
Tips Litúrgicos del Día
- La liturgia viste de blanco, color de la alegría pascual y la esperanza en la Resurrección.
- Conviene destacar el tema del "Espíritu de la verdad", el gran don del Resucitado.
- Las flores y el canto del Aleluya mantienen viva la atmósfera festiva de la Pascua.
- Al ser el VI Domingo de Pascua, se celebra la Jornada de la Pascua del Enfermo, un momento para orar y acompañar a quienes sufren.
Citas Bíblicas del Día
- Hechos 8, 5.17: "Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo... Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo."
- 1 Pedro 3, 15-16: "Estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que se la pida. Pero háganlo con mansedumbre y respeto, y con una buena conciencia."
- Juan 14, 16-17: "Yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad."
Santo del Día: San Juan de Ávila (1500 - 1569)
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día: San Juan de Ávila (1500 - 1569)
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura (Hechos 8, 5-8. 14-17)
- Primera Lectura
- Lectura de los Hechos de los Apóstoles (8, 5-8. 14-17)
- Salmo
- Salmo Responsorial (Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16.20)
- Monición a la Segunda Lectura (1 Pedro 3, 15-18)
- Segunda Lectura
- Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro (3, 15-18)
- Monición del Evangelio (Juan 14, 15-21)
- Evangelio del día
- Lectura del Santo Evangelio según San Juan (14, 15-21)
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día: El Dios incansable que no nos deja huérfanos
En este día, la Iglesia recuerda a San Juan de Ávila, sacerdote español y Doctor de la Iglesia Universal. Es una figura de inmensa relevancia para el mundo hispanohablante, conocido como el "Apóstol de Andalucía". Fue un hombre de profunda oración, maestro de santos y director espiritual de figuras como San Juan de Dios y Santa Teresa de Jesús. Su vida se caracterizó por una pasión ardiente por la predicación de Cristo y una inmensa caridad pastoral. Injustamente acusado por la Inquisición, vivió su prisión como un camino de purificación, donde escribió parte de su obra maestra espiritual, el "Audi, filia". Su sabiduría teológica y su experiencia mística hicieron que San Juan Pablo II lo nombrara Doctor de la Iglesia en 2011, presentándolo como un modelo de reforma interior y celo apostólico.
Monición de Entrada
Queridos hermanos y hermanas: ¡Sean todos bienvenidos a esta celebración del Sexto Domingo de Pascua! Reunidos por el amor de Cristo Resucitado, nos preparamos para celebrar la próxima venida del Espíritu Santo en Pentecostés. La liturgia de hoy nos revela un consuelo inmenso: Jesús no nos ha dejado solos. Él ha intercedido ante el Padre para que recibamos al "Defensor", el Espíritu de la verdad, que habita en nosotros y nos guía. En esta Eucaristía, abramos el corazón a ese dulce huésped del alma, que nos capacita para ser testigos de la esperanza en medio del mundo. Iniciemos esta celebración con un espíritu renovado y lleno de alegría pascual.
Monición a la Primera Lectura (Hechos 8, 5-8. 14-17)
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra cómo la promesa de Jesús se hace realidad en la vida de la primitiva comunidad. Escucharemos cómo Felipe, uno de los diáconos, predica a Cristo con poder en Samaría, una tierra considerada hostil. La alegría y los signos acompañan su palabra. Pero la plenitud del don del Espíritu Santo no llega por la sola predicación; es necesario el gesto sacramental de la imposición de manos por parte de los apóstoles Pedro y Juan. Esta lectura nos recuerda la importancia de la unidad de la Iglesia y la necesidad de la efusión del Espíritu para experimentar la verdadera alegría de la salvación. Escuchemos con atención.
Primera Lectura
Lectura de los Hechos de los Apóstoles (8, 5-8. 14-17)
En aquellos días, Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. La multitud escuchaba con atención y unanimidad lo que decía Felipe, porque oían hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. Y la ciudad se llenó de alegría.
Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaría había recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Ellos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Salmo
Salmo Responsorial (Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16.20)
R. / Aclamen al Señor, tierra entera.
Aclamen al Señor, tierra entera,
toquen en su honor.
Toquen en honor de su nombre,
hagan alabanzas gloriosas.
Digan a Dios: "¡Qué terribles son tus obras!" R.
Que toda la tierra se postre ante ti,
y que toquen para ti,
que toquen para tu nombre. R.
Vengan y admiren las obras de Dios,
sus hazañas en favor de los hombres.
Transformó el mar en tierra firme,
y a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él. R.
Fieles de Dios, vengan y escuchen,
les contaré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios,
que no rechazó mi súplica
ni apartó de mí su misericordia. R.
Monición a la Segunda Lectura (1 Pedro 3, 15-18)
El apóstol Pedro, primer Papa, nos dirige una exhortación que es de candente actualidad. En un mundo a menudo indiferente u hostil a la fe, los cristianos estamos llamados a ser testigos de la esperanza que nos habita. Pero esta defensa de la fe, esta "apología", no debe hacerse con prepotencia o agresividad, sino con "mansedumbre y respeto", como nos enseña Cristo. El propio Jesús es nuestro modelo supremo: Él, siendo justo, padeció por los injustos para conducirnos a Dios, dándonos su vida en la cruz y resucitando glorioso en el Espíritu. Escuchemos esta llamada a un testimonio sencillo y valiente.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro (3, 15-18)
Queridos hermanos:
Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar razón de su esperanza a todo el que se la pida. Pero háganlo con mansedumbre y respeto y con una buena conciencia, para que aquellos que difaman la buena conducta de ustedes en Cristo, queden avergonzados de sus calumnias. Porque mejor es padecer haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para conducirlos a Dios; muerto en la carne, pero vivificado en el Espíritu.
Palabra de Dios.
Monición del Evangelio (Juan 14, 15-21)
Nos ponemos de pie para escuchar la proclamación del Santo Evangelio. El texto que vamos a escuchar nos sitúa en el contexto íntimo de la Última Cena, en el llamado "Discurso de Despedida" de Jesús. Sus palabras están cargadas de ternura y promesa. Jesús no se va para abandonarnos; se va para enviarnos al Paráclito, el Abogado, el Defensor: el Espíritu Santo. Él nos enseñará la verdad más profunda y nos hará comprender la unión indisoluble entre el Padre, el Hijo y nosotros. La condición para recibir este don es el amor, un amor que se demuestra guardando sus mandamientos. Abramos el corazón a esta gran promesa que sostiene nuestra vida cristiana.
Evangelio del día
Lectura del Santo Evangelio según San Juan (14, 15-21)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y está en ustedes.
No los dejaré huérfanos; volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. En aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado de mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Sacerdote: Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que ha resucitado a su Hijo de entre los muertos, y pidámosle que derrame su Espíritu sobre toda la humanidad.
- Por la santa Iglesia, para que, impulsada por el Espíritu Santo como la comunidad de Samaría, anuncie el Evangelio a todos los pueblos con alegría y fidelidad. Roguemos al Señor.
- Por el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes y todos los ministros del Evangelio, para que, siguiendo el ejemplo de San Juan de Ávila, sean pastores según el corazón de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes de las naciones y por los que tienen autoridad, para que, dóciles al Espíritu de la verdad, promuevan la justicia, la paz y el cuidado de los más débiles. Roguemos al Señor.
- Por los que trabajan en el mundo digital y en los medios de comunicación, especialmente por la web caminoyoracion.org, para que su labor sea un puente de encuentro con Cristo y un instrumento de esperanza para quien busca a Dios en la red. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, reunidos en este domingo, y por los enfermos en su día, para que experimentemos la presencia del Paráclito que nos consuela, nos fortalece y nos hace testigos de la esperanza en nuestra vida diaria. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Escucha, Padre santo, estas súplicas que tu Iglesia te presenta con confianza filial. Por Jesucristo nuestro Señor.
Monición de Presentación de Ofrendas
Junto con el pan y el vino que llevamos al altar, ofrezcamos también nuestro deseo sincero de ser fieles al mandamiento del amor. Que esta ofrenda material sea el signo de nuestro corazón dispuesto a recibir y dar testimonio del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Oración de Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.
Reflexión del día: El Dios incansable que no nos deja huérfanos
El contexto del Evangelio de este sexto domingo de Pascua es de una intimidad sobrecogedora. Jesús está en la Última Cena, consciente de su partida, y sus apóstoles sienten una profunda desolación. Las palabras de Cristo son un bálsamo: "No os dejaré huérfanos". Esta promesa, proclamada hace veinte siglos, rompe la barrera del tiempo y llega hoy, intacta y poderosa, a cada uno de nosotros y, de manera muy especial, a aquellos que sienten el peso de la soledad, la confusión o el dolor. Es la respuesta de Dios a la orfandad existencial del hombre moderno.
¿Quién es este "huérfano" al que se refiere Jesús? No es solo quien carece de padres terrenales. Es todo aquel que se siente a la intemperie, sin raíces, sin futuro, sin un lugar seguro en el mundo. Es el joven que, inmerso en un mundo digital lleno de conexiones pero a menudo vacío de relaciones auténticas, busca incansablemente una identidad y un amor que no se esfumen con un clic. Es el adulto que, atrapado en la rutina, el estrés laboral y el ruido constante, siente que su vida carece de un sentido profundo y trascendente. Es el que sufre en su cuerpo o en su alma y, en medio del dolor, se pregunta: "¿Dónde está Dios?".
Para todos ellos, la respuesta de Jesús es contundente: "Yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté siempre con vosotros". La palabra "Paráclito" es rica en matices. Significa Abogado, Defensor, Consolador, aquel que está "llamado junto a" nosotros. Jesús no nos envía una energía cósmica impersonal, sino a una Persona, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que hace morada en nuestro interior. Como enseña San Pablo, el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad e intercede por nosotros con gemidos inefables.
San Juan de Ávila, el gran santo español que hoy celebramos y patrono del clero español, experimentó de manera viva esta verdad. Hombre de profunda oración y conocedor del corazón humano, sufrió la incomprensión y la cárcel, acusado injustamente. Aquel encierro, lejos de apartarle de Dios, se convirtió en el laboratorio donde el Espíritu Santo purificó su fe y escribió páginas maestras de una teología viva. Su vida es un testimonio de cómo el Espíritu de la verdad puede transformar una aparente derrota en una fecundidad apostólica inimaginable.
Ese mismo Espíritu actúa hoy. A quienes buscan la verdad con un corazón sincero y albergan dudas de fe, Jesús les promete el "Espíritu de la verdad", que no se impone con estruendo, sino con la suave brisa de una certeza interior que supera toda lógica humana. A quienes se sienten atrapados en la culpa, el "Paráclito" se presenta como el Abogado defensor que nos ofrece el don de la reconciliación. A quienes están desorientados, el Espíritu no da recetas mágicas, sino la luz para discernir el camino del bien.
¿Y cuál es nuestra parte en esta historia de amor? Jesús es claro: "El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama". El amor a Cristo no es un vago sentimentalismo; se verifica en el cumplimiento de sus mandamientos, cuyo núcleo es el amor a Dios y al prójimo. Nuestra respuesta al don del Espíritu es abrirle la puerta de nuestra vida cada día, con nuestra oración, con la escucha de la Palabra y con un amor concreto que se hace servicio.
La primera lectura de los Hechos nos muestra la crónica de una alegría desbordante. Cuando el Espíritu Santo llegó a Samaría a través de la predicación de Felipe y la imposición de manos de los apóstoles, una ciudad entera "se llenó de alegría". Como señala el Papa Francisco, la alegría del Evangelio "llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús". Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento.
La Pascua del Enfermo, que celebramos en este día, nos recuerda que esta alegría y esta presencia del Espíritu son especialmente para los que sufren. Para ellos, Cristo Resucitado es el "vivificado en el Espíritu" que ha vencido el dolor y la muerte. Acompañar a un enfermo, estar a su lado como el buen samaritano, es hacer palpable el amor del Paráclito, es ser sus manos y sus pies en medio de la prueba. Es amar con el estilo de la "mansedumbre y el respeto" que nos reclama San Pedro en la segunda lectura, ofreciendo razones para la esperanza, no desde la teoría, sino desde el testimonio paciente y amoroso.
Hoy, la Palabra nos interpela: ¿De verdad creemos que no estamos solos? ¿Vivimos como "habitados" por el Espíritu Santo o, por el contrario, nos dejamos llevar por el miedo y la desesperanza que el "mundo" nos ofrece? El mundo, entendido como todo aquello que se opone al plan de Dios, no puede recibir al Espíritu de la verdad, porque se basa en la autosuficiencia y la apariencia. Pero el cristiano, el que se sabe hijo en el Hijo, vive de otra dinámica: la de la confianza.
En estos días previos a Pentecostés, la Iglesia nos invita a intensificar nuestra oración: "Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor". Este fuego, como recuerda San Juan de Ávila, “no es para que se quede en nosotros, sino para que se extienda a otros” (Audi, filia, cap. 42). El don del Espíritu no es para el disfrute privado, sino para la misión. Se nos ha dado para que, "dispuestos siempre a dar razón de nuestra esperanza", seamos antorchas vivas de fe y caridad en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestros ambientes.
Este Sexto Domingo de Pascua es, sobre todo, un anuncio gozoso. Nuestra orfandad ha terminado. El Dios Trinidad ha hecho de nuestro corazón su morada. No caminamos solos ni huérfanos. Somos templos vivos del Dios vivo, y nuestra vocación es vivir y transmitir la alegría que brota de esta presencia, preparándonos para celebrar con gozo la gran efusión del Espíritu en Pentecostés.
Referencias
- Conferencia Episcopal Española. (2011). Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. (Versión litúrgica oficial de la Conferencia Episcopal Española).
- San Juan de Ávila. (2007). Audi, filia. Editorial BAC. (Obra original publicada en 1556).
- Papa Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
- Vatican News. (2026, 10 de mayo). Evangelio y Lecturas del día. https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html
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