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Moniciones, Lecturas y Evangelio del Miércoles 28 de Octubre de 2026 - San Simón y San Judas, apóstoles - Fiesta

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Tips Litúrgicos del Día

Índice del Artículo

Hoy celebramos la Fiesta de San Simón y San Judas, apóstoles. Es un día de fiesta en el calendario litúrgico, por lo que se usa el color rojo en las vestiduras, propio de las celebraciones de mártires y apóstoles.

Al ser fiesta de apóstoles, el Gloria se proclama durante la Misa. El Credo también se reza en esta celebración.

La liturgia nos invita a recordar que la Iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles, y que nosotros somos parte de esa construcción viva como piedras que se integran al edificio espiritual.

San Judas Tadeo es el patrono de las causas imposibles y desesperadas. Muchos fieles acuden hoy a su intercesión con confianza filial.

Se recomienda preparar la celebración con esmero, pues es una fiesta que convoca a muchos fieles devotos de estos santos apóstoles.

Citas Bíblicas del Día

«Ya no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.» (Ef 2, 19)

«Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús.» (Ef 2, 20)

«Se postró a los pies de Jesús y le rogaba: "Señor, si quieres, puedes limpiarme."» (Lc 5, 12)

«El poder del Señor estaba con él para sanar a los enfermos.» (Lc 5, 17)

Santo del Día

San Simón y San Judas, apóstoles. San Simón, llamado el Zelote, y San Judas Tadeo, a quien no hay que confundir con Judas Iscariote, fueron dos de los doce apóstoles elegidos por Cristo. Según la tradición, ambos predicaron el Evangelio en tierras lejanas y derramaron su sangre por la fe. San Judas Tadeo es venerado como patrono de las causas difíciles y desesperadas, y su carta, breve pero profunda, nos exhorta a contender por la fe transmitida a los santos de una vez para siempre (Jud 3). San Simón, por su parte, es presentado en los Evangelios como el Zelote, mostrando que el celo por la verdad de Dios encuentra su plenitud en el seguimiento de Cristo. Ambos nos enseñan que la fidelidad a Jesús no conoce fronteras ni excusas, y que la comunión con los apóstoles es garantía de comunión con el mismo Cristo.

Moción de Entrada

Queridos hermanos, hoy nos reunimos con gozo para celebrar la fiesta de los apóstoles San Simón y San Judas. Ellos fueron elegidos por el Señor para ser testigos de su resurrección y columnas de la Iglesia naciente. Al entrar en esta celebración, dispongamos el corazón para escuchar la Palabra que nos edifica como pueblo de Dios, y pidamos la intercesión de estos santos apóstoles para que también nosotros seamos fieles testigos de Cristo en medio del mundo. Somos llamados a ser miembros de la familia de Dios, conciudadanos de los santos. Iniciemos esta Eucaristía con alegría y reverencia.

Moción a la Primera Lectura

La carta a los Efesios nos recuerda que, por medio de Cristo, hemos dejado de ser extranjeros y advenedizos para convertirnos en conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Esta lectura nos invita a comprender que la Iglesia no es un edificio de piedras muertas, sino un templo vivo, edificado sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, con Cristo como piedra angular. Escuchemos con atención esta Palabra que nos revela nuestra dignidad como hijos de Dios.

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios

Ef 2, 19-22

Hermanos: Ya no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús. En él, toda la construcción, bien ajustada, crece hasta formar un templo santo en el Señor. En él también ustedes están siendo edificados, junto con los demás, en una morada de Dios por medio del Espíritu.

Palabra de Dios.

Salmo

Sal 18, 2-5

R/. A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos;
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

R/. A toda la tierra alcanza su pregón.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

R/. A toda la tierra alcanza su pregón.

Moción del Evangelio

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús subiendo a la montaña para orar y eligiendo a los doce apóstoles. Antes de elegir, Jesús ora. Esta es una lección profunda: toda misión nace de la oración y de la comunión con el Padre. Después, el Señor baja con sus discípulos y se encuentra con la multitud que busca ser sanada. El poder de Dios se manifiesta en medio de los enfermos y los que sufren. Escuchemos cómo Jesús llama a los suyos por nombre y les confía la misión de anunciar el Reino. Pongámonos de pie para escuchar el Santo Evangelio.

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Evangelio del Día

Lectura del santo Evangelio según san Lucas

Lc 6, 12-19

En aquellos días, Jesús subió a la montaña para orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando amaneció, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles: Simón, a quien dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Zelote; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Después bajó con ellos y se detuvo en un llano. Había allí una gran multitud de sus discípulos y mucha gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón, que habían venido a escucharlo y a hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Palabra del Señor.

Oración de los Fieles

A cada intención respondemos:

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por la santa Iglesia, para que, edificada sobre el fundamento de los apóstoles, permanezca firme en la fe y sea signo de unidad para todos los pueblos. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por los pastores de la Iglesia, para que, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, anuncien con valentía el Evangelio y guíen al pueblo de Dios con sabiduría y caridad. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por los enfermos y los que sufren, para que encuentren en Cristo la fuerza que sana y consuela, y experimenten la cercanía de quienes los acompañan con amor. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por los migrantes y sus familias, para que, lejos de su tierra, encuentren comunidades acogedoras que les recuerden que todos somos miembros de la familia de Dios. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por los defensores de la familia y de la vida, para que, sostenidos por la gracia, promuevan con valentía los valores del Evangelio en la sociedad. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por nuestra comunidad y por todos los que se reúnen en torno a la web caminoyoracion.org, para que este espacio digital sea instrumento de evangelización y de encuentro con Cristo para muchos hermanos. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Por nuestros difuntos, para que, por la intercesión de los apóstoles, alcancen la vida eterna en la presencia de Dios. Oremos al Señor.

R/. Señor, escucha nuestra oración.

Moción de Presentación de Ofrendas

Hermanos, al presentar el pan y el vino sobre el altar, presentamos también nuestra vida entera. Estos dones se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el mismo Señor que eligió a los apóstoles y les confió su misión. Unamos a esta ofrenda nuestras alegrías, nuestros sufrimientos y nuestras esperanzas, para que todo sea transformado por la gracia de Dios. Que esta Eucaristía nos haga crecer como piedras vivas del templo santo que es la Iglesia.

Oración de Comunión Espiritual

Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte espiritualmente en mi corazón. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven a mí con tu gracia y tu amor. Que tu presencia viva en mí me transforme, me fortalezca y me haga fiel discípulo tuyo, como lo fueron San Simón y San Judas. Haz de mi corazón un templo donde habites por medio del Espíritu Santo. Amén.

Reflexión del Día

El Evangelio de hoy nos muestra algo que puede parecer sorprendente: Jesús pasó toda la noche orando antes de elegir a sus apóstoles. Si el Hijo de Dios sintió la necesidad de orar antes de tomar una decisión tan importante, ¿cuánto más nosotros deberíamos hacerlo? La oración no es un accesorio de la vida cristiana; es su respiración. Antes de elegir, antes de actuar, antes de responder, Jesús se sumerge en la comunión con el Padre. Esta es la primera lección que nos dejan San Simón y San Judas: toda misión auténtica nace de la oración.

Quizás tú, querido hermano, estás enfrentando decisiones difíciles. Tal vez te encuentras lejos de tu tierra, buscando un futuro mejor para tu familia, y el peso de la incertidumbre te agobia. O quizás sientes que la fe de tus hijos se debilita y no sabes cómo transmitirles el amor a Dios en un mundo que a menudo lo rechaza. La respuesta del Evangelio es clara: sube también tú a la montaña de la oración. No enfrentes solo tus batallas. Jesús te espera en el silencio para darte luz, fuerza y consuelo.

Después de orar, Jesús llamó a sus discípulos y escogió a doce. Los llamó por su nombre. Dios no llama a multitudes anónimas; llama a personas concretas, con su historia y sus limitaciones. Simón, el Zelote, era un hombre apasionado por la liberación de su pueblo; Judas Tadeo, un hombre discreto pero fiel. Ninguno era perfecto, pero todos fueron elegidos. Esto nos llena de esperanza: el Señor también nos llama a nosotros, con nuestras virtudes y nuestras heridas, para ser parte de su misión.

El Evangelio dice que Jesús bajó con ellos y se detuvo en un llano, donde había una gran multitud. La gente venía de toda Judea, de Jerusalén, de Tiro y Sidón. Venían a escucharlo y a hacerse curar. La multitud no se acercaba por curiosidad, sino por necesidad profunda: buscaban la salud del cuerpo y del alma. Y el poder del Señor estaba allí, sanando a todos. Esta escena nos recuerda que Cristo sigue hoy sanando y consolando a través de su Iglesia, a través de los sacramentos, de la oración y del testimonio de los creyentes.

San Judas Tadeo es conocido como el patrono de las causas imposibles. ¿Cuántas veces nos encontramos ante situaciones que parecen no tener salida? Enfermedades que no mejoran, conflictos familiares que parecen irreconciliables, problemas económicos que nos superan. La devoción a San Judas nos enseña que ninguna causa está perdida cuando se pone en las manos de Dios. Él intercede por nosotros ante el trono de la gracia, y su testimonio nos anima a no perder la esperanza.

La primera lectura nos dice que ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Esta verdad es especialmente consoladora para quienes se sienten lejos de casa, para quienes han tenido que dejar su patria en busca de trabajo, para quienes experimentan la soledad del migrante. En la Iglesia, nadie es extranjero. Todos somos familia, todos somos hijos del mismo Padre, todos estamos edificados sobre el mismo fundamento: los apóstoles y los profetas, con Cristo como piedra angular.

Pero esta dignidad tiene una consecuencia. Si somos miembros de la familia de Dios, estamos llamados a vivir como tales. No podemos contentarnos con una fe superficial, de domingo solamente. La fe debe impregnar toda nuestra vida: nuestras relaciones familiares, nuestro trabajo, nuestras decisiones cotidianas. Los defensores de la familia y de la vida encuentran aquí un fundamento sólido: la familia es imagen de la Iglesia, y la Iglesia es familia de Dios. Defender la familia es defender el proyecto de amor que Dios ha querido para la humanidad.

San Simón y San Judas nos enseñan que la fidelidad a Cristo puede costar la vida, pero vale la pena. La tradición nos dice que ambos murieron mártires por la fe. No sabemos con certeza los detalles de sus últimos días, pero sí sabemos que permanecieron fieles hasta el final. La santidad no es cuestión de perfección, sino de perseverancia. No se trata de no caer nunca, sino de levantarse siempre y seguir caminando hacia el Señor.

Hoy, al celebrar esta fiesta, estamos invitados a renovar nuestro compromiso bautismal. También nosotros somos llamados a ser apóstoles, testigos de la resurrección en medio del mundo. No hace falta ir a tierras lejanas; la misión comienza en casa, en el barrio, en el trabajo, en la comunidad. Cada gesto de amor, cada palabra de aliento, cada acto de miser

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