JUEVES, MISA CRISMAL, Lecturas, Evangelio y Reflexión Del 2 de Abril del 2026 -


SEMANA SANTAJUEVES SANTO


Índice del Artículo

la Misa Crismal se celebra tradicionalmente el Jueves Santo por la mañana, muchas diócesis adelantan esta hermosa celebración al Miércoles Santo para facilitar la asistencia de todos los sacerdotes junto a su obispo. Es una liturgia cargada de simbolismo, donde se consagran los Santos Óleos y el Santo Crisma.

Conforme a la antigua tradición de la Iglesia, hoy no se permite celebrar la Misa sin pueblo.


Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Blanco (por ser la Misa Crismal, que rompe el morado de la Cuaresma con un tono festivo y solemne).
  • Actitud interior: Gratitud. Es el día para orar intensamente por nuestros sacerdotes, quienes renuevan sus promesas, y para agradecer el don de los sacramentos.
  • Sugerencia pastoral: Acompañar espiritualmente al clero diocesano y reflexionar sobre nuestra propia unción bautismal.

Citas Bíblicas del Día

"El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres." (Lucas 4, 18)

Santo del Día

Nos encontramos en el corazón de la Semana Santa. Este Miércoles Santo (o el día en que la diócesis celebre la Misa Crismal) está centrado en la unidad de la Iglesia local alrededor de su pastor. La liturgia se enfoca en la consagración del Santo Crisma y la bendición de los Óleos de los catecúmenos y de los enfermos. No se destaca a un santo en particular, sino a Cristo mismo, el "Ungido" por excelencia, de quien fluye toda gracia sacramental hacia su Pueblo.


Misa Crismal

  •  El obispo realiza la bendición del óleo de los enfermos y del óleo de los catecúmenos, y la consagración del crisma en este día, según la costumbre, en la Misa propia que ha de celebrarse por la mañana.  Se utiliza para ello el rito establecido en el Pontifical Romano.
  •  Pero si el clero y el pueblo no pueden reunirse fácilmente con el obispo en este día, la Misa crismal puede anticiparse a un día cercano a la Pascua.
  • Esta Misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, expresa la comunión que existe entre los presbíteros y su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, participen de ella y reciban la comunión bajo las dos especies. Para significar la unidad del presbiterio diocesano, procúrese que los presbíteros que concelebran con su obispo sean de las diversas zonas de la diócesis.
  • Según la costumbre tradicional, la bendición del óleo de los enfermos se hace antes de finalizar la Plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, después de la comunión. Con todo, por razones pastorales, es lícito realizar todo el rito de estas bendiciones después de la Liturgia de la Palabra.
  • Antífona de entrada     Ap 1, 6
    Jesucristo hizo de nosotros un reino sacerdotal para Dios, su Padre.
    A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
  • Se dice Gloria
  • Oración colecta
    Dios nuestro,
    que al ungir con el Espíritu Santo a tu Hijo unigénito
    lo hiciste Señor y Mesías,
    concede bondadosamente
    a quienes participamos de su misma consagración
    ser ante el mundo testigos de la Redención.
    Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
    que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
    y es Dios, por los siglos de los siglos.
  • Después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía inspirándose en los textos de la Liturgia de la Palabra, hablando al pueblo y a sus presbíteros acerca de la unción sacerdotal, exhortando a los presbíteros a conservar la fidelidad a su ministerio e invitándolos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

Monición de Entrada

Hermanos y hermanas, sean todos bienvenidos a esta solemne celebración. En esta Misa Crismal, que congrega a la porción del Pueblo de Dios en torno a su Obispo y su presbiterio, experimentamos de manera visible la comunión de la Iglesia. Hoy se bendecirán los óleos para los enfermos y los catecúmenos, y se consagrará el Santo Crisma, perfume de Cristo, que ungirá a los nuevos bautizados, confirmados y ordenados durante el año. Con un corazón agradecido, dispongámonos a participar de esta Eucaristía, rezando de manera especial por nuestros sacerdotes que hoy renuevan sus promesas.


Monición a la Primera Lectura

El profeta Isaías nos regala hoy un anuncio lleno de esperanza. Nos habla de un Ungido sobre el cual reposa el Espíritu del Señor, cuya misión es liberar, sanar y vendar los corazones rotos. Escuchemos con atención esta promesa de restauración, que encontrará su cumplimiento definitivo en la persona de Jesucristo.


Primera Lectura Del día de Hoy

Lectura del libro del profeta Isaías     61, 1-3a.6a.8b-9

    El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; a consolar a todos los que están de duelo, a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza.
    Y ustedes serán llamados «Sacerdotes del Señor», se les dirá «Ministros de nuestro Dios».
    Les retribuiré con fidelidad y estableceré en favor de ellos una alianza eterna. Su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos, en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor.

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 88, 21-22.25.27

R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.

Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga poderoso. 

R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.

Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
Él me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.» 

R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.


Monición a la Segunda Lectura

El libro del Apocalipsis nos recuerda nuestra identidad más profunda: por el bautismo, Cristo ha hecho de nosotros un Reino Sacerdotal. Él es el testigo fiel que nos purificó con su sangre. Aclamémoslo como el principio y el fin de nuestra historia.


Segunda Lectura del día de Hoy

Lectura del Apocalipsis     1, 4b-8

    Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Aquel que es, que era y que viene, y de los siete espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.
    Él viene entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por Él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén.
    Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.

Palabra de Dios.


Monición del Evangelio

Nos ponemos de pie para la proclamación del Santo Evangelio. En la sinagoga de Nazaret, Jesús lee el rollo de Isaías y hace una declaración que cambia la historia para siempre. El "Hoy" de la salvación se hace presente. Con alegría, cantemos el aclamación al Evangelio.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO     Is 61, 1

El espíritu del Señor está sobre mí;
Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres.


Evangelio del día de Hoy

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     4, 16-21

    Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
    "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor".
    Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»

Palabra del Señor.


Renovación de las promesas sacerdotales

  • Finalizada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas palabras u otras semejantes:

    Obispo:
    Queridos hijos:
    La santa Iglesia conmemora (hoy) la primera Eucaristía,
    en la cual Cristo, nuestro Señor,
    comunicó su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros.
    ¿Quieren renovar, ante su Obispo y el santo Pueblo de Dios,
    las promesas sacerdotales que un día formularon?

    Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez: Sí, quiero.

    Obispo:
    ¿Quieren unirse y conformarse más estrechamente al Señor Jesús,
    renunciando a ustedes mismos
    y cumpliendo los sagrados deberes que,
    movidos por el amor de Cristo, para servicio de su Iglesia,
    asumieron con alegría el día de su ordenación sacerdotal?

    Presbíteros: Sí, quiero.

    Obispo:

    ¿Quieren ser fieles administradores de los misterios de Dios
    en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas,
    y cumplir fielmente el sagrado deber de enseñar,
    siguiendo a Cristo, Cabeza y Pastor,
    movidos, no por la codicia de los bienes terrenos,
    sino sólo por el amor a las almas?

    Presbíteros: Sí, quiero.

    Seguidamente, dirigiéndose al pueblo, el Obispo prosigue:
    Y ustedes, amadísimos hijos, recen por sus presbíteros:
    que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus dones
    de manera que, siendo fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote,
    los conduzcan hasta él que es la fuente de la salvación.

    Pueblo: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

    Obispo:
    Recen también por mí, para que sea fiel a la misión apostólica,
    que sin merecerlo me fue encomendada,
    y pueda reflejar entre ustedes
    una imagen más viva y perfecta de Cristo sacerdote,
    buen Pastor, Maestro y Servidor de todos.

    Pueblo: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

    Obispo:
    El Señor nos proteja con su amor
    y nos conduzca a todos, pastores y ovejas, a la vida eterna.

    Todos: Amén.

    - Se omite el Credo y la Oración universal.

    Oración sobre las ofrendas
    Te pedimos, Padre, que la fuerza de este sacrificio
    nos purifique de los pecados de la vida pasada,
    renueve nuestras vidas y nos alcance la salvación.
    Por Jesucristo, nuestro Señor.

     PREFACIO:

El sacerdocio de Cristo y el ministerio de los sacerdotes

V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tú constituiste a tu único Hijo
Pontífice de la Alianza nueva y eterna
por la unción del Espíritu Santo
y determinaste, en tu designio salvífico,
que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.

Él no sólo enriquece con el sacerdocio real
al pueblo de los bautizados,
sino también, con amor fraterno, elige a algunos hombres
para hacerlos participar de su ministerio
mediante la imposición de las manos.

Tus sacerdotes, Padre, renuevan en nombre de Cristo
el sacrificio de la redención humana,
preparan a tus hijos el banquete pascual,
guían en la caridad a tu pueblo santo,
lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos.

Ellos, al entregar su vida por ti, Padre,
y por la salvación de los hermanos,
deben configurarse a Cristo
y dar testimonio constante de fidelidad y de amor.

Por eso, Padre, con todos los ángeles y santos
te alabamos, cantamos con alegría:

Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.


Oración de los Fieles

  • Por la santa Iglesia de Dios y por nuestro Papa, para que iluminados por el Espíritu Santo sigan guiando al pueblo hacia la verdad y el amor. R. Escúchanos, Señor.
  • Por nuestro Obispo y todo el presbiterio de nuestra diócesis que hoy renuevan sus promesas, para que el Señor los fortalezca en su ministerio, los consuele en sus cansancios y los llene de celo pastoral. R. Escúchanos, Señor.
  • Por todos los fieles que visitan y se nutren a través de la web caminoyoracion.org, para que la Palabra de Dios sea en sus vidas un óleo de alegría que sane sus heridas y los impulse a ser misioneros de esperanza en el mundo digital y físico. R. Escúchanos, Señor.
  • Por los enfermos que serán ungidos con el óleo santo y por los catecúmenos que se preparan para el bautismo, para que experimenten la cercanía de un Dios que sana y salva. R. Escúchanos, Señor.

Monición de Presentación de Ofrendas

Junto con el pan y el vino, presentamos hoy al Señor los óleos que serán bendecidos y consagrados. Llevemos también al altar nuestros propios talentos, trabajos y fatigas familiares, pidiendo que, así como el pan y el vino se transformarán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nuestra vida diaria sea transformada en ofrenda agradable a Dios.


Oración de Comunión Espiritual

Jesús mío, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.


Reflexión del día

El aroma de Cristo en la Misa Crismal

Celebrar la Misa Crismal en las puertas del Triduo Pascual es asomarse a la fuente misma de la vida de la Iglesia. En esta liturgia, la bendición de los Santos Óleos (el óleo de los catecúmenos para la fortaleza, el óleo de los enfermos para la sanación, y el Santo Crisma para la consagración) nos recuerda que la gracia de Dios es algo tangible, que se huele, que se toca y que impregna la vida entera.

Como bien enseña el Concilio Vaticano II en su constitución Lumen Gentium (1964), toda la comunidad de creyentes está ungida por el Espíritu Santo (n. 10). Sin embargo, a veces olvidamos el peso de esta realidad en nuestro caminar. ¿Qué significa estar ungido hoy, en medio de nuestras preocupaciones familiares, la búsqueda de propósito de los más jóvenes o los dolores propios del paso de los años?

Vendar los corazones heridos

La primera lectura de Isaías describe con precisión la misión de Cristo, que Él mismo asume en el Evangelio de Lucas: “vendar los corazones heridos... consolar a los que están de duelo”. Esta frase toca una fibra muy profunda en nuestro interior. Todos cargamos con algún nivel de ruptura. Quizás son las fricciones matrimoniales, el agotamiento de criar a los hijos en un mundo complejo, o la profunda soledad que a veces visita a quienes sienten que ya han entregado todo en su vida laboral o familiar.

El Espíritu del Señor desciende hoy para sanar precisamente esas grietas. El Papa Benedicto XVI (2010), en una de sus maravillosas homilías crismales, explicaba que el aceite es símbolo de la bondad de Dios que nos toca para curarnos (p. 15). Cuando un enfermo es ungido, o cuando nosotros, heridos por las batallas cotidianas de la vida, nos acercamos a la misericordia divina, es Jesús quien se inclina para aplicar el “óleo de la alegría” sobre nuestra tristeza.

Sacerdotes de nuestra propia vida

La segunda lectura del Apocalipsis nos lanza un desafío inmenso: Él nos hizo un Reino sacerdotal. Esto no significa que todos estemos llamados a oficiar misas en el altar, sino que toda nuestra vida debe ser una liturgia. Para un joven que está descubriendo su vocación profesional, para el padre de familia que madruga para traer el pan a casa, o para los abuelos que sostienen a sus nietos con la oración silenciosa; todo eso es sacerdocio bautismal.

Nuestras rutinas diarias, nuestros esfuerzos honestos y nuestro servicio oculto son ofrendas agradables a Dios. No hay tarea noble que sea secular si se hace con un corazón ungido. Cuando comprendemos esto, la fe deja de ser un evento de domingo para convertirse en la fuerza motriz que da sentido a los lunes por la mañana y a las noches de desvelo.

El "Hoy" de la Salvación

Finalmente, Jesús cierra el rollo en la sinagoga y pronuncia una de las frases más revolucionarias del Evangelio: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura". La salvación no es un evento del pasado ni una promesa lejana para después de la muerte. Es un "Hoy" constante.

En esta Semana Santa, el Señor te invita a vivir su gracia hoy. Si necesitas perdonar, hazlo hoy. Si necesitas acercarte al sacramento de la reconciliación para sanar heridas antiguas, hazlo hoy. Que esta Misa Crismal nos recuerde que el perfume de Cristo debe seguir expandiéndose en el mundo a través de nuestras obras de amor. No guardemos el frasco de nuestras capacidades; derramémoslo con generosidad, sabiendo que el Espíritu del Señor sigue, hoy más que nunca, descansando sobre nosotros.


Monición de despedida

Hemos celebrado el misterio de nuestra comunión eclesial y el don de los sacramentos a través de los Santos Óleos. Salgamos de esta iglesia siendo verdaderos portadores del buen olor de Cristo en nuestras familias, trabajos y realidades cotidianas. Que María, la mujer dócil al Espíritu Santo, nos acompañe a vivir con intensidad el Triduo Pascual que está a punto de comenzar. Pueden ir en paz.


Referencias

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