
Tips Litúrgicos del Día
- Preparemos nuestro corazón para reconocer a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En esta celebración, la liturgia nos invita a descubrir la identidad de Cristo revelada por Juan el Bautista.
- El color litúrgico de este domingo es el verde, símbolo de la esperanza y el crecimiento espiritual durante el tiempo ordinario.
- Durante la presentación de las ofrendas, recordemos que también nosotros somos llamados a ser luz para las naciones, tal como escuchamos en la primera lectura.
Citas Bíblicas del Día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del dia de Hoy
- Lectura del libro del profeta Isaías 49, 3-6
- Salmo del dia de Hoy
- SALMO Sal 39, 2. 4ab. 7-10
- Monición a la Segunda Lectura
- Segunda Lectura del dia de Hoy
- Principio de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-3
- ALELUIA Jn 1, 14a. 12a
- Monición del Evangelio
- Evangelio del día de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 29-34
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día de Hoy
- Monición de despedida
- Referencias
"Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques de la prisión a los cautivos y de la oscuridad a los que habitan en tinieblas." (Is 42,6-7) 3
"Los cielos se abrieron después del bautismo del Señor, y el Espíritu, en forma de paloma, descendió sobre Él. Se oyó la voz del Padre: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco." 4
"Él es el autor del perdón y de la paz para todos los que creen en Él." (Hech 10,36)
Santo del Día
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Antonio, abad, fundador del monacato cristiano y uno de los padres del desierto. Nacido en Egipto alrededor del año 250, distribuyó sus bienes tras escuchar el llamado evangélico y se retiró al desierto para vivir en oración y penitencia. Su vida de radical seguimiento a Cristo, enfrentando tentaciones y demostrando fortaleza espiritual, inspiró a multitudes a buscar a Dios en la soledad y el silencio. San Antonio nos recuerda que la vida cristiana auténtica requiere discernimiento, lucha contra las tentaciones y fidelidad al llamado de Dios, cualidades que complementan perfectamente el mensaje del Evangelio de hoy sobre el reconocimiento de Cristo como el Salvador del mundo.
Monición de Entrada
Hermanos y hermanas en Cristo, reunidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, iniciamos nuestra celebración litúrgica para este segundo domingo del tiempo ordinario. La Palabra de Dios que escucharemos hoy nos revela la identidad de Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Como Juan el Bautista, estamos llamados a reconocer y testimoniar a Cristo en nuestras vidas. Preparemos nuestros corazones para acoger esta revelación y para que, al final de esta Eucaristía, podamos también nosotros salir a testimoniar a Jesús con nuestra vida.
Monición a la Primera Lectura
Escuchemos ahora la Palabra del profeta Isaías, quien nos presenta la vocación del Siervo de Yahvé. Este Siervo, identificado con Israel pero que trasciende al pueblo elegido, es llamado desde el seno materno para una misión universal. Su misión no se limita al pueblo de Israel, sino que se extiende a todas las naciones. Esta profecía encuentra su cumplimiento pleno en Jesucristo, el Siervo fiel que da su vida por todos. Escuchemos atentamente, pues en este texto descubrimos el alcance universal de la salvación que Dios nos ofrece en su Hijo.
Primera Lectura del dia de Hoy
Yo te destino a ser la luz de las naciones
Lectura del libro del profeta Isaías 49, 3-6
El Señor me dijo:
«Tú eres mi Servidor, Israel,
por ti Yo me glorificaré».
Pero yo dije: «En vano me fatigué,
para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza».
Sin embargo, mi derecho está junto al Señor
y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, habla el Señor,
el que me formó desde el vientre materno
para que yo sea su Servidor,
para hacer que Jacob vuelva a Él
y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor
y mi Dios ha sido mi fortaleza.
Él dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor
para restaurar a las tribus de Jacob
y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;
Yo te destino a ser la luz de las naciones,
para que llegue mi salvación
hasta los confines de la tierra».
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
Salmo del dia de Hoy
SALMO Sal 39, 2. 4ab. 7-10
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé confiadamente en el Señor:
Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón».
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Monición a la Segunda Lectura
Escuchemos ahora la carta de san Pablo a los corintios, donde el apóstol comienza saludando a la comunidad que fundó en Corinto. Pablo nos recuerda que somos llamados a ser santos, consagrados al Señor, y que la gracia y la paz proceden de Dios Padre y del Señor Jesucristo. En un mundo dividido y conflictivo como el de Corinto, y como el nuestro, este saludo inicial nos invita a reconocer nuestra identidad común como hermanos en Cristo, unidos por la misma vocación a la santidad y por la misma fuente de paz y gracia. Escuchemos con atención esta palabra que nos une como familia de Dios.
Segunda Lectura del dia de Hoy
Llegue a ustedes la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre,
y del Señor Jesucristo
Principio de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-3
Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, saludan a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que han sido santificados en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, Señor de ellos y nuestro.
Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
ALELUIA Jn 1, 14a. 12a
Aleluia.
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
A todos los que la recibieron
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Aleluia.
Monición del Evangelio
Preparémonos ahora para escuchar el santo Evangelio según san Juan, que nos presenta el momento culminante del testimonio de Juan el Bautista. Juan, consciente de su misión preparatoria, señala a Jesús como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Este testimonio es fundamental para nuestra fe, pues nos revela la identidad de Jesús como el Salvador universal. Que el Espíritu Santo nos conceda, como a Juan el Bautista, la gracia de reconocer a Cristo presente en nuestra vida y el valor para testimoniarlo ante los demás.
Evangelio del día de Hoy
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 29-34
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede,
porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel».
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre Él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo".
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor
R/ Gloria a Ti Señor Jesus
Oración de los Fieles
Oremos, hermanos y hermanas, confiados en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
— Por la Santa Iglesia, para que siga siendo signo visible de la presencia de Cristo en el mundo, anunciando con valentía que Él es el Salvador de todos los pueblos. Roguemos al Señor.
— Por los pastores de la Iglesia, especialmente por el Papa Francisco, nuestros obispos y sacerdotes, para que, como Juan el Bautista, den testimonio fiel de Cristo sin buscar glorias humanas. Roguemos al Señor.
— Por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, para que experimenten el consuelo de saber que Cristo, el Siervo sufriente, lleva sobre sí nuestras enfermedades y cargas. Roguemos al Señor.
— Por los visitantes del sitio web caminoyoracion.org, para que este espacio digital sea verdaderamente un lugar de encuentro con Cristo, que guíe sus pasos en el camino de la fe y la oración. Roguemos al Señor.
— Por los difuntos, especialmente por nuestros hermanos que nos han precedido en la esperanza de la resurrección, para que contemplen por siempre el rostro del Cordero inmolado y resucitado. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestras súplicas, y concédenos, por intercesión de María, Madre del Cordero, la gracia de reconocer siempre a tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Hermanos y hermanas, presentemos al Señor nuestras ofrendas con alegría y gratitud. Como el Siervo del profeta Isaías, que fue llamado para ser luz de las naciones, y como Juan el Bautista, que supo reconocer al Cordero de Dios, llevemos al altar no solo el pan y el vino, sino también nuestras vidas, nuestros trabajos y nuestras esperanzas. Que todo lo que somos y tenemos sea transformado por Cristo para ser también nosotros, junto con Él, ofrenda agradable al Padre y alimento para nuestros hermanos.
Oración de Comunión Espiritual
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que me separe de Ti. Tú eres el Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo; ten misericordia de mí y concédeme la gracia de permanecer unido a Ti para siempre. Amén.
Reflexión del día de Hoy
El testimonio de Juan el Bautista nos golpea con una fuerza sorprendente en medio de nuestro mundo saturado de mensajes contradictorios. "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", proclama sin titubeos. En una cultura que busca constantemente identidades fluidas y cambiantes, el Bautista nos señala la única identidad que verdaderamente salva: Jesucristo, el Cordero inmolado.
El teólogo Joseph Ratzinger, en su obra "Jesús de Nazaret", destaca cómo "el título de 'Cordero de Dios' abre múltiples perspectivas a la vez" (Ratzinger, 2007, p. 184). Por un lado, nos remite al cordero pascual que salvó a Israel de la muerte en Egipto; por otro, al Siervo sufriente descrito por Isaías, que "cargó con los pecados de muchos" (Is 53,12). Esta identidad de Jesús como Cordero es fundamental para comprender su misión redentora.
Muchos de nosotros vivimos en una constante búsqueda de sentido, intentando llenar vacíos existenciales con logros profesionales, relaciones superficiales o distracciones constantes. El gesto de Juan el Bautista nos invita a un movimiento contrario: no mirarnos a nosotros mismos, sino señalar a Otro. Como escribe el Papa Francisco en "Evangelii Gaudium": "El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Siente a Jesús vivo a su lado y jamás se sentirá solo" (Francisco, 2013, n. 266).
En el contexto actual de polarización social y discursos de odio, el testimonio de Juan el Bautista resuena con una urgencia particular. No vino para condenar, sino para señalar al que quita el pecado del mundo. No vino para llamar la atención sobre sí mismo, sino para indicar el camino hacia Cristo. Esta actitud de humilde testimonio es la que necesitamos recuperar en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestras redes sociales.
El Concilio Vaticano II, en la constitución "Lumen Gentium", nos recuerda que todos los bautizados somos "linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios" (LG 9), llamados a proclamar las grandezas de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Esta identidad bautismal nos constituye como testigos, como Juan el Bautista, llamados a reconocer y anunciar a Cristo en nuestro tiempo y en nuestro lugar.
¿Cómo podemos hoy reconocer al Cordero de Dios en medio de nuestras rutinas? Tal vez en el rostro del hermano sufriente, en la Palabra que ilumina nuestras decisiones, en la Eucaristía que nos transforma. La gracia de este domingo nos invita a mirar con los ojos del Bautista, capaces de ver más allá de las apariencias para descubrir la presencia salvadora de Cristo.
Como San Antonio Abad, cuya memoria celebramos hoy, somos llamados a una vida de discernimiento, capaces de distinguir entre las voces que nos rodean y la voz del Buen Pastor. En el silencio del corazón, como en el desierto donde San Antonio buscaba a Dios, podemos escuchar la invitación a seguir al Cordero dondequiera que nos lleve (Ratzinger, 2007, p. 189).
Monición de despedida
Hermanos y hermanas, concluimos nuestra celebración eucarística con el corazón lleno de la presencia del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Como Juan el Bautista, hemos contemplado a Jesucristo y hemos escuchado su Palabra que transforma nuestra vida. Ahora, enviados por Cristo mismo, salgamos a nuestras casas, lugares de trabajo y comunidades para testimoniar con nuestra vida que Él es el Salvador del mundo. Que la gracia de este encuentro con el Señor nos fortalezca para ser luz en las tinieblas y para anunciar con alegría que en Jesucristo, el Siervo fiel, Dios nos ha dado la salvación que alcanza hasta el extremo de la tierra. Vayan en paz y den testimonio del amor de Dios.
Referencias
Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium. Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
Ratzinger, J. (2007). Jesús de Nazaret. Planeta. p. 184.
Sagrada Biblia. (2023). Textos litúrgicos. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
Concilio Vaticano II. (1964). Lumen Gentium. Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html
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