Moniciones, Lecturas, Evangelio y Reflexion del 2º Domingo de Cuaresma 1 De Marzo Del 2026



Tips Litúrgicos del Día

  • El color de los ornamentos es el morado, simbolizando penitencia y preparación espiritual.
  • En este tiempo de Cuaresma no se canta el Aleluya ni se recita el Gloria, invitando a una sobriedad que resalte la Pascua futura.
  • La liturgia de hoy nos presenta la Transfiguración del Señor, un anticipo de la gloria para fortalecernos ante el escándalo de la Cruz.
  • Es un día propicio para renovar la escucha de la Palabra, obedeciendo la voz del Padre: "Escúchenlo".

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo

Según el Calendario Litúrgico 2026 (Ciclo A):

  • Primera Lectura: "Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré" (Gn 12, 1).
  • Salmo Responsorial: SALMO     Sal 32, 4-5. 18-20. 22
  • Segunda Lectura: "Soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios" (2 Tm 1, 8).
  • Evangelio: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo" (Mt 17, 5).

Santo del Día

Aunque hoy la celebración del Domingo de Cuaresma tiene precedencia litúrgica sobre cualquier festividad de los santos, el martirologio romano recuerda el 1 de marzo a San Rosendo de Celanova (907-977). Fue un obispo y abad en Galicia, España, conocido por su labor pacificadora y fundadora de monasterios. Su vida de renuncia y servicio resuena con el llamado de Abraham en la primera lectura de hoy, recordándonos que dejar "tierra y casa" es a menudo el primer paso para una fecundidad espiritual mayor.


Monición de Entrada

Bienvenidos, hermanos. Hoy, en este segundo paso de nuestro camino cuaresmal, la liturgia nos lleva del desierto de las tentaciones al monte de la Transfiguración. Jesús quiere mostrarnos su gloria, no para evadir la realidad, sino para darnos la fuerza necesaria para enfrentar la cruz que precede a la resurrección. Dispongamos el corazón para subir con Él al monte Tabor y escuchar la voz del Padre. Nos ponemos de pie.


Monición a la Primera Lectura

En el libro del Génesis, escucharemos el llamado de Dios a Abram. Es una invitación radical a dejar la seguridad de lo conocido y confiar plenamente en una promesa futura. Abram se pone en camino fiado solo en la Palabra de Dios, convirtiéndose en padre de todos los creyentes. Escuchemos con atención.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura del libro del Génesis     12, 1-4a

    El Señor dijo a Abrám:
    «Deja tu tierra natal
    y la casa de tu padre,
    y ve al país que yo te mostraré.
    Yo haré de ti una gran nación
    y te bendeciré;
    engrandeceré tu nombre y serás una bendición.
    Bendeciré a los que te bendigan
    y maldeciré al que te maldiga,
    y por ti se bendecirán
    todos los pueblos de la tierra.»
    Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado.

Palabra de Dios.


Salmo del Día de Hoy

SALMO     Sal 32, 4-5. 18-20. 22

R. Señor, que descienda tu amor  sobre nosotros.

La palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. 

R. Señor, que descienda tu amor  sobre nosotros.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. 

R. Señor, que descienda tu amor  sobre nosotros.

Nuestra alma espera en el Señor:
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. 

R. Señor, que descienda tu amor  sobre nosotros.


Monición a la Segunda Lectura

San Pablo, escribiendo a su discípulo Timoteo desde la prisión, nos recuerda que la vida cristiana implica compartir los sufrimientos por el Evangelio. Sin embargo, no estamos solos; contamos con la fuerza de Dios que nos ha llamado a una vida santa, iluminada por la resurrección de Cristo.


Segunda Lectura Del Dia de Hoy

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo     1, 8b-10


Querido hijo:
    Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.
    Porque Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.

Palabra de Dios.


Monición del Evangelio

Llegamos al momento culminante de la Palabra. En el Evangelio de Mateo, Jesús sube a un monte alto y se transfigura ante sus discípulos más cercanos. En medio de la luz y la nube, el Padre nos da el mandato esencial de nuestra fe: Escuchar a su Hijo Amado. Aclamemos al Señor antes de escuchar su Santo Evangelio.


VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO  


Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo amado; escúchenlo».


Evangelio del Día de Hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     17, 1-9

    Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
    Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
    Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.»
    Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»
    Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

Sacerdote: Hermanos, animados por la visión de la gloria de Cristo que nos anticipa el triunfo sobre la muerte, presentemos nuestras súplicas al Padre, pidiendo que la luz del Tabor ilumine las oscuridades de nuestro mundo. Digamos con fe:

R. Señor, que tu luz nos transforme.

  1. Por la Iglesia Universal: para que, siguiendo el mandato de la voz del Padre en la nube, escuche atentamente a tu Hijo Amado y, renovada por la penitencia cuaresmal, sea faro de esperanza en medio de las tinieblas. Oremos.
  2. Por los gobernantes y las naciones: para que la transfiguración del Señor les inspire a buscar la paz y la justicia, transformando los conflictos en diálogo y el egoísmo en solidaridad, especialmente en los lugares azotados por la guerra. Oremos.
  3. Por los que atraviesan la prueba: por quienes se sienten abrumados por el escándalo de la cruz, la enfermedad, el desempleo o la soledad; para que descubran en el rostro de Cristo la promesa de que el sufrimiento no es el final, sino camino hacia la gloria. Oremos.
  4. Por los buscadores de la verdad: por todos aquellos que acuden a los medios digitales con sed de Dios, especialmente quienes visitan caminoyoracion.org; para que, a través de sus contenidos, encuentren respuestas objetivas, consuelo para sus dolores y un encuentro personal con Jesús. Oremos.
  5. Por nuestra comunidad reunida hoy: para que no caigamos en la tentación de quedarnos instalados en la comodidad espiritual ("qué bien se está aquí"), sino que bajemos del monte fortalecidos para servir a nuestros hermanos con caridad. Oremos.

Sacerdote: Padre de bondad, que nos mandaste escuchar a tu Hijo predilecto, acoge estas oraciones que te presentamos y concédenos contemplar un día su gloria eternamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.


Monición de Presentación de Ofrendas

Junto con el pan y el vino, llevemos al altar nuestros esfuerzos cotidianos, nuestras fatigas y también nuestras esperanzas. Así como el pan se transformará en el Cuerpo de Cristo, pidamos que nuestras vidas sean transfiguradas por su amor, para ser ofrenda agradable al Padre.


Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.


Reflexión del día: El Tabor, antídoto contra el escándalo de la Cruz

El itinerario de la Cuaresma es una pedagogía divina. Si el domingo pasado Jesús nos enseñaba a vencer la tentación en el desierto, hoy nos lleva de la mano a una experiencia totalmente distinta: la montaña de la gloria. El Evangelio de la Transfiguración (Mt 17, 1-9) no es un simple paréntesis de "fuegos artificiales" divinos; es un acontecimiento crucial para sostener nuestra esperanza.

¿Por qué Jesús hace esto? Los discípulos acababan de escuchar el primer anuncio de la Pasión. Saber que su Mesías iba a sufrir y morir fue un golpe devastador, un "escándalo" para su fe. Hoy, muchos de nosotros vivimos ese mismo escándalo: ¿Por qué el sufrimiento? ¿Por qué el silencio de Dios ante el dolor? La Transfiguración es la respuesta anticipada de Dios a la oscuridad del Viernes Santo.

1. La Montaña: El esfuerzo de elevar la mirada

El texto nos dice que Jesús "los llevó aparte a un monte elevado". La vida espiritual requiere un desplazamiento. No podemos encontrar respuestas profundas si permanecemos en el ruido de la llanura, atrapados en la inmediatez de las notificaciones y las urgencias cotidianas. Subir cuesta. Requiere dejar la comodidad y "apartarse".

El Papa Emérito Benedicto XVI, en su obra Jesús de Nazaret, nos recuerda que "la montaña es el lugar de la subida, no solo exterior, sino interior; es la liberación del peso de la vida cotidiana, un respirar el aire puro de la creación" (Ratzinger, 2007, p. 353). Para quien busca verdad, este ascenso es la oración. Sin oración, la fe se asfixia y los problemas de la vida nos aplastan porque perdemos la perspectiva de eternidad.

2. La Gloria y los Testigos: No es una alucinación

En la cima, Jesús se transfigura. Su rostro brilla como el sol. Aparecen Moisés y Elías. Esto no es un mito; es la confirmación teológica de que Jesús es el cumplimiento de toda la historia de la salvación. Moisés representa la Ley; Elías, los Profetas. Ambos conversan con Él.

Para el católico que busca fundamentos sólidos, este detalle es vital: Cristo no anula la historia, la plenifica. San León Magno, un gigante de la teología antigua, explicaba que la finalidad principal de la Transfiguración fue "eliminar del corazón de los discípulos el escándalo de la cruz" (León Magno, Sermón 51). Dios nos muestra la meta (la Resurrección) para que tengamos fuerzas para recorrer el camino (la Cruz). La belleza de Dios es el combustible para nuestra resistencia.

3. La tentación de Pedro: "Qué bien se está aquí"

La reacción de Pedro es profundamente humana: quiere hacer tres tiendas, quiere detener el tiempo. "Señor, ¡qué bien estamos aquí!". Es la tentación del espiritualismo desencarnado: querer el consuelo de Dios, pero sin el compromiso con el hermano; querer el Tabor sin el Calvario.

A menudo, buscamos en la religión un refugio seguro, una "burbuja" que nos aísle de los problemas familiares, económicos o sociales. Pero la fe católica no es un escape. Jesús no acepta las tiendas de Pedro porque la experiencia de Dios no es para retenerla egoístamente, sino para transformarnos en testigos. La luz recibida en la oración debe iluminar la oscuridad de nuestras oficinas, hogares y calles.

4. La Voz del Padre: El imperativo esencial

De la nube luminosa —símbolo de la presencia del Espíritu Santo, como en el Éxodo— sale la voz del Padre con un mandato imperativo: "Escúchenlo". No dice "mírenlo", ni "tóquenlo", sino "escúchenlo". La fe entra por el oído. En un mundo saturado de opiniones, influencers y ruido mediático, la angustia y la confusión se apoderan de nosotros porque escuchamos demasiadas voces y muy poco a la Palabra.

San Juan de la Cruz nos regala una enseñanza radical al respecto: "Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra" (Juan de la Cruz, Subida del Monte Carmelo, 2, 22). Quien escucha a Cristo, encuentra la respuesta definitiva. Si sientes que Dios calla ante tus problemas, quizás es momento de abrir el Evangelio y dejar que Él hable.

5. "Levántense, no teman"

El final del relato es conmovedor. Los discípulos caen llenos de temor, pero Jesús se acerca, los toca y les dice: "Levántense, no teman". Ese toque de Jesús es el mismo que recibimos en los sacramentos. Hoy, al bajar de este "monte" litúrgico, no bajamos solos. Bajamos con la certeza de que, aunque la cruz sea pesada, la gloria es nuestro destino. El sufrimiento no tiene la última palabra. La esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, es la certeza de que Cristo ya ha vencido y nos lleva con Él.


Monición de despedida

Hermanos, hemos contemplado la gloria del Señor, pero ahora nos toca bajar del monte. No tengamos miedo de volver a nuestras tareas y dificultades, pues llevamos en el corazón la luz de Cristo. Que esta semana seamos reflejo de esa luz para quienes nos rodean, escuchando siempre a Jesús en cada hermano y acontecimiento. Vayamos en paz.


Referencias


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