
SAN JUAN, apóstol y evangelista,
- SAN JUAN, apóstol y evangelista,
- Tips Litúrgicos del Día de Hoy
- Citas Bíblicas del Día
- Nota del Santoral:
- Monicion de entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Misa del Dia
- Primera Lectura Del Dia de Hoy
- Lectura de la primera carta de san Juan 1, 1-4
- Salmo Responsorial
- SALMO Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12
- ALELUIA
- Monición del Evangelio
- Evangelio Del dia de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 2-8
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día
- Monición de despedida
- Referencias
Fiesta de san Juan, apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo, que junto con suhermano Santiago y con Pedro fue testigo de la transfiguración y de la pasióndel Señor, y al pie de la cruz recibió de Él a María como madre. En su evangelioy en otros escritos se muestra como teólogo, habiendo contemplado la gloria del Verbo encarnado y anunciando lo que vio (elog. del Martirologio Romano).
Tips Litúrgicos del Día de Hoy
- Hoy celebramos con alegría la fiesta de San Juan, apóstol y evangelista, testigo privilegiado del Verbo encarnado.
- Utiliza el color blanco en las vestiduras litúrgicas, símbolo de la luz y la pureza del testimonio apostólico.
- La misa de hoy incluye Gloria y Prefacio de Navidad, manteniendo el espíritu navideño en esta octava.
- Es un día perfecto para reflexionar sobre la importancia de ser testigos de la fe en un mundo que necesita certezas.
- San Juan nos invita a contemplar el misterio de Cristo con los ojos del corazón y a compartir lo que hemos visto y oído.
Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura: 1 Jn 1, 1-4. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos.
- Salmo: Sal 96. R. Alegraos, justos, con el Señor.
- Evangelio:Jn 20, 1a. 2-8. El otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro.
Nota del Santoral:
Hoy celebramos la fiesta de San Juan, apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo, quien junto con su hermano Santiago y con Pedro fue testigo privilegiado de la transfiguración y de la pasión del Señor. Al pie de la cruz, recibió de Jesús a María como madre, convirtiéndose en modelo de discipulado y amor filial. Su evangelio y escritos muestran la profundidad de un teólogo que contempló la gloria del Verbo encarnado y anunció lo que sus ojos habían visto. San Juan representa la dimensión contemplativa de la fe, nos enseña que la verdadera experiencia cristiana comienza con el asombro ante el misterio de Dios hecho hombre.
Monicion de entrada
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy nos reunimos en la plenitud de la alegría navideña para celebrar la fiesta de uno de los testigos más privilegiados del Verbo encarnado: San Juan, apóstol y evangelista. En este día sagrado, la Iglesia nos invita a contemplar con los ojos del corazón aquello que Juan contempló: la gloria del único Hijo del Padre, lleno de gracia y de verdad. Al pie de la cruz, Jesús nos dio a María como madre y a Juan como hermano, estableciendo así un nuevo vínculo de amor que nos transforma a todos en una sola familia. Como discípulos del apóstol que descansó sobre el pecho de Jesús en la Última Cena, somos llamados a escuchar el latido del corazón de Cristo y a dejar que ese amor transforme nuestras vidas. En un mundo donde tantos buscan certezas y significado, San Juan nos recuerda que nuestra fe no se basa en ideas abstractas, sino en un encuentro personal con Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. Abramos nuestros corazones para acoger el testimonio de quien vio, oyó y tocó al Verbo de vida, y para que este encuentro nos impulse a ser también nosotros testigos valientes del Evangelio en nuestro tiempo. Que el Espíritu Santo, que guió a Juan en su misión, nos conceda la gracia de contemplar con sus mismos ojos la belleza de Cristo y de anunciar con alegría lo que hemos experimentado.
Monición a la Primera Lectura
Hermanos y hermanas, antes de escuchar las palabras de la primera carta de San Juan, detengámonos un momento para comprender la profundidad de lo que vamos a oír. San Juan no escribe como un filósofo distante, sino como un testigo ocular que ha tenido un encuentro transformador con Jesucristo.Su testimonio comienza con una frase que resume toda su experiencia: "Lo que existía desde el principio". Estas palabras nos transportan al corazón mismo del misterio cristiano: el Verbo que estaba con Dios y que se hizo carne para habitar entre nosotros. Juan nos habla no de teorías o especulaciones, sino de lo que sus ojos vieron, sus oídos escucharon y sus manos tocaron. En un mundo saturado de información pero sediento de verdad auténtica, el testimonio de Juan nos desafía a preguntarnos: ¿nuestra fe es el resultado de un encuentro personal con Cristo, o simplemente una herencia cultural o un conjunto de normas? Como aquellos primeros discípulos que caminaron con Jesús, somos llamados a una fe que se vive, se experimenta y se comparte. Que el Espíritu Santo prepare nuestros corazones para escuchar con atención las palabras de este apóstol testigo, y nos conceda la gracia de reconocer en ellas no solo un mensaje del pasado, sino una invitación urgente a la comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Escuchemos con fe.
Misa del Dia
San Juan
apóstol y evangelista
Fiesta
Primera Lectura Del Dia de Hoy
Les anunciamos lo que hemos visto y oído
Lectura de la primera carta de san Juan 1, 1-4
Queridos hermanos:
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.
Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.
Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.
— Palabra de Dios.
— Te alabamos, Señor.
(Fuente: https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/ )
Salmo Responsorial
SALMO Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12
R. Alégrense, justos, en el Señor.
¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son la base de su trono.
R. Alégrense, justos, en el Señor.
Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria.
R. Alégrense, justos, en el Señor.
Nace la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, en el Señor
y alaben su santo Nombre.
R. Alégrense, justos, en el Señor.
ALELUIA
Aleluia.
A ti, Dios, te alabamos y cantamos;
a ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles.
Aleluia.
Monición del Evangelio
Hermanos y hermanas en Cristo, ahora vamos a escuchar el evangelio según San Juan, un relato que nos revela no solo los hechos de la resurrección, sino el corazón mismo del discípulo amado. Este pasaje, aparentemente sencillo, contiene profundidades teológicas extraordinarias: Juan, el más joven de los apóstoles, llega primero al sepulcro, pero espera a Pedro, reconociendo su primacía; sin embargo, es Juan quien "vio y creyó" de inmediato. Este equilibrio entre el primado de Pedro y la intuición contemplativa de Juan refleja la armonía que debe existir en la Iglesia entre autoridad y carisma, entre ministerio y contemplación. La carrera de Juan hacia el sepulcro simboliza la urgencia que debe caracterizar nuestra búsqueda de Dios. En un mundo donde todo se acelera, donde las distracciones abundan y el tiempo parece escasear, este apóstol nos desafía con su impulso juvenil hacia Cristo. ¿Corremos nosotros con la misma pasión hacia el encuentro con el Resucitado? ¿O permitimos que los miedos, las rutinas o las comodidades nos detengan en el camino? San Agustín comentaba sobre este pasaje: "Juan fue el primero en llegar al sepulcro, pero no entró; esperó a Pedro. Así nos enseña que el celo debe ser ordenado, pero también que la fe debe ser inmediata cuando se trata de reconocer a Cristo" (Agustín, In Ioannis Evangelium, 124, 5). Que el Espíritu Santo, que inspiró a Juan a escribir su evangelio, ilumine nuestros corazones para que, como él, podamos correr hacia Cristo con fe ardiente y reconocer en el sepulcro vacío no un final, sino el comienzo de la nueva creación. Escuchemos con atención y fe las palabras del santo evangelio según san Juan.
Evangelio Del dia de Hoy
El otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro
y llegó antes al sepulcro
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 2-8
El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Palabra del Señor.
/Gloria a Ti Señor Jesus
Oración de los Fieles
Oremos hermanos, confiados en la intercesión de San Juan, apóstol y evangelista.
- Por la Santa Iglesia, para que siga siendo testigo fiel del Verbo encarnado en un mundo que busca la verdad, roguemos al Señor.
- Por nuestros pastores, para que, como San Juan, sean testigos valientes del Evangelio y guíen a sus comunidades con sabiduría y amor, roguemos al Señor.
- Por los jóvenes, para que encuentren en Cristo el sentido de sus vidas y respondan generosamente al llamado a la santidad y al servicio, roguemos al Señor.
- Por todos los que visitan la web caminoyoracion.org, para que encuentren en ella un espacio de encuentro con el Señor, crecimiento en la fe y comunión fraterna, roguemos al Señor.
- Por los enfermos y los que sufren, para que experimenten el consuelo de saberse amados por el Dios que se hizo cercano en Jesús, roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestras oraciones y concédenos los dones de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Hermanos, presentemos al Señor nuestras ofrendas como signo de nuestra gratitud por el don de la fe y nuestro compromiso de ser testigos del Evangelio. Como San Juan, que ofreció su vida entera al servicio del Verbo, ofrezcamos también nosotros nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestro amor. Que estos dones materiales sean símbolo de nuestra entrega total a Dios y a nuestros hermanos. Recordemos que la verdadera ofrenda agradable a Dios es un corazón que se entrega en amor y servicio.
Oración de Comunión Espiritual
En este momento, unidos en espíritu a todos los que reciben la Eucaristía en este día, elevemos nuestros corazones en comunión espiritual.
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma. Puesto que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Te abrazo como si ya estuvieras en mí, y me uno enteramente a ti. Señor, no permitas que me separe jamás de ti. Amén.
Reflexión del día
San Juan nos desafía hoy a recuperar la dimensión contemplativa de nuestra fe. En un mundo acelerado donde todo se mide por lo inmediato y lo visible, el apóstol nos recuerda que la fe cristiana se nutre de la contemplación prolongada del misterio de Cristo. "Lo que hemos contemplado" no es una experiencia pasajera, sino el fruto de una mirada fija en el Señor durante años de vida apostólica.
La carrera de Juan hacia el sepulcro vacío simboliza la urgencia que debe caracterizar nuestra búsqueda de Dios. "El otro discípulo corría más que Pedro" - nos dice el evangelio - revelando que el amor juvenil e impetuoso puede a veces anticiparse a la experiencia madura pero más cautelosa. Sin embargo, ambos llegan al mismo destino: el encuentro con el Resucitado. En la Iglesia, diferentes carismas y temperamentos se complementan en la búsqueda común de la verdad.
El teólogo Hans Urs von Balthasar escribió que San Juan representa "el testigo puro" cuyo corazón fue transformado por el amor: "El discípulo que Jesús amaba se convierte en el que más ama" (Balthasar, H. U. von. Teología de los Tres Días. Ediciones Sígueme, 1995, p. 47). Esta transformación del amor recibido en amor donado es el corazón del mensaje joánico.
La experiencia de Juan al pie de la cruz, donde recibe a María como madre, nos enseña que toda auténtica experiencia de Dios genera fraternidad y cuidado mutuo. No podemos contemplar a Cristo sin ser transformados en hermanos unos de otros. San Agustín lo expresaba bellamente: "Donde está la caridad verdadera, allí está el Espíritu Santo" (Agustín de Hipona. Sermón 267, 4).
En un tiempo donde tantos buscan certezas y significado, el testimonio de San Juan nos invita a anclar nuestra fe no en ideas abstractas, sino en una persona: Jesucristo, el Verbo hecho carne. "Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos" - nos dice - recordándonos que el cristianismo no es una filosofía, sino un encuentro transformador con el Dios vivo.
Para quienes sienten sed de autenticidad en un mundo de apariencias, San Juan ofrece el camino de la contemplación y el testimonio. Para quienes buscan reconciliación en medio de la división, nos muestra que el amor de Cristo es el único vínculo que puede unirnos verdaderamente. Para quienes anhelan esperanza en medio de la oscuridad, nos recuerda que el Verbo de vida ha vencido las tinieblas para siempre.
Monición de despedida
Hermanos y hermanas, como San Juan, somos enviados a ser testigos del Verbo de vida en nuestros hogares, trabajos y comunidades. Que el ejemplo de este apóstol nos inspire a correr con entusiasmo hacia Cristo y a anunciar con alegría lo que hemos visto y oído. Llevemos en nuestros corazones el fuego del amor divino que transformó su vida. Que la Virgen María, madre de Juan y nuestra madre, nos acompañe en nuestro camino de fe y nos enseñe a contemplar el rostro de su Hijo. Vayan en paz, glorificando al Señor con sus vidas. ¡Aleluya!
Referencias
Balthasar, H. U. von. (1995). Teología de los Tres Días. Ediciones Sígueme. https://www.sigueme.es/libro/teologia-de-los-tres-dias/
Agustín de Hipona. (410). Sermón 267. En Obras de San Agustín. Biblioteca de Autores Cristianos. https://www.augustinus.it/latino/discorsi/index2.htm
Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Libreria Editrice Vaticana. http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html
Concilio Vaticano II. (1965). Dei Verbum. Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html
Juan Pablo II. (1998). Carta a los artistas. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/letters/1999/documents/hf_jp-ii_let_23041999_artists.html
Curas.com.ar. (2025). Libros Litúrgicos. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
Ratzinger, J. (2005). Dios es amor. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html
San Juan de la Cruz. (1577). Cántico Espiritual. https://www.ccel.org/ccel/john_cross/canticle
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