II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia Moniciones, Evangelio y Reflexión del día de hoy 12 De Abril del 2026


Domingo de la Divina Misericordia

Índice del Artículo

Hoy concluimos la Octava de Pascua celebrando el segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia. Esta festividad, instituida por San Juan Pablo II siguiendo las revelaciones a Santa Faustina Kowalska, nos invita a sumergirnos en el océano de la piedad divina. Es el día en que las puertas del cielo se abren de par en par para derramar un perdón total sobre las almas que confían en el Resucitado.


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Blanco, símbolo de la luz y la pureza de la Resurrección.
  • Indulgencia Plenaria: Se concede hoy a los fieles que cumplan las condiciones habituales (confesión, comunión y oración por el Papa).
  • Signo de la Paz: El saludo central es "Paz a vosotros", el primer regalo del Resucitado.
  • La Secuencia: Aunque es opcional tras el domingo de Pascua, se recomienda para subrayar la solemnidad de la Octava.

Citas Bíblicas del Día

Según el calendario litúrgico oficial para el año 2026:

  • Primera Lectura: Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 42-47
  • Salmo Responsorial: SALMO     Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24
  • Segunda Lectura Del dia: Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     1, 3-9
  • Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 19-31

Santo del Día

Hoy celebramos a San José Moscati (1880-1927), conocido como el "médico de los pobres" en Nápoles. Fue un laico que combinó la ciencia médica con una fe ardiente y una caridad inagotable. Su vida encarna perfectamente la Misericordia Divina en acción: veía a Cristo en cada enfermo y nunca cobraba a los que no tenían recursos. Su ejemplo nos recuerda que la Resurrección se hace presente en la mano que cura y en el corazón que consuela.


Monición de Entrada

¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! Hermanos y hermanas, hoy llegamos al culmen de la Octava de Pascua celebrando el Domingo de la Divina Misericordia. Esta fiesta, nacida del deseo del Corazón de Jesús y entregada al mundo por San Juan Pablo II, es un refugio para todas las almas, especialmente para aquellas que se sienten agobiadas por el peso de sus culpas o el cansancio de la vida.

En un mundo marcado por el juicio y la falta de perdón, la Iglesia nos invita hoy a sumergirnos en el océano de la piedad divina. Jesús traspasa los muros de nuestras inseguridades, tal como lo hizo en el Cenáculo, para traernos su primer regalo pascual: la Paz. Iniciemos esta Eucaristía con la humildad de quien se sabe necesitado de Dios y la alegría de quien se sabe infinitamente amado. Que nuestra oración hoy sea un grito de confianza: "Jesús, en Ti confío".


Monición a la Primera Lectura

La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta hoy un ideal de vida que sigue interpelando nuestra modernidad. No es solo un relato de armonía, sino el testimonio de lo que sucede cuando la Misericordia de Dios se encarna en una comunidad.

Veremos a los primeros cristianos compartiendo sus bienes, su oración y su pan, demostrando que la Resurrección de Cristo tiene el poder de derribar los muros del egoísmo y la propiedad privada para construir la civilización del amor. Escuchemos este pasaje como un llamado a vivir hoy nuestra fe con coherencia y solidaridad.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 42-47

Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24


R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!


O bien:

Aleluia.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor! R.

Me empujaron con violencia para derribarme,
pero el Señor vino en mi ayuda.
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él. R.


Monición a la Segunda Lectura

San Pedro nos dirige hoy una carta llena de consuelo y esperanza. Él sabe que la fe no nos exime del sufrimiento, pero nos recuerda que nuestras pruebas son el fuego donde se acrisola nuestra confianza en Dios.

A través de sus palabras, descubrimos que somos herederos de una esperanza viva gracias a la Resurrección de Jesucristo. Aunque no lo veamos físicamente, el amor de Dios nos sostiene y nos llena de un gozo inefable. Prestemos atención a este mensaje que nos invita a mirar más allá de nuestras dificultades temporales, fijando los ojos en la meta de nuestra salvación.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro     1, 3-9

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.

Palabra de Dios.

R/Te Alabamos Señor


Monición del Evangelio

El Evangelio de San Juan nos sitúa en dos momentos cruciales: el envío de los apóstoles como administradores del perdón de Dios y el encuentro de Jesús con las dudas de Tomás.

Jesús no condena la incredulidad de su discípulo, sino que lo invita amorosamente a tocar sus llagas, recordándonos que nuestras propias heridas pueden ser el lugar del encuentro con la divinidad. Al ponernos de pie para el Aleluya, preparémonos para recibir al Resucitado que viene a derribar nuestras puertas cerradas y a enviarnos al mundo como testigos de su infinita misericordia.


ALELUIA     Jn 20, 29

Aleluia.
Ahora crees, Tomás, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!, dice el Señor.
Aleluia.


EVANGELIO DEL DIA DE HOY

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»
El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»
Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

R/. Por tu inmensa Misericordia, escúchanos Señor.

  • Por la Santa Iglesia de Dios: Para que, fortalecida por el Espíritu Santo, sea siempre un refugio de paz y perdón, donde cada pecador encuentre las puertas abiertas y el abrazo consolador del Padre. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes y líderes sociales: Para que la luz del Resucitado transforme los corazones endurecidos por el poder, y los guíe hacia decisiones marcadas por la compasión, la justicia y el cuidado de los más débiles. Roguemos al Señor.
  • Por los que viven "encerrados por miedo": Por quienes sufren ansiedad, depresión o soledad, para que el Señor atraviese los muros de sus temores y les regale su paz, dándoles la fuerza para volver a empezar. Roguemos al Señor.
  • Petición de caminoyoracion.org: Por todas las almas que hoy se sienten indignas de tu perdón debido a sus faltas pasadas; para que, al tocar espiritualmente tus llagas, exclamen con Santo Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!», y experimenten una sanación total. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial y virtual: Para que, a ejemplo de las primeras comunidades, vivamos con "un solo corazón y una sola alma", compartiendo con alegría nuestros dones y siendo testigos de la confianza en Ti. Roguemos al Señor.

Monición de Presentación de Ofrendas

Al presentar hoy el pan y el vino, presentamos también nuestra propia miseria humana ante el altar de Dios. Pedimos que, así como estos dones se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nuestras vidas sean transformadas por el Agua y la Sangre que brotaron del Corazón de Jesús como fuente de salvación. Que nuestra ofrenda sea el compromiso de ser, a partir de hoy, instrumentos de paz y perdón en nuestras familias y entornos de trabajo.


Oración de Comunión Espiritual

Señor Jesús, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven espiritualmente a mi corazón. Tú eres mi Señor y mi Dios. Límpiame de toda duda y lléname de tu infinita misericordia. Amén.


Reflexión del día: La llaga que cura el alma

Este Domingo de la Divina Misericordia nos recuerda que Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Para el profesional que carga con el estrés de sus fallos o el padre de familia que se siente insuficiente, el Evangelio de hoy es un grito de esperanza.

1. El miedo y la paz Los discípulos estaban "con las puertas cerradas por miedo". El miedo es el gran paralizador de la vida cristiana. Jesús no espera a que abramos la puerta; Él entra a pesar de nuestros cerrojos. Como enseñaba San Juan Pablo II en su encíclica Dives in Misericordia: "La misericordia es el atributo más grande de Dios... es el amor que se inclina sobre toda miseria humana" (1980, p. 13). La paz de Cristo es el antídoto contra el pánico existencial.

2. La pedagogía de las llagas Jesús invita a Tomás a tocar sus llagas. ¿Por qué el Resucitado conserva las marcas de la crucifixión? Porque son los títulos de propiedad de nuestra salvación. En nuestras propias heridas laborales, familiares o emocionales, Cristo se hace presente. Al tocar las llagas de Jesús, Tomás deja de ser un escéptico para convertirse en un adorador. Su confesión, "¡Señor mío y Dios mío!", es el acto de fe más alto de todo el Evangelio.

3. Testigos de la confianza "Dichosos los que crean sin haber visto". Este es un mensaje directo para nosotros, los cristianos de 2026. Nuestra fe no se basa en evidencias científicas, sino en el encuentro personal con el Amor. Ser testigos de la misericordia implica ser personas que no juzgan, que perdonan setenta veces siete y que, como la comunidad de los Hechos, viven con "alegría y sencillez de corazón".


Monición de despedida

Hermanos, la Octava de Pascua llega a su fin, pero el tiempo de la Misericordia es eterno. Nos vamos de aquí con la misión de ser "puertas abiertas" para los demás. Jesús nos ha dicho: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo".

Llevad a vuestros hogares la certeza de que Dios nos ama más de lo que nosotros nos amamos a nosotros mismos. Que vuestro testimonio de vida sea la prueba más clara de que Cristo vive. ¡Podéis ir en paz, Aleluya, Aleluya!


Referencias

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