Libro de Baruc: Biblia Católica Completa

Libro de Baruc
Texto íntegro en la traducción católica de Monseñor Juan Straubinger, con notas patrísticas y exegéticas. 1 capítulos completos con acceso directo por versículos.
Introducción Canónica y Teológica
En el canon se agrega a las Lamentaciones el pequeño y bellísimo libro de Baruc, en hebreo "Bendito", cuyo texto original se ha perdido, pero que nos ha llegado en la versión griega de los Setenta, cuyos autores, judíos, lo admitían por lo tanto, como auténtico y canónico.
Tras una breve introducción histórica (1, 1-14) trae esta profecía la confesión de los pecados del pueblo desterrado que implora la misericordia de Dios (1, 15-3, 18), y termina con amonestaciones y palabras de consuelo (3, 9-5, 9). Se añade como capítulo sexto una carta del profeta Jeremías (6, 1-12) en que este condena con notable elocuencia la idolatría y el materialismo en el culto.
No hay duda de que el autor es aquel Baruc que conocemos como amanuense de Jeremías quien le dictó sus profecías y luego, hallándose preso, le encargó las leyera delante el pueblo, como lo hizo también más tarde ante los príncipes (Jeremías cap. 36).
Después de la caída de Jerusalén Baruc acompañó a Jeremías a Egipto (Jeremías 43); más tarde, en 582, lo encontramos en Babilonia entre los israelitas cautivos, a los cuales en presencia del rey Jeconías leyó su libro (Baruc 1, 3). Regresó a Jerusalén con una suma de dinero y vasos destinados para el culto del Templo.
La autoridad canónica del libro que algunos intentaron negar, está asegurada por la Tradición y por la solemne decisión del Concilio Tridentino.
El texto hebreo se ha perdido. Por eso seguimos la Vulgata.
## Baruc 1 {#c1}
1{:#c1-v1} Estas son las palabras del libro que escribió Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, hijo de Sedecías, hijo de Sedeí, hijo de Helcías, en Babilonia.
2{:#c1-v2} [[1]](#n-1){:#rn-1} el año quinto, el día siete del mes, en el tiempo que los caldeos se apoderaron de Jerusalén y la incendiaron.
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### Baruc y los desterrados
3[2] Y leyó Baruc las palabras de este libro en presencia de Jeconías, hijo de Joakim, rey de Judá, y delante de todo el pueblo que había venido a oír la lectura del libro,
4y delante de los magnates e hijos de los reyes, y delante de los ancianos, y delante del pueblo desde el más pequeño hasta el más grande de todos cuantos habitaban en Babilonia, junto al río Sodí;
5[3] los cuales oyéndolo lloraban y ayunaban, y oraban ante el Señor.
6Hicieron una colecta de dinero, según la posibilidad de cada uno;
7y lo remitieron a Jerusalén, a Joakim, hijo de Helcías, hijo de Salom, sacerdote, y a los sacerdotes, y a todo el pueblo que se hallaba con él en Jerusalén.
8Baruc recobró también los vasos de la Casa del Señor, los robados del Templo, para volverlos al país de Judá, el día diez del mes de Siván: los vasos de plata que había hecho Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá.
9Pero Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado de Jerusalén a Jeconías, a los príncipes, a todos los magnates y al pueblo del país llevándolos cautivos a Babilonia.
### Carta de los desterrados a los judíos de Jerusalén
10[4] Y dijeron: "He aquí que os enviamos dinero; comprad con él holocaustos y sacrificios expiatorios e incienso, y haced ofrendas, y ofrecedlo todo sobre el altar del Señor, Dios nuestro.
11[5] Y rogad por la vida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y por la vida de Baltasar su hijo, a fin de que los días de ellos sobre la tierra sean como los del cielo,
12y el Señor nos conceda fortaleza, y nos haga ver la luz, para que vivamos bajo la sombra de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y bajo la sombra de su hijo Baltasar, y les sirvamos a ellos por largo tiempo y seamos gratos a sus ojos.
13Rogad también por nosotros mismos al Señor, Dios nuestro; porque hemos pecado contra el Señor, Dios nuestro, y no se ha apartado su ira de sobre nosotros hasta el día presente.
14Y leed este libro que os enviamos, dándole lectura en el Templo del Señor, en un día de fiesta o en un día oportuno."
### Confesión de los pecados
15[6] Así diréis: "Del Señor, Dios nuestro, es la justicia, mas de nosotros, la confusión de nuestros rostros, como está sucediendo en este día a todo Judá y a los moradores de Jerusalén,
16a nuestros reyes y nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes y nuestros profetas, y a nuestros padres.
17Hemos pecado en presencia del Señor, Dios nuestro y no le creímos, desconfiando de Él.
18No le estuvimos sumisos, ni quisimos escuchar la voz del Señor, Dios nuestro, para proceder conforme a los mandamientos que Él nos había dado.
19Desde aquel día en que el Señor sacó de la tierra de Egipto a nuestros padres hasta el día de hoy, hemos sido rebeldes al Señor, Dios nuestro, y nos apartamos lejos para no oír su voz.
20[7] Por lo cual se pegaron a nosotros muchos desastres, y las maldiciones —intimadas por el Señor a su siervo Moisés el día en que sacó de la tierra de Egipto a nuestros padres para darnos una tierra que mana leche y miel—, como aparece en este día.
21No quisimos escuchar la voz del Señor, Dios nuestro, conforme a todo lo que decían los profetas que Él envió a nosotros;
22y cada uno de nosotros nos fuimos tras las inclinaciones de nuestro perverso corazón, para servir a dioses ajenos, obrando el mal delante de los ojos del Señor, Dios nuestro.
Baruc [2](#c2) {#c2}
### Justicia de los castigos divinos
1Por eso el Señor, Dios nuestro, cumplió su palabra, que había pronunciado contra nosotros, y contra nuestros jueces, gobernadores de Israel, y contra nuestros reyes y nuestros príncipes, contra todo Israel y Judá,
2de que el Señor traería sobre nosotros grandes males, cuales jamás se han visto debajo del cielo, como los que han sucedido en Jerusalén, conforme a lo que se halla escrito en la Ley de Moisés:
3[8] que comería un hombre la carne de su propio hijo y la carne de su hija.
4Y los entregó al poder de todos los reyes comarcanos nuestros, como escarnio y objeto de horror entre todas las naciones, entre las que el Señor nos ha dispersado.
5[9] Esclavos hemos venido a ser, en vez de amos, por haber pecado contra el Señor, nuestro Dios, no obedeciendo a su voz.
6[10] Del Señor, Dios nuestro, es la justicia; de nosotros, empero, y de nuestros padres, la confusión del rostro, como se ve en este día.
7Todos estos males que el Señor nos había amenazado, han venido sobre nosotros;
8pero nosotros no acudimos al Señor, Dios nuestro, para rogarle y para convertirnos, cada uno, de los designios de nuestro perverso corazón.
9Por esto echó el Señor mano del castigo y lo descargó sobre nosotros; pues justo es el Señor en todas sus obras que nos ha mandado.
10No quisimos escuchar su voz para caminar según sus mandamientos que había puesto delante de nuestros ojos.
### Imploración de misericordia
11[11] Ahora oh Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo del país de Egipto con mano fuerte y por medio de portentos y prodigios, con tu gran poder y con brazo extendido, y te adquiriste el nombre que hoy tienes;
12hemos pecado, hemos obrado impíamente; nos hemos portado inicuamente, oh Señor, Dios nuestro, contra todos tus mandamientos.
13Aléjese de nosotros tu indignación, porque somos pocos los que hemos quedado entre las naciones donde nos dispersaste.
14Escucha, Señor, nuestros ruegos, y nuestras súplicas, y líbranos por amor de Ti mismo, y haz que hallemos gracia a los ojos de aquellos que nos han deportado;
15[12] a fin de que conozca todo el mundo que Tú eres el Señor, Dios nuestro, y que tu nombre ha sido invocado sobre Israel y sobre su linaje.
16Vuelve, oh Señor, tus ojos hacia nosotros desde tu santa Casa, inclina tus oídos y escúchanos.
17[13] Abre tus ojos y mira, porque no son los muertos, que están en el sepulcro y cuyo espíritu ha sido separado de sus entrañas, los que tributan honra al Señor y reconocen su justicia,
18sino el alma que está afligida por causa de la grandeza del mal que ha cometido, y que anda encorvada y macilenta y con los ojos caídos. El alma hambrienta, esa es la que te tributa gloria, oh Señor, y (reconoce) tu justicia.
19Pues no apoyados en la justicia de nuestros padres y de nuestros reyes, derramamos nuestras plegarias y pedimos misericordia ante tu acatamiento, oh Señor, Dios nuestro,
20sino porque has descargado sobre nosotros tu indignación y furor, según habías anunciado por medio de tus siervos los profetas, diciendo:
21[14] *Esto dice el Señor: Inclinad vuestro hombro y vuestra cerviz, y servid al rey de Babilonia, y así viviréis tranquilos en la tierra que Yo di a vuestros padres.
22Pero si no obedeciereis la orden del Señor, Dios nuestro, de servir al rey de Babilonia,
23haré cesar en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén las voces de alegría y de gozo, y los cantares del esposo y de la esposa, y quedará todo el país un desierto sin habitantes*.
24Pero no obedecieron la orden tuya de servir al rey de Babilonia; y por eso cumpliste tus palabras que anunciaste por tus siervos los profetas: que serían sacados de su lugar los huesos de nuestros reyes y los huesos de nuestros padres.
25[15] Y he aquí que han sido arrojados al ardor del sol, y a la escarcha de la noche; y murieron entre crueles dolores, causados por el hambre, por la espada y la peste.
26[16] Y el Templo sobre el cual había sido invocado tu nombre, lo redujiste al estado en que se halla hoy día, a causa de las maldades de la casa de Israel y de la casa de Judá.
27Sin embargo, has obrado con nosotros, oh Señor, Dios nuestro, con toda tu bondad, y con toda aquella tu gran misericordia;
28como lo habías declarado por boca de Moisés, siervo tuyo, el día en que le mandaste escribir tu Ley a la vista de los hijos de Israel,
29[17] diciendo: *Si no obedeciereis a mi voz, esta grande muchedumbre de gente será reducida a un muy pequeño número en las naciones, entre las cuales la dispersaré;
30porque Yo sé que no me escucharán, pues es un pueblo de dura cerviz; pero volverá en sí, cuando esté en la tierra de su cautiverio;
31y conocerán que Yo soy el Dios suyo. Y les daré un corazón, y entenderán; oídos, y oirán.
32Me tributarán alabanza en la tierra de su cautiverio, y se acordarán de mi nombre.
33Ablandarán su dura cerviz y su malignidad; pues se acordarán de lo que sucedió a sus padres por haber pecado contra Mí.
34Entonces los conduciré otra vez a la tierra que prometí con juramento a sus padres, a Abrahán, a Isaac y a Jacob; y serán señores de ella; y los multiplicaré, y no disminuirán.
35[18] Y estableceré con ellos otra alianza eterna para que Yo sea, su Dios, así como ellos serán el pueblo mío; y no removeré jamás a mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra que les he dado*.
Baruc [3](#c3) {#c3}
### Continuación de la plegaria
1Y ahora, Señor todopoderoso, Dios de Israel, un alma angustiada y un espíritu acongojado dirige a Ti sus clamores.
2Atiende, Señor, y ten piedad de nosotros, porque eres un Dios misericordioso; y apiádate de nosotros, porque hemos pecado en tu presencia.
3Tú permaneces eternamente; pero nosotros ¿habremos de perecer para siempre?
4[19] Oh Señor todopoderoso, Dios de Israel, escucha ahora la oración de los muertos de Israel, y de los hijos de aquellos que pecaron ante Ti, y no quisieron escuchar la voz del Señor, su Dios, por lo cual se ha pegado a nosotros el mal.
5No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres; acuérdate, si, en este tiempo, de tu poder y de tu nombre.
6Porque Tú eres el Señor, Dios nuestro; y nosotros, oh Señor, te tributaremos alabanza.
7Pues por eso has llenado de temor nuestros corazones, a fin de que invoquemos tu nombre y te alabemos en nuestra cautividad, ya que nos hemos alejado de la iniquidad de nuestros padres que pecaron delante de Ti.
8Henos aquí hoy en nuestro cautiverio, en donde nos tienes dispersos para que seamos objeto de escarnio y maldición, y para expiación de todas las maldades de nuestros padres, que se apartaron del Señor, Dios nuestro."
### Exhortación a la sabiduría
9[20] Escucha, Israel, los mandamientos de vida; aplica tus oídos para aprender la sabiduría.
10¿Cuál es el motivo, oh Israel, de que estés en tierra de enemigos?
11¿Y de que hayas envejecido en país extranjero, contaminándote con los muertos, y de que ya se te cuente en el número de los que descienden al sepulcro?
12[21] Porque has abandonado la fuente de la sabiduría.
13Si hubieses andado por la senda de Dios, vivirías en perpetua paz.
14Aprende dónde está la sabiduría, dónde la fortaleza, dónde la inteligencia, para que sepas también dónde hay longevidad y vida, y dónde está la luz de los ojos y la paz.
15[22] ¿Quién halló la morada de la (sabiduría)? ¿Quién penetró en sus tesoros?
16[23] ¿Dónde están los príncipes de las naciones y los dominadores de las bestias de la tierra?
17¿Aquellos que jugaban con las aves del cielo,
18y atesoraban la plata y el oro en que los hombres ponen su confianza, y en cuya adquisición jamás acaban de saciarse; aquellos que labraban con tanto afán la plata, de modo que sus obras eran sin igual?
19Exterminados fueron y descendieron a los infiernos, y en su lugar se levantaron otros.
20Generaciones jóvenes vieron la luz, y habitaron sobre la tierra, pero desconocieron el camino de la sabiduría;
21no comprendieron sus sendas, ni la abrazaron sus hijos; por eso ella se alejó de su rostro.
22[24] No se oyó palabra de ella en el país de Canaán, ni fue vista en Temán.
23Asimismo los hijos de Agar, que van en busca de la prudencia que procede de la tierra, los negociantes de Merra y de Temán, los autores de parábolas y los investigadores de la inteligencia, ignoraron igualmente el camino de la sabiduría y olvidaron sus sendas.
24[25] ¡Oh Israel, cuán grande es la casa de Dios, y cuan espacioso el lugar de su posesión!
25Grande es y no tiene término; excelso es e inmenso.
26[26] Allí vivieron los famosos gigantes, que hubo al principio, de elevada estatura, diestros en la guerra.
27No a estos eligió el Señor, ni encontraron la senda de la doctrina; por esto perecieron.
28Y por cuanto no tuvieron sabiduría perecieron por su necedad.
29[27] ¿Quién subió al cielo y se apoderó de ella, y la hizo descender de las nubes?
30¿Quién atravesó los mares y la halló, y la trajo por oro purísimo?
31No hay quien pueda conocer los caminos de ella, ni investigar sus sendas.
32Solamente Aquel que sabe todas las cosas, la conoce y la descubrió con su inteligencia; Aquel que fundó la tierra para siempre y la pobló de animales y cuadrúpedos;
33Aquel que envía la luz y ella marcha; la llama y ella obedece temblando.
34Las estrellas difunden su luz en sus atalayas, y lo hacen con alegría.
35[28] Fueron llamadas, y dijeron: "Aquí estamos"; y gozosas dieron luz al que las creó.
36Este es nuestro Dios, ningún otro será reputado por tal a su lado.
37[29] Él halló todos los caminos de la sabiduría, y la dio a su siervo Jacob, y a Israel, su amado.
38[30] Después de esto, se ha dejado ver sobre la tierra, y conversó con los hombres.
Baruc [4](#c4) {#c4}
### El camino de los mandamientos
1[31] Este es el libro de los mandamientos de Dios, y la Ley que permanece eternamente. Todos los que la guardan, llegarán a la vida; mas los que la abandonan, a la muerte.
2[32] Conviértete, Jacob, y tenla asida; camina al resplandor de su luz.
3No des tu gloria a otro, ni tu dignidad a una nación extraña.
4[33] Dichosos somos nosotros, los de Israel, porque sabemos lo que agrada a Dios.
### Palabras de consuelo
5Ten buen ánimo, oh pueblo de Dios, memorial de Israel.
6Fuisteis vendidos a las naciones, mas no para ruina. Por haber provocado la indignación de Dios, por eso fuisteis entregados a los enemigos.
7Pues irritasteis a Aquel que os creó, al Dios eterno, ofreciendo sacrificios a los demonios en lugar de Dios.
8Olvidasteis al Dios, vuestro Creador, y contristasteis a Jerusalén, vuestra nodriza.
9Porque ella vio venir sobre vosotros la ira de Dios, y dijo: "Escuchad, vecinas de Sión; Dios me ha enviado una aflicción grande;
10pues he visto la cautividad de mis hijos y de mis hijas, que hizo venir sobre ellas el Eterno.
11Yo los he criado con gozo, pero con llanto y con dolor los he despedido.
12[34] Ninguno se alegre de mí al verme viuda y desamparada. Muchos me abandonaron por los pecados de mis hijos, por cuanto se desviaron de la Ley de Dios;
13y no conocieron sus preceptos, ni anduvieron por el camino de los mandamientos de Dios, ni siguieron con justicia por las sendas de su verdad.
14Vengan las vecinas de Sión, y consideren la cautividad que el Eterno hizo venir sobre mis hijos e hijas;
15[35] porque trajo sobre ellos una nación remota, una nación desvergonzada y de otra lengua,
16que no respeta al anciano, ni se apiada de los niños; que arranca a la viuda sus queridos, dejándola desolada y sin hijos."
17Y yo, ¿en qué puedo yo ayudaros?
18Aquel que envió sobre vosotros los males, Él mismo os librará de las manos de vuestros enemigos.
19Andad, hijos míos, andad; yo me quedo solitaria.
20Me quité el vestido de alegría, y me vestí del saco de rogativa, y clamaré al Altísimo todos los días de mi vida.
### Soportad con paciencia el castigo
21Tened buen ánimo, hijos míos, clamad al Señor, y Él os librará del poder y de las manos de los príncipes enemigos;
22[36] que yo espero del Eterno vuestra salud; pues el Santo me ha consolado por la misericordia que os vendrá de parte del Eterno, Salvador nuestro.
23Pues con lágrimas y sollozos os dejé ir; mas el Señor os devolverá otra vez a mí con gozo y alegría duradera.
24Porque al modo que las vecinas de Sión vieron cómo fuisteis llevados al cautiverio, así verán muy presto vuestra salud que de Dios vendrá sobre vosotros con grande gloria y resplandor eterno.
25Hijos míos, soportad con paciencia la ira de Dios que ha descargado sobre vosotros. En breve verás la ruina de tu enemigo que te persiguió, y pondrás tu pie sobre su cerviz.
26Mis delicados (hijos) anduvieron por caminos ásperos; porque han sido llevados como un rebaño robado por el enemigo.
27Tened confianza, hijos míos, y clamad al Señor; pues Aquel que os transportó, se acordará de vosotros.
28[37] Porque así como por vuestra voluntad os descarriasteis de Dios, así al convertiros de nuevo le buscaréis con una voluntad diez veces mayor.
29Pues Aquel que os envió estos males, Él mismo traerá un gozo sempiterno con la salud que os dará.
30[38] Ten confianza, oh Jerusalén, pues te consuela Aquel que te dio el nombre.
31Perecerán los malos que te han maltratado; serán castigados los que se alegraron en tu ruina.
32Castigadas serán las ciudades a las cuales han servido tus hijos, y aquella que recibió a tus hijos.
33Pues como ella se alegró en tu ruina, y saltó de gozo por tu caída, así se verá angustiada en su desolación.
34Yo pondré fin al alborozo de su muchedumbre, y su jactancia se convertirá en llanto.
35[39] Porque el Eterno enviará fuego sobre ella por largos días, y será habitada por demonios durante mucho tiempo.
36Mira, oh Jerusalén, hacia el oriente y contempla el gozo que Dios te envía.
37[40] He aquí que vuelven tus hijos que tú enviaste dispersos, vienen desde el oriente hasta el occidente, reunidos por la palabra del Santo, gozándose en la gloria de Dios.
Baruc [5](#c5) {#c5}
### Alegría por la vuelta de los desterrados
1[41] Despójate, Jerusalén, del vestido de tu luto y de tu aflicción, y vístete del esplendor y de la gloria sempiterna que te viene de Dios.
2Dios te rodeará con el manto doblado de la justicia y pondrá sobre tu cabeza la diadema de la gloria del Eterno.
3Pues Dios mostrará su esplendor en medio de ti a todos los que viven debajo del cielo.
4[42] Porque el nombre que te impondrá Dios para siempre, será este: "Paz de la justicia y Gloria de la piedad."
5Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, y dirige tu vista hacia el oriente, y mira cómo se congregan tus hijos, desde el oriente hasta el occidente, en virtud de la palabra del Santo, llenos de gozo porque Dios se ha acordado de ellos.
6Partieron de ti a pie, llevados por los enemigos; pero Dios te los devolverá traídos con honor, como en trono real.
7[43] Porque Dios ha decretado abatir todo monte alto y las rocas eternas, y terraplenar los valles hasta el nivel de la tierra, para que Israel camine con seguridad para gloria de Dios.
8Aun las selvas y todos los árboles aromáticos harán sombra a Israel, por orden de Dios.
9[44] Porque Dios guiará a Israel con alegría, a la luz de su majestad, mediante la misericordia, y la justicia que de Él viene.
### APÉNDICE
### Carta de jeremías a los desterrados
Copia de la carta que envió Jeremías a los que habían de ser llevados cautivos a Babel por el rey de los babilonios, para anunciarles lo que Dios le había mandado.
Baruc [6](#c6) {#c6}
1[45] Por los pecados que habéis cometido delante de Dios, seréis llevados cautivos a Babilonia por Nabucodonosor, rey de los babilonios.
2[46] Llegados a Babilonia, permaneceréis allí muchos años y un largo tiempo, hasta siete generaciones; después de lo cual os sacaré de allí en paz.
3Ahora bien, en Babilonia veréis dioses de oro, de plata, de piedra y de madera, llevados en hombros, que causan temor a las gentes.
4Guardaos, pues, de imitar a los extranjeros, de modo que os amedrentéis y vengáis a concebir temor de ellos.
5[47] Cuando veáis, detrás y delante de ellos la turba que los adora, decid en vuestro corazón: "Oh Señor, a Ti se ha de adorar."
6[48] Porque mi Ángel estará con vosotros y Yo mismo tendré cuidado de vuestras almas.
### Impotencia ridícula de los ídolos
7Pues los (ídolos) tienen una lengua pulida por el artífice, y aunque están dorados y plateados, son un mero engaño e incapaces de hablar.
8Al modo que se hace con una doncella, amiga de galas, así toman el oro que recibieron,
9[49] y aderezan coronas sobre las cabezas de sus dioses; y sucede a veces que los sacerdotes roban a sus dioses el oro y la plata y lo gastan para sí mismos.
10Aun dan de él a las rameras y adornan a las meretrices, y de nuevo, después de recobrarlo de las rameras engalanan a sus dioses.
11Mas estos no saben librarse del orín ni de la polilla.
12Los revisten también de púrpura y les limpian el rostro a causa del muchísimo polvo que hay en sus templos.
13Uno tiene un cetro en su mano, como el juez de un distrito, mas no puede quitar la vida al que le ofende.
14Otro tiene en su mano una espada, o un hacha; mas no se puede librar a sí mismo de la guerra, ni de los ladrones. Por donde se ve que no son dioses.
15No los temáis. Porque los dioses de ellos son como una vasija de un hombre; si se quiebra, para nada sirve.
16Colocados en los templos, sus ojos se cubren del polvo que levantan los pies de los que entran.
17[50] Y como es encerrado detrás de muchas puertas el que ofendió al rey, y como se practica con uno que es conducido a muerte, así los sacerdotes aseguran las puertas con cerraduras y cerrojos, para que los ladrones no despojen a los dioses.
18Enciéndenles también lámparas, y en mayor número que para sí mismos, pero ellos no pueden ver ninguna de ellas, porque son como las vigas del templo.
19[51] Dicen que las sierpes que salen de la tierra, les lamen el interior, cuando se los comen juntamente con sus vestiduras sin que ellos mismos lo sientan.
20Sus caras se vuelven negras por el humo que hay en el templo.
21Sobre su cuerpo y sobre su cabeza vuelan lechuzas, golondrinas, y otras aves, y también los gatos andan sobre ellos.
22Por donde podéis conocer que no son dioses; y por lo mismo, no los temáis.
23El oro que tienen es para bien parecer; pero si alguno no los limpia del orín, ya no brillan. Ni aun cuando fueron fundidos, lo sintieron.
24Y a pesar de que no hay en ellos espíritu alguno, fueron comprados a sumo precio.
25Llevados son en hombros, como que no tienen pies; mostrando así a los hombres su vergüenza. Avergonzados sean también aquellos que los adoran.
26[52] Si caen en tierra no pueden levantarse por sí mismos; ni por sí mismos pueden ponerse en movimiento si alguno los pone en pie; y como a los muertos, así les son presentadas ofrendas.
27[53] Estas ofrendas las venden y malgastan los sacerdotes, y también sus mujeres conservan una parte para sí; no dan nada de ello al pobre ni al desvalido.
28Tocan los sacrificios de ellos las mujeres parturientas y las menstruantes. Conociendo, pues, por esto que no son dioses, no los temáis.
29Mas, ¿cómo es que los llaman dioses? Es porque las mujeres presentan dones a estos dioses de plata, de oro y de madera;
30[54] y los sacerdotes están sentados en las casas de ellos, rasgadas sus túnicas, rapadas la cabeza y la barba y teniendo descubierta la cabeza;
31y rugen dando gritos delante de sus dioses, como en un banquete fúnebre:
32Los sacerdotes les quitan parte de sus vestidos, para vestir a sus mujeres y a sus hijos.
33[55] Hágaseles mal, o hágaseles bien, no pueden retribuirlo. No pueden poner rey, ni quitarlo.
34Y asimismo no pueden dar riquezas, ni una pieza de cobre. Si alguno les hace un voto, y no lo cumple, ni de esto se quejan.
35No pueden librar a un hombre de la muerte, ni amparar al débil contra el poderoso.
36No restituyen la vista a ningún ciego, ni libran a nadie de la necesidad.
37No se compadecen de la viuda, ni son bienhechores de los huérfanos.
38Semejantes a las piedras del monte son esos sus dioses de madera y piedra, dorados y plateados. Confundidos serán sus adoradores.
39¿Cómo es posible creer y decir que son dioses?
40[56] Aun los mismos caldeos los deshonran. Pues al ver que uno no puede hablar porque es mudo, le presentan a Bel, rogándole que le haga hablar;
41como si (Bel) pudiera entenderlos. Y ellos mismos, cuando se dan cuenta de su error, los abandonan, porque sus dioses no tienen conocimiento.
42[57] Las mujeres, ceñidas de cordones, se sientan en los caminos, quemando carozos de aceitunas,
43y si una de ellas, atraída por algún transeúnte, duerme con él, zahiere a su compañera de que esa no fue apreciada como ella, ni roto su cordón.
44Todas las cosas que se hacen con ellos, no son más que embuste. ¿Cómo es posible creer y decir que son dioses?
45[58] Han sido fabricados por artífices y orfebres. No serán otra cosa que lo que quieran los sacerdotes que sean.
46Aun los mismos artífices de los ídolos no son longevos. ¿Podrán serlo aquellas cosas que ellos fabrican?
47Superchería y oprobio es lo que dejan a los venideros.
48Porque si sobreviene alguna guerra o desastre, los sacerdotes deliberan consigo dónde guarecerse con ellos.
49¿Cómo puede creerse que son dioses aquellos que no pueden librarse de la guerra, ni salvarse de las calamidades?
50[59] Mas un día se conocerá que ellos siendo cosa de madera, dorados y plateados, no son sino un embuste. Todas las naciones y todos los reyes verán claramente que no son dioses, sino obras de la mano de los hombres, y que no hay en ellos nada divino.
51Pero, ¿de dónde se conoce que no son dioses, sino obra de manos de hombres y que en ellos no hay nada divino?
52Porque ellos no ponen rey en ningún país, ni dan lluvia a los hombres.
53No pueden decidir las causas, ni librar de opresión a región alguna, impotentes como son. Son como cornejas entre el cielo y la tierra.
54Porque cuando se prende fuego en el templo de esos dioses de madera, dorados y plateados, sus sacerdotes ciertamente echan a huir, y se ponen en salvo; pero ellos se queman en el templo, lo mismo que las vigas.
55Ni a un rey ni a los enemigos hacen resistencia. ¿Cómo creer o admitir que son dioses?
56No se libran de ladrones, ni de salteadores, esos dioses de madera y piedra, plateados y dorados; porque aquellos pueden más que ellos;
57y les quitan el oro y la plata, y el vestido de que están cubiertos, y se marchan, sin que (esos dioses) puedan valerse por sí mismos.
58Por manera que un rey; que muestra su poder, o cualquier objeto útil en una casa, del cual se precia el dueño, o la puerta de la casa que guarda lo que hay dentro de ella, valen más que esos falsos dioses.
59[60] El sol, la luna y las estrellas, que alumbran y están puestos para sernos provechosos, obedecen a Dios.
60Asimismo el relámpago se hace ver bien cuando aparece, y el viento sopla por todas las regiones.
61Iigualmente las nubes, cuando Dios les manda pasar por sobre la tierra, ejecutan lo mandado;
62[61] y el fuego enviado de arriba para abrasar los montes y los bosques, cumple lo que se le ha ordenado. Mas estos (ídolos), ni en la belleza, ni en la fuerza son comparables a ninguna de esas cosas.
63Por eso no debe creerse ni decirse que sean dioses, cuando no pueden hacer justicia, ni hacer cosa alguna a los hombres.
64Sabiendo que no son dioses, no los temáis.
65Pues no pueden maldecir a los reyes ni bendecirlos;
66tampoco muestran a los pueblos señales en el cielo, ni lucen como el sol, ni alumbran como la luna.
67Más que ellos valen las bestias, porque huyendo pueden refugiarse bajo cubierto, y valerse de sí mismas.
68De ninguna manera son dioses, como es evidente; por tanto no los temáis.
69Porque así como no es buen guarda en el melonar un espantajo, así son sus dioses de madera, dorados y plateados.
70Como el arbusto de espinas en un huerto, sobre el cual vienen a posar toda suerte de pájaros, y como un muerto arrojado al sepulcro tenebroso, así son estos dioses suyos de madera, dorados y plateados.
71También por la púrpura y escarlata que sobre ellos se apolilla, se conocerá claramente que no son dioses. Ellos mismos son al fin carcomidos y serán un oprobio para el país.
72Mejor es, pues, el varón justo, que no tiene ídolos; porque está bien lejos de la ignominia.
Comentarios de Mons. Straubinger
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