
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Alfonso María de Ligorio
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del día de Hoy
- Lectura del libro de Jeremías 26, 11-15.24
- SALMO Sal 68, 15-16.30-31.33-34
- Monición del Evangelio
- Evangelio del día de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 1-12
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día: La verdad que libera del miedo
- Monición de Despedida
- Referencias
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Queridos hermanos, en este Sábado de la Semana Decimoséptima del Tiempo Ordinario, la liturgia nos concede una pausa para beber de la sabiduría de uno de los más grandes pastores y moralistas de la Iglesia: San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia. Su vida fue un incansable anuncio de la abundante misericordia de Dios, esa redención copiosa que no se cansa de buscar al pecador. A la luz de su ejemplo y de la Palabra que hoy escucharemos —el martirio del Bautista y la defensa valiente de Jeremías—, pidamos al Señor la gracia de ser testigos de la verdad, incluso cuando resulte incómoda, y de anunciar siempre la cercanía de un Dios que nos ama con locura.
Tips Litúrgicos del Día
- Empieza la jornada invocando al Espíritu Santo con las palabras de San Alfonso: «Dios mío, dame la gracia de amarte siempre, y luego haz de mí lo que quieras». Repítela al despertar y ofrécele al Señor las dificultades del día.
- Al escuchar el Evangelio, fíjate en el contraste entre Herodes y Jeremías. Uno vive atrapado por el miedo al qué dirán; el otro es libre porque teme a Dios antes que a los hombres. Pregúntate ante qué “Herodes” de tu vida necesitas hoy tomar una decisión valiente.
- El Salmo 68 es el grito del justo perseguido. Si sientes angustia o incomprensión, únete al salmista y repite: «Yo soy un pobre malherido; Dios mío, que tu salvación me ampare». Dios escucha el clamor de los humildes.
- San Alfonso fue el cantor de la Virgen María. Reza hoy, aunque sea de forma breve, el Acordaos o una oración a la Virgen del Perpetuo Socorro, tan querida por él, pidiéndole que interceda por ti y por toda la Iglesia.
- La primera lectura nos invita a no negociar la verdad. En tus conversaciones de hoy, sé sincero, pero hazlo siempre con caridad. San Alfonso enseñaba que «la verdad debe ir acompañada de la dulzura, de lo contrario corre el riesgo de ser rechazada».
- Dedica unos minutos a leer las obras de San Alfonso, especialmente Las Glorias de María o un breve tratado sobre la oración. Su enseñanza es concreta, profunda y está llena de unción. Un pequeño fragmento puede iluminar tu día.
Citas Bíblicas del Día
- Primera Lectura: Lectura del libro de Jeremías 26, 11-15.24
- SALMO Sal 68, 15-16.30-31.33-34
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 1-12
Santo del Día: San Alfonso María de Ligorio
Hoy la Iglesia celebra con júbilo la Memoria obligatoria de San Alfonso María de Ligorio, obispo, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas) y Doctor de la Iglesia. Nacido en Nápoles en 1696, fue un brillante abogado antes de ordenarse sacerdote. Tras un fracaso profesional que lo llevó a descubrir su verdadera vocación, se entregó por completo a la evangelización de los más abandonados, especialmente en las zonas rurales del reino de Nápoles. Su obra teológica y moral es monumental; escribió más de cien libros, entre ellos Teología Moral y Las Glorias de María, que han nutrido la fe de generaciones. San Juan Pablo II, en su carta apostólica Spiritus Domini, lo definió como «el cantor de la Virgen María y el doctor de la misericordia divina, quien supo mostrar en sus escritos la cercanía de Dios que busca al pecador para salvarlo» (Juan Pablo II, Spiritus Domini, n. 4). Murió en 1787 y fue canonizado en 1839. Su memoria nos recuerda que la verdadera sabiduría no consiste en saber muchas cosas, sino en saborear el amor infinito de Dios y transmitirlo con sencillez y compasión.
Monición de Entrada
Queridos hermanos: Hoy celebramos la memoria de San Alfonso María de Ligorio, el incansable pregonero de la misericordia de Dios. Su vida, dedicada a buscar a los más abandonados, nos enseña que Cristo no cesa de llamarnos a la conversión. Comencemos esta Eucaristía pidiendo al Espíritu Santo que nos conceda la valentía de Jeremías para anunciar la verdad y la mansedumbre de San Alfonso para abrazar a los heridos en el camino.
Monición a la Primera Lectura
El profeta Jeremías es apresado por anunciar la verdad en el Templo. Ante la amenaza de muerte, no se retracta ni busca salvar su vida con mentiras. Con una confianza radical en Dios, entrega su suerte en manos del Señor. Su actitud prefigura el martirio de Juan Bautista y nos interpela a nosotros, llamados a ser profetas en medio de nuestro mundo.
Primera Lectura del día de Hoy
Verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes,
para decirles todas estas palabras
Lectura del libro de Jeremías 26, 11-15.24
Los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: «Jeremías es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes lo han escuchado con sus propios oídos».
Pero Jeremías dijo a los jefes y a todo el pueblo: «El Señor es el que me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que ustedes han oído. Y ahora, enmienden su conducta y sus acciones, y escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal con que los ha amenazado. En cuanto a mí, hagan conmigo lo que les parezca bueno y justo. Pero sepan que si ustedes me hacen morir, arrojan sangre inocente sobre ustedes mismos, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes para decirles todas estas palabras».
Ajicám, hijo de Safán, protegió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para ser ejecutado.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 68, 15-16.30-31.33-34
R. ¡Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor!
Sácame del lodo para que no me hunda,
líbrame de los que me odian
y de las aguas profundas;
que no me arrastre la corriente,
que no me trague el Abismo,
que el Pozo no se cierre sobre mí. R.
Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias. R.
Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos. R.
Monición del Evangelio
El Evangelio de Mateo nos presenta el martirio de Juan el Bautista, contado desde el drama interior de Herodes. Un rey que sabe que Juan es un hombre justo, pero que, por cobardía y por un juramento imprudente, ordena su decapitación. El Bautista, como Jeremías, es el mártir de la verdad que no se doblega. Escuchemos este relato que nos confronta con el precio de la fidelidad a Dios.
ALELUIA Mt 5, 10
Aleluia.
Felices los que son perseguidos
por practicar la justicia,
porque a ellos les pertenece
el Reino de los Cielos.
Aleluia.
Evangelio del día de Hoy
Herodes mandó decapitar a Juan,
y sus discípulos fueron a informar a Jesús
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 1-12
La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos».
Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.
El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, su hija, también llamada Herodías, bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.
Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a Ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Confiados en la misericordia de Dios que nunca desprecia a los humildes, presentemos nuestras plegarias por medio de Jesucristo, el testigo fiel.
- Por la Iglesia, para que, animada por el testimonio de los mártires y guiada por la enseñanza de San Alfonso, sea siempre faro de verdad y refugio de misericordia para los pecadores. Roguemos al Señor.
- Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que, a ejemplo de Jeremías, no se dejen vencer por el miedo al mundo, sino que anuncien con valentía el Evangelio de la vida, incluso en ambientes hostiles. Roguemos al Señor.
- Por los colaboradores y lectores de “Camino y Oración”, para que, a través de los contenidos digitales, encuentren la fuerza para ser testigos de la verdad en sus ambientes y descubran la dulzura de la oración, al estilo de San Alfonso María de Ligorio. Roguemos al Señor.
- Por quienes sufren persecución, cárcel o muerte por causa de la justicia, para que, como Juan Bautista, mantengan la mirada fija en Cristo y experimenten la cercanía del Dios que escucha a sus pobres. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, reunidos aquí, para que, al participar de esta Eucaristía, aprendamos a temer más a Dios que al juicio de los hombres, y busquemos la santidad con la confianza sencilla de los humildes. Roguemos al Señor.
Dios de bondad, que en San Alfonso nos has dado un modelo de pastor y doctor, escucha nuestras oraciones y haz que experimentemos la abundancia de tu redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Junto al pan y al vino, presentemos hoy al Señor nuestros miedos y cobardías, las verdades que nos cuesta defender y el deseo de una fe más valiente. Que el sacrificio eucarístico nos conceda la gracia de ofrecer, como Jeremías y Juan Bautista, nuestra vida entera en manos del Padre.
Oración de Comunión Espiritual
Para quienes no pueden comulgar sacramentalmente, dirijamos al Señor este acto de deseo:
«Señor Jesús, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma; pero, no pudiendo hacerlo ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que jamás me separe de Ti. Amén.»
Reflexión del Día: La verdad que libera del miedo
La liturgia de hoy es un canto a la valentía profética, una melodía compuesta por tres voces que se entrelazan a lo largo de los siglos: Jeremías, Juan el Bautista y, de un modo especial, San Alfonso María de Ligorio. Los tres nos muestran un camino que el mundo considera insensato, pero que es el único que conduce a la auténtica libertad: poner la propia vida en manos de Dios sin negociar la verdad.
Jeremías se enfrenta a todo el poder religioso y político de su tiempo. «Este hombre merece la muerte», gritan los sacerdotes. La respuesta del profeta desarma por su sencilla confianza: «Yo estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero sabed con certeza que, si me matáis, echaréis sangre inocente sobre vosotros». Jeremías no se defiende; se abandona. Él sabe que la verdad no es una propiedad personal que deba proteger a toda costa, sino un tesoro de Dios que debe ser proclamado. El Papa emérito Benedicto XVI, reflexionando sobre la misión profética, afirmó que «el profeta no es alguien que predice el futuro, sino alguien que dice la verdad porque está lleno de Dios» (Benedicto XVI, Homilía en la Misa Crismal, 9 de abril de 2009). La verdadera profecía brota de la intimidad con el Señor y se comunica sin amargura ni violencia.
El Evangelio nos ofrece la otra cara de la moneda. Herodes es un hombre que conoce la verdad —sabe que Juan es «un hombre justo»—, pero no tiene el valor de seguirla. Está atrapado en una red de pasiones, miedos y apariencias. Se casó con la mujer de su hermano, violando la Ley de Moisés, y cuando el Bautista se lo echa en cara, en lugar de convertirse, lo encarcela. El baile de Salomé, el juramento imprudente, el qué dirán los comensales… Todo es una concatenación de pequeñas cobardías que terminan en el crimen. La tristeza del rey al escuchar la petición de la joven revela que su conciencia no está anestesiada, pero no es suficiente. San Juan Crisóstomo comenta que «el miedo a los hombres es como una cadena que ata las manos y los pies del alma; nos convierte en esclavos incluso de nuestros inferiores» (Homilía sobre San Mateo, 48, 3). Herodes prefirió quedar bien ante sus invitados antes que hacer justicia. Y el Bautista, que habría podido callarse, prefirió perder la cabeza antes que perder la verdad.
En medio de esta galería de gigantes, la Iglesia nos presenta hoy a San Alfonso María de Ligorio. ¿Qué tiene que ver este dulce napolitano con los perfiles recios de Jeremías y Juan? Mucho más de lo que parece. Alfonso fue un luchador incansable por la verdad, pero su campo de batalla no fue el templo ni la corte de un rey, sino el confesionario y la página escrita. En un tiempo en que la moral cristiana estaba marcada por un rigorismo que aplastaba las conciencias, él enseñó que la ley de Dios no es una losa que oprime, sino un camino de amor que se recorre con la ayuda de la gracia. Fue profeta de la misericordia. Su lema episcopal, Copiosa apud eum redemptio (en Él hay redención abundante), resume su vida. Donde otros veían pecados que castigar, Alfonso veía heridas que sanar. Y esa verdad la defendió con la misma pasión con que Jeremías proclamaba el juicio de Dios.
El Papa Francisco, en una audiencia general, dijo que San Alfonso «nos recuerda que Dios nos quiere santos, no perfectos; y que la santidad es un don que se acoge, no una meta que se conquista con nuestras solas fuerzas» (Francisco, Audiencia General, 2 de agosto de 2017). Esta afirmación es liberadora para quienes viven atrapados en el perfeccionismo espiritual, para quienes creen que nunca serán dignos del amor de Dios. San Alfonso les diría: «Basta con que ames y confíes. El resto lo hace Él».
Hoy, la Palabra nos interpela directamente: ¿a qué Herodes estamos aferrados? ¿Qué miedo nos impide decir la verdad o cambiar de vida? Quizás es el temor a perder una amistad, a ser rechazados en el trabajo, a que se descubran nuestras incoherencias. O quizás, como el rey, nos hemos acostumbrado a vivir en una situación de pecado y ya no encontramos la fuerza para romper las cadenas. La respuesta de la liturgia es clara: «Yo soy un pobre malherido; Dios mío, que tu salvación me ampare». La verdadera valentía nace de saberse débil y de confiar en el único que puede salvarnos.
Acudamos a la intercesión de San Alfonso. Pidámosle que nos enseñe a temer solo a Dios, que nos libre de la tiranía del respeto humano y que nos haga anunciadores de la misericordia que él tanto predicó. Que la Virgen María, a quien él llamaba «puerta del cielo y refugio de los pecadores», nos sostenga en la batalla diaria. Amén.
Monición de Despedida
Queridos hermanos, hemos sido fortalecidos por la Palabra y el ejemplo de San Alfonso. Ahora volvemos a nuestras casas con la certeza de que Dios escucha a los pobres y no desprecia a los suyos que están presos. No tengáis miedo: defended la verdad con dulzura, amad la misericordia y confiad siempre en el amor del Padre.
Podéis ir en paz. Amén.
Referencias
- Benedicto XVI. (9 de abril de 2009). Homilía en la Misa Crismal. Librería Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2009/documents/hf_ben-xvi_hom_20090409_messa-crismale.html
- Francisco. (2 de agosto de 2017). Audiencia General. Librería Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2017/documents/papa-francesco_20170802_udienza-generale.html
- Juan Pablo II. (1986). Carta apostólica Spiritus Domini. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1986/documents/hf_jp-ii_apl_19860801_spiritus-domini.html
- San Juan Crisóstomo. (c. 390). Homilía sobre el Evangelio de San Mateo, 48, 3.
- Curas.com.ar. (2026). Libros Litúrgicos: Lecturas del 1 de agosto de 2026. https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
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