Moniciones, Lecturas, Evangelio y Reflexion del 3º Domingo de Cuaresma 8 De Marzo Del 2026



Índice del Artículo

Este Tercer Domingo de Cuaresma marca un punto de inflexión en nuestro camino hacia la Pascua. La liturgia nos invita a renovar la gracia de nuestro Bautismo y a reconocer nuestra sed profunda de Dios. Si te sientes cansado, agobiado o buscando respuestas en lugares equivocados, la Palabra de hoy es un bálsamo para tu alma.


Tips Litúrgicos del Día

  • Color Litúrgico: Morado (Signo de penitencia y conversión).
  • Simbolismo: El Agua Viva y el Pozo (Imágenes del Bautismo y el encuentro personal con Cristo).
  • Enfoque: Día propicio para los primeros Escrutinios de los catecúmenos (RICA).
  • Actitud: Reconocer nuestra sed espiritual y pedir a Cristo que la sacie.

Citas Bíblicas del Día

Según el Calendario Litúrgico 2026 (Ciclo A):

  • Primera Lectura:  Lectura del libro del Exodo     17, 1-7
  • Salmo Responsorial: SALMO     Sal 94, 1-2. 6-9
  • Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 1-2. 5-8
  • Evangelio: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     4, 5-42

Santo del Día

Hoy, 8 de marzo, la Iglesia recuerda a San Juan de Dios (1495-1550), fundador de la Orden Hospitalaria. Fue un hombre que, tras una profunda conversión, experimentó la locura del amor por los pobres y enfermos. Su vida nos recuerda que la verdadera conversión siempre desemboca en la caridad heroica. Es patrono de los hospitales, de los enfermos y de quienes los cuidan. Su lema, "Hermanos, haceos bien a vosotros mismos dando limosna a los pobres", resuena hoy como una invitación a sanar nuestras propias heridas curando las de los demás.


Monición de Entrada

Hermanos, bienvenidos a la celebración del Día del Señor. Hoy, en este tercer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos presenta a Jesús como la fuente de Agua Viva. Todos venimos con sed: sed de sentido, de paz, de perdón. Al igual que el pueblo de Israel en el desierto y la mujer samaritana en el pozo, venimos buscando algo que sacie nuestro interior. Dispongamos el corazón para encontrarnos con Aquel que nos espera para ofrecernos un agua que salta hasta la vida eterna.


Monición a la Primera Lectura

El libro del Éxodo nos narra un momento dramático: el pueblo de Israel, liberado de Egipto, ahora duda y protesta por la falta de agua en el desierto. Moisés, siguiendo el mandato de Dios, hace brotar agua de la roca. Esta roca es prefiguración de Cristo, de cuyo costado abierto brotaría la salvación para todos nosotros. Escuchemos con atención.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura del libro del Exodo     17, 1-7

    Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron:
    «Danos agua para que podamos beber».
    Moisés les respondió:
    «¿Porqué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?»
    El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo:
    «¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»
    Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo:
    «¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»
    El Señor respondió a Moisés:
    «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.»
    Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.
    Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: «¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»

Palabra de Dios.


Salmo del Día de Hoy

SALMO     Sal 94, 1-2. 6-9

R. Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor! 

R. Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón.

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que Él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano. 

R. Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.» 

R. Cuando escuchen la voz del Señor, no endurezcan el corazón.


Monición a la Segunda Lectura

San Pablo nos recuerda en su carta a los Romanos que nuestra esperanza no es una ilusión, sino una certeza fundada en el amor de Dios. Este amor no es algo abstracto, sino que ha sido "derramado" en nuestros corazones como un torrente de gracia a través del Espíritu Santo, demostrándonos que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores.


Segunda Lectura Del Dia de Hoy

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     5, 1-2. 5-8

Hermanos:
    Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
    Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
    Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
    En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.
    Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.
    Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Palabra de Dios.


Monición del Evangelio

Llegamos al momento culminante de la Palabra. San Juan nos presenta el encuentro íntimo y transformador de Jesús con la mujer samaritana. Es el diálogo entre la sed de Dios y la sed del hombre. Jesús rompe barreras sociales y prejuicios para llegar al corazón de una persona herida y ofrecerle lo que realmente necesita. Abramos el oído y el corazón para descubrir que nosotros somos esa mujer.


VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO     Cf Jn 4, 42. 15

Señor, Tú eres verdaderamente el Salvador del mundo;
dame agua viva para que no tenga más sed.


Evangelio del Día de Hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     4, 5-42

    Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
    Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»
    Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
    La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
    Jesús le respondió:
    «Si conocieras el don de Dios
    y quién es el que te dice:
    "Dame de beber",
    tú misma se lo hubieras pedido,
    y él te habría dado agua viva.»
    «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»
    Jesús le respondió:
    «El que beba de esta agua
    tendrá nuevamente sed,
    pero el que beba del agua que Yo le daré,
    nunca más volverá a tener sed.
    El agua que Yo le daré se convertirá en él en manantial
    que brotará hasta la Vida eterna.»
    «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.»
    Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí.»
    La mujer respondió: «No tengo marido.»
    Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.»
    La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»
   Jesús le respondió:
    «Créeme, mujer, llega la hora
    en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
    ustedes adorarán al Padre.
    Ustedes adoran lo que no conocen;
    nosotros adoramos lo que conocemos,
    porque la salvación viene de los judíos.
    Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
    en que los verdaderos adoradores
    adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
    porque esos son los adoradores
    que quiere el Padre.
    Dios es espíritu,
    y los que lo adoran
    deben hacerlo en espíritu y en verdad.»
    La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga, nos anunciará todo.»
    Jesús le respondió: «Soy Yo, el que habla contigo.»

    En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?»
    La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»
    Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
    Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.»
    Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?»
    Jesús les respondió:
    «Mi comida
    es hacer la voluntad de Aquel que me envió
    y llevar a cabo su obra.
    Ustedes dicen
    que aún faltan cuatro meses para la cosecha.
    Pero Yo les digo:
    Levanten los ojos y miren los campos:
    ya están madurando para la siega.

    Ya el segador recibe su salario
    y recoge el grano para la Vida eterna;
    así el que siembra y el que cosecha
    comparten una misma alegría.
    Porque en esto se cumple el proverbio:
    "Uno siembra y otro cosecha."
    Yo los envié a cosechar
    adonde ustedes no han trabajado;
    otros han trabajado,
    y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.»

    Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en Él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice.»
    Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer:
    «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor.


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

    Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.
    Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»
    Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
    La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
    Jesús le respondió:
    «Si conocieras el don de Dios
    y quién es el que te dice:
    "Dame de beber",
    tú misma se lo hubieras pedido,
    y Él te habría dado agua viva.»
    «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»
    Jesús le respondió:
    «El que beba de esta agua
    tendrá nuevamente sed,
    pero el que beba del agua que Yo le daré,
    nunca más volverá a tener sed.
    El agua que Yo le daré
    se convertirá en él en manantial
    que brotará hasta la Vida eterna.»
    «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»
    Jesús le respondió:
    «Créeme, mujer, llega la hora
    en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
    ustedes adorarán al Padre.
    Ustedes adoran lo que no conocen;
    nosotros adoramos lo que conocemos,
    porque la salvación viene de los judíos.
    Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
    en que los verdaderos adoradores
    adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
    porque esos son los adoradores
    que quiere el Padre.
    Dios es espíritu,
    y los que lo adoran
    deben hacerlo en espíritu y en verdad.»
    La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»
    Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»
    Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en Él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en Él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

A cada petición respondemos: Señor, sacia nuestra sed de Ti.

  1. Por la Iglesia universal, para que sea siempre fuente de agua viva donde los hombres y mujeres de hoy encuentren consuelo y esperanza. Oremos.
  2. Por los gobernantes y líderes mundiales, para que trabajen por la paz y la justicia, atendiendo especialmente a las regiones que sufren escasez de agua y recursos básicos. Oremos.
  3. Por todos los que se sienten solos, marginados o juzgados por la sociedad; para que encuentren en Jesús la acogida que sana y restaura su dignidad. Oremos.
  4. Por el proyecto de evangelización digital caminoyoracion.org, para que el Señor bendiga sus frutos y siga siendo un faro de luz que lleve tu Palabra a todos los rincones de la red. Oremos.
  5. Por nosotros, reunidos hoy aquí, para que esta Cuaresma nos lleve a una conversión sincera y a un culto en espíritu y verdad. Oremos.

Monición de Presentación de Ofrendas

Junto con el pan y el vino, traigamos al altar "nuestro cántaro": nuestros cansancios, nuestros intentos fallidos de ser felices lejos de Dios y nuestra sed de amor verdadero. Que el Señor transforme estas ofrendas en el Alimento que da la Vida Eterna.


Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén. (San Alfonso María de Ligorio).


Reflexión del Día: La sed de Dios y la sed del hombre

Hoy el Evangelio nos sitúa frente a una escena cotidiana pero profundamente teológica: el mediodía, el calor abrasador y la sed. Es probable que, en medio de la rutina de tu semana, te sientas como esa mujer samaritana: llevando cántaros pesados bajo el sol del mediodía. Quizás no son cántaros de arcilla, sino cargas de estrés laboral, preocupaciones familiares, o esa sensación persistente de soledad incluso cuando estás rodeado de gente.

1. El cansancio de la "hora sexta"

El evangelista Juan detalla que "era la hora sexta" (el mediodía). Es la hora del mayor cansancio, cuando el sol pega más fuerte. ¿Cuántas veces nos sentimos así en la vida? Buscamos llenar nuestra sed de felicidad con cosas que no sacian: el éxito profesional, el reconocimiento, relaciones pasajeras o distracciones digitales. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, "la oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre" (n. 2560). A menudo, vamos al pozo equivocado buscando alivio, y regresamos con la misma sed.

2. "Dame de beber": La humildad de Dios

Lo sorprendente del relato no es solo que la mujer tenga sed, sino que Dios tiene sed de nosotros. San Agustín, comentando este pasaje, dice maravillosamente: "Aquel que pedía de beber, tenía sed de la fe de aquella mujer". Jesús se hace mendigo de nuestro amor. Él espera pacientemente en el brocal de tu vida, no para juzgar tus errores o tu pasado (tus "cinco maridos"), sino para ofrecerte una relación nueva y sanadora.

3. Dejar el cántaro

El detalle final es conmovedor: "La mujer dejó su cántaro" (Jn 4, 28). Cuando uno encuentra a Cristo, el "agua viva", ya no necesita los viejos mecanismos de defensa ni los sustitutos de felicidad que antes cargaba. El encuentro con la verdad de Jesús nos libera. Hoy, la liturgia te invita a preguntarte: ¿Cuál es ese "cántaro" que te pesa y que no te deja avanzar? ¿Es el miedo al futuro? ¿Es una culpa del pasado? Jesús te dice hoy: "Si conocieras el don de Dios...". No tengas miedo de adorar en Espíritu y en Verdad; deja que Él sacie tu sed profunda, porque solo Él tiene palabras de vida eterna.


Monición de Despedida

Hermanos, hemos bebido de la Fuente de la Salvación en esta Eucaristía. Ahora, al igual que la samaritana, no podemos quedarnos con esta alegría para nosotros solos. "Dejemos el cántaro" de nuestras viejas costumbres y salgamos a anunciar a nuestros familiares y amigos que hemos encontrado al Mesías, aquel que nos conoce profundamente y nos ama tal como somos. Podéis ir en paz.


Referencias

  • Biblia de Jerusalén. (1998). Desclée de Brouwer.
  • Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Asociación de Editores del Catecismo. (Cita n. 2560).
  • San Agustín. Tratados sobre el Evangelio de San Juan. Tratado 15. Recuperado de Augustinus.it
  • Textos Litúrgicos Oficiales. Extraídos y verificados según el Leccionario para América Latina. (Fuente consultada: Curas.com.ar).

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