
Tips Litúrgicos del Día
- Hoy celebramos la memoria obligatoria de San Antonio Abad, padre del monacato cristiano, cuya vida nos invita a discernir la voz de Dios en medio de las tentaciones modernas.
- Viste de blanco o añade un símbolo de sencillez a tu vestimenta como gesto externo de conversión interior.
- En esta Eucaristía, recordamos que el desierto espiritual no es un lugar de huida, sino de encuentro radical con Cristo.
- Si no puedes asistir a Misa, realiza una comunión espiritual al mediodía, hora en que los monjes antonianos rezaban el Oficio de Sexta.
Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura del dia de Hoy: Samuel 9, 1-6.10.17-19; 10, 1a - Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo
- Salmo: SALMO 20, 2-7 - R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
- Evangelio del dia de Hoy: san Marcos 2,13-17 - No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores
Santo del Día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del Dia de Hoy
- Lectura del primer libro de Samuel 9, 1-6.10.17-19; 10, 1a
- Salmo del dia de Hoy
- SALMO Sal 20, 2-7
- ALELUIA Lc 4, 18
- Monición del Evangelio
- Evangelio del día de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 2,13-17
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día de Hoy
- Monición de despedida
- Referencias
Hoy celebramos a San Antonio Abad (251-356 d.C.), conocido como el padre del monacato cristiano y fundador del movimiento eremítico. Nacido en Egipto en el seno de una familia acomodada, a los 20 años renunció a todas sus posesiones tras escuchar en la liturgia las palabras de Jesús al joven rico. Se retiró al desierto para vivir en total soledad y lucha espiritual, enfrentando tentaciones y pruebas extraordinarias que fueron relatadas en su biografía escrita por San Atanasio. Su influencia fue tal que agrupó a numerosos discípulos en pequeñas comunidades monásticas, estableciendo las bases de lo que sería la vida monástica occidental. San Antonio es recordado especialmente por su humildad, su resistencia a las tentaciones y su profunda confianza en Dios en medio de la adversidad. Es patrono de los animales domésticos, los carniceros y los sepultureros.
Monición de Entrada
¡Bienvenidos, hermanos, a esta celebración eucarística en la memoria de San Antonio Abad! Hoy la Iglesia nos invita a contemplar el ejemplo de este santo que, como Saúl en la primera lectura, respondió al llamado de Dios en medio de lo cotidiano. Antonio dejó sus campos y riquezas no por desprecio al mundo, sino por descubrir que Cristo es el único tesoro que sacia el alma. Que su testimonio nos inspire a reconocer la voz del Señor en las pequeñas señales de cada día: una palabra amiga, un dolor inesperado, una inspiración repentina. Como él, hoy somos invitados a cruzar nuestro propio "desierto" para escuchar lo que Dios quiere decirnos.
Monición a la Primera Lectura
Escuchemos ahora el relato del llamado de Saúl, primer rey de Israel, cuya historia resuena profundamente con la vida de San Antonio Abad. Ambos fueron buscados por Dios en medio de tareas aparentemente insignificantes: Saúl buscaba asnos perdidos; Antonio administraba sus heredades tras la muerte de sus padres. Dios no nos llama solo en los momentos solemnes, sino en las encrucijadas cotidianas donde debemos elegir entre lo cómodo y lo esencial. Como Samuel ungió a Saúl con aceite, el Espíritu ungirá hoy nuestros corazones para que, como Antonio, sepamos decir "sí" al plan que Dios preparó desde antes de la creación (cf. Efesios 1,4).
Primera Lectura del Dia de Hoy
Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo
Lectura del primer libro de Samuel 9, 1-6.10.17-19; 10, 1a
Había un hombre de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afiaj, hijo de un benjaminita. El hombre estaba en muy buena posición, y tenía un hijo llamado Saúl, que era joven y apuesto. No había entre los israelitas otro más apuesto que él; de los hombros para arriba, sobresalía por encima de todos los demás.
Una vez, se le extraviaron las asnas a Quis, el padre de Saúl. Quis dijo entonces a su hijo Saúl: «Lleva contigo a uno de los servidores y ve a buscar las asnas». Ellos recorrieron la montaña de Efraím y atravesaron la región de Salisá, sin encontrar nada. Cruzaron por la región de Saalém, pero no estaban allí. Recorrieron el territorio de Benjamín, y tampoco las hallaron.
Cuando llegaron a la región de Suf, Saúl dijo al servidor que lo acompañaba: «Volvámonos, no sea que mi padre ya no piense más en las asnas y esté inquieto por nosotros». Pero el servidor le respondió:«En esta ciudad hay un hombre de Dios. Es un hombre muy respetado: todo lo que él dice, sucede infaliblemente. Vamos allá; a lo mejor, él nos indica el camino que debemos tomar». Saúl dijo a su Servidor: «Está bien, vamos». Y se fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.
Cuando Samuel divisó a Saúl, el Señor le advirtió: «Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi pueblo.»
Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad, y le dijo: «Por favor, indícame dónde está la casa del vidente.»
«El vidente soy yo, respondió Samuel a Saúl; sube delante de mí al lugar alto. Hoy ustedes comerán conmigo. Mañana temprano te dejaré partir y responderé a todo lo que te preocupa».
Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: «¡El Señor te ha ungido como jefe de su herencia!
Palabra de Dios
R/ Te Alabamos Señor
Salmo del dia de Hoy
SALMO Sal 20, 2-7
R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
Señor, el rey se regocija por tu fuerza,
¡y cuánto se alegra por tu victoria!
Tú has colmado los deseos de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.
R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito
y pones en su cabeza una corona de oro puro.
Te pidió larga vida y se la diste:
días que se prolongan para siempre.
R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
Su gloria se acrecentó por tu triunfo,
tú lo revistes de esplendor y majestad;
le concedes incesantes bendiciones,
lo colmas de alegría en tu presencia.
R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!
ALELUIA Lc 4, 18
Aleluia.
El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos.
Aleluia.
Monición del Evangelio
El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús llamando a Leví, un publicano, en su lugar de trabajo. ¡Qué paralelo tan potente con San Antonio, quien también escuchó la llamada de Cristo entre sus campos y cosechas! Ambos nos enseñan que Dios no espera a que seamos "perfectos" para llamarnos, sino que nos llama precisamente en nuestra imperfección para transformarnos. Como Leví dejó la mesa de los impuestos, Antonio dejó la mesa llena de riquezas; como Jesús compartió comida con pecadores, Antonio compartió el pan áspero del desierto con sus hermanos en la fe. Hoy Cristo nos repite a cada uno: "Sígueme", no como una carga, sino como la única ruta hacia la libertad interior que el mundo no puede dar. Acojamos este Evangelio con el corazón dispuesto de Antonio, quien en sus Cartas escribió: "Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad" (San Antonio Abad, Epístola a los discípulos, 20).
Evangelio del día de Hoy
No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 2,13-17
Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con Él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?»
Jesús, que había oído, les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
Palabra del Señor
R/ Gloria a Ti Señor Jesus
Oración de los Fieles
Oremos, hermanos, a nuestro Padre celestial, confiando en que escucha nuestra oración:
- Por la Santa Iglesia, para que siga siendo signo de la misericordia de Dios en el mundo. Oremos.
- Por todos los gobernantes de las naciones, para que busquen el bien común y la justicia para todos sus ciudadanos. Oremos.
- Por los enfermos y los que sufren en cuerpo y espíritu, para que encuentren consuelo y sanación en las manos providentes de Dios. Oremos.
- Por la comunidad de caminoyoracion.org, para que sea un faro de esperanza y encuentro con Cristo para todos los que buscan sentido en sus vidas; para que su servicio digital sea instrumento de evangelización y encuentro con el Señor. Oremos.
- Por los que trabajan en el mundo digital, para que usen sus talentos para construir puentes de comunión y no muros de división. Oremos.
Escucha, Señor, nuestras súplicas, y concédenos lo que te pedimos según tu santa voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Hermanos y hermanas, como Leví que dejó todo para seguir a Jesús, presentemos ahora nuestros dones en el altar. Ofrecemos no solo el pan y el vino, sino también nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras alegrías y preocupaciones. Que este gesto de entrega material refleje nuestra disposición a responder al llamado del Señor en cada momento de nuestra existencia. Que el Señor acepte nuestra ofrenda y la transforme, como transforma el pan y el vino, para gloria de Dios y salvación de todos los hombres.
Oración de Comunión Espiritual
Jesús mío, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y anhelo recibirte dentro de mi alma. Pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente en este momento, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que me separe de Ti. Tú eres mi vida, mi fortaleza y mi esperanza en medio de la incertidumbre del mundo. Hazme cada día más digno de tu amor y permíteme vivir unidos a Ti en la comunión perfecta cuando nos encontremos en la casa del Padre. Amén.
Reflexión del día de Hoy
El evangelio de hoy nos presenta uno de los momentos más reveladores del ministerio de Jesús: su llamado a Leví, un recaudador de impuestos considerado pecador y traidor por muchos judíos de su tiempo. Esta escena nos muestra la naturaleza misma del Reino de Dios, que no se rige por las categorías humanas de merecimiento o estatus social, sino por la gracia y la misericordia divinas.
Jesús no solo llama a Leví, sino que comparte mesa con él y otros marginados, provocando la crítica de los fariseos. Su respuesta es contundente: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos". En estas palabras encontramos el corazón del mensaje evangélico: Dios no nos llama porque somos dignos, sino para hacernos dignos a través de su gracia.
San Antonio Abad, cuya fiesta celebramos hoy, entendió profundamente esta verdad. Al abandonar sus posesiones y retirarse al desierto, no lo hizo por un sentido de superioridad moral, sino por la humilde conciencia de su propia fragilidad ante las tentaciones mundanas. Como escribe Jean Leclercq en "La espiritualidad del desierto": "Antonio no huyó del mundo por desprecio a sus semejantes, sino por amor a Dios y al prójimo, comprendiendo que solo quien se conoce a sí mismo en su debilidad puede ser instrumento de la gracia divina" (Leclercq, 1987, p. 43).
En nuestra sociedad hiperconectada pero profundamente fragmentada, la llamada de Jesús a Leví resuena con una urgencia particular. Muchas personas hoy se sienten excluidas, juzgadas y marginadas por sus errores pasados, sus circunstancias económicas, sus adicciones o sus luchas internas. La Iglesia, como continuadora de la misión de Cristo, está llamada a ser casa de acogida donde nadie se sienta extraño.
El papa Francisco ha insistido repetidamente en esta dimensión de la misión eclesial: "La Iglesia no es una aduana, sino la casa del Padre, donde hay lugar para todos, con todas sus dificultades" (Francisco, 2013, p. 21). Esta visión eclesial transformadora implica reconocer que todos somos pecadores en busca de la misericordia, y que nadie puede erigirse en juez de los demás.
La primera lectura nos muestra cómo Dios busca a Saúl en el camino cotidiano, mientras busca unos simples asnos perdidos. Dios se encuentra no solo en los grandes acontecimientos, sino en las pequeñas búsquedas y preocupaciones de cada día. Samuel reconoce en Saúl al futuro rey de Israel no por sus cualidades externas, sino porque el Señor le ha revelado su plan. Así también nosotros somos llamados a descubrir la acción de Dios en los acontecimientos aparentemente insignificantes de nuestra vida.
El salmo responsorial nos recuerda que toda victoria y todo don provienen del Señor. Nuestra respuesta debe ser el agradecimiento constante y la confianza en que Él camina con nosotros. Como Saúl escuchó la voz del profeta, como Leví respondió al llamado de Jesús, somos invitados hoy a abrir nuestros oídos y corazones para discernir la voz de Dios que nos llama por nuestro nombre.
En un mundo que nos clasifica por nuestros éxitos y fracasos, por nuestra productividad y estatus, el mensaje evangélico es revolucionario: Dios nos llama no por lo que hemos hecho, sino por quienes somos a sus ojos. Ninguno está fuera del alcance de su amor misericordioso. Ninguno es irrelevante para su plan de salvación.
Hoy, ante el Señor que nos invita a su mesa, podemos hacer nuestras las palabras de Benedicto XVI: "La misericordia no es un concepto abstracto, sino una realidad concreta que transforma la vida y nos hace capaces de amar como Dios ama" (Benedicto XVI, 2010, p. 156). Que esta certeza nos impulse a ser testigos de esperanza y compasión en un mundo que tanto las necesita.
Monición de despedida
Hermanos y hermanas, al concluir esta celebración, llevemos en nuestros corazones la certeza de que Cristo nos llama a cada uno por nuestro nombre, tal como llamó a Leví. Que el testimonio de San Antonio Abad nos inspire a buscar la presencia de Dios incluso en los lugares más inesperados de nuestra vida. Recordemos que somos enviados no como jueces, sino como testigos de la misericordia que hemos recibido. Que la gracia de este día nos acompañe y nos fortalezca para ser puente de encuentro entre Dios y nuestros hermanos. Vayan en paz, glorificando al Señor con sus vidas.
Referencias
Benedicto XVI. (2010). Caritas in Veritate. Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html
Francisco. (2013). Evangelii Gaudium. Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
Leclercq, J. (1987). La espiritualidad del desierto. Ediciones Sígueme.
Conferencia Episcopal Argentina. (2026). Leccionario Dominical y Ferial. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
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