse sólo en lo externo; cabe entonces parafrasear la frase del evangelio: “esto es lo que hay practicar, sin descuidar aquello” (Mt 23,23). Si bien los pañales en los que quiso dejarse envolver el omnipotente, el todopoderoso, son para mostrarnos toda su misericordia y bondad, también son un elemento que nos debe ayudar para que la ternura misericordiosa, inscrita en nuestros corazones, nos mueva a actuar en bien de los demás.


Tener a Dios envuelto en pañales, tener la Palabra de Dios envuelta en nuestras manos, nos conmueve en lo más íntimo de nosotros mismos; de esa emoción adorante debemos pasar a la acción misericordiosa del servicio solidario; a la generosidad para con los otros; a la responsabilidad en nuestras tareas; al respeto profundo por la otra persona; a la oración personal de alabanza, adoración y agradecimiento. Como los pastores de Belén podemos regresar a nuestras actividades cotidianas, luego de celebrar el misterio de la Navidad, glorificando y alabando al Señor que nos muestra que la solución de los conflictos del mundo, está en dejarnos envolver por su Divina Ternura.
Pbro. Cándido Contreras (Diciembre, 2023)

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