Moniciones y lecturas de hoy Lunes 16 de Marzo de 2026

Tips Litúrgicos del Día

  • Fecha: Lunes de la IV Semana de Cuaresma.
  • Color Litúrgico: Morado.
  • Celebración: Feria de Cuaresma.
  • Misal: Misa de la feria, con Prefacio de Cuaresma.
  • Actitud: Hemos pasado ayer el Domingo de la Alegría (Laetare). Hoy la liturgia prolonga este tono jubiloso: se nos promete un cielo nuevo y una tierra nueva, y vemos cómo la Palabra de Jesús tiene el poder de devolver la vida y suscitar la fe.

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo
  • Santo del Día
  • Monición de Entrada
  • Monición a la Primera Lectura
  • Primera Lectura del Día de Hoy
  • Lectura del libro del profeta Isaías (65, 17-21)
  • Monición del Evangelio
  • Evangelio del Día de Hoy
  • Lectura del santo Evangelio según san Juan (4, 43-54)
  • Oración de los Fieles
  • Monición de Presentación de Ofrendas
  • Oración de Comunión Espiritual
  • Reflexión del Día de Hoy: "Creer sin ver, para poder ver"
  • Monición de Despedida
  • Según el calendario litúrgico oficial para este día:

    • Primera Lectura: Isaías 65, 17-21.
    • Salmo Responsorial: Salmo 29.
    • Evangelio: Juan 4, 43-54.

    Santo del Día

    Feria de Cuaresma Al encontrarnos en el "tiempo fuerte" de la Cuaresma, la liturgia ferial prevalece y todo el enfoque de la celebración se dirige al camino de conversión hacia la Pascua. En el martirologio tradicional, la Iglesia recuerda hoy a San José Gabriel del Rosario Brochero (el "Cura Brochero"), santo argentino modelo de pastor con olor a oveja, y a San Abraham, eremita.


    Monición de Entrada

    Hermanos y hermanas, sean todos bienvenidos a esta celebración eucarística en el lunes de la cuarta semana de Cuaresma. Ayer celebrábamos el domingo de la alegría ante la cercanía de la Pascua, y hoy la Palabra de Dios mantiene ese tono de profunda esperanza. En la primera lectura, el profeta Isaías nos trae una promesa maravillosa del Señor: la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde el llanto y el luto quedarán atrás. En el Evangelio, seremos testigos de cómo la Palabra de Jesús da la vida al hijo moribundo de un funcionario real, enseñándonos que la verdadera fe no necesita ver espectáculos milagrosos, sino que confía plenamente en la promesa de Cristo. Llenos de esperanza en el Dios que renueva todas las cosas, iniciemos nuestra Misa pidiendo perdón por nuestros pecados.


    Monición a la Primera Lectura

    El profeta Isaías nos regala hoy una de las visiones más hermosas y consoladoras de todo el Antiguo Testamento. Dios anuncia una transformación radical y definitiva para su pueblo: el fin del sufrimiento y de la muerte prematura, y el inicio de una etapa de gozo y prosperidad. Escuchemos esta inmensa promesa de amor.


    Primera Lectura del Día de Hoy

    Lectura del libro del profeta Isaías (65, 17-21)

    Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá al pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré por Jerusalén y me gozaré con mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos. Ya no habrá allí niños que duren pocos días, ni ancianos que no colmen sus años; pues el más joven morirá a los cien años, y el que no llegue a los cien será tenido por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos».

    Palabra de Dios.


    Salmo del Día de Hoy

    Salmo 29

    R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

    Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

    Tañed para el Señor, fieles suyos, celebrad el recuerdo de su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo. R/.

    Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.


    Monición del Evangelio

    En el Evangelio, San Juan nos relata el segundo signo que Jesús realizó en Caná de Galilea. Un funcionario, desesperado por la enfermedad de su hijo, acude a Jesús. Aunque el Señor se queja de la fe que solo busca prodigios, la confianza perseverante del padre alcanza la curación de su pequeño a la distancia. Escuchemos con el corazón dispuesto a creer.


    Evangelio del Día de Hoy

    Lectura del santo Evangelio según san Juan (4, 43-54)

    En aquel tiempo, Jesús salió de Samaría y se fue a Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria». Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis». El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado a mejorar. Y le contestaron: «Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre». El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

    Palabra del Señor.


    Oración de los Fieles

    Sacerdote: Llenos de confianza en Cristo, cuya Palabra es fuente de vida y de salud, presentemos al Padre nuestras súplicas por nosotros y por todo el mundo.

    1. Por la Iglesia: para que nunca deje de anunciar con alegría la promesa de un cielo nuevo y una tierra nueva, infundiendo esperanza en medio de las dificultades. R/. Te rogamos, escúchanos.
    2. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes: para que, a ejemplo de los grandes pastores como el Cura Brochero, lleven la sanación de Jesús a todos los rincones, especialmente a los más alejados. R/. Te rogamos, escúchanos.
    3. Por los enfermos, en especial los niños, y por sus padres angustiados: para que el Señor escuche sus súplicas, como escuchó al funcionario de Cafarnaún, y les conceda la salud del alma y del cuerpo. R/. Te rogamos, escúchanos.
    4. Por nuestra fe: para que no se base en el deseo de ver signos o espectáculos milagrosos, sino en la confianza profunda en la Palabra de Jesús. R/. Te rogamos, escúchanos.
    5. Por nosotros aquí reunidos: para que en esta recta final de la Cuaresma dejemos atrás el llanto del pecado y nos preparemos para la alegría de la Resurrección. R/. Te rogamos, escúchanos.

    Sacerdote: Dios de vida, que transformas nuestro luto en danzas y nuestro llanto en júbilo; escucha las oraciones de tu pueblo y acrecienta nuestra fe en la Palabra de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


    Monición de Presentación de Ofrendas

    Presentamos ante el altar los dones del pan y el vino. Estos sencillos elementos, fruto de la tierra y del trabajo humano, serán transformados en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Con ellos, ofrezcamos nuestro deseo de ser parte de esa "tierra nueva" que Dios quiere crear en nuestros corazones.


    Oración de Comunión Espiritual

    Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.


    Reflexión del Día de Hoy: "Creer sin ver, para poder ver"

    La Palabra de Dios de este lunes de la cuarta semana de Cuaresma es una inyección de esperanza pura y un desafío profundo a la madurez de nuestra fe.

    1. El horizonte es la Alegría A veces la Cuaresma, con su llamado a la austeridad y al arrepentimiento, puede hacernos pensar que Dios es un ser sombrío que exige tristeza. La primera lectura de Isaías desmiente radicalmente esa idea. Dios declara su gran proyecto: "Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva... habrá gozo y alegría perpetua". El Señor no se deleita en nuestros llantos. El luto, la muerte prematura y el fracaso no son el plan original de Dios. Si en este tiempo de Cuaresma ayunamos y nos purificamos, es únicamente para quitar de nuestra vida la "basura" del pecado y poder habitar esa "casa nueva" de gozo que Él nos está preparando.

    2. La fe inmadura frente a la Palabra En el Evangelio, un funcionario real (probablemente un oficial de Herodes Antipas), hombre de poder y dinero, choca contra el muro de la enfermedad. Su hijo se muere. Ante la muerte, de nada sirve el rango militar o la cuenta bancaria. Desesperado, baja a buscar a Jesús, y Jesús lo recibe con un reproche que nos duele hasta hoy: "Como no veáis signos y prodigios, no creéis". Es la tentación de la "fe mágica". Queremos un Dios que actúe como un curandero inmediato, que venga a nuestra casa físicamente y haga un espectáculo que nos obligue a creer. El funcionario le exige a Jesús: "Baja antes de que se muera mi niño". Él creía que Jesús tenía que estar geográficamente al lado de la cama para poder curar. Su fe era limitada a lo que podía entender.

    3. El salto hacia la madurez: "Anda, tu hijo vive" Y aquí ocurre el verdadero milagro, el que ocurre en el alma del padre antes de la curación física del hijo. Jesús no baja con él. Simplemente le dice tres palabras: "Anda, tu hijo vive". El hombre tiene que decidir. ¿Se queda pataleando y exigiendo que Jesús vaya en persona, o confía a ciegas en esa Palabra? El Evangelio nos dice: "El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino". ¡Qué fe tan inmensa! Inicia un viaje de regreso de más de 30 kilómetros (desde Caná hasta Cafarnaún) con las manos vacías, solo sostenido por la promesa de Jesús. Su fe ya no dependía de "ver signos", sino de confiar en quien le habló. Y en el camino descubre que la Palabra se había hecho realidad en la misma hora en que Jesús la pronunció.

    Esta es la fe que el Señor nos pide hoy. A menudo le rogamos a Dios que "baje" a arreglar nuestros problemas exactamente de la forma y en el momento que nosotros le dictamos. Él hoy nos dice a cada uno: "Anda, confía, que yo ya estoy obrando". Para ver los milagros de Dios en nuestra vida, primero tenemos que creer en su Palabra y ponernos en camino.


    Monición de Despedida

    Hermanos, hemos sido confortados por una Palabra de vida y de gozo perpetuo. Al volver a nuestras casas, hagámoslo con la misma actitud del funcionario del Evangelio: creyendo ciegamente en la Palabra del Señor y poniéndonos en camino para servir a nuestros hermanos. Vayamos en la paz de Cristo.

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