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Lecturas y Evangelio de hoy Miércoles 26 de Agosto de 2026 - San Zeferino Namuncurá y Santa Teresa Jornet

🕊️ Oraciones y Liturgia de Hoy (Lunes 21 de Septiembre)
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Índice del Artículo

Tips Litúrgicos del Día

  • Color litúrgico: Blanco, por la memoria de los santos y la esperanza de la gloria.
  • Ambiente: Fomenta la acción de gracias por el trabajo bien hecho, inspirado en las parábolas de Jesús.
  • Oración personal: Pide al Señor la gracia de la fidelidad en las pequeñas tareas diarias, como nos enseñan los santos de hoy.
  • Gestos: Al comenzar la celebración, haz la señal de la cruz con devoción, recordando que somos cooperadores de Dios.

Citas Bíblicas del Día

«Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» (Lucas 14,11)

«Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.» (Mateo 7,5)

Santo del Día

Hoy celebramos a San Zeferino Namuncurá (1886-1905), joven mapuche argentino, hijo del cacique Namuncurá. Movido por el deseo de ser sacerdote salesiano para ayudar a su pueblo, murió en Roma con apenas 19 años. Es un ejemplo de humildad y entrega para la juventud hispana. También recordamos a Santa Teresa Jornet (1843-1897), fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que dedicó su vida al cuidado de los mayores, viendo en ellos el rostro de Cristo. Ambos santos nos enseñan que la grandeza está en el servicio humilde y amoroso.

Monición de Entrada

Queridos hermanos, en este día de gracia, nos reunimos para celebrar la Eucaristía. Hoy la Iglesia nos presenta el ejemplo luminoso de San Zeferino Namuncurá y Santa Teresa Jornet, quienes respondieron con humildad y valentía al llamado del Señor. Abramos nuestros corazones para aprender de ellos, y dispongámonos a escuchar la Palabra que nos invita a la verdadera grandeza: la del servicio y la humildad.

Monición a la Primera Lectura

En la primera lectura, San Pablo nos recuerda que somos colaboradores de Dios y que nuestra labor, por pequeña que parezca, es parte de un gran edificio: la Iglesia. Escuchemos con atención, porque el Señor nos llama a construir sobre el único fundamento que es Cristo.

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios (1 Cor 3,1-9)

Hermanos: No pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais soportarlo. Ni aun ahora podéis, porque seguís siendo carnales. Pues, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano? Cuando uno dice: «Yo soy de Pablo», y el otro: «Yo soy de Apolo», ¿no es que os portáis a lo humano? Pues ¿qué es Apolo? ¿Qué es Pablo? Servidores por medio de los cuales habéis creído, y cada uno según lo que el Señor le dio. Yo planté, Apolo regó, pero Dios dio el crecimiento. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. El que planta y el que riega son una misma cosa, aunque cada uno recibirá su salario conforme a su propio trabajo. Porque somos colaboradores de Dios, y vosotros sois campo de Dios, edificio de Dios.

Salmo

Salmo Responsorial (Sal 32,12-13.14-15.20-21)

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde los cielos, contempla a todos los hombres.

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió.

Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló el corazón de cada uno y conoce todas sus obras.

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió.

Nosotros esperamos en el Señor: él es nuestro auxilio y nuestro escudo. En él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió.

Monición a la Segunda Lectura

La segunda lectura es una llamada a la coherencia de vida: no basta decir «Señor, Señor», sino hacer la voluntad del Padre. Escuchemos esta exhortación con el deseo de edificar nuestra casa sobre la roca firme de la fe.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos (Rom 8,14-17)

Hermanos: Cuantos son guiados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no recibisteis un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino que recibisteis un espíritu de hijos adoptivos, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!». El mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos con él para ser también glorificados con él.

Monición del Evangelio

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús en casa de un fariseo, donde nos enseña la lección más importante del Reino: la humildad. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, porque el Maestro nos llama a ocupar el último lugar para ser enaltecidos por Dios.

Evangelio del Día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas (Lc 14,1.7-11)

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, y ellos lo estaban observando. Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: «Cuando te inviten a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que haya otro invitado más distinguido que tú, y venga el que os invitó a los dos y te diga: "Cede el puesto a este". Entonces, avergonzado, tendrás que ir a ocupar el último puesto. Al contrario, cuando te inviten, ve a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te invitó te diga: "Amigo, sube más arriba". Entonces quedarás en honor ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Oración de los Fieles

Presidente: Confiados en la bondad del Padre, presentemos nuestras súplicas por las necesidades de la Iglesia y del mundo.

  1. Por la Iglesia: Para que, guiada por el Espíritu Santo, sea siempre humilde servidora de la humanidad. Te rogamos, óyenos.
  2. Por los pastores: Para que, a ejemplo de Cristo, Buen Pastor, conduzcan al pueblo con amor y sabiduría. Te rogamos, óyenos.
  3. Por los jóvenes: Para que, como San Zeferino Namuncurá, descubran su vocación al servicio y la santidad. Te rogamos, óyenos.
  4. Por los ancianos y enfermos: Para que, como Santa Teresa Jornet, encuentren consuelo y compañía en su sufrimiento. Te rogamos, óyenos.
  5. Por todos los que buscan a Dios: Para que encuentren en la comunidad cristiana un hogar de esperanza y misericordia. Te rogamos, óyenos.
  6. Por la web caminoyoracion.org: Para que sea un instrumento de evangelización y oración para todos los hispanos que buscan la verdad. Te rogamos, óyenos.

Monición de Presentación de Ofrendas

Con el pan y el vino, presentemos al Señor nuestra vida, nuestro trabajo y nuestras fatigas. Que, unidos al sacrificio de Cristo, sean ofrenda agradable al Padre, como lo fue la entrega humilde de los santos que hoy celebramos.

Oración de Comunión Espiritual

«Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiera recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti; no permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén.»

Reflexión del Día

Hermanos, el Evangelio de hoy nos sitúa ante una verdad incómoda: nuestra tendencia a buscar los primeros puestos. En la vida diaria, en el trabajo, en la familia e incluso en la parroquia, muchas veces buscamos reconocimiento, aplausos y honores. Pero Jesús nos invita a invertir esa lógica: «Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Lc 14,11).

Esta enseñanza resuena profundamente en nuestra comunidad hispana, donde a menudo valoramos el orgullo y el honor. Sin embargo, los santos de hoy nos muestran un camino distinto. San Zeferino Namuncurá, siendo hijo de un cacique, renunció a los privilegios para servir a los más pobres. Santa Teresa Jornet dejó la comodidad para cuidar a los ancianos abandonados. Ambos entendieron que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en el amor humilde.

Como dice San Agustín: «La medida del amor es amar sin medida» (Carta 109, n. 2). Y ese amor se expresa en la entrega diaria, en las pequeñas cosas hechas con gran corazón. Dios no mira nuestras apariencias, sino nuestro corazón (cf. 1 Sam 16,7). Él conoce nuestras obras y nuestras intenciones, como nos recuerda el salmo: «Él modeló el corazón de cada uno y conoce todas sus obras» (Sal 32,15).

Hoy, en nuestra vida de fe, estamos llamados a examinar nuestras motivaciones. ¿Buscamos agradar a Dios o a los hombres? ¿Servimos por amor o por interés? La humildad no es debilidad, sino la fortaleza de quien confía plenamente en Dios. Es la actitud de quien sabe que todo lo que tiene es don, y que su única gloria es Cristo.

Que la intercesión de San Zeferino y Santa Teresa nos ayude a vivir esta virtud. Que, como ellos, sepamos ocupar el último lugar, convencidos de que el Padre nos exaltará en el momento oportuno. Porque la verdadera recompensa no está en los honores de este mundo, sino en la comunión eterna con Dios, donde seremos «herederos de Dios y coherederos con Cristo» (Rom 8,17).

Monición de Despedida

Hermanos, hemos celebrado la Eucaristía y escuchado la Palabra que nos transforma. Llevemos a nuestros hogares y trabajos la alegría del Evangelio, viviendo la humildad y el servicio. Que el ejemplo de los santos nos acompañe durante la semana. Vayan en paz, y que el Señor los bendiga.

Referencias

Agustín de Hipona. (s.f.). Carta 109. En Obras completas de San Agustín (Vol. XI, p. 45). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original publicada ca. 409 d.C.).

Conferencia Episcopal Española. (2026). Leccionario y Santoral para la diócesis de España. Ediciones Sígueme.

Papa Francisco. (2013). Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 24. Libreria Editrice Vaticana.

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