
Estas lecturas se emplean desde el día 17 al 24 de diciembre. Las lecturas del día que ocurre en domingo se omiten; pero pueden ser asumidas o anticipadas cualquier otro día, principalmente en vez de las lecturas que, en este ciclo, se leen en domingo.
Precursores de la Esperanza
Tips Litúrgicos del Día de Hoy
- Aumenta la oración: La cercanía de la Navidad exige intensificar nuestra vigilia y plegaria.
- Mira a Zacarías y Elisabet: Ellos nos enseñan la fidelidad en la espera, incluso cuando parece que Dios tarda.
- Recuerda la Monición de Aguinaldo: Las Misas de Aguinaldo son un tiempo especial en el Adviento latinoamericano para avivar la fe y la caridad.
Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura: Jer 23, 5-8. Daré a David un vástago legítimo.
- Salmo: Sal 71. R. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.
- Evangelio: Mt 1, 18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.
Nota del Santoral:
Hoy la liturgia celebra la Feria de Adviento, centrando la atención en la preparación a la Navidad. Sin embargo, en el Santoral, recordamos a San Nemesio de Alejandría, mártir. Este santo, que sufrió martirio en la persecución del emperador Decio en el siglo III, nos recuerda que la fe en Cristo, por la cual nos preparamos en Adviento, exige un testimonio radical. Su valentía es un llamado a no negociar la verdad de nuestra fe ante las adversidades, un mensaje muy pertinente para quienes enfrentan dificultades en su testimonio diario, como el profesional que busca la coherencia entre su vida laboral y su vida espiritual.
El Dios que Cumple su Promesa: De Sansón a Juan Bautista
Monición de Entrada
Hermanos y hermanas, sean bienvenidos a esta celebración de la Eucaristía, en este Viernes de la Tercera Semana de Adviento y también en esta Misa de Aguinaldo. En este tiempo litúrgico, nuestra esperanza se centra en el cumplimiento de las promesas de Dios. Las lecturas de hoy nos presentan a dos figuras clave: el anuncio del nacimiento de Sansón y, de manera más relevante, la maravillosa intervención de Dios en la vida de Zacarías e Isabel para el nacimiento de Juan Bautista. Ambos nacimientos, envueltos en lo prodigioso, nos preparan para acoger el nacimiento aún más grande y esperado de Jesús. Dispongamos nuestros corazones, con sencillez y gozo, para escuchar Su Palabra y recibirlo en el Pan y el Vino.
Monición de Aguinaldo
Hoy, al celebrar la Misa de Aguinaldo, recordamos la antigua tradición de la Iglesia de acompañar a María en su espera. Estas misas nos invitan a meditar con mayor profundidad el misterio de la Encarnación y a compartir la alegría de la próxima venida del Señor con un espíritu de fiesta, caridad y solidaridad, como la familia de Belén.
Monición a la Primera Lectura
La primera lectura nos traslada al Antiguo Testamento. El anuncio del nacimiento de Sansón es un recordatorio de cómo Dios elige a los débiles para confundir a los fuertes y que Su plan de salvación se gesta desde antes del nacimiento. Escuchemos este relato que preludia los anuncios angélicos mayores.
Primera Lectura Del Dia de Hoy
El nacimiento de Sansón es anunciado por el ángel
Lectura del libro de los Jueces 13, 2-7. 24-25a
Había un hombre de Sorá, del clan de Dan, que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos.
El Ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. Ahora, deja de beber vino o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. Porque concebirás y darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a Israel del poder de los filisteos».
La mujer fue a decir a su marido: «Un hombre de Dios ha venido a verme. Su aspecto era tan imponente, que parecía un ángel de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. Pero me dijo: "Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte"».
La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo. Y el espíritu del Señor comenzó a actuar sobre él.
— Palabra de Dios.
— Te alabamos, Señor.
(Fuente: https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/ )
Salmo Responsorial
SALMO Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17
R. ¡Mi boca proclama tu alabanza, Señor!
Sé para mí una roca protectora, Señor,
Tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque Tú eres mi Roca y mi fortaleza.
Líbrame, Dios mío, de las manos del impío.
R. ¡Mi boca proclama tu alabanza, Señor!
Porque Tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.
R. ¡Mi boca proclama tu alabanza, Señor!
Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es sólo tuya.
Dios mío, Tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
R. ¡Mi boca proclama tu alabanza, Señor!
ALELUIA
Aleluia.
Renuevo del tronco de Jesé,
que te alzas como un signo para los pueblos,
ven a librarnos, no tardes más.
Aleluia.
Monición del Evangelio
El Evangelio nos presenta hoy el anuncio de otro nacimiento prodigioso: el de Juan Bautista. Aquí, la esterilidad de Isabel y la vejez de Zacarías se convierten en el escenario perfecto para que la omnipotencia de Dios se manifieste. Este anuncio es la antesala inmediata del de Jesús y nos enseña que Dios interviene en la historia personal de aquellos que son justos y esperan. Escuchemos este relato fundamental.
Evangelio Del dia de Hoy
El nacimiento de Juan Bautista
es anunciado por Gabriel
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.
Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.
Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto».
Pero Zacarías dijo al Ángel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada.»
El Ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo».
Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres».
— Palabra del Señor.
— Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Presidente: Hermanos, en este tiempo de Adviento, presentemos a Dios nuestras súplicas con la esperanza de que Él siempre cumple Sus promesas, diciendo: "Ven, Señor, y no tardes."
- Por el Santo Padre, los obispos y todos los ministros de la Iglesia, para que anuncien con la voz de Gabriel que la salvación está cerca, infundiendo esperanza en quienes se sienten desamparados. Roguemos al Señor.
- Ven, Señor, y no tardes.
- Por los gobernantes y quienes tienen la potestad de decidir en la sociedad, para que trabajen por la justicia y la paz, preparando caminos rectos para la venida de Cristo, especialmente en favor de los más vulnerables y desfavorecidos. Roguemos al Señor.
- Ven, Señor, y no tardes.
- Por todos aquellos, especialmente los jóvenes que están en búsqueda de un sentido profundo para sus vidas, para que, como Juan Bautista, sean capaces de discernir su vocación y preparar el camino del Señor en sus propios corazones. Roguemos al Señor.
- Ven, Señor, y no tardes.
- Por la web caminoyoracion.org, por sus colaboradores y lectores, para que sea un instrumento eficaz para acercar la Palabra de Dios y la riqueza de la oración a todos los que la visitan, ayudándoles a vivir la fe con profundidad y alegría. Roguemos al Señor.
- Ven, Señor, y no tardes.
- Por nosotros aquí reunidos y por todos los que esperan un milagro en sus vidas, para que la fe de Zacarías e Isabel nos inspire a perseverar en la oración y en la obediencia confiada a la voluntad de Dios. Roguemos al Señor.
- Ven, Señor, y no tardes.
Presidente: Padre de bondad, que nos has llenado de alegría con la promesa de la salvación, escucha nuestras oraciones y concede que el gozo de la Navidad renueve nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Ahora, mientras preparamos el altar, presentemos al Señor el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre. Ofrezcamos junto a ellos nuestra propia vida de espera y preparación, confiando en que el mismo Dios que obró el prodigio en el vientre de Isabel, se hará realmente presente en este altar.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero, no pudiendo hacerlo sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén. (Adaptación de San Alfonso María de Ligorio)
Reflexión Profunda: La Fe Desafiada por el Tiempo
La Paciencia Activa: Cuando Dios Rompe el Silencio
El Evangelio de hoy nos coloca ante la figura de Zacarías e Isabel, prototipos de la piedad judía. Eran "justos a los ojos de Dios y caminaban sin tacha" (Lc 1, 6). Esta descripción no es un mero adorno; es la clave para entender su historia. Su dolor no era un castigo, sino una misteriosa preparación. Eran de edad avanzada e Isabel era estéril, un estigma en su cultura. Su esperanza, humanamente, se había agotado; sin embargo, no habían abandonado su servicio a Dios. Es en este contexto de "paciencia activa" donde Dios irrumpe.
Para el adulto que ha pasado por pruebas y decepciones y se siente estancado en su vocación, la historia de Zacarías es sumamente relevante. Les dice: "Tu servicio fiel, aunque parezca infructuoso, no pasa desapercibido para Dios". Su súplica, aunque quizás olvidada por él mismo, había sido "escuchada" ($Lc\ 1, 13$). La intervención divina no llega tarde, llega en el "debido tiempo" ($Lc\ 1, 20$), el kairós de Dios.
El Desafío de la Palabra: La Mudez de la Incredulidad
Cuando el ángel Gabriel anuncia el milagro, Zacarías, el sacerdote, el que oficia en el Lugar Santo, duda: "¿Cómo podré estar seguro de esto?" ($Lc\ 1, 18$). El sacerdote, cuya función es ser la voz de Dios y la voz del pueblo, queda mudo. La mudez de Zacarías es una consecuencia de su incredulidad, un signo palpable de su falta de fe ante la Palabra que lo interpela.
Como bien señala el Cardenal Ratzinger (Benedicto XVI) en su obra Jesús de Nazaret: La infancia de Jesús, la mudez es un signo pedagógico; no es tanto un castigo, sino una "custodia del silencio" (Ratzinger, 2012, p. 39). Durante nueve meses, Zacarías es forzado al silencio, a la meditación profunda y al arrepentimiento por su falta de fe. Este silencio es la purificación de su corazón para que, al romperse al final, su primera palabra sea el Benedictus, un himno de alabanza y fe recuperada.
Este aspecto resuena fuertemente en el joven que navega en la incertidumbre y la distracción del mundo actual. El Evangelio le recuerda que el silencio es el espacio donde Dios habla. La duda de Zacarías es una tentación común, pero la Iglesia nos enseña que la fe es "la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios" (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], 2005, n. 166). Necesitamos aprender a hacer silencio interior para acoger el plan de Dios, incluso cuando parece ir contra toda lógica humana o experiencia personal.
La Vergüenza Transformada en Milagro
Isabel, por su parte, reacciona al embarazo con una profunda gratitud: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de la vergüenza que padecía ante los hombres" ($Lc\ 1, 25$). La esterilidad no era solo un problema biológico; era una carga social y espiritual.
El milagro de Juan Bautista es, por tanto, una restauración de la dignidad humana y un testimonio de que Dios se preocupa por nuestras aflicciones más íntimas y personales. Esta es una palabra de consuelo para la mujer que carga con culpas o heridas ocultas, para el profesional que se siente desvalorizado o para el laico activo que ha perdido el ánimo.
En definitiva, este pasaje de Adviento nos enseña que la promesa de Dios siempre es más grande que nuestras limitaciones. Zacarías e Isabel son los precursores directos, pero también nuestros maestros de la espera. Nos invitan a preparar un "Pueblo bien dispuesto" ($Lc\ 1, 17$) no solo fuera, sino, sobre todo, dentro de nuestro propio corazón.
Monición de Despedida
Hermanos, la Palabra de Dios ha resonado, preparándonos el camino para recibir al Señor. Vayamos en paz, llevando la certeza de que Dios cumple Sus promesas, incluso cuando nos parece imposible. Que la espera de Zacarías e Isabel nos fortalezca. Preparad vuestros corazones y sed heraldos de esta esperanza que ya está a las puertas. Podéis ir en paz.
Referencias
Las siguientes fuentes fueron consultadas y utilizadas para sustentar los puntos doctrinales, teológicos y litúrgicos del artículo:
URL de referencia contextual (Fórmula general): https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-para-la-comunion-espiritual-3316
Catecismo de la Iglesia Católica (CIC). (2005). La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. (n. 166). La Santa Sede.
URL: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c3a2_sp.html
Curia.com.ar. (s.f.). Libros litúrgicos: Lecturas del día.
URL: https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
(Fuente utilizada para obtener los textos litúrgicos (Primera Lectura, Salmo, Evangelio).)
Ratzinger, J. (Benedicto XVI). (2012). Jesús de Nazaret: La infancia de Jesús. (Traducción de J. Fernando del Río, OSA). Encuentro.
(Referencia a la obra citada: la reflexión sobre la "custodia del silencio" de Zacarías se basa en el capítulo sobre el Nacimiento de Juan Bautista, haciendo alusión al análisis exegético del Cardenal Ratzinger sobre la mudez como signo pedagógico.)
URL de referencia contextual: https://santateresa-leganes.diocesisgetafe.es/wp-content/uploads/2012/12/La-infancia-de-Jesus-Benedicto-XVI1.pdf
San Alfonso María de Ligorio. (s.f.). Oración de Comunión Espiritual.
(Fórmula tradicional adaptada para la oración de comunión espiritual.)
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