MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA, Moniciones, Evangelio y Lecturas del día de hoy 07 De Abril del 2026


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Blanco, símbolo de alegría, pureza y la luz de la Resurrección.
  • La Octava: Durante estos ocho días, cada jornada se celebra con la solemnidad de un domingo.
  • El Aleluya: Es el grito de victoria que no debe faltar en nuestra oración personal hoy.
  • Memoria de San Juan Bautista de la Salle: Se puede hacer mención de él, aunque la liturgia de la Octava tiene precedencia.

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo

Según el calendario litúrgico oficial para el año 2026:

  • Primera Lectura: Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 36-41
  • Salmo Responsorial:  SALMO     Sal 32, 4-5. 18-20
  • Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 11-18

Santo del Día

Hoy celebramos a San Juan Bautista de la Salle (1651-1719), sacerdote y pedagogo francés que revolucionó la enseñanza. Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, entendió que la educación es el camino fundamental para devolver la dignidad a los más pobres. Su enfoque no era solo académico, sino una formación integral del alma, enseñando que el maestro debe ser un "ángel custodio" para sus alumnos. Es un referente para quienes buscan en el trabajo diario una vía de santificación y servicio.


Monición de Entrada

Hermanos y hermanas, nos encontramos en el corazón de la Octava de Pascua, este tiempo bendito donde la Iglesia se detiene a contemplar, durante ocho días, el acontecimiento que cambió la historia del universo: la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Hoy, martes de Pascua, la liturgia nos invita a dejar atrás el luto y la parálisis del miedo.

Como María Magdalena en el evangelio que escucharemos, muchos de nosotros llegamos hoy aquí con nuestras propias "tumbas" a cuestas: preocupaciones familiares, el peso de un trabajo agotador o la incertidumbre de no saber hacia dónde vamos. Pero la Pascua es, ante todo, la fiesta de la mirada transformada. Nos reunimos no para recordar a un difunto, sino para celebrar a un Viviente que nos sale al encuentro en la sencillez de este altar. Iniciemos esta celebración con el corazón abierto, dispuestos a dejar que la voz del Maestro nos llame por nuestro nombre y nos devuelva la esperanza que creíamos perdida.


Monición a la Primera Lectura

En este pasaje de los Hechos de los Apóstoles, asistiremos al nacimiento de la primera comunidad cristiana a través de la predicación de Pedro. Es un texto vibrante que nos interpela directamente. No se trata solo de un relato histórico, sino de un espejo para nuestra propia vida: ante el anuncio de que Jesús vive, el corazón de los oyentes se "conmueve".

Esta lectura nos enseña que la fe no es un sentimiento pasajero, sino una decisión de conversión. Escuchemos con atención, pues la promesa del Espíritu Santo que Pedro anuncia sigue vigente hoy para cada uno de nosotros, para nuestros hijos y para aquellos que, aun estando lejos, buscan con sinceridad un sentido para su existencia.


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     2, 36-41

    El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos:
    «Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»
    Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
    Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
    Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
    Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Palabra de Dios.


SALMO Sal 32, 4-5. 18-20

R. La tierra está llena del amor del Señor.

O bien:

Aleluia.

La palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
Él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor;
Él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.


SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
Tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.


ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.


Monición del Evangelio

El relato de San Juan que estamos por proclamar es, posiblemente, uno de los encuentros más íntimos y conmovedores de toda la Escritura. María Magdalena, la mujer que mucho amó, está ante la tumba llorando. Su dolor es tan grande que tiene al Señor frente a ella y no logra reconocerlo; lo confunde con un hortelano.

A menudo, a nosotros nos sucede lo mismo: el dolor o la rutina nos ciegan ante la presencia de Dios en lo cotidiano. Esta monición nos prepara para el momento cumbre: el instante en que una sola palabra —nuestro nombre pronunciado por Cristo— rompe las cadenas de la tristeza. Nos ponemos de pie para aclamar al Señor que, antes de subir al Padre, se queda con nosotros para enviarnos como testigos de su luz.


EVANGELIO

  Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 11-18

   María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»
    María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
    Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
    Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»
    Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»
    Jesús le dijo: «¡María!»
    Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes."»
    María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que Él le había dicho esas palabras.

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

Sacerdote / Guía: Elevemos nuestras súplicas al Padre, que en la Resurrección de su Hijo nos ha abierto las puertas de una vida nueva. Confiados en que el Señor nos llama por nuestro nombre, como a María Magdalena, digámosle con fe:

  • R/. Por tu victoria pascual, escúchanos Señor.
  • Por la Iglesia Universal y el Papa Francisco: Para que, fortalecidos por la alegría de la Octava de Pascua, sigan anunciando con valentía que el sepulcro está vacío y que Cristo es el Señor, siendo siempre una comunidad de puertas abiertas que acoge al que sufre. Roguemos al Señor.
  • Por los que gobiernan las naciones: Para que la luz del Resucitado ilumine sus conciencias y los mueva a trabajar por la justicia, la paz y la dignidad de toda persona humana, especialmente de los más vulnerables y desamparados de nuestra sociedad. Roguemos al Señor.
  • Por los educadores y la familia Lasallista: En este día de San Juan Bautista de la Salle, pedimos por quienes dedican su vida a la enseñanza. Que el Señor les conceda la paciencia, la sabiduría y el amor necesarios para formar no solo mentes, sino corazones que busquen la verdad y el bien común. Roguemos al Señor.
  • Por quienes atraviesan desiertos espirituales o crisis de fe: Para que, al igual que María Magdalena junto al sepulcro, puedan reconocer la voz de Jesús que les llama en medio de su dolor, transformando su llanto en una alegría misionera y duradera. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial y virtual: Para que no permitamos que la rutina o el cansancio nos impidan ver al Señor que camina a nuestro lado, y para que nuestras familias sean verdaderas iglesias domésticas donde se respire la esperanza de la Pascua. Roguemos al Señor.
  • Petición especial (de caminoyoracion.org): Por todas las familias que hoy se sienten abrumadas por las deudas, la falta de empleo o las divisiones internas. Te pedimos, Señor, que tu Providencia Divina se manifieste en sus vidas, dándoles el pan de cada día y la paz del corazón que el mundo no puede dar. Roguemos al Señor. Sacerdote / Guía: Padre misericordioso, que nos has dado en la Pascua de tu Hijo la prenda de la inmortalidad, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos vivir siempre como hijos de la luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Monición de Presentación de Ofrendas

Sobre este altar vamos a depositar ahora mucho más que pan y vino. Colocamos aquí nuestras manos cansadas por el trabajo diario, nuestras ilusiones como padres, educadores o profesionales, y también nuestras fragilidades.

Al presentar estos dones, le pedimos al Padre que, así como el cuerpo de su Hijo fue glorificado, nuestra vida ordinaria sea santificada y transfigurada. Que este pan y este vino se conviertan para nosotros en la fuerza necesaria para no desfallecer en el camino y para ser, en medio del mundo, un reflejo de la alegría pascual que nada ni nadie nos puede arrebatar.


Oración de Comunión Espiritual

Jesús mío, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo hacerlo sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas que nunca me aparte de Ti. Amén.


Reflexión del día: Cuando el corazón vuelve a arder

El relato de Emaús es el itinerario espiritual de todo cristiano contemporáneo. A menudo, como los discípulos, nos alejamos de nuestra "Jerusalén" (la comunidad, la esperanza, el ideal) porque las cosas no salieron como esperábamos. Para el profesional saturado, para el padre de familia preocupado o para el joven que busca un propósito, este Evangelio ofrece tres claves fundamentales de renovación.

1. El acompañamiento de Cristo en la crisis Lo más hermoso de este texto es que Jesús toma la iniciativa. Él no espera a que los discípulos regresen arrepentidos; sale a buscarlos en su huida. En nuestras propias crisis de fe o de vida, debemos recordar lo que dice el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: "El Señor no nos deja solos, sino que camina a nuestro lado, incluso cuando no somos capaces de reconocerlo" (2013, p. 115). Jesús se interesa por nuestras conversaciones mundanas y nuestros dolores, dignificando nuestra humanidad.

2. La pedagogía de la Palabra Jesús no realiza un milagro inmediato; primero educa el corazón. Les explica las Escrituras. Para quienes sienten que su fe es superficial, la invitación es a profundizar en la Palabra de Dios. San Jerónimo afirmaba con rotundidad que "el desconocimiento de las Escrituras es el desconocimiento de Cristo" (Citado en Dei Verbum, p. 25). Es en la Biblia donde encontramos el hilo conductor que da sentido al sufrimiento y a la cruz como pasos necesarios hacia la gloria.

3. El encuentro eucarístico y el envío La meta del camino es la mesa. En la fracción del pan, los ojos se abren. Para el cristiano que se siente agotado, la Eucaristía es el lugar de recuperar la visión espiritual. Sin embargo, Emaús no es una posada para quedarse, sino un punto de partida. Al reconocerlo, los discípulos "se levantaron en aquel momento". El encuentro con el Resucitado nos pone en pie y nos devuelve a la comunidad con una urgencia misionera: el mensaje de la Pascua no se puede callar.


Monición de despedida

La Eucaristía no termina aquí; realmente comienza ahora, en la puerta de salida. Hemos escuchado a María Magdalena decir: "He visto al Señor". Esa es ahora nuestra misión. Al volver a nuestros hogares, a nuestras oficinas o a nuestras responsabilidades, no podemos ser los mismos que entraron hace un momento.

Vayamos a ser "callejeros de la fe", como nos invita a menudo el Papa Francisco, llevando el perfume de la Resurrección allí donde hay llanto, soledad o desesperanza. Que el encuentro con el Resucitado nos impulse a vivir con la valentía de quienes saben que la muerte ya no tiene la última palabra. ¡Vayan en la paz de Cristo, Aleluya, Aleluya!


Referencias

Contenido Relacionado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu puntuación: Útil

Subir