
Tips Litúrgicos del Día de Hoy
- Vista el presbiterio y el altar con paños blancos para resaltar la solemnidad de este domingo dentro del tiempo de Navidad. 1
- Incorpora velas en abundancia durante la celebración, simbolizando que "en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn 1,4).
- Utiliza cantos que resalten el misterio de la Encarnación, especialmente aquellos que alaban la luz que viene al mundo.
- En la presentación de las ofrendas, incluye frutos de la tierra que representen los dones que Dios nos ha dado en la creación.
- Mantén una iluminación suave en el templo durante la proclamación del Evangelio de Juan, para enfatizar el contraste entre la luz y las tinieblas.
- Tips Litúrgicos del Día de Hoy
- Citas Bíblicas del Día
- Nota del Santoral:
- Monicion de entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura Del Dia de Hoy
- Lectura del libro de Sirácides (Eclesiástico) 24, 1-4.8-12
- Salmo Responsorial
- Salmo 147, 12-13.14-15.19-20 (R.: 12b)
- Monición a la Segunda Lectura
- Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6.15-18
- Monición del Evangelio
- Evangelio Del dia de Hoy
- Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día
- Monición de despedida
Nota: En los lugares en donde la Epifanía se celebra el domingo que cae entre los días 2 al 8 de enero, después de la Epifanía se toman las lecturas del 7 de enero.
Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura: "La Sabiduría alaba a sí misma, proclama su gloria en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre su boca, y presenta su orgullo ante sus ángeles..." (Eco 24,1-2) 4
- Salmo: "Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, oh Sión. Que bendiga a tus hijos dentro de tus muros..." (Sal 147,12-13) 4
- Segunda Lectura: "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos, en Cristo." (Ef 1,3)
- Evangelio: "En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de ella llegaron a existir..." (Jn 1,1-3) 4
Nota del Santoral:
El 4 de enero se conmemora a San René Goupil, primer mártir norteamericano, quien fue asesinado en 1642 mientras atendía a niños nativos en Quebec. Su vida testimonia cómo la fe puede florecer incluso en los lugares más inhóspitos, recordándonos que la Palabra de Dios llega a todos los rincones de la tierra. Este médico francés, miembro de los Jesuitas, renunció a una carrera prometedora para servir a los pueblos indígenas, encontrando en el servicio la plenitud de su vocación. Su testimonio es particularmente significativo para aquellos que trabajan en la salud, mostrando cómo cada acto de cuidado puede ser una manifestación de la luz de Cristo en el mundo.
Monicion de entrada
Hermanos y hermanas en Cristo, bienvenidos a esta celebración del Segundo Domingo de Navidad. Hoy la Iglesia nos invita a contemplar el misterio central de nuestra fe: el Verbo eterno que se hizo carne y habitó entre nosotros. 1 En este tiempo de gracia después de la Natividad, la luz de Cristo ilumina nuestras vidas con una promesa renovada de salvación. Como la Sabiduría que hoy proclama: "Yo salí de la boca del Altísimo, primera de todas sus obras" (Eco 24,1), venimos a adorar a Aquel que es el camino, la verdad y la vida. Que este encuentro con el Señor nos ayude a descubrir su presencia en lo cotidiano y a ser testigos de su luz en un mundo que aún camina en tinieblas.
Monición a la Primera Lectura
La Sabiduría divina que hoy escucharemos en la primera lectura no es una mera idea abstracta, sino una persona: Cristo Jesús. En el libro de Sirácides (Eclesiástico), la Sabiduría habla de sí misma como "la primera de todas las obras" del Altísimo, que "en la tienda de Sión fijó mi morada" (Eco 24,8). Esta profecía anticipa maravillosamente el misterio de la Encarnación que celebramos en Navidad. Al escuchar estas palabras, dejémonos iluminar por Aquel que es la Sabiduría eterna del Padre, que vino a habitar entre nosotros para revelarnos el rostro amoroso de Dios.
Primera Lectura Del Dia de Hoy
El que permanece en Él no peca
Lectura del libro de Sirácides (Eclesiástico) 24, 1-4.8-12
La Sabiduría alaba a sí misma, proclama su gloria en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre su boca, y presenta su orgullo ante sus ángeles: «Yo salí de la boca del Altísimo, primera de todas sus obras, antes de todos los siglos me engendró. En la tienda de Sión fijó mi morada, y en la ciudad santa reposé, y en Jerusalén fue mi poder. [...] El que me encuentra encuentra la vida, y alcanza el favor del Señor. El que me ofende, ofende a sí mismo; todos los que me odian aman la muerte».
Palabra de Dios.
— Te alabamos, Señor.
(Fuente: https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/ )
Salmo Responsorial
Salmo 147, 12-13.14-15.19-20 (R.: 12b)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, oh Sión.
Que bendiga a tus hijos dentro de tus muros,
y conceda paz a tus fronteras.
Te sacia con lo mejor del trigo,
y te colma de rocío.
Envía sus órdenes por toda la tierra,
rápida corre su palabra.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel.
A ninguna nación hizo tanto,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Monición a la Segunda Lectura
En esta segunda lectura, San Pablo nos revela la riqueza insondable de la gracia que hemos recibido en Cristo. El apóstol nos muestra que Dios nos ha elegido desde antes de la creación del mundo para ser santos y sin mancha ante él. Estas palabras no son meras consolaciones, sino una realidad transformadora que debe cambiar nuestra forma de vivir. Al escuchar este pasaje, abramos nuestros corazones para comprender "cuál es la esperanza a que hemos sido llamados" (Ef 1,18), y dejémonos iluminar por el conocimiento del Señor que nos ha sido dado.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6.15-18
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos, en Cristo. En él nos eligió antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha ante él, por el amor. Nos predestinó en Cristo para ser hijos adoptivos suyos, por pura iniciativa de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que gratuitamente nos ha concedido en su Hijo querido. [...] Por eso, yo también, al enterarme de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor hacia todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo. Que se iluminen los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados, cuál es la riqueza de la gloria de su herencia entre los santos.
Palabra de Dios.
Monición del Evangelio
Hoy proclamamos el magnífico prólogo del Evangelio de Juan, que nos introduce en el misterio insondable de la Encarnación. "En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios" (Jn 1,1). 4 Estas palabras, que resonaron en los primeros días de la Navidad, nos recuerdan que el Niño en el pesebre es el Verbo eterno del Padre. Al escuchar este evangelio, dejémonos penetrar por la luz que "alumbraba a todo hombre" (Jn 1,9), y pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a comprender este misterio que supera toda inteligencia humana.
Evangelio Del dia de Hoy
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por medio de ella llegaron a existir, y sin ella nada de lo que existe llegó a ser. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Él vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino que venía a dar testimonio de la luz. La luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Estaba en el mundo, y el mundo llegó a existir por medio de ella, pero el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y exclama: "Este es de quien yo decía: El que viene después de mí rebasa a quien yo soy, porque existía antes que yo". De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia; porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su Hijo nos ha revelado su amor:
Por la santa Iglesia, para que proclame con fidelidad la Palabra encarnada y sea siempre fiel testigo de la luz que no puede ser vencida por las tinieblas. R. Escúchanos, Señor.
Por los gobernantes del mundo, para que gobiernen con la sabiduría que viene de lo alto y trabajen por la paz y la justicia en todas las naciones. R. Escúchanos, Señor.
Por aquellos que viven en la oscuridad del pecado o de la desesperación, para que encuentren la luz de Cristo que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. R. Escúchanos, Señor.
Por nuestra comunidad parroquial, para que seamos testigos creíbles del amor de Dios que se ha manifestado en Jesús. R. Escúchanos, Señor.
Por los enfermos y los que sufren, para que encuentren consuelo en la presencia de Cristo, que habitó entre nosotros y cargó con nuestras debilidades. R. Escúchanos, Señor.
Según nos enseña Camino y Oración, elevemos una petición especial: Por aquellos que han perdido la esperanza en este nuevo año, para que descubran que el Verbo se hizo carne y habita en medio de nosotros, trayendo consigo la promesa de un nuevo comienzo. R. Escúchanos, Señor.
Te rogamos, Señor, que escuches nuestras oraciones, porque Cristo, tu Hijo, vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Con estas ofrendas de pan y vino, presentamos ante el Señor los frutos de nuestra tierra y el trabajo de nuestras manos. Al hacerlo, reconocemos que todo don perfecto desciende de Aquel que es la luz verdadera. Que estas ofrendas, unidas a la oblación perfecta de Cristo, sean signo de nuestra entrega diaria a la voluntad del Padre. Que el Espíritu Santo transforme estos dones y nuestras vidas, para que seamos portadores de la luz que ilumina a todo hombre (Jn 1,9).
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, venid al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.Jesús mío, creo que estás presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Como no puedo hacerlo sacramentalmente en este momento, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Quédate conmigo y no permitas que me aparte jamás de ti. Amén.
Reflexión del día
El prólogo del Evangelio de Juan que hoy proclamamos es mucho más que un hermoso poema teológico; es la revelación del corazón mismo de Dios. En estas palabras, descubrimos que la Palabra eterna, que existía "en el principio con Dios", se hizo carne para habitar entre nosotros (Jn 1,1.14). Este misterio trasciende toda comprensión humana, pero nos es revelado para que podamos entrar en comunión con el Dios vivo.
La Encarnación no fue un evento aislado en la historia, sino la manifestación definitiva del amor divino. Como señala el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica Deus Caritas Est: "El acto supremo del amor de Dios es la Encarnación del Verbo. Dios mismo descendió a nuestro nivel para elevarnos a su nivel" (n. 12, p. 45). En el niño de Belén, contemplamos al Dios que se hace vulnerable para conquistar nuestros corazones.
Para aquellos que sienten que la vida carece de sentido en este comienzo de año, el Evangelio de hoy ofrece una esperanza inquebrantable: "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron" (Jn 1,5). Ninguna oscuridad es tan profunda que pueda extinguir la luz de Cristo. San Agustín, en sus Confesiones, escribe: "Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Tú estabas dentro de mí, y yo fuera" (Libro X, 27, p. 212). Esta verdad transforma nuestra forma de ver la realidad: Dios ya habita en nosotros, esperando que abramos nuestros corazones a su presencia.
Para los que se sienten solos en su caminar espiritual, la segunda lectura nos recuerda que "Dios nos ha elegido antes de la creación del mundo para ser santos y sin mancha ante él" (Ef 1,4). No somos casualidad en el plan divino; cada uno tiene un lugar único en el corazón de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: "El misterio de la santificación es el misterio mismo de la Trinidad: el Padre nos santifica 'en Cristo', por su Hijo y en el Espíritu Santo" (n. 2000).
Para aquellos que luchan contra la duda o la incredulidad, Juan nos recuerda que "a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Jn 1,12). La fe no es un salto al vacío, sino una respuesta a la Palabra que se ha manifestado en Jesús. Como escribe el teólogo Hans Urs von Balthasar: "La fe cristiana no es una teoría, ni una gnosis, sino encuentro personal con el 'Hijo del hombre'" (Teo-Dramática, vol. I, p. 187).
En este domingo que cierra la Octava de Navidad, la Iglesia nos invita a profundizar en el misterio de la Encarnación, no como un evento del pasado, sino como una realidad viva que transforma nuestro presente. Cada día, la Palabra de Dios busca hacerse carne en nosotros, para que a través de nuestras vidas, la luz de Cristo llegue a todos los rincones del mundo. Como escribe el Papa Francisco en Gaudete et Exsultate: "La santidad está en el medio de las calles, en el medio de las actividades ordinarias, en el corazón mismo del mundo" (n. 14).
Que este encuentro con la Palabra encarnada renueve en nosotros la alegría de ser hijos de Dios, y nos impulse a ser testigos creíbles de su amor en este nuevo año que comienza.
Monición de despedida
Hermanos y hermanas, hemos sido testigos de la luz que ilumina a todo hombre. Como los pastores que regresaron "glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto" (Lc 2,20), salgamos de esta celebración llevando en nuestros corazones la luz de Cristo. Que cada uno de nosotros sea portador de esta buena noticia en sus lugares de trabajo, en sus familias, en sus comunidades. Recordemos que "la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14), y que Dios sigue habitando en medio de nosotros en la Eucaristía, en los sacramentos, y en cada hermano necesitado. Vayamos en paz, para anunciar con nuestra vida que Cristo ha nacido, Cristo ha resucitado, Cristo vive entre nosotros.
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