Escucha Israel – Reflexión Dominical 31 de Octubre de 2022

Jose Toro
esucha israel

Una vez en un pueblo estábamos de misión, Temblador- Estado Monagas. Éramos varios y visitabamos casa a casa. Normalmente la gente es muy receptiva.

Tocamos una puerta, nos abrió un señor joven de barba, le comentamos que éramos de la Iglesia Católica y que estábamos recorriendo la comunidad predicando la palabra de Dios.

Nos hizo pasar a la sala.

Predicando a un musulmán

Cuando estábamos sentados llamó a su esposa y nos la presentó y la hizo sentar también con nosotros, ella con un niño en brazos.

No recuerdo su nombre, la verdad eso fue hace más de diez años. Antes de que empezáramos a hablar nuestro mensaje. (Previamente las misiones eran organizadas con una temática determinada dependiendo de la situación y el contexto ya sea el tiempo litúrgico o la necesidad de la Iglesia en ese momento). Él empezó a hablar, nos comentó que era musulmán, que nos recibía pero que no pensaba convertirse. Nos explicó su religión y nos habló del profeta Mahoma, lo escuchamos con mucho respeto. Cuando terminó su explicación nos tocaba a nosotros hablar de Jesús.

Cuando nos tocó a nosotros hablar la esposa hizo un pequeño gesto casi imperceptible que yo noté con mucha curiosidad, ella, con una mano, le tapó la orejita al bebé que tenía en brazos, no quería que el niño escuchara el mensaje cristiano.

Esucha Israel. Shemá

Esta mujer sabía que la fe entra por el oído, por eso no quería que el niño escuchara lo que nosotros teníamos para decirle. La escucha es una actitud previa para que el Mensaje de Dios de fruto en nuestro corazón.

La actitud de escucha hará posible el cumplimiento de los mandamientos. El Evangelio de hoy habla del Shemá, le preguntan a Jesús: ¿Cuál es el mandamiento más importante? Por acá te dejo el Evangelio:

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Ante la pregunta del escriba Jesús responde con el Shemá, Amarás al Señor con todos tu corazón, con toda tu alma y con toda tus fuerzas. Con todo tu ser.

La clave es amar a Dios

Esta es una clave importante, se escucha para amar. El amor es el centro de nuestra fe.

El amar a Dios es la Roca, es la columna vertebral de todo el Cristianismo y del judaísmo. Sin amor no tendría sentido los sacramentos, no tendrían sentido los templos, ni las iglesias. ¡Todo absolutamente todo se centra en el amor!

El amor es lo más elementalmente humano, el amor nos humaniza y nos hace hijos de Dios.

En el bautizo nos hacemos hijos, bajo la premisa de: Este es mi hijo amado, en quien me complazco.

La clave es el amor. El amor es nuestra religión.

Evidentemente que ese amor luego se estructura en ritos, prácticas y costumbres, también de tradiciones diversas y que terminan convirtiéndose en culturas.

Pero todos estos procedimientos y realidades sin amor no tiene sentido.

Un amor que se desborda

Y cuando la religión, la fe, se vive correctamente, digamos así, la verdadera fe basada en la escucha del amor supremo, naturalmente tiende a desbordarse en gestos de amor.

Gestos de amor que fundan la segunda parte, lo que agrega Jesús: Amar al prójimo como uno mismo.

El amor al otro es una condición natural de una fe sana.

Señor enséñame a amar

Señor, la fe cristiana no es una fe autorreferencial, sino que tiende al bien común.

Enséñame a escuchar tus mandamientos, hacerlos vida en mi, para poder predicarte con mi vida.

Que nuestra fe se manifieste en obras de caridad. Bendito seas Señor.

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