
JUEVES DE LA CENA DEL SEÑOR
Misa vespertina
Tips Litúrgicos del Día
- Color litúrgico: Blanco. Hoy cantamos el "Gloria" mientras suenan las campanas, que luego enmudecerán hasta la Vigilia Pascual.
- Actitud interior: Adoración y servicio. Es el día del amor fraterno, donde conmemoramos la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio.
- Sugerencia pastoral: Acompañar al Señor en la adoración eucarística (el Monumento) después de la Misa, recordando su agonía en el huerto de Getsemaní.
Citas Bíblicas del Día
- JUEVES DE LA CENA DEL SEÑOR
- Misa vespertina
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Misa vespertina de la Cena del Señor.
- Ritos iniciales y liturgia de la Palabra
- Oración colecta
- MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del Día de Hoy
- Lectura del libro del Éxodo. (Ex 12,1-8.11-14.)
- Salmo
- Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18
- Monición a la Segunda Lectura
- Segunda Lectura del día de Hoy
- Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. 1Co 11,23-36
- Monición del Evangelio
- Evangelio del dia de Hoy
- Lectura del santo Evangelio según san Juan. Jn 13,1-5.
- Lavatorio de los pies
- MONICIÓN AL LAVATORIO DE LOS PIES
- Liturgia Eucarística
- ORACIÓN DE LOS FIELES
- Oración sobre las ofrendas
- Oración después de la comunión
- Traslación del Santísimo Sacramento
- Reflexión del día
- Monición de despedida
- Referencias
• Primera Lectura: Lectura del libro de Isaías 50, 4-9a
• Salmo Responsorial: SALMO Sal 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34
• Evangelio: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-25
Santo del Día
Hoy, Jueves Santo, iniciamos el sagrado Triduo Pascual. Aunque en el calendario civil o santoral pueda aparecer San Francisco de Paula (2 de abril), la liturgia universal de la Iglesia se detiene ante el misterio del Cenáculo. Hoy no celebramos a un santo en particular, sino a Cristo mismo en el acto supremo de entregarnos su Cuerpo, su Sangre, el mandamiento del amor y el orden sacerdotal.
Misa vespertina de la Cena del Señor.
Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíbe todas las misas sin asistencia del pueblo. En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.
Ritos iniciales y liturgia de la Palabra
El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrese en esta misa suficientes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Terminado el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia.
Oración colecta
Dios nuestro, que nos ha reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno, sacramento de su amor, concédenos alcanzar por la participación en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA
Con la muerte de los primogénitos el Señor da una clara señal que su misión es salvar a su pueblo, dar una señal para que se vuelvan a él de corazón. En el lavatorio de los pies, Jesús quiere lavar nuestros pecados para que quedemos limpios, es su cuerpo y su sangre presentes en la Eucaristía verdadero memorial que sirve para nuestra salvación.
Monición de Entrada
Hermanos y hermanas, con esta solemne Eucaristía vespertina entramos en el Triduo Pascual, los días más santos del año litúrgico. Hoy nos reunimos en el Cenáculo con el Señor. Esta noche es noche de asombro y gratitud: Jesús nos deja el regalo infinito de la Eucaristía, instituye el sacerdocio para perpetuar su presencia entre nosotros, y nos da el mandamiento nuevo del amor mediante el gesto humilde del lavatorio de los pies. Dispongamos nuestro corazón para participar de este misterio insondable de amor llevado "hasta el extremo".
Monición a la Primera Lectura
El libro del Éxodo nos relata las prescripciones para la cena de la Pascua judía, la noche en que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto. La sangre del cordero inmolado marcó la salvación para las familias israelitas. Escuchemos cómo este antiguo rito prefigura el sacrificio definitivo del verdadero Cordero de Dios.
Primera Lectura del Día de Hoy
Prescripciones sobre la cena pascual
Lectura del libro del Éxodo. (Ex 12,1-8.11-14.)
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y Aarón en tierra de Egipto: "Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda comer. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán panes sin lavadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir, el paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de señal en las casas donde habiten ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto. Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad, como institución perpetua." Palabra de Dios.
Salmo
Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18
R. ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?
O bien
R. El cáliz que bendecimos es la comunión de la Sangre de Cristo.
¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas. R.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo. R.
Monición a la Segunda Lectura
San Pablo nos transmite hoy el relato más antiguo que se conserva sobre la institución de la Eucaristía. Lo que él recibió del Señor nos lo entrega a nosotros: la certeza de que cada vez que comemos de este Pan y bebemos de este Cáliz, anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva. Atendamos a esta enseñanza fundamental.
Segunda Lectura del día de Hoy
Siempre que coman este pan y beban este cáliz,
proclamarán la muerte del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. 1Co 11,23-36
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía." Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él." Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios.
Monición del Evangelio
Nos ponemos de pie. El Evangelio de San Juan no relata la institución de la Eucaristía, sino que nos muestra su significado profundo a través de una acción sorprendente: Jesús, el Maestro, se ciñe la toalla y lava los pies de sus apóstoles. Escuchemos el mandamiento supremo del amor.
Evangelio del dia de Hoy
Lectura del santo Evangelio según san Juan. Jn 13,1-5.
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que Él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?»
Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás.»
«No, le dijo Pedro, ¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!»
Jesús le respondió: «Si Yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte.»
«Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!»
Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos.» Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios.»
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si Yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que Yo hice con ustedes.»
Palabra del Señor.
En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y el Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.
Lavatorio de los pies
MONICIÓN AL LAVATORIO DE LOS PIES
En la escena del lavatorio de los pies, Jesús lo que hace es ofrecer su amor sin límites y quiere decirnos algo nuevo a los que nos hemos reunido con Él para celebrar la pascua. Al mundo de hoy le resulta muy difícil entenderlo, pero sólo este es el verdadero amor. Para amar en serio hay que despreciar los puestos de honor, hay que doblar las rodillas para servir y hay que abrir las manos para compartir. En nosotros, ha de resonar el imperativo de Jesús: "Hagan esto en memoria mía".
Los varones y mujeres designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El celebrante, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. Mientras tanto, se hace algún canto apropiado. Inmediatamente, después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, después de la homilía, se hace la Oración universal. No se dice Credo.
Liturgia Eucarística
Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Sacerdote: En esta tarde en la que anticipemos el misterio pascual de Cristo y celebramos su amor, oremos con cordial confianza al autor de nuestra salvación. Digamos: R./Cristo, Escúchanos.
- En esta tarde santa, en la que Cristo hecho Eucaristía se da a su Iglesia pidamos por ella, para que proclame a nuestra humanidad la fuerza salvadora del Sacramento del Amor.
- En esta tarde santa, en que Jesús quiso prolongar su sacerdocio eterno, oremos por el santo Padre y por todos los que han sido ungidos para actualizar el sacrificio redentor de Cristo, para que encarnen en sus vidas lo que celebran en el altar. Oremos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
- En esta tarde, en la que Cristo fue entregado por uno de sus amigos, oremos por los que hoy le traicionan derramando sangre inocente, profanando el amor, renegando de su fe; para que la fuerza del misterio que celebramos se haga vida en sus corazones y en los de todos los que fuimos predestinados para el amor. Oremos a Cristo, nuestra Víctima Pascual.
- En esta tarde santa, en la que Jesús nos quiere unidos en comunión, oremos por el pueblo de Israel y por los que no le reconocen como el Mesías de Dios, el Salvador que tenía que venir. Oremos a Cristo, nuestro Salvador.
- En esta tarde, en la que Cristo oró por sus amigos, oremos por nuestra Comunidad parroquial, por nuestros enfermos, por los que entregan su vida por el Evangelio y por los que viven alejados de Dios; para que el paso del Señor les alcance la paz, la salud, el perdón y el gozo de su cercanía y amistad. Oremos a Cristo, nuestro hermano.
- En esta tarde santa, en que Jesús nos dejó en mandato del amor, oremos por todo el pueblo de Dios, para que reunido en torno al banquete Pascual, y alimentado de su Cuerpo y de su sangre, seamos capaces de crear una fraternidad universal siendo constructores de la paz y la justicia que Él nos mereció. Oremos a Cristo, Príncipe de la paz.
Señor Jesús, que antes de derramar tu Sangre por nuestra salvación quisiste quedarte en la Eucaristía para ser nuestro alimento y nuestra vida, concédenos gustar el Sacramento del amor y ser signos de tu presencia en medio de los hombres. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R./ Amén
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos el memorial de la muerte de tu Hijo,
se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la comunión
Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida da la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Traslación del Santísimo Sacramento
Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño. Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito, con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lugar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Durante la procesión, se canta el himno Pangue lingua (excepto las dos últimas estrofas) a algún otro canto eucarístico. Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramento, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras tanto se canta la parte final del himno Tantum ergo. Para resaltar el sentido litúrgico del monumento evítese exponer el Santísimo en la custodia. Enseguida se cierra el tabernáculo o la urna del depósito. Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los ministros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía. Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo.
Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacramento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.
Reflexión del día
El asombro del Cenáculo: Amados hasta el extremo
El Jueves Santo nos envuelve en una atmósfera de profunda intimidad. Al cruzar las puertas del Triduo Pascual, el Evangelio de San Juan nos recibe con una de las frases más conmovedoras de toda la Biblia: "Los amó hasta el extremo". No se trata de un amor romántico ni de una simple declaración de afecto; es un amor que se desgasta, que se arrodilla, que se parte y se reparte.
En nuestras vidas aceleradas, donde muchos sienten el peso de la soledad, el agotamiento laboral o el dolor de sentirse poco valorados en sus propios hogares, esta noche santa tiene una palabra de sanación. A veces buscamos respuestas místicas o teologías complejas para sostener nuestra fe, pero Jesús nos responde con acciones concretas. Dios no se queda en el cielo dictando normas; Dios baja, se ciñe una toalla y nos lava la suciedad del camino.
Dejarse lavar por Dios
La reacción de Pedro frente al lavatorio de los pies es profundamente humana y muy actual: “¡Tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Para la mentalidad de la época, lavar los pies era tarea exclusiva de los esclavos no judíos. Ver al Maestro haciendo esto era un escándalo inaceptable. Sin embargo, detrás de la negativa de Pedro hay también un orgullo espiritual que muchos padecemos.
Nos cuesta dejarnos amar por Dios en nuestra miseria. Preferimos presentarnos ante Él "limpios", con nuestras virtudes y nuestros éxitos. Pero Jesús es claro: "Si no te lavo, no podrás compartir mi suerte". El teólogo Joseph Ratzinger (Benedicto XVI, 2011) en su obra Jesús de Nazaret, nos enseña que este "lavatorio" es el sacramento del perdón, la purificación constante que necesitamos porque los caminos del mundo nos ensucian los pies todos los días (p. 68). Reconocer que necesitamos ser purificados, que arrastramos rencores, fallas matrimoniales o impaciencias, es el primer paso para sentarnos en la mesa del Señor.
La Eucaristía: Pan para los cansados
En esta noche conmemoramos también el misterio que da sentido a toda la vida de la Iglesia: la Institución de la Eucaristía. San Pablo nos recuerda en la segunda lectura que, "la noche en que fue entregado", Jesús inventó la forma de quedarse con nosotros para siempre. ¡Qué paradoja divina! En la noche de la traición, de la oscuridad humana más profunda, Dios responde con la mayor entrega de luz.
Para quien se siente espiritualmente vacío o cree que su relación con Dios se ha vuelto monótona, el Sagrario es la respuesta. La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino el alimento indispensable para los débiles. Como nos recuerda el Papa Francisco (2013), la comunión es la medicina que sana nuestra memoria herida por las cruces de la vida cotidiana.
El mandato del servicio silencioso
Al terminar de lavar los pies, Jesús nos deja su testamento: "Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo". La Eucaristía sin caridad fraterna es una adoración incompleta. Salir de la Misa del Jueves Santo significa estar dispuestos a lavar los pies de quienes nos rodean.
¿Qué significa esto hoy? Significa escuchar pacientemente al anciano que repite la misma historia, tener paciencia con el hijo adolescente rebelde, ser honesto en nuestros trabajos aunque nadie nos vea, y cuidar con ternura al cónyuge enfermo. El servicio silencioso es la verdadera liturgia de la calle. Que al acompañar a Jesús esta noche en el Monumento, nuestro corazón aprenda la lección del Cenáculo: solo sirviendo desde abajo podemos amar "hasta el extremo".
Monición de despedida
(Nota litúrgica: Hoy no se da la bendición final, ya que la celebración continúa espiritualmente hasta la Vigilia Pascual).
Hermanos, hemos sido testigos del amor infinito del Señor, manifestado en la Eucaristía y en el lavatorio de los pies. A partir de este momento, acompañaremos al Santísimo Sacramento hasta el lugar de la reserva. Guardemos un profundo silencio. Se nos invita a permanecer en oración y vigilia junto a Jesús esta noche, recordando sus palabras en Getsemaní: "¿No han podido velar una hora conmigo?".
Referencias
- Benedicto XVI. (2011). Jesús de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Ediciones Encuentro.
- Conferencia Episcopal Argentina. (2026). Leccionario de la Misa. Obtenido de Curas.com.ar: https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
- Francisco, Papa. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Tipografía Vaticana. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
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