Habemus beato

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DESDE MI PARROQUIA

por Padre Edduar Molina Escalona

Venezuela está de júbilo. El Santo de todos los tiempos y de todas las generaciones, el hijo de las tierras andinas, el médico de pobres y ricos, nuestro venerado Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, entra a formar parte de la lista gloriosa de los beatos que coronaron con su virtud probada, la santidad de una vida coherente entre la fe y las obras, convirtiéndolo así en poderoso intercesor de nuestra patria. En momentos de tanta dificultad su legado es un signo de renovada esperanza y clamor por una mayor justicia social y liberación nacional.

José Gregorio Hernández es hoy la mejor referencia del buen venezolano:

“bondadoso, virtuoso, de fe profunda, estudioso, creativo más allá de las limitaciones de su tiempo, es la mejor expresión de las raíces más populares de nuestro país”,

como lo describió nuestro Cardenal Baltazar Porras en su homilía al dar a conocer la noticia del decreto de su beatificación. Se abre al país una fuente de inspiración a seguir, vivir con el buen olor de José Gregorio nos dará a toda la oportunidad de reinventarnos un nuevo país en el que todos somos hermanos, en el que no haya ninguna división, donde sea más lo que nos une, que aquello que nos separa. Con sus grandes méritos de alumno destacado en París, bien pudo quedarse y realizarse como exitoso galeno en el viejo continente, pero siguió la recomendación de su madre de volver a su amada Venezuela para dar lo mejor, para entregar hasta su propia vida por sus hermanos en los que pudo cumplirse aquello que nos refiere el Evangelio estuve enfermo y viniste a socorrerme (Mt 25,35-46).

A muy temprana edad pierde a su madre, siendo enviado por su padre a la capital, para continuar su bachillerato y profesionalización en la Universidad Central. Es en 1888 cuando obtiene el título de Doctor en Medicina con altas distinciones, es el mismo año del inicio de la construcción del Hospital Vargas de Caracas, al que tanto sirvió con amor.

Con facilidad aprendió idiomas modernos y latín para estudiar a los clásicos de la medicina europea. Dedicó tiempo a la música y a lecturas religiosas. Se convirtió así en un verdadero sabio que sabe poner en dialogo el mundo de la ciencia y la investigación con el servicio a la vida de todos, empezando por los que no tienen posibilidad ninguna. Además de superar cualquier diferencia de credo o ideología con los colegas de su tiempo, pues para el médico Trujillano el fin de toda su ciencia era el ser humano al que hay que brindarle calidad de vida.

A lomo de mula, por los viejos caminos de recuas, con las inclemencias del tiempo y la falta de recursos económicos, no impidieron que entregara el oro y la plata de su corazón, vocación desbordante de humanidad y compromiso de destacado profesionalismo, todo ello animado por su fe que se encarnó en la vida de su gente para testimoniar el Evangelio vivo de Jesucristo: El amor.

Hoy sigue resonando el grito de la muchedumbre que acompañó su féretro cuando murió: “El Doctor Hernández es nuestro, en medio de un panorama desolador en el país, de los azotes de la pandemia, el cuarto beato venezolano nos mueve a proyectar al José Gregorio que llevamos todos dentro y nos invita a continuar su mejor recomendación: “Haz el bien”. La llegada a los altares del beato José Gregorio Hernández es fulgor de un nuevo amanecer que nos compromete a todos en la reconstrucción de un nuevo país.

Al igual que en nuestros tiempos, le correspondió la pandemia de la gripe española en un escenario de precariedad de los servicios sanitarios, alzando su voz de profeta con la denuncia y colocándose al frente de los que nunca tienen voz.

Durante los 23 años en que ejerció efectivamente la docencia universitaria, el doctor Hernández dictó un total de 32 cursos, en asignaturas de su competencia, con asistencia de 694 estudiantes. Hoy sigue impartiendo su perenne cátedra de servicio incondicional, amor y compasión por cada hermano de su amada Venezuela que recorre el mundo en busca en esperanza.


Durante estos nueve días previos a su beatificación del 30 de abril, tendremos una novena muy especial, cada día con una intención principal y encuentro de los niños, jóvenes, esposos, matrimonios, enfermos, estudiantes, médicos y personal de salud, migrantes y Venezuela para tomar todos del pozo de su santidad y dejarnos como él abrir a la acción del Espíritu Santo que nos transforme en instrumentos de sanación y consuelo para todos.

En 1972 la Santa Sede lo declaró Siervo de Dios, posteriormente en 1986 San Juan Pablo II firmó el decreto mediante el cual lo calificó como «venerable», segundo título en el camino hacia la santidad. Y este 30 de abril el Santo Padre Francisco lo eleva a la veneración de beato, a un paso para su canonización que, con la ayuda de Dios, sea en los próximos años, un verdadero don para una Venezuela que necesita ser curada y levantada de nuevo en la reconciliación y la unión de todos sus hijos.

Termino con las palabras de su colega, el Dr. Luis Razetti, (1919) “Fue un médico científico al estilo moderno, investigador penetrante en el laboratorio y clínico experto a la cabecera del enfermo, sabía dominar el microscopio y la probeta, pero también sabía dominar la muerte y vencerla.

Mérida, 18 de abril de 2021

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