Moniciones Lecturas y Reflexion del dia de hoy Sabado 28 de Junio del 2025 - INMACULADO CORAZÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, o SAN IRENEO, obispo, mártir y doctor de la Iglesia




Tips Litúrgicos del dia de Hoy

Según indica el Leccionario de la misa, cuando la memoria delInmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María coincide con otra memoria obligatoria, ambas se considerarán libres.


CALENDARIOS:

Claretianos, Congregación de los Sagrados Corazones y Misioneras del Corazón de María: Inmaculado Corazón de la bienaventurada
Virgen María (S). Franciscanas de los Sagrados Corazones: (F).
Iesu Communio: San Ireneo, obispo, mártir y doctor de la Iglesia (S).
Vic: Aniversario de la muerte de Mons. José María Guix Ferreres, obispo, emérito (2009).


28 SÁBADO. Después de la Hora Nona:
DECIMOTERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Primera semana del Salterio
Misa de la vigilia de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles (rojo).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. propio como en la misa del día, conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.

Lecturas

  • Hch 3, 1-10. Te doy lo que tengo: en nombre de Jesús, levántate y anda.
  • Sal 18. R. A toda la tierra alcanza su pregón.
  • Gal 1, 11-20. Dios me escogió desde el seno de mi madre.
  • Jn 21, 15-19. Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas.
    Liturgia de las Horas: I Vísp. de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles. Comp. Dom. I.


Lecturas del Dia de Hoy:

1ª Lectura del dia de hoy : - Gen 18, 1-15. ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva
a visitarte, Sara habrá tenido un hijo.

Salmo del dia de Hoy: - Salmo: Lc 1, 46-50. 53-55. R. El Señor se acuerda de su misericordia.

2ª Lectura Del Dia de Hoy: -Rom 5, 5b-11. Dios nos demostró su amor.

Evangelio del dia de Hoy: - Lc 2, 41-51. Conservaba todo esto en su corazón.
o bien: cf. vol. IV.


Monición de Entrada

¡Queridos hermanos y hermanas, sean todos bienvenidos a nuestra celebración eucarística! Hoy, la Iglesia nos presenta una hermosa dualidad para nuestra contemplación. Podemos recordar el Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María, un corazón que, como veremos en las lecturas, supo guardar y meditar la Palabra de Dios con profunda fe. Al mismo tiempo, también tenemos la oportunidad de honrar a San Ireneo, obispo, mártir y Doctor de la Iglesia, un valiente defensor de la verdad y la tradición apostólica en los primeros siglos del cristianismo.

Mientras nos preparamos para escuchar la Palabra que el Señor nos dirigirá en las lecturas de este día, unamos nuestros corazones. Pidamos la gracia de abrirnos a su mensaje, de fortalecer nuestra fe y de renovar nuestro compromiso con el camino que Él nos traza.

De pie, comencemos nuestra celebración.


Monición a la Primera Lectura Génesis 18, 1-15

En este pasaje del libro del Génesis, somos testigos de la generosidad y hospitalidad de Abraham al recibir a tres visitantes misteriosos. A través de este encuentro, se nos revela una promesa asombrosa: Sara, en su vejez, concebirá un hijo. La risa de incredulidad de Sara, propia de la fragilidad humana, es confrontada por la pregunta divina: "¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?". Esta lectura nos invita a reflexionar sobre la omnipotencia de Dios y nuestra capacidad de fe ante lo que humanamente parece imposible.


Primera Lectura del Dia de Hoy

Lectura del libro del Génesis 18, 1-15

El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su tienda, a la hora más calurosa del día. Alzó la vista y vio a tres hombres de pie frente a él. Al verlos, corrió desde la entrada de su tienda a su encuentro y se postró en tierra.

Dijo: "Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo. Dejad que os traigan un poco de agua, lavaos los pies y descansad bajo el árbol. Traeré un bocado de pan para que os confortéis, y luego podréis seguir vuestro camino, ya que habéis pasado por la casa de vuestro siervo." Ellos respondieron: "Haz como has dicho."

Abraham fue aprisa a la tienda de Sara y le dijo: "Date prisa, toma tres medidas de flor de harina, amásala y haz tortas." Después, Abraham corrió al rebaño, tomó un ternero tierno y bueno y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo. Tomó también cuajada y leche, junto con el ternero que había preparado, y lo puso delante de ellos. Él se quedó de pie junto a ellos bajo el árbol, mientras comían.

Le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?" Él respondió: "Aquí en la tienda." Entonces uno de ellos dijo: "Volveré a visitarte dentro de un año por estas fechas, y Sara, tu mujer, tendrá un hijo." Sara estaba escuchando a la entrada de la tienda, detrás de él.

Abraham y Sara eran ya ancianos, de edad muy avanzada; y a Sara le había cesado ya lo acostumbrado en las mujeres. Sara rió para sus adentros, diciendo: "¿Ahora que soy vieja, y mi señor también es viejo, voy a sentir placer?"

Pero el Señor dijo a Abraham: "¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: '¿Será verdad que voy a dar a luz, siendo ya vieja?' ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a visitarte dentro de un año por estas fechas, y Sara tendrá un hijo."

Sara negó, diciendo: "No me he reído," porque tuvo miedo. Pero él dijo: "Sí, te has reído."

Palabra de Dios.

R/ Te Alabamos Señor


Salmo Responsorial Lucas 1, 46-50. 53-55

R. El Señor se acuerda de su misericordia.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

R. El Señor se acuerda de su misericordia.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

R. El Señor se acuerda de su misericordia.

A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia para siempre.

R. El Señor se acuerda de su misericordia.


Monición al Evangelio San Lucas 2, 41-51

El Evangelio de Lucas nos presenta un episodio único de la infancia de Jesús: su pérdida y hallazgo en el templo de Jerusalén a los doce años. Este relato nos ofrece una primera vislumbre de la conciencia de Jesús sobre su misión y su relación filial con el Padre. Mientras sus padres lo buscaban angustiados, él estaba "en las cosas de su Padre", escuchando y enseñando a los maestros. La frase final, "Su madre conservaba todo esto en su corazón", resalta la fe meditativa de María, que atesora y discierne los misterios de su Hijo. Este pasaje nos invita a buscar a Jesús incansablemente y a entender que nuestra vida debe estar centrada en la voluntad de Dios.


Evangelio del día de Hoy


Lectura del santo evangelio según San Lucas 2, 41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre. Cuando terminaron los días de la fiesta, al regresar ellos, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Creyendo que estaba en la caravana, anduvieron un día de camino; y lo buscaron entre los parientes y conocidos.

Al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén buscándolo. Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

Al verlo, sus padres se quedaron admirados, y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados." Él les respondió: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que tengo que estar en las cosas de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron lo que les decía. Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor

R/Gloria a ti Señor


Oración de los Fieles

Celebrante: Hermanos y hermanas, con la confianza de hijos e hijas, elevemos nuestras súplicas al Padre, unidos a la Bienaventurada Virgen María, cuyo Corazón Inmaculado nos enseña a guardar su Palabra, y al glorioso San Ireneo, fiel testigo de la Tradición.

Monitor/Lector: A cada petición responderemos: "Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia."

  1. Por la Santa Iglesia de Dios, para que, siguiendo el ejemplo de San Ireneo, se mantenga firme en la fe apostólica, proclame con celo la verdad del Evangelio y sea siempre guía segura para todos los pueblos. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.
  2. Por los líderes del mundo y por todos los que tienen responsabilidades públicas, para que actúen siempre con justicia, busquen la paz y promuevan la dignidad de cada persona, especialmente de los más vulnerables. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.
  3. Por las familias, para que, imitando a María, que conservaba todo en su corazón, acojan la Palabra de Dios y eduquen a sus hijos en el amor, la fe y el servicio. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.
  4. Por los enfermos, los que sufren, los desanimados y por todos aquellos que se sienten solos o desesperanzados; para que encuentren consuelo en la cercanía de Cristo y la ayuda de sus hermanos. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.
  5. Por la página "Camino y Oración", por todos los que la sostienen con su trabajo y dedicación, y por quienes la visitan; para que sea siempre un instrumento eficaz de evangelización, formación y encuentro con Dios, guiando a muchos a la fe y la oración profunda. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.
  6. Por nosotros aquí reunidos, para que, como Abraham y Sara, creamos en las promesas de Dios, y como el Niño Jesús en el Templo, busquemos siempre "las cosas del Padre", confiando en que nada es demasiado difícil para el Señor. Oremos. R. Escúchanos, Señor, por tu gran misericordia.

Celebrante: Padre Santo, tú que has manifestado tu poder y tu amor en la fe de la Virgen María y en el celo apostólico de San Ireneo, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos lo que te pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Monición de las Ofrendas

En este momento, presentamos ante el altar el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo del hombre, que se convertirán para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Junto con estas ofrendas, entreguemos al Señor nuestras vidas, nuestros anhelos y nuestros sacrificios. Que, como Abraham que ofreció lo mejor de su rebaño, también nosotros presentemos nuestro corazón con generosidad, confiando en que Dios lo transformará para su gloria.


Monición de Comunión

Hemos sido invitados a la mesa del Señor, donde Jesús mismo se nos da como alimento de vida eterna. Al igual que María guardaba en su corazón todos los acontecimientos de Jesús, acerquémonos a recibirlo con fe profunda, permitiendo que su presencia nos transforme y nos impulse a llevar su amor al mundo. Que este encuentro nos fortalezca en el camino de la santidad y nos haga más semejantes a Él.


Monición de Despedida

Hemos sido alimentados por la Palabra y el Pan de Vida. Vayamos ahora en paz, llenos de la gracia de Dios, para anunciar con alegría lo que hemos vivido y celebrado. Que la fe inquebrantable de la Virgen María y el celo de San Ireneo nos inspiren a ser testigos valientes del Evangelio en nuestras vidas diarias. Que el Señor nos acompañe y su paz permanezca siempre con nosotros. Podemos ir en paz. en nuestros corazones la llama de su amor, para que, con nuestras palabras y nuestras obras, seamos verdaderos discípulos y testigos de su bondad en cada lugar y en cada encuentro. Vayamos en paz para glorificar al Señor con nuestras vidas.


Reflexión del dia de Hoy SABADO DE LA XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO


Reflexión sobre la Primera Lectura: Génesis 18, 1-15

Esta narración del Génesis es una de las más bellas y profundas sobre la hospitalidad y la fe. Abraham, un anciano patriarca, se muestra generoso al acoger a tres misteriosos visitantes, sin saber que entre ellos se encuentra el mismo Señor. Su prontitud y diligencia en el servicio son un modelo de cómo debemos acoger a Dios en nuestras vidas, a menudo disfrazado en el rostro del prójimo o en los eventos inesperados.

El punto central de esta lectura es la promesa de un hijo a Sara, quien, ya anciana y más allá de la edad de la maternidad, ríe ante la noticia. Su risa no es de burla, sino de incredulidad, de asombro ante lo humanamente imposible. Es en este momento donde resuena la pregunta trascendental de Dios: "¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?"

Esta pregunta no es solo para Sara; es para cada uno de nosotros. ¿Cuántas veces nos hemos enfrentado a situaciones que parecen sin salida, a sueños que parecen inalcanzables, a problemas que nos superan? La respuesta divina es clara: para Dios no hay imposibles. Él opera más allá de nuestras lógicas humanas y de las limitaciones de la naturaleza. La promesa se cumple: un año después, Sara tendrá un hijo, Isaac, cuyo nombre significa "risa", un recordatorio perpetuo de la risa de incredulidad que se transformó en risa de gozo y fe. Esta lectura nos llama a renovar nuestra fe en el poder ilimitado de Dios y a confiar en que Él puede hacer maravillas en nuestra vida, incluso cuando todo parece ir en contra de la razón.


Reflexión sobre el Salmo Responsorial: Lucas 1, 46-50. 53-55 (El Magníficat)

El Magníficat de María es uno de los cánticos más revolucionarios y proféticos de toda la Escritura. No es solo la expresión de la alegría de una joven embarazada, sino la alabanza de una mujer que ha comprendido la dinámica del Reino de Dios y el plan de salvación.

María proclama la grandeza de un Dios que "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes", que "colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos". Es una inversión radical de los valores mundanos. El Dios que se acuerda de su misericordia no es un Dios de poder opresor, sino de justicia redentora que eleva a los pequeños y desposeídos.

La respuesta del salmo, "El Señor se acuerda de su misericordia", resume el corazón del mensaje de María. La misericordia de Dios no es una compasión superficial, sino una fidelidad activa a sus promesas, una intervención constante en la historia para salvar a su pueblo. Esta reflexión nos invita a unirnos a María en su alabanza, a reconocer las grandes obras que Dios ha hecho y sigue haciendo en nuestras vidas, y a adoptar la perspectiva de los humildes y los necesitados, porque es a ellos a quienes Dios mira con especial predilección. Nos llama a tener un corazón agradecido y a confiar en la fidelidad eterna de Dios.


Reflexión sobre el Evangelio: Lucas 2, 41-51

Este pasaje nos ofrece la única ventana a la infancia de Jesús en los Evangelios, más allá de los relatos de su nacimiento. El episodio del hallazgo en el Templo es crucial porque nos revela la primera indicación pública de la conciencia que Jesús tiene de su misión y de su filiación divina.

La angustia de María y José al buscar a Jesús durante tres días es profundamente humana. Imaginen la preocupación de unos padres al perder a su hijo, especialmente en una ciudad bulliciosa como Jerusalén durante la Pascua. Su búsqueda desesperada culmina al encontrarlo en el Templo, el lugar de la presencia de Dios, donde Jesús está inmerso en una profunda conversación con los maestros, escuchando y preguntando, asombrándolos con su inteligencia.

La respuesta de Jesús a su madre, "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que tengo que estar en las cosas de mi Padre?", es desconcertante para ellos en ese momento. No comprendieron plenamente sus palabras, porque la revelación de la divinidad de Jesús era un proceso gradual, incluso para sus padres. Esta frase, sin embargo, es una clave para toda la vida de Jesús: su existencia estaba y estaría siempre centrada en la voluntad de su Padre.

Finalmente, la lectura nos dice que Jesús regresó con ellos a Nazaret y les estaba sujeto. Esto nos muestra el perfecto equilibrio entre su conciencia divina y su obediencia filial. Y la frase final, "Su madre conservaba todo esto en su corazón", es una invitación poderosa para nosotros. María no lo comprendió todo al instante, pero guardó, meditó y ponderó en su corazón los misterios de su Hijo. Nos enseña a acoger la Palabra de Dios, incluso cuando no la entendemos completamente, a rumiarla en nuestro interior y a confiar en que con el tiempo, el Espíritu Santo nos irá revelando su significado. Nos anima a la paciencia, a la fe contemplativa y a una obediencia amorosa a la voluntad divina.



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