
Tips Litúrgicos del Día
- Hoy se celebra a Jesucristo como Sumo y Eterno Sacerdote; el color litúrgico es el blanco o dorado, símbolo de la gloria y la alegría pascual.
- Se sugiere realizar una oración especial por todos los sacerdotes, especialmente por aquellos que están pasando por momentos de dificultad o desolación.
- Es un día propicio para visitar el Santísimo Sacramento, si es posible, y hacer un acto de reparación y adoración.
- Durante la Misa, pon especial atención al momento de la consagración, renovando tu fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
- Al rezar el Gloria y el Credo, hazlo con particular devoción, uniendo tu voz a la de toda la Iglesia que hoy alaba a su Sumo Sacerdote.
- Como gesto concreto, se puede ofrecer una comunión espiritual por quienes no pueden acercarse físicamente a recibir al Señor.
Citas Bíblicas del Día
- «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec» (Salmo 109, 4).
- «Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía» (Lucas 22, 19).
- «Mi siervo triunfará, será exaltado y elevado a una altura muy grande» (Isaías 52, 13).
- «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad» (Salmo 39, 8-9).
Santo del Día
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura
- Salmo
- Monición al Evangelio
- Evangelio del Día
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del Día
- Monición de Despedida
- Referencias
Hoy, además de la fiesta principal, la Iglesia recuerda a San Germán de París. Fue un obispo que, en el siglo VI, se distinguió por su profunda caridad y su incansable labor de evangelización en la antigua “Ciudad Luz”. Fundó varios monasterios y fue un pastor celoso que supo guiar a su pueblo con sabiduría y humildad, reflejando en su servicio el mismo corazón sacerdotal de Cristo que hoy celebramos.
Monición de Entrada
Queridos hermanos y hermanas: Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en esta hermosa fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy, el jueves posterior a Pentecostés, la Iglesia en muchas regiones de habla hispana dirige su mirada al único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Él, que es sacerdote, víctima y altar, nos ha abierto las puertas del cielo con su sacrificio y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre. Comencemos esta santa misa con un corazón lleno de gratitud y alabanza.
Monición a la Primera Lectura
La primera lectura, tomada del profeta Isaías, nos presenta el impresionante poema del Siervo Sufriente. En estos versículos contemplamos la paradoja de un Mesías que triunfa no por la fuerza, sino por la humillación y el sufrimiento. Sus heridas nos han curado y su entrega nos ha justificado. Escuchemos con atención esta profecía que se cumple plenamente en Jesús, el verdadero Sumo Sacerdote.
Primera Lectura
Lectura del libro de Isaías, 52, 13 — 53, 12
Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él
porque desfigurado no parecía hombre
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio?
¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros;
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Sobre él descargó el castigo que nos sana
y con sus cicatrices nos hemos curado.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca:
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, lo arrebataron.
¿Quién se preocupará de su estirpe?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará con su conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomó el pecado de muchos
e intercede por los pecadores.
Salmo
Salmo 39
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor;
Él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, temerán
y confiarán en el Señor. R/.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me has abierto el oído;
tú no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy,
como está escrito en el libro,
para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
llevo tu ley en mis entrañas. R/.
He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado tu justicia en el pecho,
he proclamado tu fidelidad y tu salvación. R/.
Monición al Evangelio
El Evangelio de san Lucas nos sitúa en el Cenáculo, en la noche misma en que Jesús iba a ser entregado. Con un deseo ardiente, celebra la Última Cena e instituye la Sagrada Eucaristía, el memorial de su pasión, muerte y resurrección. En este momento supremo, Cristo se nos da como alimento y sella la nueva Alianza con su sangre. Pongámonos de pie y recibamos la Buena Noticia de la salvación.
Evangelio del Día
Del Evangelio según San Lucas, 22, 14-20
Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa, y los apóstoles con él. Y les dijo:
—«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios.»
Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:
—«Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.»
Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
—«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
Después de cenar, tomó de nuevo la copa, diciendo:
—«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»
Oración de los Fieles
Al celebrar a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, presentemos nuestras súplicas al Padre, seguros de que su Hijo intercede por nosotros.
- Para que el Papa, los obispos y todos los sacerdotes vivan su ministerio con fidelidad, alegría y espíritu de servicio. Roguemos al Señor.
- Por los ministros y colaboradores de caminoyoracion.org, para que su labor en la viña digital dé frutos abundantes y sea un instrumento de encuentro con Dios. Roguemos al Señor.
- Por las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que muchos jóvenes se sientan atraídos por el testimonio de Cristo, Buen Pastor. Roguemos al Señor.
- Por todas las personas que sufren y se sienten abandonadas, para que experimenten la cercanía del Sumo Sacerdote que cargó con nuestros dolores. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, aquí reunidos, para que al participar del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos convirtamos en aquello que recibimos. Roguemos al Señor.
Padre misericordioso, acoge estas plegarias que te presentamos por mediación de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Junto con el pan y el vino, presentemos al Señor nuestra vida y nuestro trabajo, unidos al sacrificio de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Que estas ofrendas sean signo de nuestra entrega agradecida.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma.
Pero, no pudiendo hacerlo sacramentalmente ahora,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y, como si ya te hubiera recibido,
me abrazo y me uno todo a Ti.
No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.
Reflexión del Día
La liturgia nos regala hoy una fiesta cargada de significado: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. No se trata de una idea abstracta ni de un título reservado a los ministros ordenados, sino del corazón mismo de nuestra fe: la certeza de que alguien, eternamente, está ante el Padre intercediendo por nosotros (Cf. Heb 7, 25).
Un sacerdocio inscrito en la carne
La primera lectura, tomada del cuarto cántico del Siervo, desconcierta. Nos habla de un Mesías «desfigurado», «sin aspecto atrayente» (Is 52, 14). La lógica humana esperaría un Sumo Sacerdote revestido de gloria y majestad; sin embargo, Dios revela su poder en la absoluta vulnerabilidad. «Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes» (Is 53, 5).
San Juan Pablo II, en su Carta Apostólica Salvifici Doloris, afirma que «Cristo se ha puesto de parte de los que sufren; ha hecho suyos los sufrimientos morales y físicos de toda la humanidad» (SD, 18). Esta verdad es un bálsamo para quien hoy se siente solo en su dolor. Para aquel profesional agotado que apenas tiene tiempo de levantar la cabeza, o para la madre que carga en silencio con las heridas de su familia, el Siervo sufriente susurra: “Yo ya estuve ahí. Y estoy contigo”.
La Eucaristía, centro del “hagan esto”
Lucas nos traslada al Cenáculo. Jesús «deseó enormemente» comer aquella Pascua (Lc 22, 15). La palabra griega epithymia expresa un anhelo profundo, casi doloroso. ¿Qué deseaba tanto el Señor? Quedarse para siempre con nosotros bajo las especies de pan y vino.
El Catecismo enseña que «la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe» (CEC 1327). Pero, más aún, es el sacramento que construye la Iglesia (CEC 1396). Cada “hagan esto en memoria mía” nos configura como su cuerpo místico. No es un simple recuerdo psicológico; es un memorial (zikkarón) que actualiza sacramentalmente su entrega.
Para quien busca un propósito más profundo en su vida cotidiana —ya sea un estudiante universitario, un emprendedor o un jubilado— la Eucaristía es la respuesta: no estamos hechos solo para “funcionar”, sino para “amar hasta el extremo”. La fecundidad de nuestro día a día se mide en la capacidad de convertir el trabajo, el estudio y las relaciones en ofrenda unida al sacrificio de Cristo.
“Aquí estoy para hacer tu voluntad”
El Salmo 39 nos pone en los labios la respuesta del Hijo al Padre: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad» (Sal 39, 8-9). La Carta a los Hebreos aplica estas palabras directamente a Jesús al entrar en el mundo (Heb 10, 5-7). Su sacerdocio no se fundamenta en genealogías ni en ritos pasajeros, sino en la obediencia filial.
Benedicto XVI, en Jesús de Nazaret, lo explica bellamente: «La esencia del sacrificio de Jesús consiste en que él, con toda su existencia, dice ‘sí’ al Padre, y ese ‘sí’ lo pronuncia no solo con palabras, sino con la entrega total de sí mismo» (Benedicto XVI, 2011, p. 276).
Aquí encontramos una clave pastoral para el joven que se debate entre mil opciones y no se decide por ninguna, o para el matrimonio que lucha por mantenerse fiel en las tormentas. La verdadera libertad no consiste en hacer siempre lo que apetece, sino en descubrir que entregar la vida es ganarla. La pregunta no es “¿qué quiero hacer?”, sino “Señor, ¿qué quieres que haga?”.
Sacerdotes, víctima y altar
La fiesta nos recuerda que en Cristo se unen las tres realidades del culto: él es el sacerdote que ofrece, la víctima que se inmola y el altar sobre el cual se consuma el sacrificio. Como recoge San Agustín, «Cristo es a la vez el sacerdote, la ofrenda y el templo» (De Civitate Dei, X, 20).
Esta unidad debe resonar en nuestra propia vida. Cada cristiano, en virtud del bautismo, participa del sacerdocio común de los fieles (CEC 1546). Esto significa que nuestro trabajo, nuestro descanso y nuestras relaciones pueden convertirse en materia de ofrenda. No es necesario realizar grandes gestas; basta con vivir cada instante con amor, «porque el amor cubre la multitud de los pecados» (1 Pe 4, 8).
Aplicación práctica para la semana
- Vive una hora de adoración eucarística. Si puedes, acércate a una capilla y simplemente “está” con el Sumo Sacerdote que te espera.
- Ofrece tres actos de obediencia concreta. En lugar de buscar tus gustos, haz durante esta semana tres cosas que beneficien a otros, como un sí dicho al Padre.
- Reza por un sacerdote. Llama, escribe o simplemente encomienda de manera especial a un sacerdote de tu parroquia; ellos necesitan sentir el apoyo del pueblo santo de Dios.
- Repite la antífona del salmo: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” cada mañana, convirtiéndola en el programa de tu jornada.
Monición de Despedida
Queridos hermanos: Hemos sido alimentados por el Cuerpo y la Sangre del Sumo y Eterno Sacerdote. No dejemos que esta celebración termine aquí. Llevemos al mundo la alegría de haber estado con Jesús, y vivamos cada día como una ofrenda agradable a Dios. Podéis ir en paz, ¡y que el Sacerdote eterno os bendiga!
Referencias
- Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). nn. 1327, 1396, 1546. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/
- Benedicto XVI. (2011). Jesús de Nazaret: Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Madrid: Ediciones Encuentro.
- Juan Pablo II. (1984). Salvifici Doloris. Carta apostólica. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1984/documents/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris.html
- San Agustín. (s.f.). La Ciudad de Dios, Libro X, cap. 20. https://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm
- Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. (2010). https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/
- Dominicos.org. (2026). Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. https://www.dominicos.org
- Aciprensa. (s.f.). San Germán de París. https://www.aciprensa.com/santos/san-german-de-paris
- Vatican News. (s.f.). Oración de Comunión Espiritual. https://www.vaticannews.va/es/oraciones/comunion-espiritual.html
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