
¡Oh, mi amado Dios, Verdad Eterna y Bondad Infinita, ante Ti me postro con el corazón contrito y humillado, reconociendo mi pequeñez y tu majestad insondable!
Te amo, Señor, con todo el fervor de mi alma, con la plenitud de mi mente y con la totalidad de mis fuerzas, por encima de todo lo creado y más que a mi propia existencia. Te amo no solo por tus innumerables dones y bendiciones que derramas sin cesar sobre mí y sobre toda la creación, sino, sobre todo, porque Tú eres la Suma Bondad, la Perfección Absoluta, el Amor en su esencia más pura, infinitamente digno de ser amado por Ti mismo.
Mi amor por Ti, oh Dios, brota de la gratitud por haberme llamado a la existencia de la nada, por haberme redimido con el sacrificio sublime de tu Hijo Jesucristo, mi Salvador, y por santificarme continuamente con la acción vivificante de tu Santo Espíritu. Reconozco en cada latido de mi corazón, en cada aliento de vida, en cada rayo de sol y en cada prueba superada, tu mano providente y tu amor misericordioso.
Deseo ardientemente corresponder a este amor inmenso con una entrega total y sin reservas a tu santa voluntad. Concédeme la gracia de amar lo que Tú amas, de desear lo que Tú deseas, de aceptar con paz y confianza todo cuanto dispongas para mi vida, aun en medio de las pruebas y la oscuridad, sabiendo que todo concurre para mi mayor bien y para tu mayor gloria.
Que mi vida entera sea un constante acto de amor hacia Ti, manifestado en el cumplimiento fiel de tus mandamientos, en la caridad hacia mi prójimo, en la búsqueda incansable de la santidad y en la adoración perpetua de tu Divina Majestad.
Fortaléceme, Señor, para que mi amor por Ti no desfallezca ante las dificultades, ni se enfríe ante las tentaciones del mundo. Que persevere en tu amor hasta el último aliento, para que, al final de mis días, pueda unirme a Ti en la eternidad y contemplar tu Rostro amado para siempre.
Amén.
¿QUÉ DÍAS DEBO HACERLA Y CÓMO?
Este Acto de Caridad, al ser una expresión profunda de amor a Dios, es algo que puedes incorporar en tu vida de oración diaria. No hay días específicos "obligatorios" para hacerla, pero aquí te ofrezco algunas sugerencias para integrarla:
- Diariamente, como parte de tu oración matutina o nocturna:
- Mañana: Ofrecer esta oración al inicio del día te ayuda a poner a Dios en el centro de tus intenciones y acciones desde el primer momento. Te prepara para vivir el día en su presencia y con un propósito de amor.
- Noche: Rezarla antes de dormir te permite revisar el día bajo la luz del amor divino, agradecer sus bondades y pedir perdón por las faltas de amor.
- En momentos de especial necesidad o gratitud:
- Cuando te sientas abrumado por la alegría o una bendición, recítala como un acto de profundo agradecimiento.
- Cuando enfrentes una prueba o dificultad, úsala para reafirmar tu confianza y amor en Dios, sabiendo que Él está contigo.
- Antes de tomar una decisión importante, para pedir la guía divina y asegurarte de que tus acciones estén motivadas por el amor a Dios.
- Durante la Misa o la Adoración Eucarística:
- Es un momento muy propicio para esta oración, especialmente durante la Consagración o la Comunión, donde te unes íntimamente a Jesús, el Amor Encarnado.
¿CÓMO HACERLA?
La clave no es solo repetir las palabras, sino hacerlas tuyas con el corazón:
- Con plena conciencia y atención: No recites la oración de forma mecánica. Detente en cada frase, medita en su significado y siente la verdad de lo que estás diciendo.
- Desde el corazón: La caridad es el amor. Permite que tu corazón se eleve hacia Dios con un sentimiento genuino de afecto, gratitud y deseo de unirte a Él.
- En un ambiente de recogimiento: Busca un lugar tranquilo donde puedas concentrarte sin distracciones.
- Si es posible, en voz alta o susurrando: Articular las palabras puede ayudar a que la oración sea más consciente y sentida.
- Acompañada de un deseo de acción: Un verdadero Acto de Caridad no se queda solo en palabras. Debe inspirarte a vivir de acuerdo con el amor que profesas a Dios, amando a tu prójimo y cumpliendo sus mandamientos. Después de la oración, pregúntate: "¿Cómo puedo mostrar este amor a Dios en mis acciones hoy/ahora?"
- Respira profundamente: Antes de comenzar, toma un par de respiraciones profundas para calmar tu mente y centrarte en la presencia de Dios.
Recuerda que la oración es una conversación con Dios. Lo más importante es la sinceridad de tu corazón al expresarle tu amor.
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La oración me conecta con mi Señor Jesús a quien le debo todo lo que soy. Un sentimiento de gratitud permanente!!
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