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Lecturas y Evangelio de hoy Viernes 28 de Agosto de 2026 - San Agustín de Hipona

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Índice del Artículo

Tips Litúrgicos del Día

Viernes de la Vigésima Primera Semana del Tiempo Ordinario (Año Par).
Memoria Obligatoria de San Agustín de Hipona, Obispo y Doctor de la Iglesia.
• Hoy se conmemora especialmente a Santa Mónica, madre de San Agustín (en algunas regiones).
• El color litúrgico es blanco por la memoria del Santo.
• Hoy es un día propicio para confesar nuestros pecados y buscar la conversión, como San Agustín.
• Si puedes, asiste a Misa y lee el Evangelio del día con atención a la parábola de las diez vírgenes.

Citas Bíblicas del Día

Primera Lectura (1 Cor 1, 17-25): “Pues la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, es decir, para nosotros, es fuerza de Dios”. (v. 18).
Salmo Responsorial (Sal 33 [32], 4-5. 18-19. 20-22): “Que tu misericordia, Señor, esté sobre nosotros, como lo esperamos de ti”. (v. 22).
Evangelio (Mt 25, 1-13): “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”. (v. 13).

Santo del Día: San Agustín de Hipona

Hoy celebramos a San Agustín (354-430), uno de los más grandes teólogos y Doctores de la Iglesia. Nacido en Tagaste (África del Norte), vivió una juventud turbulenta y alejada de Dios, pero las oraciones de su madre, Santa Mónica, y la predicación de San Ambrosio lo llevaron a la conversión en el año 386. Su obra “Confesiones” es un clásico de la espiritualidad y su teología marcó profundamente el pensamiento cristiano occidental. Agustín fue obispo de Hipona y defendió la fe contra herejías como el maniqueísmo y el pelagianismo. Su fiesta nos recuerda que Dios siempre nos espera y que la gracia puede transformar incluso al pecador más obstinado. “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé” (Confesiones, Libro X, cap. 27).

Monión de Entrada

Queridos hermanos y hermanas, hoy la Iglesia celebra con gozo la memoria de San Agustín, un hombre que buscó incansablemente la verdad hasta encontrarla en Cristo. En este día, somos invitados a entrar en la presencia del Señor con humildad y confianza, recordando que Él nos conoce y nos espera con amor. Dispongamos nuestro corazón para escuchar su Palabra y dejarnos transformar por su gracia. Comencemos esta Eucaristía con alegría y acción de gracias.

Monión a la Primera Lectura

En la primera lectura de hoy, San Pablo nos habla del contraste entre la sabiduría humana y la locura de la Cruz. Para el mundo, la cruz es un escándalo, pero para nosotros es el poder de Dios que salva. Escuchemos con atención cómo Dios confunde la sabiduría de los sabios y elige lo débil para avergonzar a los fuertes.

Primera Lectura (1 Cor 1, 17-25)

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios.

Hermanos: Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y no con elocuencia humana, para no vaciar de su sentido la cruz de Cristo. Pues la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, es decir, para nosotros, es fuerza de Dios. Pues está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios, y anularé la inteligencia de los inteligentes”. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de este mundo? ¿Acaso no ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? Y como el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en la sabiduría divina, quiso Dios salvar a los creyentes por la necedad de la predicación. Porque los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados, judíos y griegos, Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial (Sal 33 [32], 4-5. 18-19. 20-22)

R. Que tu misericordia, Señor, esté sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Porque la palabra del Señor es recta, y todas sus obras son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, esté sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

Monión a la Segunda Lectura

No hay segunda lectura en este día, ya que es tiempo ordinario y la liturgia nos ofrece una sola lectura del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento, seguida del Evangelio. Hoy escuchamos la primera carta a los Corintios y el Evangelio de Mateo.

Monión al Evangelio

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola de las diez vírgenes, una llamada urgente a la vigilancia y a la preparación constante. Jesús nos enseña que no sabemos ni el día ni la hora de su venida. Que esta palabra despierte en nosotros un deseo sincero de vivir en gracia y fidelidad.

Evangelio del Día (Mt 25, 1-13)

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “El reino de los cielos se parece a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco eran necias y cinco eran prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero no llevaron aceite consigo; las prudentes llevaron aceite en sus vasijas, junto con sus lámparas. El esposo tardaba, y todas se adormilaron y se durmieron. A medianoche se oyó un grito: ‘¡Aquí está el esposo! Salgan a su encuentro’. Entonces todas aquellas doncellas se despertaron y arreglaron sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: ‘Denos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes respondieron: ‘No, porque no alcanzará para nosotras y para ustedes. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras doncellas, diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad les digo que no las conozco’. Por tanto, velen, porque no saben ni el día ni la hora”.

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

Presidente: Oremos, hermanos, al Dios de la misericordia, que nos llama a la vigilancia y nos fortalece con su gracia.

1. Por la Iglesia santa de Dios, para que, iluminada por el Espíritu Santo, sea siempre fiel al Evangelio y anuncie con valentía la verdad de Cristo. R. Señor, escúchanos.

2. Por nuestro Papa, los obispos y los sacerdotes, para que, como San Agustín, sean pastores sabios y humildes que guíen al pueblo de Dios hacia la verdadera vida. R. Señor, escúchanos.

3. Por todos los que buscan a Dios con sinceridad, especialmente aquellos que se sienten lejos de Él, para que encuentren en la comunidad cristiana un lugar de acogida y de esperanza. R. Señor, escúchanos.

4. Por los que sufren por causa de su fe, perseguidos o marginados, para que el Espíritu Santo les dé fortaleza y consuelo en la tribulación. R. Señor, escúchanos.

5. Por todos nosotros, para que, como las vírgenes prudentes, llevemos siempre el aceite de la fe, la esperanza y la caridad, y estemos preparados para el encuentro con el Señor. R. Señor, escúchanos.

6. Por los que visitan nuestra web caminoyoracion.org, para que encuentren en estos recursos un medio para crecer en la oración y en el amor a Dios. R. Señor, escúchanos.

Presidente: Padre santo, que conoces el corazón de cada uno, recibe estas súplicas que te presentamos con fe y confianza, y concédenos la gracia de vivir vigilantes en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Monión de Presentación de Ofrendas

Llevemos al altar el pan y el vino, signos de nuestro trabajo y de nuestra vida. Que el Señor acepte estos dones y los transforme en alimento de vida eterna. Ofrezcamos también nuestro deseo de ser dóciles a su Palabra, como San Agustín, que entregó su corazón inquieto hasta descansar en Dios.

Oración de Comunión Espiritual

Mientras el sacerdote parte el pan, podemos rezar con fe:

Creo en ti, Señor Jesús, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Me uno a ti como si ya te hubiera recibido, y no permitas que jamás me separe de ti. Amén.

Reflexión del Día: Vigilar con el aceite de la fe

La parábola de las diez vírgenes nos confronta con una pregunta esencial: ¿estamos realmente preparados para el encuentro con el Señor? No se trata de un miedo paralizante, sino de una vigilancia activa, como la de San Agustín, que después de su conversión vivió cada día buscando a Dios con intensidad. La fe no es un evento del pasado, sino una relación viva que se alimenta cada día.

En nuestra comunidad hispana, sabemos lo que es esperar, luchar y mantener la esperanza. Muchos de nosotros hemos dejado atrás nuestras tierras, nuestras familias, para buscar un futuro mejor. Esa espera activa es un reflejo de la vigilancia cristiana: no nos quedamos dormidos ante las dificultades, sino que mantenemos encendida la lámpara de la fe con la oración, la participación en la Eucaristía y la caridad con los demás.

San Agustín, en sus Confesiones, escribe: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Libro I, cap. 1, p. 45). Esta inquietud no es angustia, sino un anhelo profundo de plenitud que solo Dios puede saciar. Hoy, en medio de nuestras ocupaciones y preocupaciones, Jesús nos dice: “Velen” (Mt 25, 13). No es una invitación a la ansiedad, sino a la confianza. Sabemos que el esposo viene, y queremos estar listos para abrirle la puerta.

¿Cómo mantenemos el aceite de nuestra lámpara? El aceite son las buenas obras, la oración fiel, la escucha de la Palabra y los sacramentos. En la vida diaria, esto se traduce en gestos concretos: perdonar a quien nos ha ofendido, ayudar al necesitado, educar a nuestros hijos en la fe, participar en la vida de la parroquia. No podemos dar a otros lo que no tenemos: por eso, primero debemos llenar nuestras vasijas con la gracia de Dios, para poder irradiarla a los demás.

Hoy, al celebrar a San Agustín, recordamos que la santidad no es perfecta, sino perseverante. Agustín cayó muchas veces, pero se levantó y siguió adelante. Nosotros también podemos caer, pero la misericordia de Dios es más grande que nuestros pecados. Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de la perseverancia final, para que, cuando Él venga, nos encuentre con las lámparas encendidas y el corazón lleno de amor.

Monión de Despedida

Que el Señor, que nos ha reunido en esta celebración, nos bendiga y nos guarde. Imitemos a San Agustín en su búsqueda sincera de la verdad y en su amor a la Iglesia. Llevemos la paz de Cristo a nuestros hogares y seamos testigos de su esperanza en el mundo. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, nos acompañe en nuestro caminar. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Referencias

Agustín de Hipona. (2010). Confesiones (Trad. A. Encinas). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original publicada ca. 400).

Conferencia Episcopal Española. (2026). Leccionario I: Tiempo Ordinario. Ediciones Sígueme.

Papa Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Libreria Editrice Vaticana.

San Pablo. (s.f.). Primera Carta a los

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