Moniciones y Lecturas de hoy Sábado 21 de Febrero de 2026 - San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

Tips Litúrgicos del Día

Índice del Artículo

Color litúrgico morado: Nos recuerda que estamos en el tiempo penitencial de la Cuaresma, un llamado a la conversión interior.

Vivir el verdadero ayuno: Hoy la liturgia nos invita a pasar de la privación física a la caridad activa con el prójimo.

Día de reconciliación: Es un momento ideal para acercarnos al Sacramento de la Confesión, reconociendo que Dios llama a los pecadores.


Citas Bíblicas del Día

Según el calendario litúrgico para el año 2026:

Primera Lectura: Isaías 58, 9b-14 ("Si ofreces tu pan al hambriento, tu oscuridad será como el mediodía").

Salmo Responsorial: Salmo 85, 1-6 ("¡Enséñame tu camino, Señor!").

Evangelio: Lucas 5, 27-32 ("Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores").


Santo del Día

San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia. Nacido en Rávena (Italia) en el año 1007, San Pedro Damián fue un gran reformador de la Iglesia en tiempos de profunda crisis moral. Dejó una vida de comodidades para hacerse monje ermitaño, destacando por su rigurosa penitencia y su profundo amor a Cristo. Como Cardenal Obispo de Ostia, ayudó a varios Papas a purificar el clero y a devolverle a la Iglesia su vocación de santidad. Su vida nos enseña que la verdadera reforma comienza en el corazón de cada creyente mediante la oración, la humildad y el desapego de los bienes mundanos.


Monición de Entrada

(Nota: Aunque es feria de Cuaresma, incluimos esta monición por la relevancia espiritual de este sábado que sigue al Miércoles de Ceniza y la memoria de San Pedro Damián). Hermanos y hermanas, bienvenidos a esta celebración eucarística. Hoy, sábado después de Ceniza, el Señor nos hace una invitación radical a cambiar de vida. La liturgia de la Palabra nos mostrará que a Dios no le interesan las apariencias ni los rituales vacíos, sino un corazón compasivo y dispuesto a seguir a Jesús sin condiciones. Dispongamos nuestro espíritu para dejarnos encontrar por el Médico divino, que viene a sanar nuestras heridas y a sentarse a nuestra mesa. Nos ponemos de pie para recibir al celebrante.


Monición a la Primera Lectura

En la primera lectura, el profeta Isaías nos explica con claridad en qué consiste el verdadero ayuno que agrada a Dios. No se trata solo de dejar de comer, sino de romper las cadenas de la injusticia, compartir el pan y desterrar la palabra maligna de nuestra boca. Escuchemos con atención esta hermosa promesa de luz.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura del libro de Isaías 58, 9b-14

Así habla el Señor: Este es el ayuno que Yo amo: si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas». Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; Yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.

Palabra de Dios.


Salmo del Día de Hoy

Salmo

Sal 85, 1-6

R. ¡Enséñame tu camino, Señor!

Inclina tu oído, Señor, respóndeme, porque soy pobre y miserable; protégeme, porque soy uno de tus fieles, salva a tu servidor que en ti confía. R.

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día; reconforta el ánimo de tu servidor, porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan: ¡atiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica! R.


Monición del Evangelio

En el Evangelio de hoy contemplaremos la conmovedora llamada de Leví, el publicano. Jesús rompe los esquemas de su época y nos demuestra que su amor no excluye a nadie. Él viene a buscar a los enfermos del alma. Con el corazón abierto y dispuestos a levantarnos de nuestras propias "mesas de recaudación", aclamemos al Señor.


Evangelio del Día de Hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 27-32

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?» Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan».

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

Sacerdote: Hermanos, con la confianza de sabernos amados y llamados por el Señor a pesar de nuestras debilidades, presentemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre:

  1. Por la Iglesia, para que siga siendo un "hospital de campaña" que acoja con misericordia a todos los pecadores y los guíe hacia la sanación en Cristo. R. Te rogamos, Señor.
  2. Por los que gobiernan las naciones, para que sus políticas estén orientadas a "ofrecer su pan al hambriento" y reparar las brechas de la desigualdad. R. Te rogamos, Señor.
  3. Por todos aquellos que se sienten lejos de Dios, indignos de su amor o agobiados por sus faltas, para que escuchen la voz de Jesús que les dice: "Sígueme". R. Te rogamos, Señor.
  4. Por el proyecto de evangelización digital caminoyoracion.org, para que el Señor bendiga sus esfuerzos diarios, iluminando a miles de personas a través de la red y llevándoles consuelo, esperanza y una fe viva. R. Te rogamos, Señor.
  5. Por nosotros, aquí reunidos, para que vivamos una verdadera Cuaresma, alejando de nosotros la palabra maligna y siendo luz para nuestros hermanos. R. Te rogamos, Señor.

Sacerdote: Dios de bondad infinita, que no deseas la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, escucha las oraciones que te presentamos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Monición de Presentación de Ofrendas

Al acercarnos al altar para presentar el pan y el vino, entreguemos también nuestro deseo sincero de conversión. Que estas ofrendas representen nuestro esfuerzo por vivir el ayuno que agrada a Dios: la caridad, la justicia y la misericordia con nuestros hermanos.


Oración de Comunión Espiritual

Para aquellos que hoy no pueden recibir sacramentalmente al Señor, unámonos en esta comunión espiritual:

"Jesús mío, creo que estás real y verdaderamente en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén."


Reflexión del día

El Médico que busca a los Heridos

El Evangelio de este sábado nos regala una de las escenas más liberadoras de toda la Escritura. Jesús camina, fija su mirada en un recaudador de impuestos llamado Leví (Mateo) y le dice simplemente: "Sígueme". Esta mirada de Cristo es revolucionaria. En la época de Jesús, los publicanos eran considerados traidores y pecadores públicos, excluidos de la vida religiosa. Sin embargo, es precisamente en esa mesa de cobros, en medio de la miseria humana, donde ocurre el milagro de la vocación.

A menudo, muchas personas en nuestra sociedad actual se sienten exactamente como Leví. Madres y padres de familia agobiados por el ritmo frenético de la vida, jóvenes profesionales que sienten un vacío existencial inmenso a pesar del éxito, o personas mayores que miran su pasado con remordimiento. Existe un dolor silencioso en quienes creen que la Iglesia es un club de perfectos donde ellos, con sus heridas, divorcios, adicciones o pasados oscuros, no tienen lugar. Pero Jesús rompe este esquema farisaico con una declaración majestuosa: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos" (Lc 5, 31).

El Papa Francisco nos recuerda constantemente esta verdad fundamental de la doctrina católica: "La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas" (Francisco, 2013, Evangelii Gaudium, n. 47). Dios no nos llama porque seamos puros; nos llama para purificarnos. No nos elige por nuestros méritos, sino por nuestra necesidad de Él.

El Ayuno que Transforma Vidas

Esta misericordia incondicional, sin embargo, no es un permiso para permanecer en el pecado, sino un motor para la conversión. Leví lo dejó todo, se levantó y lo siguió. La verdadera sanación exige que nos levantemos de nuestras comodidades y egoísmos. Es aquí donde la Primera Lectura del profeta Isaías ilumina nuestra Cuaresma de forma magistral.

Isaías nos enseña que la religión que agrada a Dios no es la que se queda en el cumplimiento externo. Muchas veces podemos asistir a Misa, pero salir a criticar a nuestro vecino, vivir llenos de estrés maltratando a nuestra familia, o ignorar al pobre que pide en la calle. Dios dice claramente: "Este es el ayuno que Yo amo: si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna" (Is 58, 9).

San Juan Pablo II, meditando sobre la misericordia, afirmó que el amor de Dios "es capaz de restituir al hombre a sí mismo" (Juan Pablo II, 1980, Dives in Misericordia, n. 6). Cuando experimentamos que somos perdonados por el "Médico", nace en nosotros el deseo irresistible de perdonar y ayudar a otros. El verdadero ayuno cuaresmal cura nuestra propia alma.

Reparadores de Brechas en el Siglo XXI

En un mundo donde las personas sufren de ansiedad, soledad y depresión, nosotros los cristianos estamos llamados a ser "Reparadores de brechas" (Is 58, 12). Esa es nuestra misión hoy. Si te sientes lejos de Dios, recuerda que Él está sentado a tu mesa, esperando que le ofrezcas un banquete, así como hizo Leví. Si sientes que tu vida espiritual es rutinaria, atrévete a mirar las heridas de los demás.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que el llamado de Cristo a la conversión sigue resonando incesantemente en la vida de los cristianos, siendo esta una tarea ininterrumpida de toda la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica [CEC], 1992, n. 1428). No tengas miedo de tu debilidad. Deja que la luz del Señor, como promete Isaías, convierta tus tinieblas en mediodía. Levántate de tu mesa y síguelo.

Monición de Despedida

Hermanos, alimentados por la Palabra y la compasión del Señor, volvemos a nuestras actividades cotidianas. Salgamos de esta celebración con la alegría de sabernos amados y perdonados por Dios. Que durante este tiempo de Cuaresma podamos ser verdaderos "reparadores de brechas", llevando el pan al hambriento y la luz de Cristo a los que viven en la oscuridad. Que el Señor los acompañe. Podemos ir en paz.


Referencias

Las lecturas litúrgicas han sido tomadas de Libros Litúrgicos - Curas.com.ar. Recuperado de https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/

Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). La Penitencia interior (n. 1428). Vaticano: Librería Editrice Vaticana. Recuperado de https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c2a4_sp.html

Francisco, P. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (n. 47). Vaticano: Librería Editrice Vaticana. Recuperado de https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

Juan Pablo II, P. (1980). Carta Encíclica Dives in Misericordia (n. 6). Vaticano: Librería Editrice Vaticana. Recuperado de https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30111980_dives-in-misericordia.html

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