Lecturas, Evangelio Y Reflexión del día de hoy Viernes 24 De Abril del 2026


Tercera Semana de Pascua


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Blanco (por el Tiempo de Pascua) o Rojo (si se celebra la memoria de San Fidel, mártir).
  • Tiempo Litúrgico: Viernes de la Tercera Semana de Pascua.
  • Disposición espiritual: Hoy la liturgia nos invita a contemplar la conversión radical y el poder vivificante de la Eucaristía.
  • Práctica sugerida: Visitar el Santísimo Sacramento o hacer una comunión espiritual profunda si no es posible asistir a Misa.

Citas Bíblicas del Día

Índice del Artículo

Según el calendario litúrgico oficial para el año 2026:

  • Primera Lectura: Lectura de los Hechos de los Apóstoles     9, 1-20
  • Salmo Responsorial: SALMO     Sal 116, 1. 2
  • Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     6, 51-59

Santo del Día

San Fidel de Sigmaringen, presbítero y mártir. Nacido en Alemania en 1577, fue un brillante abogado conocido como "el abogado de los pobres" antes de dejarlo todo para ingresar en la orden de los Capuchinos. Su celo apostólico lo llevó a predicar incansablemente durante el difícil período de la Contrarreforma en Suiza. Fue un hombre de profunda oración y caridad ardiente. En 1622, tras una predicación, fue martirizado por un grupo de extremistas a los que había perdonado antes de morir. Su vida es un testimonio de fidelidad absoluta a la fe católica y de amor hasta el extremo.


Monición de Entrada

Monición de Entrada

Queridos hermanos, nos reunimos en la alegría del Tiempo de Pascua y recordando hoy el testimonio de valentía de San Fidel de Sigmaringen. La liturgia de la Palabra de este día nos presenta dos grandes misterios: el encuentro transformador de Cristo resucitado con Saulo y la promesa suprema de Jesús como el Pan de Vida. Abramos nuestro corazón a la gracia de Dios, permitiendo que su presencia real en la Eucaristía renueve nuestras vidas, nos sane y nos fortalezca para ser testigos de su amor en el mundo. Nos ponemos de pie para recibir al celebrante.


Monición a la Primera Lectura

En la primera lectura de hoy, seremos testigos de uno de los relatos más impactantes de la historia de la Iglesia: la conversión de Saulo de Tarso. Veremos cómo el Señor Resucitado sale al encuentro de quien lo persigue, demostrando que nadie está fuera del alcance de la misericordia divina. Escuchemos con atención cómo la luz de Cristo transforma la ceguera espiritual en una misión apasionada


Primera Lectura del Día de Hoy

Lectura de los Hechos de los Apóstoles     9, 1-20

    Saulo, que respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres.
    Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
    Él preguntó: «¿Quién eres Tú, Señor?»
    «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer.»
    Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber.
    Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!»
    Él respondió: «Aquí estoy, Señor.»
    El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Él está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista.»
    Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre.»
    El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre.»
    Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.»
    En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.
    Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 116, 1. 2

R. Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio.

O bien:

Aleluia.

¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos! R.

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. R.


ALELUIA     Jn 6, 56

Aleluia.
«El que come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y Yo en él», dice el Señor.
Aleluia.


Monición del Evangelio

Monición del Evangelio

Nos acercamos al clímax del discurso del Pan de Vida. En el Evangelio de hoy, Jesús nos hace la promesa más profunda y escandalosa para su tiempo: entregarnos su propio cuerpo y sangre como verdadero alimento. Este es el centro de nuestra fe católica. Nos ponemos de pie y aclamamos jubilosos al Señor cantando el Aleluya.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     6, 44-51

Jesús dijo a la gente:
    «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: "Todos serán instruidos por Dios".
    Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre.
    Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
    Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
    Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Palabra del Señor.


Oración de los Fieles

  • Por la Santa Iglesia Católica, para que, al igual que San Pablo, siga predicando con valentía que Jesús es el Hijo de Dios. Roguemos al Señor.
  • Por los que gobiernan las naciones, para que la luz de Cristo ilumine sus decisiones en favor de la paz y la dignidad humana. Roguemos al Señor.
  • Por todos aquellos que se sienten lejos de Dios o viven en la oscuridad espiritual, para que tengan un encuentro personal con Cristo Resucitado que transforme sus vidas. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos, Señor, por los creadores y lectores del portal web caminoyoracion.org, para que a través de este ministerio digital, muchas almas encuentren el consuelo de tu Palabra y se acerquen cada día más al misterio de la Eucaristía. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros aquí reunidos, para que al recibir el Pan de Vida, permanezcamos en Cristo y vivamos eternamente por Él. Roguemos al Señor.

Monición de Presentación de Ofrendas

Junto con el pan y el vino que pronto se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor, acerquemos al altar nuestras cegueras, nuestras conversiones a medias y nuestros anhelos más profundos. Que esta ofrenda agradable a Dios nos transforme, al igual que transformó la vida del apóstol San Pablo. Cantamos el canto de ofertorio.

Oración de Comunión Espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

Reflexión del día

Las Lecturas del día de hoy, 24 de abril de 2026, nos regalan dos pilares fundamentales de la experiencia cristiana: la conversión personal impulsada por la gracia y la nutrición indispensable que nos otorga la Eucaristía. En este viernes de la Tercera Semana de Pascua, la Palabra de Dios actúa como un bálsamo y un reto para todos aquellos que buscan respuestas profundas en medio de un mundo ruidoso.

Al meditar en la primera lectura, nos encontramos con Saulo de Tarso. Es fácil ver en Saulo el reflejo de muchas almas contemporáneas: personas jóvenes y adultas que buscan con ardor un propósito de vida, pero que, atrapadas por ideologías o heridas emocionales, caminan "respirando amenazas", llenos de ansiedad, estrés y ceguera espiritual. Dios no rechaza nuestra búsqueda, incluso cuando estamos equivocados. Cristo se interpone en el camino de Damasco, no para destruir a Saulo, sino para redirigir su pasión. Como bien señala el Papa Francisco (2013), "Dios nos primerea", Él toma la iniciativa en el amor y sale a nuestro encuentro cuando menos lo esperamos. La caída del caballo de Saulo representa el colapso de nuestras propias certezas humanas, un colapso necesario para que caigan las escamas de nuestros ojos y podamos ver con los ojos de la fe.

Esta transformación espiritual no ocurre en el vacío. Necesita ser sostenida, alimentada y acompañada, y es aquí donde el Evangelio del día ilumina nuestra realidad. Muchos padres y madres de familia se sienten agotados en su misión de criar a sus hijos en un entorno secularizado; muchos ancianos sufren la soledad en medio de multitudes; muchos profesionales sienten un vacío interior a pesar de sus éxitos. A todos ellos, y a cada uno de nosotros, Jesús nos lanza una promesa radical: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna". La Eucaristía no es un símbolo; es el mismísimo Cristo que se hace vulnerable para fortalecernos. San Juan Pablo II (2003) en su encíclica Ecclesia de Eucharistia nos recuerda que la Eucaristía es "un antídoto contra el antídoto de la muerte" (p. 22).

Cuando Jesús afirma en el capítulo 6 de San Juan que su carne es "verdadera comida", utiliza el verbo griego trogein, que literalmente significa masticar. No hay lugar para una interpretación meramente espiritualizada o metafórica. Cristo nos invita a una intimidad tan física y real que desafía nuestra lógica, así como escandalizó a los judíos de su tiempo. Aquel que recibe la comunión, entra en un intercambio de vida inefable. Nos asimilamos a Aquel que recibimos. Para aquellos que sufren la angustia de la incertidumbre o el dolor de la soledad, el Pan de Vida bajado del cielo es la certeza de que nunca caminan solos.

La vida de San Fidel de Sigmaringen, a quien conmemoramos hoy, es un testimonio vivo de esta dinámica de conversión y Eucaristía. Alimentado por el Pan de Vida, tuvo la fuerza para defender la verdad y entregar su vida en el martirio. Nuestra invitación hoy es clara: dejemos que Cristo nos encuentre en nuestros caminos equivocados, que nos devuelva la vista espiritual y acudamos con fervor al Sacramento del Altar, para que podamos ser instrumentos elegidos de su amor en el mundo entero.


Monición de despedida

Hermanos, hemos sido iluminados por la Palabra y alimentados por la presencia de Cristo. Que al igual que a San Pablo se le cayeron las escamas de los ojos, nosotros salgamos de esta celebración con una mirada nueva. Llenos de la verdadera vida que nos da el Pan bajado del cielo, vayamos a ser luz y testimonio en nuestros hogares y lugares de trabajo. Pueden ir en paz.


Referencias

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