MIERCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA, Moniciones, Evangelio y Lecturas del día de hoy 08 De Abril del 2026


El Camino de Emaús

Índice del Artículo

La octava de Pascua continúa desbordando la alegría de la Resurrección. Hoy, la liturgia nos invita a caminar junto a los discípulos de Emaús, recordándonos que Cristo se hace presente en la fracción del pan y en la explicación de las Escrituras, transformando nuestro desánimo en una misión ardiente.


Tips Litúrgicos del Día

  • Tips Litúrgicos del Día
  • Color litúrgico: Blanco (Alegría pascual).
  • La Octava: Se sigue celebrando como un solo e ininterrumpido día de fiesta.
  • Signo del día: El reconocimiento de Jesús en la Eucaristía.
  • Gloria y Secuencia: Se recita el Gloria y es recomendable la secuencia pascual.

Citas Bíblicas del Día

Según el calendario litúrgico oficial para el año 2026:

  • Primera Lectura: Lectura de los Hechos de los Apóstoles     3, 1-10
  • Salmo Responsorial:  SALMO     Sal 104, 1-4. 6-9
  • Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 13-35

Santo del Día

Hoy recordamos a Santa Julia Billiart (1751-1816), virgen y fundadora de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora. A pesar de vivir paralítica durante 22 años, su fe fue inquebrantable, dedicándose a la educación cristiana de las niñas pobres. Su vida es un testimonio de cómo la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad, recordándonos que el anuncio del Evangelio no conoce barreras físicas cuando el alma está encendida por el Espíritu Santo.


Monición de Entrada

Hermanos, bienvenidos a la celebración de este Miércoles de la Octava de Pascua. En este tercer día tras la victoria de Cristo sobre la muerte, la Iglesia nos propone una de las escenas más bellas y humanas del Evangelio: el camino de Emaús. Al igual que aquellos discípulos, muchas veces caminamos por la vida con el rostro sombrío, cargando con el peso de las frustraciones y los sueños rotos.

Sin embargo, esta Eucaristía es el lugar sagrado donde Jesús sale a nuestro encuentro. Él quiere caminar a nuestro lado, escuchar nuestras dudas y, finalmente, sentarse a nuestra mesa. Abramos el corazón para que, al reconocerlo en la Palabra y en el Pan, nuestra tristeza se convierta en una alegría contagiosa que nos impulse a anunciar que verdaderamente el Señor ha resucitado.


Monición a la Primera Lectura

En la primera lectura, seremos testigos del primer milagro realizado por los apóstoles tras la Resurrección. Pedro y Juan, hombres sencillos, muestran que el poder de Jesús no ha desaparecido, sino que actúa a través de su Iglesia. Este relato nos invita a confiar en que la fe en el nombre de Jesús tiene poder para sanar y levantar a quienes se sienten paralizados a la puerta del templo de la vida.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     3, 1-10

    En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.
    Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: «Míranos.»
    El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina.» Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.
    Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 104, 1-4. 6-9

R. Alegrénse, los que buscan al Señor.

O bien:

Aleluia.

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas! R.

¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro. R.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.

Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.


SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
Tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.


ALELUIA     Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.


Monición del Evangelio

El Evangelio de hoy es un itinerario de fe. Jesús se acerca a dos discípulos que huyen de Jerusalén, derrotados por la cruz. A través de la explicación de las Escrituras y el gesto de partir el pan, Jesús devuelve el sentido a sus vidas. Escuchemos este relato con la disposición de dejar que el Señor encienda también nuestro corazón.


EVANGELIO DEL DIA DE HOY

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     24, 13-35

    El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
    Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»
    Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»
    «¿Qué cosa?», les preguntó.
    Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron.»
    Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él.
    Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»
    Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista.
    Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
    En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»
    Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

  • Por la Iglesia, para que sea siempre un lugar donde los que caminan con el rostro sombrío encuentren el consuelo de la Palabra y el Pan de Vida. Roguemos al Señor.
  • Por los pastores de la Iglesia, para que a ejemplo de Pedro y Juan, sepan ofrecer al mundo no soluciones materiales temporales, sino la riqueza espiritual del nombre de Jesús. Roguemos al Señor.
  • (Petición de caminoyoracion.org): Por todas las personas que sufren de depresión, soledad o falta de sentido en sus vidas, para que experimenten la cercanía de Cristo que camina a su lado y encuentren en la fe una luz para su camino. Roguemos al Señor.
  • Por quienes trabajan en el mundo de la salud y la educación, para que inspirados por Santa Julia Billiart, sean instrumentos de sanación y esperanza para los más pequeños. Roguemos al Señor.

Monición de Presentación de Ofrendas

Presentamos el pan y el vino, los mismos elementos que Jesús tomó en Emaús. Al ofrecerlos, entregamos también nuestras dudas y cansancios, pidiendo que el Espíritu Santo los transforme en el Cuerpo y la Sangre del Señor, para que nosotros también podamos reconocerlo en esta "fracción del pan".


Oración de Comunión Espiritual

Jesús mío, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo hacerlo sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas que nunca me aparte de Ti. Amén.


Reflexión del día: Cuando el corazón vuelve a arder

El relato de Emaús es el itinerario espiritual de todo cristiano contemporáneo. A menudo, como los discípulos, nos alejamos de nuestra "Jerusalén" (la comunidad, la esperanza, el ideal) porque las cosas no salieron como esperábamos. Para el profesional saturado, para el padre de familia preocupado o para el joven que busca un propósito, este Evangelio ofrece tres claves fundamentales de renovación.

1. El acompañamiento de Cristo en la crisis Lo más hermoso de este texto es que Jesús toma la iniciativa. Él no espera a que los discípulos regresen arrepentidos; sale a buscarlos en su huida. En nuestras propias crisis de fe o de vida, debemos recordar lo que dice el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: "El Señor no nos deja solos, sino que camina a nuestro lado, incluso cuando no somos capaces de reconocerlo" (2013, p. 115). Jesús se interesa por nuestras conversaciones mundanas y nuestros dolores, dignificando nuestra humanidad.

2. La pedagogía de la Palabra Jesús no realiza un milagro inmediato; primero educa el corazón. Les explica las Escrituras. Para quienes sienten que su fe es superficial, la invitación es a profundizar en la Palabra de Dios. San Jerónimo afirmaba con rotundidad que "el desconocimiento de las Escrituras es el desconocimiento de Cristo" (Citado en Dei Verbum, p. 25). Es en la Biblia donde encontramos el hilo conductor que da sentido al sufrimiento y a la cruz como pasos necesarios hacia la gloria.

3. El encuentro eucarístico y el envío La meta del camino es la mesa. En la fracción del pan, los ojos se abren. Para el cristiano que se siente agotado, la Eucaristía es el lugar de recuperar la visión espiritual. Sin embargo, Emaús no es una posada para quedarse, sino un punto de partida. Al reconocerlo, los discípulos "se levantaron en aquel momento". El encuentro con el Resucitado nos pone en pie y nos devuelve a la comunidad con una urgencia misionera: el mensaje de la Pascua no se puede callar.


Monición de despedida

Hermanos, hemos reconocido al Señor al partir el pan. Ahora nos toca a nosotros ser "compañeros de camino" para otros. Vayamos a nuestros hogares y lugares de trabajo con el corazón encendido, compartiendo con todos la alegría de que Cristo camina con nosotros. ¡Podéis ir en paz, Aleluya, Aleluya!


Referencias

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