
- Tips Litúrgicos del Día
- Citas Bíblicas del Día
- Santo del Día
- Monición de Entrada
- Monición a la Primera Lectura
- Primera Lectura del Día de Hoy
- Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14
- Salmo del Día de Hoy
- SALMO Sal 129, 1-5. 6c-8
- Monición a la Segunda Lectura
- Segunda Lectura Del Dia de Hoy
- Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11
- Monición del Evangelio
- VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26
- Evangelio del Día de Hoy
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-45
- Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-7. 20-27. 33b-45
- Oración de los Fieles
- Monición de Presentación de Ofrendas
- Oración de Comunión Espiritual
- Reflexión del día: El Grito que nos devuelve la Esperanza
- Monición de Despedida
- Referencias
Bienvenidos a este espacio de encuentro con la Palabra. Hoy nos situamos en el corazón del itinerario cuaresmal, a las puertas de la Pasión. Las lecturas de este domingo son una proclamación de victoria sobre la muerte, recordándonos que el Dios en quien creemos es el Dios de la Vida.
Tips Litúrgicos del Día
- Color morado: Símbolo de penitencia y preparación espiritual.
- Sin Aleluya ni Gloria: La liturgia mantiene un carácter sobrio hasta la Vigilia Pascual.
- Velo de las imágenes: Desde hoy pueden cubrirse las cruces y las imágenes sagradas.
- Sentido de urgencia: La resurrección de Lázaro prefigura la propia Resurrección de Cristo.
Citas Bíblicas del Día
Según el Calendario Litúrgico 2026 (Ciclo A):
- Primera Lectura: Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14
- Salmo 129, 7: "En el Señor está la misericordia y la redención abundante."
- Segunda Lectura: Romanos 8, 11: "El que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales."
- Juan 11, 25: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá."
Santo del Día
Hoy recordamos a San Bienvenido Scotivoli, obispo de Osimo en el siglo XIII. Fue un reformador incansable y defensor de la disciplina eclesiástica, conocido por su profunda caridad hacia los pobres y su fidelidad a la Orden Franciscana. Su vida nos enseña que la verdadera vida en el Espíritu se manifiesta en el servicio concreto a los más vulnerables.
Monición de Entrada
Hermanos, hoy celebramos el Quinto Domingo de Cuaresma. La Iglesia nos invita a levantar la mirada hacia la esperanza. En un mundo a menudo marcado por el desaliento y la "cultura de la muerte", la Palabra de hoy nos asegura que Cristo es el Señor de la Vida. Nos unimos para celebrar que ninguna tumba es definitiva cuando Dios pronuncia nuestra palabra.
Monición a la Primera Lectura
El profeta Ezequiel nos presenta una de las imágenes más potentes del Antiguo Testamento. Dios promete infundir su espíritu en un pueblo que se siente seco y sin esperanza, devolviéndoles la dignidad y la patria. Escuchemos esta promesa de restauración.
Primera Lectura del Día de Hoy
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14
Así habla el Señor:
Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.
Palabra de Dios.
Salmo del Día de Hoy
SALMO Sal 129, 1-5. 6c-8
R. En el Señor se encuentra la misericordia
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
R. En el Señor se encuentra la misericordia
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
R. En el Señor se encuentra la misericordia
Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor.
R. En el Señor se encuentra la misericordia
Porque en Él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados.
R. En el Señor se encuentra la misericordia
Monición a la Segunda Lectura
San Pablo nos explica que los cristianos ya no vivimos según la "carne" (los criterios del mundo), sino según el Espíritu de Dios. Ese mismo Espíritu que resucitó a Jesús habita en nosotros como garantía de nuestra propia resurrección.
Segunda Lectura Del Dia de Hoy
El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en vosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11
Hermanos:
Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Palabra de Dios.
Monición del Evangelio
El Evangelio de hoy es el signo definitivo de la autoridad de Jesús: la resurrección de su amigo Lázaro. En este relato vemos a un Jesús profundamente humano que llora, pero también al Hijo de Dios que tiene poder sobre la muerte. Preparémonos para escuchar el grito: "¡Lázaro, sal fuera!".
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26
«Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí no morirá jamás», dice el Señor.
Evangelio del Día de Hoy
Yo soy la resurrección y la vida
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-45
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?»
Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él.»
Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo.»
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará.» Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo.»
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama.» Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?»
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»
Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.
Palabra del Señor.
O bien más breve:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-7. 20-27. 33b-45
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»
Jesús, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?»
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»
Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.
Palabra del Señor.
Oración de los Fieles
Celebrante: Elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que en la resurrección de su Hijo nos ha dado la esperanza de una vida nueva, y digamos con fe: R. Señor de la Vida, escúchanos.
- Por la Iglesia Santa de Dios: Para que, a semejanza de Marta y María, sepa acercarse a Cristo con confianza en los momentos de dolor, y sea en el mundo un signo visible de la victoria del Espíritu sobre la carne y la muerte. Roguemos al Señor.
- Por los pastores de la Iglesia y todos los evangelizadores: Para que su predicación sea el eco del grito de Jesús ante el sepulcro, llamando a todos los hombres a salir de las sombras del pecado hacia la luz de la verdad. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes y las naciones: Para que el Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos habite en el corazón de quienes toman decisiones, inspirando leyes que protejan la dignidad humana y promuevan la cultura de la vida. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren en el cuerpo o en el espíritu: Especialmente por quienes se sienten "muertos en vida" a causa de la depresión, la soledad o la falta de esperanza (como nos invita a orar la comunidad de caminoyoracion.org); para que experimenten la cercanía de Cristo que llora con ellos y los fortalece. Roguemos al Señor.
- Por los jóvenes y las familias que enfrentan "sepulcros" de adicción o división: Para que la fuerza del Espíritu Santo remueva las losas de sus corazones y les permita caminar en una renovada libertad y alegría. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros aquí reunidos: Para que esta Cuaresma sea un verdadero tiempo de resurrección personal, donde dejemos atrás nuestras "vendas" de egoísmo y salgamos al encuentro de nuestros hermanos con un corazón transformado. Roguemos al Señor.
Celebrante: Padre de bondad, que no te complaces en la muerte del pecador sino en que se convierta y viva, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos lo que con fe te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Monición de Presentación de Ofrendas
Al presentar este pan y este vino, presentamos también nuestras muertes cotidianas, nuestros miedos y nuestras esperanzas. Que el Señor transforme estos dones en el Cuerpo y la Sangre de aquel que es la Vida del mundo.
Oración de Comunión Espiritual
"Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón..."
Reflexión del día: El Grito que nos devuelve la Esperanza
El Evangelio de este Domingo V de Cuaresma nos sitúa ante una de las preguntas fundamentales de la existencia humana: ¿Es la muerte el final de todo? Para el creyente que busca profundidad, para aquel que quizás se siente cansado por las exigencias del día a día o por las sombras de una enfermedad, la respuesta de Jesús es rotunda: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25).
1. La Amistad de Jesús y nuestra Vulnerabilidad
Es hermoso observar que Jesús se conmueve y llora. El Papa Francisco, en sus reflexiones sobre este pasaje, destaca que Dios no es indiferente a nuestro dolor: "Jesús no es un espectador impasible... Él sufre con nosotros" (Francisco, 2014). Para quien hoy vive un luto o una pérdida emocional, este texto es un bálsamo. No adoramos a un Dios lejano, sino a uno que habita nuestras lágrimas.
2. "Quiten la losa": Nuestra parte en el milagro
Jesús pide a los presentes que retiren la piedra. A menudo, nosotros colocamos "losas" de escepticismo, de falta de perdón o de adicciones sobre nuestro propio corazón. Para experimentar la vida nueva, debemos permitir que la comunidad y la gracia nos ayuden a remover esos obstáculos. Como bien señalaba San Agustín en sus Sermones, "el que te creó sin ti, no te salvará sin ti" (Sermón 169, 13). La fe requiere nuestra cooperación activa para salir de la oscuridad.
3. Salir de los sepulcros cotidianos
Si te sientes atrapado en una rutina sin sentido o en una situación que parece no tener salida (el "olor a muerte" que menciona Marta), hoy el Evangelio te habla directamente. Toda parálisis espiritual tiene solución en Cristo. No importa si llevas "cuatro días" o cuatro años en ese estado. El Espíritu Santo, como dice San Pablo en la segunda lectura, tiene el poder de vivificar lo que está muerto.
En este tramo final de la Cuaresma, preguntémonos: ¿Qué vendas necesito que Jesús desate hoy? Que nuestra fe no sea una idea abstracta, sino un encuentro vivo con Aquel que nos llama por nuestro nombre para que caminemos en libertad.
Monición de Despedida
Nos vamos con la certeza de que la vida vence a la muerte. Que la fuerza de este encuentro con la Palabra nos sostenga durante la semana, permitiéndonos ser testigos de esperanza allí donde haya tristeza o desesperanza. Vayan en paz.
Referencias
- Agustín de Hipona. (s.f.). Sermón 169. Recuperado de Augustinus.it
- Biblia de Jerusalén. (2009). Sagrada Biblia. Editorial Desclée de Brouwer.
- Curas.com.ar. (2026). Libros Litúrgicos: Ciclo B. Recuperado de https://curas.com.ar/wp/libros-liturgicos/
- Francisco. (2014). Ángelus, 6 de abril de 2014. Libreria Editrice Vaticana. Recuperado de Vatican.va
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